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miércoles, 28 de febrero de 2024

Qoa Bock: QATQE // Inzul: Las Cosas Que Nunca Te Dije // Teresa Burga · Estructura Propuesta Sonido: Piezas Para Instalaciones Y Composiciones Con Notas Al Azar (1972​-​2017) // Paradigmas Frecuenciales II

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 21 de febrero de 2024.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2023 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (IV)

Al aproximarse la quincena de noviembre, se colgó en Internet el estreno absoluto de Qoa Bock, alias ayacuchano de raigambre copada por la electrónica noventera. En concreto, la de esa IDM que rezumaba abundante al promediar una década tan cara a las vanguardias analógico-digitales. Tras el chaplín toma posiciones Joaquín Bock Falconi, joven músico que como buen melómano invoca referentes para nada cercanos a lo que deja entrever su puesta de largo -Joy Division, El Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados, Quarteto Jobim Morelebaum, el Cerati solista (el más interesante, pese a/precisamente por ser en suma un esteta del muestreo); entre otros.

Ni bien comienzas a reproducir QATQE, con la obertura hermosamente titulada “Futuro Del Ayer”, las evidencias asoman incontrovertibles. El muchacho es un artesano de melopeas cimentadas sobre lienzos de futurista abstraccionismo, paños que no rehúyen las rugosidades ni los contornos angulosos de éstas, y que aún así se desborda vertiéndose sobre pliegues y asperezas con la ductibilidad del metal líquido. La irreal musicalidad del largo ha sido preñada de una belleza misteriosa mas no impenetrable. “Causa Y Esperanza” se la juega decididamente por el camino que dicta “Futuro...”, aunque se encabrite su poco.

“Concha Toro” padece un cuadro agudo de supresión de pulsos percusivos, quedándose en trazados puramente texturales, lo mismo que “Dios Ocular”. Sin embargo, este último y “Palpa Ser” esconden en sus sobrecejos de “techno al glasé” la pentafónica emotividad azul característica de las infinitas soledades andinas. Es la última vez en QATQE que ese áurico efecto palpita, porque a partir de “Algendoso” Qoa Bock escoge adentrarse en territorios etereogeométricos, trastocándose levemente la fisionomía del debut.

“Algendoso” y “Torcaza”, entonces, se enfocan en el abstract techno ilustrado a pincelazos sueltos, generoso en euritmias insinuadas que consiguen dulcificar la electrónica de matemática rigurosidad. No rebasan, pues, los límites de lo decorativo; a diferencia de “Danzaq”, que media entre ambos y que oscurece grandemente las atmósferas del CD merced a la recurrencia de rasgos mucho más rudimentarios que los hasta aquí empleados. Epiloga Bock Falconi su prometedor viaje inaugural con la inmaculada melancolía de “Taytaky Azulado”, dejando atrás esa poética de la precisión artificial al micrón, que así y todo empieza a invadirle al promediar el tema: primero muy sutilmente, luego en abierta trasgresión para hacerse de las riendas y volverle al redil. Bonito escarceo inicial, lleno de posibilidades, publicado en el BandCamp de QB y en el de SuperSpace Records, que ha contado con los buenos oficios de Brageiki Vega y Carlos Mancha.

Rastreando información sobre Inzul a propósito de las denuncias que por estos días se han hecho públicas contra Ángelo Grijalva, músico de apoyo en directo y otrora integrante de los extintos Incendios Forestales Del Viejo Continente, descubro que Subterráneo data en realidad del año 2014. Al leer algunas declaraciones de Stefano Cedeño Vidal, fundador de la banda, me entero del profundo trabajo de reingeniería que Subterráneo hubo de atravesar para que el grupo quedase satisfecho, antes de lanzarle oficialmente (‘17). En su momento, no pude escuchar el debut del acto, que a posteriori me pareció cumplidor en grado casi excelso.

Medio horóscopo chino después, Inzul da luz verde a su segundo esfuerzo, cuyo resultado es dramáticamente distinto del ofrecido por el predecesor. Si Subterráneo versión ‘17 bebía con fruición y sin complejos del rock alternativo de los 90s y del indie de los 00s, enmarcando el maridaje bajo estrictos parámetros pop y posicionándole paralelamente a algunas cuadras de distancia de gente como Gelatina Magma, Radiopostales o Moldes; Las Cosas Que Nunca Te Dije no se desvía de la ruta sino ocasionalmente, como en los postreros segundos de “Historia De Amor” y sobre todo en el pseudo bolero “Tutorial Para Olvidarme De Ti”. El problema es que aún cuando el paradigma de edificación es el mismo, pierde éste mucho de su fuelle toda vez que en el rubro letrístico y en el de la voz se han abierto las puertas -de par en par, parece- a influencias que no tienen un carajo que ver con las coordenadas que el hoy dúo ha venido fatigando desde hace diez años.

En lo concerniente a las letras, éstas hacen gala de un sentido de la rima a la altura del odioso trap e incluso del repugnante reggaetón. O sea, una mierda. En lo tocante a las vocales, no he encontrado señas que indiquen cambios en el puesto de cantante, por lo que cabe especular acerca de un gravísimo caso de involución respecto de Subterráneo. ¿Retrocediendo hacia dónde? Exacto: hacia los sospechosos ya enunciados. Tenemos un álbum, por ende, que trata de no bajar la guardia en cuanto al sonido: medios tiempos, pop/rock de concepción esmerada, complexión sencilla... Ese mismo tesón, sin embargo, es víctima de un sabotaje que proviene del propio tándem: letras francamente vergonzosas (“...Como Drake Sin Josh/Separados Los Dos...” en “Alma Rota”, “...Tu Amor No Tiene Indicaciones/Y Yo Aquí Escribiéndote Canciones...” en “La Duda”) y una performance vocal cuando menos deleznable, salvo quizá en “Nadie Quiere Como Tú” y en los primeros dos minutos y cuarenta segundos de “Historia De Amor”.

Habría que ponerse a conjeturar cuánto ha incidido en este pésimo movimiento, curiosamente autodenominado como de “migración”, el cambio de alineación de Inzul desde su nacimiento hasta la hora actual. Algo de eso debe haber, porque una cosa es tomar decisiones entre cinco y otra muy distinta hacerlo entre dos -los sobrevivientes son Cedeño Vidal y Renzo Romani. Por cierto, Grijalva sí fue miembro activo de Inzul en su fase quinteto. Posteriormente, se quedó sólo como músico de soporte en vivo. Por fortuna, el binomio se ha desvinculado inmediata y definitivamente de él, ante las acusaciones de misoginia y de violencia contra la mujer.

En los idus del penúltimo mes del ’23, se prensa en acetato Estructura Propuesta Sonido: Piezas Para Instalaciones Y Composiciones Con Notas Al Azar (1972-2017), artefacto que compila algunas instalaciones sónicas de la iquiteña Teresa Burga compuestas durante el período de tiempo ponderado en el subtítulo. El vinilo se ha gestionado en parte gracias a Proyecto AMIL, plataforma suizo-peruana de 14 años de vida que apuesta por creaciones artísticas fluctuantes entre la plástica y la música.

Fallecida en el ‘21 a la longeva edad de 85 inviernos, Burga estudió arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería, carrera que abandonó dos años después para entrar a la facultad de Arte de la PUCP. Su formación básica fue, pues, visual -dibujo y pintura, en esencia. Desde allí dio el salto a los predios del sound art con Arte Nuevo, frente artístico avant garde que empezó a inyectar en el medio peruano las entonces nuevas tendencias vanguardistas. La artista era, además, una pionera en lo relativo a intervenciones multidisciplinarias que interrogasen el rol/la condición/el sentir de la mujer en una sociedad que aún estaba lejos de incluirla seriamente.

Cada uno de los cinco surcos considerados en el esférico curado en comandita con Buh Records procede de algún registro, alguna exhibición museográfica, algún encargo de/a terceros -como es el caso de “Borges”, readaptado como score por Jan Diego Malachowski en el ‘15 e interpretado para la ocasión (‘17) por los argentinos Alan Courtis y Alma Laprida. Cada uno atestigua no sólo la asimilación teórica de las “nuevas direcciones” propugnadas por colectivos como Fluxus o por las hornadas de compositores electroacústicos de avanzada que el siglo XX vio germinar entre los 40s y los 70s, sino principalmente su efectiva puesta en práctica. “Estructura Informe Corazón” y “Mensaje 4”, por ejemplo, se sirven de latidos cardíacos pregrabados y la agreste estática televisiva. Por otra parte, aunque las dos versiones de “Estructura Propuesta Sonido I” se han visto reelaboradas a partir de guitarras acústicas, evaden caer en melodías convencionales aproximándose a la atonalidad de unos, digamos, Gastr Del Sol. Lo mismo vale para la voz en el caso de la fechada en 2015.

Sonidos trastocados interviniendo soportes físicos y medios de reproducción, sí, pero también experimentos asimétricos y síntesis performativas con las reverberación y modulación que prometían formatos entonces no lo suficientemente explorados (como la cinta magnética). Las grabaciones salvaguardadas por Estructura Propuesta Sonido... son, dada su antigüedad, muy adelantadas a su época. Por desgracia, yo, habitante de un presente muchos decenios posterior; no puedo evitar sentir cierto tedio al escuchar una vez más el contenido de la rodaja, que ya me suena a repetición, a coartada fácil, a cliché (así y todo la info me indique lo contrario). Ése es el principal hándicap de la arqueología sonora: en su afán por repescar grabaciones valiosas, rara vez sabe cuándo detenerse y acaba recuperándolo todo, incluso lo malo -cf. el Anthology beatlesco.

Me imagino que Teresa Burga tiene todavía una obra extensa esperando a ser adecuadamente restaurada y reeditada. Y no sé qué tan representativa de sus virtudes sea esta compilación. Aún en el caso de que lo fuera, se me hace imposible dejar de fruncir el ceño y detener la mueca de hastío que aflora en la comisura de mis labios.

Paradigmas Frecuenciales (I) había dejado irresoluta la cuestión sobre si la serie de Chip Musik que aperturaba se volcaría hacia incursiones cortas o hacia las de largo recorrido. Eyectado el 14 de diciembre, Paradigmas Frecuenciales II mantiene abierta la interrogante, si bien el fiel de la balanza lo desnivela en favor de las primeras -sus cerca de 13 minutos confirman la clasificación de single, o en todo caso la de “three-way single”, bajo la que se le ha liberado.

El sencillo se arma con el concurso de Yume Station, Galactic Seed y Alcaloidë. Abre fuego la arequipeña Karen Huacasi, que con Yume Station ha dado sobradas pruebas de una mano exquisita para la estética glitch y el uso de clicks’n’cuts. El ambient minimal de “Torner Vermell” se atempera emulsionando ritmos microscópicos y quebradizas armonías de music boxes, lo que facilita su trasvase hacia la indietrónica. Un camino interesante, que la mistiana podría explorar -y que llevaría eventualmente a Yume Station a elevar la media de su producción editada.

En los últimos años, el post IDM de Galactic Seed venía recorriendo en paralelo los senderos del braindance,   subgénero   de   hardcore   breakbeat   anterior  a la génesis  del  modelo drum’n’bass -algo así como breaks doblados en velocidad y fermentados al amparo del techno detroitino. De ahí que “Eclipse De Sonido” haya sorprendido a propios y extraños: carente de cualquier rastro de espina dorsal/secuencial, Oscar Cirineo propone aquí emocionados bocetos de ambient digital aupando una senescente melodía que apunta al futurismo distópico. Si bien el color es distinto del utilizado por Yume Station, las rutas confluyen.

Lo de Alcaloidë, en cambio, va en la línea de lo ya mostrado por este a.k.a. de Alexander Fabián. Posicionado en las entrañas de las máquinas, Alcaloidë se dedica a disparar ruido binario aleatorio, ¿interpelado? por dropeos y castigado por borborigmos cuasi industriosos. Pudiera parecer que este tumultuoso huayco de caóticos fárragos dirime al arribar a su ecuador, cuando asoma cierto orden, pero después de un rato a lo único que se asemeja este pandemónium de ritmos crujientes y ensordecedores es a una improbable superposición de koans dionisíacos y surrealistas. Para libre descarga desde el parterre de la discográfica emblema del shoegazing y de la IDM peruchos.

Hákim de Merv

jueves, 21 de octubre de 2021

Alcaloidë: Wichq​’ana Ch​’askancha // Nuevas Anormalidades // Nubes Azul Plateado

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 13 de octubre del 2021.)

Apunta la sumilla que de Wichq​’ana Ch’askancha puede leerse en el BandCamp de Chip Musik Records, que el debut de Alcaloidë fecha en julio del 2007, que responde al nombre de Gliese 581 y que es la referencia fundacional de la label concebida en La Oroya. Con relación a Sensations (febrero del 2009), pues, más de una década se ha desvanecido desde la última vez que este nom de guerre de Alexander Fabián publicase material de estudio en largo.

Lo primero que puede decirse de este Wichq’ana Ch’askancha es que confirma a Alcaloidë como la faceta más ruidosa/ruidista de un músico que sostiene muchas identidades paralelas. En contraste, ni Siam Liam ni Ozono, ni mucho menos Ban And Flap o Miyagi Pitcher; apelan a la cantidad de capas fisionadas de noise digital que invoca de continuo Alcaloidë. Un rasgo invariable que trasciende todos sus trabajos por igual -acaso con la única excepción de Sassy Cat EP (2013), que al menos en mi memoria no ha dejado una huella tan nublada por la barahúnda. El vapuleo decibélico que despachan “Juno” y “Pak Al” pone de relieve esa estruendosa instancia nada más comenzar Wichq’ana Ch’askancha.

¿Todo en Alcaloidë es bulla y pandemónium, entonces?”. Casi. Aunque un IDM matemáticamente asimétrico sea la médula de la ¿música? registrada bajo la autoría del unipersonal, esa médula se halla rodeada de toneladas de caótica información binaria, en una suerte de sobrenatural harsh bliss elaborado por las máquinas -que copa sus 65 minutos y pico. Por suerte, “casi” no es sinónimo absoluto de “todo/a”. Ocurre contadas veces que ese noise abrumador se torna permeable. Sucede en “Nuragas”, sin que resigne su hegemonía. Sucede en “Autobahn 2082”, primer guiño a los precursores Kraftwerk (y a Florian Schneider, miembro original de la banda alemana fenecido el año pasado), donde tras siete minutos el ruido es abandonado como si de un capullo se tratase. Sucede también en “Wichq’​ana”, engañoso punto de inflexión de la jornada -de hecho, “Moray” parece consolidar esa transformación, sólo para revertirla y volver al caos digital durante su segunda mitad. Y de hecho sucede en “Tanzmusik”, estupenda versión en clave two-step del clásico de los Robots de Düsseldorf.

Queda claro, entonces, que el Ruido se convierte en elemento preponderante y avasallador de Wichq’ana Ch’askancha. La ascesis ctónica que conduce Fabián marcha sobre ruedas en las pistas aludidas, así como en la síncopa metafísica de “Entelequia”. Pero el proceso flaquea durante los últimos tramos, y el CD termina desdibujado. Más que en “Boing Boom Tschak”, redundante tercer guiño a Kraftwerk, este descontrol se evidencia en “Del Fin” y “La Menat”: se pasa aquí de la efectividad al efectismo, desembocando en el mismo callejón sin salida en que cae la experimentación que es todo forma y cero contenido. Discreto cierre para un título que pudo haber obtenido mejor puntaje con las clavijas ajustadas hasta el final.

ADVERTENCIA: La edición física de Wichq’ana Ch’askancha lista diez temas. Once, sin embargo, son los que reconoce el láser. No se consigna debidamente acreditada la relectura de “Tanzmusik”, quizá por problemas de copyright. Pero allí está, ocupando el octavo carril -los que vienen después, corren una casilla.

A poco menos de tres meses para que finalice, me puedo arriesgar a decir que ha sido un 2021 muy complicado para Giancarlo Samamé, y por ende también para Dorog Records. En lo que va del año, la siempre efervescente plataforma limeña ha rebotado el deleznable Cutrismo de Sihuas Infuzzión y el interesante Memorias De Cuarentena de Marmotasdebemorir, en realidad colgados ambos por sus autores en las respectivas cuentas de BandCamp a lo largo del 2020. El único ingreso para el presente calendario que Dorog ha puesto a consideración es Nuevas Anormalidades, y corresponde sumarle a la enorme lista de (excelentes) compilaciones que cada tanto prepara Samamé.

El pródigo muestrario juega socarronamente con esa noción medio idiota de “nueva normalidad” que ha propuesto la mass media. Como siempre, el ciudadano de a pie ha volteado con ingenio el sentido de ese par de palabras, subvirtiendo el fenómeno de asimilación vocálica que suele ser bastante frecuente en nuestro idioma. En este caso, se duplica la vocal con que termina “nueva”, y se la añade al siguiente vocablo, cambiando por completo el tenor de la frase.

Nuevas Anormalidades tiene dos mitades nítidamente diferenciadas. Más ligera, la primera reúne a algunos habituales de la discográfica con otros nombres bisoños -e incluso con otros que no lo son tanto, como la chilena María Pía Navarrete (a) Pía Legonz, afincada en Lima hace muchísimos almanaques. La cantante recicla de su Congénitamente Defectuosos EP (2017) la apertura “Trasnoche”, testimonio de un pop con dosis justas de sobriedad y brillo. Unos cuantos siguen esa estela: Morojo (de medios tempos darkie a lo Interpol en “El Retrato”), El Cosmos (fogoso ímpetu en “Sol”), Marmotasdebemorir (vehemente el arrojo que anega su “El Camino”), Zolar (synth plastificado en “Distante”)...

Acompañan a estas canciones otras de manifiesta ascendencia electrónica, no necesariamente ubicadas en la esquina opuesta. El desnudo trip hop “étnico” a lo Portishead de “Tu Último Refugio”, donde Raydin se asocia a Víctor Chang a.k.a. Vrianch, es un ejemplo de estas diferencias estilísticas que no devienen en antagonismos gratuitos. El mismo Vrianch se acompaña más adelante de Miguel Elescano/DJ Locopro en el house de “A Principios De La Hipnosis” (un tanto melodramático debido al sampleo de -puajjj- Lucila Campos). Por otra parte, amante de la distorsión y del sonido de combos como The Notwist, El Enano Siniestro colude indie y dinámica post rock en la tal vez demasiado larga “Bastardo Sónico”; mientras que el vaporwave lounge/glo-fi de Viktor Torvik -“Problemas Psíquicos”- te hace pensar en la utilería de un set mexicano de televisión en los 70s.

Notoriamente distanciada de la primera, la segunda mitad de Nuevas Anormalidades esgrime un fuerte denominador común. Éste es el digitalismo de Jucsay (“Spiderdance”, de poso house), DJ Locopro (“AndreA” supura tech house durante sus casi cinco minutos) y Triumvirs (“Grief Ravine”, synth de vocalización EBM). Pero, sobre todo, es el de Chip Musik. En un artículo del año anterior, hablaba de las buenas relaciones existentes entre las dos escuderías. Esa hermandad asoma más fuerte que nunca en este panorámico, cuyos seis últimos escaños están reservados para proyectos ChM. Siendo el sello codirigido por Alexander Fabián y Jorge Rivas el depósito IDM de la escena nacional, éste despliega para la ocasión todas las variedades que su nómina cultiva, a través de surcos ya publicados: glitch y clicks’n’cuts (“Sekai Isshü” de Yume Station), intelligent techno (“Say Hi, Say Bye” de El Otro Infinito), digital ambient (“Musgo Del Tiempo” de Ionaxs), drone (“Sol Om On” de Xtredan)... De yapa, se cuela también el shoegazing/bliss pop/post rock de Puna, con “Utopía Del Ser Imaginario”.

Bien escogidos los ingredientes, pese a una cierta ausencia de balance en el trackeo.

Nuevo artefacto compilatorio orquestado por Trilce Discos, a propósito de sus 11 años de vida y dedicado exclusivamente al pop articulado en torno a cantantes femeninas. El concepto termina siendo más un hándicap que un plus, ya que excluye a las hijas de Eva que tocan instrumentos y componen. Además, si bien es plausible la idea en que se basa Nubes Azul Plateado, después de un rato te quedas con la impresión de estar escuchando el disco de un misma formación -en lugar de las trece que aquí comparecen.

Hay excepciones, por supuesto. Una de ellas es La Lauri Fire, cordobesa que define su estilo como mezcla de dream pop y synth, aunque la tosca delicadeza de “Recuérdame” hace pensar más en un baggy de baja fidelidad. Otra es la connacional Camila Salas, hoy radicada en Cataluña, quien adorna a “La Noche Y El Sol” de efluvios que remiten al llamado ‘canto latinoamericano’. Otra es Siempre Perdida, alias solista de la colombiana Ivanna Palacio (Cruel Cruel, Encarta 98), que zambulle a su “Pienso En Ti” en una hormigueante marejada de indie y folk. Otra más es Natalí Jiménez, joven cantautora peruana que cuenta ya con dos LPs, y cuyo “Frío” luce por momentos dark. Y otra más es la del novel cuarteto limeño Rawa (“Eterna”), colaboración de César Augusto Príncipe (Cardenales) incluida.

El resto de Nubes Azul Plateado transita las mismas coordenadas pop/rock moviéndose entre baladas, semi-baladas y medios tiempos -los más abundantes- de moderado punche. Los nombres que aquí calzan se arremolinan en torno a dos moldes. Uno responde al pop diseñado para hacer las veces de acústico, el de Susana Fátima  (“Canto”) o Andrea Martínez (“Lo Siento Todo (Canción Corta)”). El otro, más celebrado, es ese pop lustroso lo suficientemente flexible/elástico para abarcar mucho y apretar poco. A su vera se acomodan Las Tetris (“Brincos”), la capitalina Alejaru (“Pura Luz”), los trujillanos Verano Del 83 (“Deja Que Tu Sonrisa Me Lleve”), el dúo Muchacha Punk (“Dudas Y Fallas”), las uruguayas Niña Lobo (“Barcelona”) y el quinteto Nena Pop (“Mantra”).

No se trata, ergo, de si unos/as son mejores que otros/as. O de tales o cuales merecimientos. Se trata de una carencia de variedad, agudizada mientras más avanza la reproducción. Esta carencia podría haberse mitigado prescindiendo de tres o cuatro nombres -o, por último, reemplazándoles por otros que fatigasen caminos algo más diversos. Bonito esfuerzo colectivo de Trilce, que acaba sonando algo monótono.

Hákim de Merv

viernes, 28 de mayo de 2021

Wilder Gonzales Agreda: Patrocinado Por El Gobierno // Yume Station: 1991

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 19 de mayo del 2021.)

Excluyendo recopilaciones o hallazgos de valor arqueológico, cuatro discos largos en catorce meses debiera ser considerado un récord de profusa fecundidad. Sobre todo a nivel latinoamericano. Más aún si se trata de grupos o solistas ajenos al mainstream. Y todavía más si las circunstancias juegan en contra, como ocurre con la plaga del COVID-19.

Entre febrero y octubre del 2020, Wilder Gonzales Agreda se sacó de la manga tres nuevas rodajas que adosar a su ya de por sí copiosa obra sónica. Para las dos primeras, Real Music For Real People (febrero) y I Was A Teenage Post-Rocker (mayo), el responsable de SuperSpace Records se inspiró menos en la epiléptica locomoción de sus verborréicos programas crackeados que en el ambient de contemplativa placidez y en el post rock más inasible. No es que desapareciese esa nerviosidad saltarina con que enchina la piel de sus composiciones (ahí están “Sierra Florian”, dedicada al fallecido Florian Schneider, y “¡Baila Conmigo!”), sino que mayor peso ganaba esa solemne serenidad que presumiblemente le embargase al finiquitar las mismas -“Crayola Migrañosa” y “No Había Hipsters Ni Arribistas En La Escena Cuando Empezó Esto”, por ejemplo-. Dicha proporción se trastoca en Ambient Del Cono Norte (octubre), que recupera tanto la lúdica como el superávit kinético-neuronal que invoca el norconeño en sus digamos “jornadas promedio”. 

Patrocinado Por El Gobierno corona esta suerte de tetralogía viral editada en menos de quince meses. Ésa, empero, no es la única circunstancia que le destaca. No menos importante es anotar que se trata del fruto de haberse beneficiado el autor con las líneas de apoyo económico para el sector cultural, que ha empezado a otorgar el Ministerio de Cultura peruano hace unos meses -de ahí el sintagma con que se le bautiza. Cuenta, asimismo, con edición física auspiciada por un viejo conocido: Jaime Alfaro, amigo personal de Wilder y mío propio, compañero de andanzas en los tiempos de Freak Out!

Líneas arriba, utilizaba la expresión “jornadas promedio”. El balance que me deja este Patrocinado... encaja con lo que da a entender aquella frase. Digo, siendo un buen disco, creo que pudo resolverse mejor. Prueba palmaria de este potencial es un primer segmento 10/10, donde Gonzales Agreda se encomienda a deidades cósmicas engendradas del contubernio entre Seefeel y Oval. En lugar del Korg Electribe 2 y del Berhinger Odyssey con que se premune, el limeño parece usar una psicoarma de controladas explosiones fotónicas (“En Tu Subconsciente Me Deslizo”), con la que cincelar palios IDM retomados luego de eones (“Cuyes En Mi Techo”).

El entusiasmo inicial disminuye al ingresar a la siguiente sección, que va de “Salesianos 92” a “Acetil L Carnitina”. Aquí regresan a primera fila los habituales efectos sintetizados y software intervenido que Wilder conjura con determinada frecuencia. Sea una mano más rigurosa en producción lo que se echa de menos, un ojo editor que atempere ciertos excesos, los tracks de este tramo zigzaguean literalmente atiborrados de agudos; como sucedía con el esfuerzo precedente. “Salesianos 92” tiene de hecho todas las trazas de ser un outtake de Ambient Del Cono Norte, lo mismo que “El Sonido Y Tú”.

Casi todas las variables de Patrocinado... convergen en el epílogo, aunque el equilibrio obtenido luce algo precario. Teclados en bersek, una sublimada lubricidad sonora que acuna al oyente, secuencias a punto de fracturarse, una hipnótica onda lumínica transmutada en sonido... De todo ello están compuestos “Hecho En Lima Norte” y “Post-Música”, números que contribuyen a elevar la media de duración de las pistas, sobre todo el segundo. Sus cerca de catorce minutos y medio convierten al plástico en uno de los más extensos firmados por WGA usando nombre civil. Uno que pudo haber quedado redondo si se hubiese pensado más en tirar de las riendas y menos en alargar los lindes.


Cuatro años después de darse a conocer, la mistiana Karen Huacasi a.k.a. Yume Station alumbra su primera referencia en 33 -y, como antes, lo hace a través de los bytes de Chip Musik en modo free download. Cierto que 1991 es en esencia una compilación de material ya difundido, pues repesca más del 50% del EP debut Broke My Bass (2017), así como las colaboraciones de la rojinegra para los registros Nueva Música Experimental Arequipeña (2018) y Roiduoma Vol. I: AQP Electrodoméstica Ruido S.A. (2020). Pero también es verdad que la placa contiene cuatro cortes nuevos y dos remixes de Alexander Fabián en fase Alcaloidë.

Desde el extended de estreno, la individualista ha hecho uso de una visión claramente enfocada para lidiar con la electrónica, que ha ido puliendo lenta pero sostenidamente. Esta visión suele traducirse en una obsesiva atención por los detalles, en una decoración que se sirve tanto del glitch como de los clicks’n’cuts, en un corpus de melodías fragmentarias que se vislumbra polifónico sin necesariamente ser tal. Su laconismo minimal tiende a mostrarse asequible, a sonar pop, aunque en contadas ocasiones obtenga el efecto inverso (sumergiéndote en una aridez abrumadora). A su técnica de reverb poco le falta para llegar a grados quirúrgicos.

Estas propiedades medran a todo lo ancho de 1991 -cifra/año que va camino de convertirse en capicúa para los proyectos que se movilizan en los márgenes de la escena independiente local (recordar a este respecto “1991”, de Registros Akásicos)-. La largada llega con los cinco surcos extraídos del EP, pauteados aquí en orden divergente y con una ecualización más esmerada. Tras esa mano llega “Bishōnen”, primer episodio nuevo, que reescribe parcialmente la estética del bliss pop sin olvidar la propia e innata naturaleza binaria. Otras paradas nuevas, como “Diecinueve” y “Operator”, siguen igualmente ese camino; que ya había insinuado “Throwback” y que ahora se hace más notorio. Antes que ellas, están posicionados “Asobu” y “Sekai Isshū”, publicados en los muestrarios aludidos.

1991 cierra sus persianas con el último canal nuevo, “Initia” (en coordenadas similares a las del grueso de lo ofrecido por el unipersonal), y los dos remixes a cargo de Alcaloidë. Mientras que el de “Under” deconstruye completamente el original empujándolo hacia territorio IDM, copándole de una flexibilidad digamos más pop, el de “Diecinueve” aúpa el brote de la latente semilla bliss de su modelo, rodeándole de asperezas intelligent techno. Así, Alcaloidë se las arregla para no privar a estas relecturas del meditativo intimismo que se cimbrea en cada uno de los temas del álbum -que observa la primera norma que abrazase la arequipeña en el EP, pues 1991 no alcanza la media hora: lo bueno, si breve, doblemente bueno.

Hákim de Merv

jueves, 20 de mayo de 2021

Orquesta Pandroginia: Oh! No! Dub!

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 12 de mayo del 2021.)

#AguanteChile.

Antes de transcribir en limpio algunas ideas a propósito del nuevo disco de Orquesta Pandroginia, estimo indispensable esbozar un sumario de su trayectoria -habida cuenta no sólo de la prolificidad desplegada en seis años, sino además del modo en que ésta se ha diseminado online a través de muchas labels (por ahora, pertenecientes únicamente a esta parte del globo).

El santiaguino Charlie Vásquez es quien da vida al unipersonal, que echase a andar en el 2015. Desde un principio, el músico ha sido fiel a la descripción de “nómada virtual” que de sí mismo ofrece. Naturalmente inclinado a colaborar con diversidad de colegas, en su cuenta de BandCamp encuentran cabida algunos sucintos splits como el grabado junto a () o el de remixes con Ihä (Trascendiendo La Monstruosidad De La Realidad), editados respectivamente en abril y mayo del año anterior. Estos títulos, quedó ya anticipado en el primer párrafo, no agotan el rubro de esfuerzos conjuntos: asimismo están Hiperstición EP -marzo del ’20-, asociado a Constelación, y un registro ‘epónimo’ al alimón con otro individualista mapocho, Negartodo -noviembre del ’18-.

Por cierto, Hiperstición EP aparece en el BandCamp de la escudería valpeña Caos Rave. Corrobórase así la constante omnipresencia pandrógina, lejos de quedar relegada a dos o tres plataformas: otros ejemplos son el relampagueantemente naif extended Pandemia (breviario synth pop con sabor a demo para teclados/a soundtrack para videojuegos), añadido a la nómina de la independiente azteca Virtual Soundsystem Records, su aporte a la compilación escuetamente bautizada VV.AA de Replicante Cintas y Bestia Ciega (su tercer LP), parte del catálogo de la capitalina Archivo Veintidós. La evidencia cronológica -el primero también en abril del ’20, el segundo al mes siguiente, el tercero en junio del ‘19- refrenda de paso la fecundidad de este hombre-orquesta, cuyo perfil puede encajar con el del músico promedio de dormitorio pero que en todo caso rápidamente sorteó las limitaciones estéticas de ese estrato.

Precisamente fue Bestia Ciega mi primera vez con OP, punto de referencia a partir del cual valuar la tercera particularidad que remarca el compendio de la obra pandrógina publicado a la fecha: su versatilidad dentro de los confines del universo de la música electrónica. Vásquez había lanzado anteriormente La Mujer Insecto (2016) y La Isla Desnuda (2018). Aunque admito me falta más rodaje con ambos volúmenes, el debut en largo tiene mucho de ese aislacionismo que fuera flor de un día en los primeros 90s y cuyos frutos aún persisten vigentes hasta nuestra era. De otro lado, La Isla Desnuda parece ser un álbum conflictuado, pues a pesar de haber compartido bolsa amniótica con su predecesor se acerca tímidamente al IDM.

Considerando el antecedente de Bestia Ciega, artefacto cuyas portada y tipografía sinológica inducen a pensar en una jornada vaporwave, pero que en realidad bebe de la tradición IDM que dominase buena porción de la escena electrónica británica noventera; Oh! No! Dub! deja en claro desde el nombre que el chileno es un auténtico todoterreno. Las programaciones descoyuntadas y las secuencias de apariencia astillada, típicas del intelligent techno, son la materia prima para la lúdica estrategia planteada por el disco -una interesante reconvección de las brasas que avivasen la espacialidad futurista de unos Black Dog, la crispante agitación de los Autechre más rítmicos (“777”, verbigracia), la narcoléptica visión de Jega. Estas virtudes, que en BC brillaron principalmente gracias a “中国电信” y “中央电视台”, ahora son fagocitadas por el mutagénico virus del dub.

La transformación es paulatina, no obstante. Incoada la inoculación con la corta apertura “Radiotransmisión Apollo Zion”, se insinúa a prima facie una conexión con el illbient neoyorkino, evolución lógica si a tu bagaje IDM le añades el fantasmal latido reverb que caracteriza al sonido antillano. Esta impresión se desdibuja un tanto en la kingstoniana “I: Profecía Quimera”, que recrea con las baquetas digitales filtradas de agudos y los graves al máximo el legado de precursores como Lee Perry, The Aggrovators o King Tubby. Ello, para no extenderme con el epílogo del tema, donde ya de plano Orquesta Pandroginia se entrega a la persuasiva cadencia cannábica del reggae.

“Himno Del Tempo”, que incluye a un tal DJ Qwerty -quizá personaje ficticio, el alias está formado por las seis primeras letras de la primera línea del teclado de cualquier PC-, reconduce la ruta hacia las borrascosas proximidades illbient. Todavía no de modo frontal, ya que persisten fuertes reminiscencias melodramáticamente IDM. Esas mismas desaparecen casi del todo cuando empieza a correr la excelente “I & I: Alucinación En La Jungla”. Dicha pista, el correcto single de adelanto “Fiebre Ufo Dub” y la genial “Alien Nation” forman el tridente con que el santiaguino se adentra de forma definitiva en el subgénero de We™ y Byzar: beats en slow-motion, deletéreas atmósferas venenosas, cut-ups afrofuturistas; observando siempre una inflexible tendencia al minimalismo. La fugacidad de la clausura “¡Tzzzz!” la hace imposible de definir, quedando solamente para la anécdota.

Oh! No! Dub! ha visto la luz a través de Poxi Records. Se entiende perfectamente: además de plantear un nuevo filón para la combativa disquera, toda vez que los postulados del estilo que moldease DJ Spooky son equivalentes al ideario y a la filosofía Poxi, el largo tiene de principio a fin ruido ambiental que se condensa en un insistente dropeo y que susurra secretos de ascendencia clicks’n’cuts y glitch -finísima capa sonora con la que recibe el acabado lo fi que distingue a la discográfica. Macanudo.

Hákim de Merv

jueves, 29 de abril de 2021

Transmisores II

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 21 de abril del 2021.)

Nueva serie hecha realidad, en la nómina Chip Musik. No ha cumplido todavía su primer aniversario Transmisores, faena mancomunada que proponía una estructura constitutiva distinta a la del “x”-way CD y del split, cuando en marzo último el ya anunciado segundo volumen recibiese luz verde. Transmisores se convierte así en la segunda línea de lanzamientos acuñada por la siempre inquieta escudería, después de la de los célebres Lego.

Con Transmisores II, van perfilándose algunos rasgos direccionales de la saga, como la constante renovación de la lista de participantes o la publicación de repertorio exclusivamente inédito. O la presentación de los nuevos proyectos que se van sumando al catálogo Chip -si antes fue Mongo No Stars, ahora es Astronauta Slow Dance. Podría reflexionar sobre los estrenos en ciernes como el criterio dirimente con que esas flamantes incorporaciones acceden a los compilatorios, si bien faltaría verificar esa aserción en la Realidad: aunque tanto MNS como ASD vienen chambeando sus respectivos debuts, el del primero lleva ya tiempo aguardando el visto bueno.

De su predecesor, ...II reitera asimismo la cantidad de colaboraciones por cabeza (dos) y su equidistante posicionamiento (1 y 6, 2 y 7, 3 y 8...). A diferencia de su hermano mayor, sin embargo, éste no describe una traslación circular. Lo suyo es más una suerte de desplazamiento hacia adelante que recorre el espectro de las vanguardias noventeras hasta alcanzar los 180 grados respecto del punto de partida. Una gambeta de largo aliento cuyo movimiento inicial está a cargo de Puna, podría decirse el grupo insignia de la independiente -por reunir a sus animadores más señeros: Alfonso Noriega, Jorge Rivas y Alexander Fabián, más el concurso en bombo y platillos de Leko López. Para “Al Sur De Los Párpados”, el cuarteto recupera la síncopa jazzy que en el excelente Sukha (2019) pringó su resonante mezcla de post rock, bliss pop, electrónica y baggy. Único track del esférico que tiene vocales, el desenlace de “Al Sur...” me recordó al de “Souvlaki Space Station” de los amados Slowdive (o al de “Moussaka Chaos”, según se estime). En coordenadas semejantes, prescindiendo de toda percusión y con los indicadores de distorsión decibélica en rojo, se asienta “Sierra”.

Diversificando ese maleable ambient electrónico que es componente capital de su sonido, la arequipeña Yume Station empieza el peregrinaje desentendiéndose del testigo que resguardase Puna. Enarbolando siempre bandera de concisión, en “Redfish” y “Greenfish” la individualista se balancea entre la indietrónica casera, dosificados clicks’n’cuts y casi invisibles brochazos glitch; enfatizando prólogo y epílogo de “Redfish” con sedante efecto acuoso. Proporciones idóneas cuyos niveles espero ver reeditados en su recientísimo 1991, que todavía no escucho. De otro lado, Gabriel Muñoz (a) Astronauta Slow Dance empuña un rollo asaz etéreo/angélico de shoegazing y ethos landscaping, rollo que no se resiente al encamarse con las programaciones de ascendencia IDM/post IDM (“En El Bosque”) o con las sencillas secuencias de que le provee el synth más sobrio (los dos últimos minutos y sencillo de “Mind”). Un prometedor mixtión todavía en pleno maridaje.

Penúltimo en el track list óseo de Transmisores II, Alcaloidë acomete sendos ejercicios de electrónica asida al Ruido. Asida, no fusionada. Son “Nube Molecular” y “Danakil” efigies de abstractas geometrías anómalas -post IDM “Danakil”, intelligent techno “Nube...”-, lo bastante afectas al cromosoma Warp de esta identidad de Alexander Fabián como para no abandonarse al puro Caos litografiado por el Ruido. Este último se erige preponderante en el corolario de la placa, en manos de Rolando Apolo, músico experimental de amplia trayectoria. Su taumatúrgica manipulación de frecuencias y texturas tan pronto funciona desnuda (“Ol Creh”) como caminando sobre una alfombra entretejida de beats colapsados y secuenciaciones deformes/desgarradas/rotas (“Litos Odra Lat”). En ambas instancias, las explosiones de noise binario adquieren un protagonismo estelar, pero no por fuerza excluyente. Concluye así el segundo capítulo de una serie cuyo siguiente paso aparentemente sale de todas maneras en el 2021.

Hákim de Merv

miércoles, 31 de marzo de 2021

En El Fin Del Mundo, Hasta El Fin Del Mundo

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de marzo del 2021.)

Ciclópea, ardua, extensa. Son éstos, y otros análogos, los calificativos que se granjea la compilación con que se presentase en sociedad en agosto último la discográfica santiaguina EMA Records. La novel plataforma, a la que he mencionado no hace mucho a propósito de su segunda referencia de catálogo, ha sido montada por los camaradas chilenos Óscar Burotto, Ottavio Berbacow -es decir, LEM al completo- y Juan Pablo Claro.

En El Fin Del Mundo, Hasta El Fin Del Mundo no es un muestrario excluyentemente mapocho, empero. Ni mucho menos. Nombres pertenecientes a las escenas de avanzada situadas al sur de Tacna, como Embassador Dulgoon, Insecto, Spiritu (la nueva identidad del genial Cristián Heyne), LEM, Diego Morales (Fredi Michel), Trimex Collective o el quilpueíno MUBE; se intercalan con genuinos tótems vanguardistas del Primer Mundo. En efecto, concurren al llamado el austriaco Fennesz, el británico Peter Rehberg (a) Pita, el virginiano Mark Nelson en modo Pan·American, el también usamericano Matthew Azevedo a.k.a. Retribution Body... Juntos y revueltos, ahorman poco más de dos horas de un titánico esteticismo ambient -que oscila entre el bliss pop y el aislacionismo, que salta desde el glitch lúdico hasta la aleatoriedad de los clicks’n’cuts, que va del post rock a la electrónica.

Debido a las pantagruélicas dimensiones del documento, lo escindo en dos mitades para tentar un acercamiento algo menos general. Por suerte son 20 pistas, la abrumadora mayoría de ellas inédita, y cada decena dura una hora y minutos.

Dispara Spiritu el pistoletazo de salida en la hipotética primera parte del “díptico”, con una otra muestra del talento insular de Heyne: su “Sp_1” bracea en medio de asperezas bliss asiéndose principalmente de intervenidas voces loopeadas. Sin repetir el recurso, rutas equivalentes -si bien menos originales- circundan “Still Shimmer” de The Humble Bee y “Cada Año Habrá Menos Palabras” de Trimex Collective. No es que se desvanezca el componente bliss en lo sucesivo, sino que se ventila desde otros (sub)niveles, ubicados éstos siempre al interior de músicas de notorias intenciones decorativas.

“Gyrosphere Starflight” de Embassador Dulgoon explora una veta ambiental cristalina, inclinada hacia sonoridades de ascendencia étnica, minada también por Insecto (“Domic”). De otro talante es Pita (“DS Complete”), sin embargo: Rehberg opta por un ambient subsumido a la vocación experimental del ruidismo avant garde, como suele ser su costumbre. Idéntico sino marca las colaboraciones de Ben Vida (“The Untitled”) y de Oren Ambarchi (“Pas Le Bebe”). Las vibraciones seudo-rocktrónicas de Greg Fox (“Sotaviññāṇa”) y la basal oscuridad dhármica de Retribution Body (“Forest Path”) redondean este primer tramo del panorámico.

El segundo se apertura con el paso en falso -inane, bastante plano- de Abul Mogard (“To Drown Out The Ocean”). Felizmente y pese a su dilatada duración (casi doce minutos), el resbalón se olvida pronto gracias a “Espejo Para Alondras”, surco en el que Cacciuttolo catapulta el ambient al dominio de los clicks’n’cuts. Pan·American se encarga de contrastar éstos reciclando en “April 27 ‘63” el bliss que había pasado a segundos planos y añadiéndole generosas pinceladas de post rock, un sendero en el que se interna igualmente Diego Morales (“Valle Misterioso”).

Conforme progresa este segundo segmento, se acentúa el ingente uso del lenguaje electrónico: “Sunday Evening” de Fennesz (glitcheo de colores cálidos), la novísima “Abyssus Abyssum Invocat” de LEM (me suena parcialmente inspirada en Satie), “Dielie” de MUBE (de afiladas programaciones/secuencias), “Sagas” de Chiodata (que parece refundarse a sí misma/recomenzar constantemente)... En El Fin Del Mundo, Hasta El Fin Del Mundo cierra las persianas con sus números más lúdicos: “Esplendor Asymetrica”, de Philippe Petit, y “Rain Trails”, a cargo de los compas italianos de 大雨-Ooame.

Tremendo esfuerzo de EMA Records, tanto en convocatoria como en réditos artísticos. El largo saldo a favor pone las expectativas al tope respecto de nuevas entregas de similar corte.

Hákim de Merv