(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 29 de abril de 2026.)
Con harta antelación tuve acceso a este nuevo
muestrario planificado por Unexplained Sounds, que pasa a formar implícita
parte de esa serie de otros tantos documentos dedicados a difundir exponentes
avant garde de drone music, composición electroacústica y música concreta de
factura contemporánea -procedentes de diversas regiones y países del globo.
Enfocado en artistas portugueses/as, el lanzamiento oficial del recién
estrenado título ha tenido lugar en la quincena de abril, e incluye trece
contribuciones a pista por cabeza encapsuladas en poco más de 63 minutos.
En mayor o menor medida, Anthology Of Electroacoustic Music From Portugal participa de algunas características
comunes a pares suyos como Anthology Of Experimental Music From Australia
(‘25) o Anthology Of Exploratory Music From India (‘21): implacable
economía de medios expresivos, tramados de posología espectral que invocan
imaginarios entrópicos, intensa capacitación en el dominio de la espacialidad
electrónica, exploraciones conceptuales fundadas en formas de notación que
deben ser cualquier cosa menos convencionales... La diferencia respecto de esas
compilaciones viene prefigurada en el presente caso por la palabra
“electroacústica”.
Mucho más que en el de la composición académica
experimental contemporánea o en el de las “vanguardias” pop de improvisación
abierta, es en los feudos de la electroacústica donde los sonidos son
intervenidos desde su creación misma, recurriéndose tanto a instrumentación
heterodoxa como a grabaciones de campo y a sonoridades sintéticas, pasando por
modulaciones o alteraciones digitales de tono, textura, velocidad y tiempo. Si
agregas una draconiana ausencia de percusión o programación (la ascendente
progresión étnica de “Reanima Electrica” de HHY & The Macumbas es la única
excepción a la regla), ...From Portugal da en el clavo ilustrando ese
paradigma de la música electroacústica para el que cualquier ruido es material
sonoro.
Puede decirse aún más. Las cíclicas
vibraciones atonales in crescendo de “Circunscrita”, a cargo de David Maranha,
dejan en claro que para la electroacústica la melodía es una necesidad
suntuaria (y, por ende, prescindible). Valgan verdades, esa aserción es
apuntalada por el grueso del repertorio del disco: los latidos nictálopes en
diminuendo de “Acto IV” de BVHZ, la geórgica flauta de otras épocas que parece
arribar a espacios físicos y tiempos futuros desvencijados en “Vesper” de
NIN-FAE, el andar lo fi rugoso e invariable de Vitor Joaquim y su zumbante
“Forgotten Voices”, las envolventes atmósferas fantasmales que Haarvöl acompaña
de misteriosos tañidos de campana en “Intersticial Topographies Of Quietude”,
el borroso onirismo minimalista de Margarida Garcia y “Cinza, Agulha E Lápis”...
Estos y otros ejemplos proporcionados por Anthology
Of Electroacoustic Music From Portugal -el abejorreo glitcheado de “30xN-LRJ1”
por @c, el aura sobrenaturalmente oscura de João Alegria y “Vertigem”, las
subsónicas vocalizaciones tribales de Reixelo en “Arte Nativa Portugueza - Parte
IV”-, confirman además una obsesión por el Sonido con especial énfasis en las
categorías de densidad, de color, de modelación. Inmersiva invitación la que
extiende este registro, simultáneamente austero y excitante, a degustar los
frutos apreciables en los márgenes del avant pop lusitano hoy.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 21 de febrero de 2024.)
LOS DISCOS PERUANOS DE 2023 QUE NO ALCANCÉ A
RESEÑAR (IV)
Al aproximarse la quincena de noviembre, se
colgó en Internet el estreno absoluto de Qoa Bock, alias ayacuchano de raigambre
copada por la electrónica noventera. En concreto, la de esa IDM que rezumaba
abundante al promediar una década tan cara a las vanguardias analógico-digitales.
Tras el chaplín toma posiciones Joaquín Bock Falconi, joven músico que como
buen melómano invoca referentes para nada cercanos a lo que deja entrever su puesta
de largo -Joy Division, El Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados, Quarteto
Jobim Morelebaum, el Cerati solista (el más interesante, pese a/precisamente
por ser en suma un esteta del muestreo); entre otros.
Ni bien comienzas a reproducir QATQE,
con la obertura hermosamente titulada “Futuro Del Ayer”, las evidencias asoman incontrovertibles.
El muchacho es un artesano de melopeas cimentadas sobre lienzos de futurista abstraccionismo,
paños que no rehúyen las rugosidades ni los contornos angulosos de éstas, y que
aún así se desborda vertiéndose sobre pliegues y asperezas con la ductibilidad
del metal líquido. La irreal musicalidad del largo ha sido preñada de una belleza
misteriosa mas no impenetrable. “Causa Y Esperanza” se la juega decididamente
por el camino que dicta “Futuro...”, aunque se encabrite su poco.
“Concha Toro” padece un cuadro agudo de
supresión de pulsos percusivos, quedándose en trazados puramente texturales, lo
mismo que “Dios Ocular”. Sin embargo, este último y “Palpa Ser” esconden en sus
sobrecejos de “techno al glasé” la pentafónica emotividad azul característica
de las infinitas soledades andinas. Es la última vez en QATQE que ese áurico
efecto palpita, porque a partir de “Algendoso” Qoa Bock escoge adentrarse en
territorios etereogeométricos, trastocándose levemente la fisionomía del debut.
“Algendoso” y “Torcaza”, entonces, se enfocan
en el abstract techno ilustrado a pincelazos sueltos, generoso en euritmias insinuadas
que consiguen dulcificar la electrónica de matemática rigurosidad. No rebasan,
pues, los límites de lo decorativo; a diferencia de “Danzaq”, que media entre
ambos y que oscurece grandemente las atmósferas del CD merced a la recurrencia
de rasgos mucho más rudimentarios que los hasta aquí empleados. Epiloga Bock
Falconi su prometedor viaje inaugural con la inmaculada melancolía de “Taytaky
Azulado”, dejando atrás esa poética de la precisión artificial al micrón, que
así y todo empieza a invadirle al promediar el tema: primero muy sutilmente, luego
en abierta trasgresión para hacerse de las riendas y volverle al redil. Bonito escarceo
inicial, lleno de posibilidades, publicado en el BandCamp de QB y en el de SuperSpace Records, que ha contado con los buenos oficios de Brageiki Vega y Carlos Mancha.
Rastreando información sobre Inzul a
propósito de las denuncias que por estos días se han hecho públicas contra Ángelo Grijalva, músico de apoyo en directo y otrora integrante de los extintos
Incendios Forestales Del Viejo Continente, descubro que Subterráneo data
en realidad del año 2014. Al leer algunas declaraciones de Stefano Cedeño
Vidal, fundador de la banda, me entero del profundo trabajo de reingeniería que
Subterráneo hubo de atravesar para que el grupo quedase satisfecho,
antes de lanzarle oficialmente (‘17). En su momento, no pude escuchar el debut
del acto, que a posteriori me pareció cumplidor en grado casi excelso.
Medio horóscopo chino después, Inzul da luz verde
a su segundo esfuerzo, cuyo resultado es dramáticamente distinto del ofrecido
por el predecesor. Si Subterráneo versión ‘17 bebía con fruición y sin complejos
del rock alternativo de los 90s y del indie de los 00s, enmarcando el maridaje
bajo estrictos parámetros pop y posicionándole paralelamente a algunas cuadras
de distancia de gente como Gelatina Magma, Radiopostales o Moldes; Las Cosas Que Nunca Te Dije no se desvía de la ruta sino ocasionalmente, como en los postreros
segundos de “Historia De Amor” y sobre todo en el pseudo bolero “Tutorial Para
Olvidarme De Ti”. El problema es que aún cuando el paradigma de edificación es
el mismo, pierde éste mucho de su fuelle toda vez que en el rubro letrístico y
en el de la voz se han abierto las puertas -de par en par, parece- a
influencias que no tienen un carajo que ver con las coordenadas que el hoy dúo ha
venido fatigando desde hace diez años.
En lo concerniente a las letras, éstas hacen
gala de un sentido de la rima a la altura del odioso trap e incluso del repugnante
reggaetón. O sea, una mierda. En lo tocante a las vocales, no he encontrado
señas que indiquen cambios en el puesto de cantante, por lo que cabe especular acerca
de un gravísimo caso de involución respecto de Subterráneo. ¿Retrocediendo
hacia dónde? Exacto: hacia los sospechosos ya enunciados. Tenemos un álbum, por
ende, que trata de no bajar la guardia en cuanto al sonido: medios tiempos,
pop/rock de concepción esmerada, complexión sencilla... Ese mismo tesón, sin
embargo, es víctima de un sabotaje que proviene del propio tándem: letras
francamente vergonzosas (“...Como Drake Sin Josh/Separados Los Dos...”
en “Alma Rota”, “...Tu Amor No Tiene Indicaciones/Y Yo Aquí
Escribiéndote Canciones...” en “La Duda”) y una performance vocal cuando
menos deleznable, salvo quizá en “Nadie Quiere Como Tú” y en los primeros dos
minutos y cuarenta segundos de “Historia De Amor”.
Habría que ponerse a conjeturar cuánto ha incidido
en este pésimo movimiento, curiosamente autodenominado como de “migración”, el
cambio de alineación de Inzul desde su nacimiento hasta la hora actual. Algo de
eso debe haber, porque una cosa es tomar decisiones entre cinco y otra muy
distinta hacerlo entre dos -los sobrevivientes son Cedeño Vidal y Renzo Romani.
Por cierto, Grijalva sí fue miembro activo de Inzul en su fase quinteto. Posteriormente,
se quedó sólo como músico de soporte en vivo. Por fortuna, el binomio se ha desvinculado
inmediata y definitivamente de él, ante las acusaciones de misoginia y de
violencia contra la mujer.
Fallecida en el ‘21 a la longeva edad de 85 inviernos,
Burga estudió arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería, carrera
que abandonó dos años después para entrar a la facultad de Arte de la PUCP. Su
formación básica fue, pues, visual -dibujo y pintura, en esencia. Desde allí
dio el salto a los predios del sound art con Arte Nuevo, frente artístico avant
garde que empezó a inyectar en el medio peruano las entonces nuevas tendencias
vanguardistas. La artista era, además, una pionera en lo relativo a intervenciones
multidisciplinarias que interrogasen el rol/la condición/el sentir de la mujer
en una sociedad que aún estaba lejos de incluirla seriamente.
Cada uno de los cinco surcos considerados en
el esférico curado en comandita con Buh Records procede de algún registro,
alguna exhibición museográfica, algún encargo de/a terceros -como es el caso de
“Borges”, readaptado como score por Jan Diego Malachowski en el ‘15 e
interpretado para la ocasión (‘17) por los argentinos Alan Courtis y Alma
Laprida. Cada uno atestigua no sólo la asimilación teórica de las “nuevas direcciones”
propugnadas por colectivos como Fluxus o por las hornadas de compositores
electroacústicos de avanzada que el siglo XX vio germinar entre los 40s y los
70s, sino principalmente su efectiva puesta en práctica. “Estructura Informe
Corazón” y “Mensaje 4”, por ejemplo, se sirven de latidos cardíacos pregrabados
y la agreste estática televisiva. Por otra parte, aunque las dos versiones de “Estructura
Propuesta Sonido I” se han visto reelaboradas a partir de guitarras acústicas, evaden
caer en melodías convencionales aproximándose a la atonalidad de unos, digamos,
Gastr Del Sol. Lo mismo vale para la voz en el caso de la fechada en 2015.
Sonidos trastocados interviniendo soportes
físicos y medios de reproducción, sí, pero también experimentos asimétricos y
síntesis performativas con las reverberación y modulación que prometían formatos
entonces no lo suficientemente explorados (como la cinta magnética). Las
grabaciones salvaguardadas por Estructura Propuesta Sonido... son, dada
su antigüedad, muy adelantadas a su época. Por desgracia, yo, habitante de un
presente muchos decenios posterior; no puedo evitar sentir cierto tedio al escuchar
una vez más el contenido de la rodaja, que ya me suena a repetición, a coartada
fácil, a cliché (así y todo la info me indique lo contrario). Ése es el
principal hándicap de la arqueología sonora: en su afán por repescar
grabaciones valiosas, rara vez sabe cuándo detenerse y acaba recuperándolo todo,
incluso lo malo -cf. el Anthology beatlesco.
Me imagino que Teresa Burga tiene todavía una obra extensa esperando a ser
adecuadamente restaurada y reeditada. Y no sé qué tan representativa de sus
virtudes sea esta compilación. Aún en el caso de que lo fuera, se me hace
imposible dejar de fruncir el ceño y detener la mueca de hastío que aflora en
la comisura de mis labios.
Paradigmas Frecuenciales (I) había dejado
irresoluta la cuestión sobre si la serie de Chip Musik que aperturaba se volcaría
hacia incursiones cortas o hacia las de largo recorrido. Eyectado el 14 de
diciembre, Paradigmas Frecuenciales II mantiene abierta la interrogante,
si bien el fiel de la balanza lo desnivela en favor de las primeras -sus cerca
de 13 minutos confirman la clasificación de single, o en todo caso la de “three-way
single”, bajo la que se le ha liberado.
El sencillo se arma con el concurso de Yume
Station, Galactic Seed y Alcaloidë. Abre fuego la arequipeña Karen Huacasi, que
con Yume Station ha dado sobradas pruebas de una mano exquisita para la
estética glitch y el uso de clicks’n’cuts. El ambient minimal de “Torner
Vermell” se atempera emulsionando ritmos microscópicos y quebradizas armonías
de music boxes, lo que facilita su trasvase hacia la indietrónica. Un camino
interesante, que la mistiana podría explorar -y que llevaría eventualmente a
Yume Station a elevar la media de su producción editada.
En los últimos años, el post IDM de Galactic Seed venía recorriendo en paralelo los senderos del braindance, subgénero de hardcore breakbeat anterior a la génesis del modelo drum’n’bass -algo así como
breaks doblados en velocidad y fermentados al amparo del techno detroitino. De
ahí que “Eclipse De Sonido” haya sorprendido a propios y extraños: carente de
cualquier rastro de espina dorsal/secuencial, Oscar Cirineo propone aquí emocionados
bocetos de ambient digital aupando una senescente melodía que apunta al
futurismo distópico. Si bien el color es distinto del utilizado por Yume
Station, las rutas confluyen.
Lo de Alcaloidë, en cambio, va en la línea de
lo ya mostrado por este a.k.a. de Alexander Fabián. Posicionado en las
entrañas de las máquinas, Alcaloidë se dedica a disparar ruido binario
aleatorio, ¿interpelado? por dropeos y castigado por borborigmos cuasi
industriosos. Pudiera parecer que este tumultuoso huayco de caóticos fárragos dirime
al arribar a su ecuador, cuando asoma cierto orden, pero después de un rato a
lo único que se asemeja este pandemónium de ritmos crujientes y ensordecedores
es a una improbable superposición de koans dionisíacos y surrealistas. Para
libre descarga desde el parterre de la discográfica emblema del shoegazing y de la IDM peruchos.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 29 de junio del 2022.)
Tras el rebautizo que sufriese, al interior
de la hoy denominada Universidad Nacional de Música se creó el Laboratorio de Música Electroacústica y Arte Sonoro -apéndice cuya finalidad central es
fomentar y difundir el trabajo de las nuevas generaciones de compositores/as
electroacústicos/as en el país, esto es aquellos/as que recorren los aleros más
distantes de la arquitectónica academicista, casi siempre confluyentes con los
extrarradios del pop contemporáneo.
(Breve resumen: en un principio (1955), el pitagórico
término que rescataran los franceses Pierre Schaeffer y Jérôme Peignot aludía a
composiciones creadas pensando en su difusión a través de altavoces/altoparlantes,
descartándose toda ejecución en directo. Dichas composiciones partían de
sonidos de ascendencia electroacústica, como los de la música concreta y de la
música electrónica anterior al acaecimiento de Kraftwerk. Con el tiempo, el uso
de “acusmática” se extendió más allá de las condiciones físicas/ambientales de
su reproducción, englobando por igual aquellas sonoridades de las que se
servía.)
Descontando su naturaleza insular, cuyo
antecedente más inmediato acaso sea la obra de Renzo Filinich (a) Metástasis (peruano
ya hace muchos años radicado en Chile), ¿logra Tierra... provocar
inquietantes reacciones corporales/tensar un buen rato las neuronas? La verdad,
sólo a medias. Toda vez que se cimenta sobre dialécticas próximas al avant
garde, la cosecha recogida muestra frutos concebidos en el seno del ruido, bajo
el signo de la cacofonía. Ahí nomás, la tarea está hecha al 50%. El problema
radica justamente en el otro 50% -porque Tierra..., que algo tiene de
arqueología sonora y de re-síntesis, de instrumentación orgánica y de digital, no
puede presumir de muchas ni mayores sorpresas.
Cierto, en ningún lado está escrito que cada
nueva creación de tal o cual artista deba ser forzosamente una vuelta de tuerca.
Aquí, lamentablemente, se trata de un colectivo que debuta en cancha asegurando
más que arriesgando. El modo en que Jacqueline Reyes, Naid Cruz o Yemit Ledesma
recontextualizan las astillas sónicas seleccionadas, por ejemplo; da lugar a
collages donde previsiblemente son priorizados/ensalzados los motivos vernáculos,
utilizando fórmulas poco perspicaces. No es que suenen mal o que apelen a una
vindicación de sensibilidades altoandinas que ha devenido en lugar común, sino
que no percibo en juego una intención de ir más allá. Por suerte lo mismo no ocurre
en la segunda mitad de la jornada, con Wendolyne Guerra, y sobre todo con
Claudia Sofía Álvarez y Alexandra López Barrionuevo. Más imaginativas, encarando
con sagacidad los procesos de tape recording, menos propensas al pintoresquismo
tradicionalista; estas féminas arriesgan virulentos -cuando no tétricos- maridajes
de músicas electroacústica y concreta, desapacibles improvisaciones donde la
tímbrica se entorna con frenesí hacia el Lado Oscuro (notoriamente en “Femenino
Urbano” y en “Harawi Arwi”), técnicas como el cut-and-replace o el
pitch-bending descalibradas para ensayar-descubrir-y-aprender sobre la marcha (“Danzayar”).
Es ahí donde el contingente de Tierra...
tiene que hundir el arado, donde el futuro luce ciertamente promisorio. A no
comer ansias: todavía le quedan sus buenas zancadas de trecho por recorrer,
antes de alcanzar la ansiada madurez.
Con la salida de [elsilencioeselgrito],
el individualista Habø fuerza involuntariamente al escucha
a reexaminar algunas consideraciones planteadas a propósito de la discografía
que ha publicado a la fecha, consideraciones relativas a su progreso. Esto debido
a que el contenido de //Textura//Difusa//, grabado de un tirón y eyectado
en septiembre del ’21, parece ser posterior al repertorio que recibiese luz
verde el 14 de abril último.
En cuanto a especificaciones técnicas, ambos títulos
han sido registrados en una Akai GXC-38: cuatro canales, reducción de ruido
tipo B, factor de distorsión del 2% -salvo “Dis/Per/So/Ciado”, proveniente de una
multitrack TASCAM Porta 03. La diferencia entre ellos reside, pues, en el
desarrollo estético. Habiendo dormido [elsilencioeselgrito] el sueño de
los justos desde inicios del ’21 (según sumilla colada en BandCamp), y mostrando
éste un desenvolvimiento sustancialmente superior al de su antecesor, cabe preguntarse
si es correcto afirmar que el alias de Alberto Carbajal no deja de avanzar y/o
crecer -cuando aquello que se presenta como nuevo es en realidad anterior a lo que
le precede. Queda por alegar, empero, si el disco estrenado este año ha pasado
por algún proceso posterior; para validar o descartar la idea de una evolución
sostenida. Asevera el capitalino que por allí van los tiros, cuando datea que
redondear el largo le tomó poco más de un año.
Paltas cronológicas a un lado, el programa de
[elsilencioeselgrito] no sólo consolida las mutaciones que //Textura...
aventuraba, sino que diversifica el estilo de Habø
superponiendo porfiadas resonancias de psicodelia impresionista marca Spacemen
3 o Loop sobre las enseñanzas de la Berlin school y del synth punk a lo Suicide
que el autor norconeño pusiera en práctica. De una evidencia refulgente en el
minimalismo iterativo de “Inter.Abismos”, esas huellas también pueden
rastrearse en el áspero pulso imperturbable de “Pies A/Tierra” o en el nudoso synth
de “Ørquesttta”. La adición de este ingrediente estilístico acaba reconviniendo
al acto limense como versión infinitamente más prolija del tándem Vega/Rev, y
aún así no menos distópica.
Sigue siendo la de Habø, no obstante, una
música totalmente sintética; cariz que “Dis/Per/So/Ciado” y “Oceánico Y Solar” acaban
reafirmando. Con ellos, asimismo, despega por completo el éxodo iniciático de
Carbajal hacia la Iluminación. Hermana el primero contados pero furibundos
riffs de teclado a futuristas frecuencias/secuencias, soliviantando una
atmósfera recargada de electricidad a punto de reventar. Hace gala el segundo,
en tanto, de ¿sintetizadores? ¿osciladores? abusados hasta el desgaste, para
finalmente transfigurarse en una suerte de barroco dronic techno con que zambullirse
en la negrura material del espacio exterior.
Si no fuera por algunos errores menores -el
canal derecho de la grabación se sobresatura en más de un punto mientras suena “Ørquesttta”,
algunos fade-outs están tijereteados a la mala-, gracias a [elsilencioeselgrito]
ya podría Habø contarse en la avanzada nü synth de la escena independiente
peruana, al lado de Blue Velvet, Juan Nolag o AtomoSynth. En otras palabras, habría
trascendido su liga distrital de origen para acceder a torneos de alta
competición. Faena casi redonda. De todas formas, es el suyo un álbum a tener
en cuenta entre lo mejor que va deparándonos este 2022.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 20 de abril del 2022.)
Nueva antología Buh Records, cuyo nombre ya anuncia
intenciones de enderezar la mirada hacia aquellos/as sobre quienes recae el
futuro de las músicas experimentales en nuestra movida independiente. Inicio
con buen pie, que le aparta del sesgo cansino/reiterativo del precedente Territorio
Del Eco: Experimentalismos Y Visiones De Lo Ancestral En El Perú (1975-1989). Valga la
aclaración, algunos comentarios han incidido en cierta unánime condición bisoña
de los/as colaboradores/as. Apreciación algo inexacta: la totalidad de temas no
corresponde a debutantes absolutos/as -pero incluso las trayectorias de quienes
ostentan cierto kilometraje no exceden el lustro de duración.
Mensajes Del Agua: Nuevos Sonidos Desde Perú Vol 1
arranca aludiendo al líquido que nuestra especie ha catalogado como el solvente
universal. Si piensas en la característica más notoria, su dinámica/informe fluidez,
como que el panorámico queda en debe. Es en las propiedades menos evidentes
-veloz propagación del sonido, alta absorción del calor, elevada tensión
superficial- que se revela adecuado el guiño del título. De entrecortada circulación,
el tape resiste con porfía digna de elogio la tentación de asimilar la abrasión
textural del ruidismo, si bien se vale de su yuxtapuesta/acumulativa dialéctica.
La cinta despliega el lado A y despide el
lado B con dos alias reconocibles del underground perucho: Mauricio Moquillaza y
la hiperprolífica artista escudada tras el seudónimo de Grave For Amanda. El
primero trabaja delicadas piezas de melancólico ambient modular, mientras que
la segunda despacha por igual -también usando los noms de guerre de Ojeras De Damita y Everynell- apacibles suites de melodioso post rock y compactas ráfagas
de reluciente ambient glacial. Uno y otra refrendan background en las
respectivas “Carácter Transitorio” y “Grounds Of Negligence”, así como avisan
acerca de la naturaleza unitaria de cada proyecto que estampa su firma en la
presente jornada.
Como advertía en el primer párrafo, aquí
escuchamos por igual a debutantes relativos/as y a pesos wélter camino de
convertirse en medio. Entre los/as primeros/as se encuentran Isabel Otoya (“Ansiedad,
Futurismo & Incertidumbre”, atonal ventisca non-sense de factura
compositiva contemporánea), Michael Magán (“Quick-A” emula las agudas
vibraciones que emitiría una imposible capa de cristal en permanente ondulación),
#DMTh5 (la inclemente desolación post rock de “En Honor A Los Caídos” es sólo
visitada por vientos sobre los que cabalgan fantasmales psicofonías del ayer),
Lucía Beaumont (extirpándole la furia, la breve “Escondite” se inspira en la
primera etapa de Einstürzende Neubauten para retratar el mugido del simún
percutiendo sobre diversas superficies) y Vered Engelhard. Este último merece
un comentario aparte, por ser “Dirty River” el episodio de Mensajes... cuyas
grabaciones de campo utilizadas dejan por fin escuchar la voz del agua -aunque
tampoco logra permearse de su armonioso discurrir. El número acaba siendo
jaloneado por ¿quenas?/¿pincullos?, mientras el trueno brama en el fondo.
Entre quienes acreditan un mayor recorrido se
cuentan el propio Moquillaza, Ayver (“Reconciliación Con La Vida”, muy en el
estilo neoclásico/electroacústico a lo 4AD ‘80-‘87 de José Luis Arango), la
antedicha Grave For Amanda, Vrianch (el de Víctor Chang es el acto más curtido,
como lo prueba la estética polimorfa de su output electrónico, que en “Brief, Cruel
And Anonymous” emite una leve iridiscencia bliss) y S O A R E R. Este último me
ha llamado la atención por introducir en mi vocabulario dos nuevos términos: “phaserwave”
y “slushwave”. Esos microgéneros no son exactas derivaciones del vaporwave, pero
sí provienen del mismo nicho -las comunidades online de músicos de dormitorio, productores
virtuales y melómanos. “Causa Y Efecto” es esencialmente un asalto dreampunk
que, pese a desentenderse de las programaciones percusivas, no prescinde de la
rítmica. Lo suyo es un ambient de veleidosos medios tiempos aupado por multitud
de plugins VST y phasers.
Artefacto concebido como parte de una serie
producida para la nueva plataforma Centro Del Sonido, Mensajes Del Agua:
Nuevos Sonidos Desde Perú Vol 1 también testimonia el quehacer artístico-sonoro
producido fuera de Lima (Huancayo, Cajamarca, Piura, incluso New York).
Igualmente, el cassette visibiliza el papel protagónico de nuestras creadoras,
antes ignorado. Ojalá iniciativas idénticas, promotoras de la participación
igualitaria y de la descentralización geográfica, se sucedan pronto en mayor cantidad.