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jueves, 25 de junio de 2026

Oramorph: Oramorph // Avenave: Avenave

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de junio de 2026.)

Me ha tocado reorientar las antenas por un momento -nunca mejor dichas esas tres últimas palabras- hacia la IV Región de Chile, gracias al dateo del experimentado músico Michel Leroy (Thanatoloop, Fiesta De Holobiontes). En Coquimbo, el hombre fuerte de Templo Sagital ha cofundado junto a Richi (Midriasis Paralítica, Desangrar) y a Sata (Gorgonizer, Monkief) el comando Oramorph. Inscrito en la ya venerable tradición ruidosa y apocalíptica del grindcore y derivados, el trío debuta tras dos años de trajín a fines de agosto del ‘25, mediante un registro epónimo que se distingue por entroncar insólitamente con otro género en principio poco o nada afín al extremismo grind -el sludge.

El extraño cruce atenúa justamente uno de los puntos fuertes de la batahola propiciada por gente como Discharge o Carcass: la (¿no?-)percusión. A medio camino entre el EP y el mini-álbum, este esfuerzo no siempre recurre al blast beat patentado por Napalm Death o Repulsion. Como ejemplo, la apertura “Sobreviviendo”, cuyos aullidos agudos y entonación gutural se adhieren sin remilgos al radicalismo vociferante del grind, pero cuyas baquetas obedecen el dictamen de los lentos riffs iterativos del sludge, una variante algo más ligera del doom metal. La impresión que reditúa equivale a visionar una versión gore en slow motion de las salvajadas inmisericordes del Punisher que interpreta Jon Bernthal.

Esa suerte de dicotomía florece en los poco más de veinte minutos que demora Oramorph, haciéndole oscilar a veces de una pista a otra, con mucha mayor frecuencia alentando y revirtiendo metamorfosis en un mismo surco. Sucede en “Genocidio Global”, en “Hospital De La Salvación”, en “Alfombra De Parásitos” -nótese en éstos y otros de sus pares la fidelidad a la costumbre arraigada en huestes grindcore de construir sintagmas utilizando vocablos asociados al habla médica-. A accesos de velocidad maníaca (Sata), siguen ritmos empantanados en tóxica suciedad y tensión opresiva, y viceversa. A agresivos embistes de unas guitarras saturadas de distorsión (Richi), suceden otros abrasivos que se arrastran intentando penetrar la densidad reinante, y en reversa.

El único desempeño más o menos uniforme es el que concierne a las voces. Michel, y en menor medida sus conmilitones, parece vomitar fárragos vocales más que cantar, sea en urraqueña clave grind, en desafiante clave hardcore punk (“Nada Cambiará”), en vesánica clave sludge (“Terminal De La Putrefacción”, “Respirando Sombras”). Airadamente emocionales, vejatoriamente purulentas, las voces de Leroy y compañía nunca cambian lo bastante como para subdividir su performance. Si bien podría añadir aquí como otra constante ese sonido crispado que parece consecuencia de frotar vidrio contra vidrio en algunos de los tracks, como prólogo o epílogo, éste es más una variable.

No apto para oídos sin curtir ni para espíritus laxos. Ni éste, ni ningún otro armagedón sónico. Se anuncia edición física en formato digipack, no a través de Templo Sagital, sino de la usamericana Throne Of Lies.

Merced a los buenos oficios en labor difusora del compa Rafael Cheuquelaf (Lluvia Ácida, Eolo Producciones), supe de Avenave en noviembre pasado, cuando estuve de viaje por la hermosa ciudad de Punta Arenas. Acababa de ser editado vía Halim Music -la otra gran escudería independiente de la urbe magallánica- el homónimo estreno en largo de este dúo (Río Seco EP se lanza cuatro años antes, en marzo del ‘22), y un ejemplar ya estaba predestinado a llegar a mis manos, asegurándose por ende su ingreso a la Meloteca de Babel. Fue este último un trámite más difícil de resolver.

Muchas escuchas después, Avenave sigue siendo un enigma que no obsesiona, sino que seduce e invita al puro deleite mental/sensorial. “Japonave”, verbigracia, rompe fuegos empleando una secuencia pedal de notas electrónicas digna de la Berlin school, que tras medio minuto de solitario andar casará la irrupción de un brioso soporte rítmico. Sumándose una eléctrica que dibuja patrones cíclicos para luego emprender vuelo libre, ese matrimonio crea una atmósfera a caballo entre el post rock y el post pop: del primero toma prestada su vocación trasgresora, sin renunciar a un diseño sonoro que el/la oyente sienta cercano, rasgo que recicla del segundo.

Evidente guiño al mítico guitarrista de Pink Floyd, la dupla que conforman “Gilmour I”-“Gilmour II” se mueve apisonando bases distintas. De hecho, el binomio es más un monomio partido en dos. Con una larga introducción en que sólo audicionamos cantos de aves, sordos ecos de distantes tormentas y una guitarra minimal (“Gilmour I”), esta última despega trasladándonos en un trip que juguetea con el canon del rock desértico sin incidir en sus lugares comunes -son éstos reemplazados por dulces tonalidades cannábicas. Y la subsiguiente “Disco Funji” vira bruscamente hacia parajes en los que el tándem se regocija recreando la plasticidad de Stereolab circa Dots And Loops (‘97), no su laboriosidad, mucho menos su sonido (más en consonancia con el que relajadamente jazzea Tortoise).

Baste lo expuesto hasta aquí para concluir que la mancuerna Avenave prefiere caminar en libertad, sorteando etiquetas bajo las que encajar y clichés con los que cumplir. Al margen de lo atinado/desatinado de las precisiones y/o apreciaciones estilísticas, Javiera Alarcón (ex Lilits) y René Gómez (Heropass, Diógenes) escogen manar antes que fluir, esculpiendo texturas de química voluble con que engalanar esos soundscapes de ensueño que atravesamos de su mano. Avenave abraza despreocupadamente la espacialidad. No le molesta pisar un poco el acelerador para zafarse del perfil ambiental del post rock en “Nighthawk”, evocando de paso la ductibilidad de los Gus Gus del inmenso Polydistortion (‘97). Se distiende en “Baño De Bosque” recreando desde coordenadas ácidas el feeling etno-prog de unos Jade Warrior o unos Embryo. Y se aúpa a un curioso híbrido de psicodelia old school y de dub para encarar la clausura de la jornada con la generosa “Almar”, que me sigue sonando todavía a los Dif Juz de una dimensión paralela.

Adictivo primer álbum de Avenave. Cierto, el volumen apenas excede los 31 minutos, pero su periplo lo repites incesante sin que la familiaridad te reporte cansancio alguno. Provenientes de diversas latitudes y épocas, discos de menor minutaje pueden eventualmente impregnarte de tedio, de modo que méritos -meritazos- no le faltan a la sociedad formada por Alarcón (bongó, maracas, pandero, palo de agua, principalmente batería) y Gómez (Moog, mellotrón, sintetizadores, principalmente guitarras). Un esforzadísimo drum set polirrítmico que siempre se porta a la altura, y una guitarra volátil que apela a la mesura como la más señera de sus virtudes.

Hákim de Merv

jueves, 26 de marzo de 2026

China María Soundsystem: China María Soundsystem EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 18 de marzo de 2026.)

Interesante combinación la que supone China María Soundsystem. Es un trío de nuevas sangres, formado por Rodrigo Ruiz, Jorge Giraldo y Pablo Portocarrero. Si la portada de su epónimo extended debut es indiciaria, el grupo proviene del limeño distrito de Jesús María, teniendo por cuartel la legendaria Residencial San Felipe (una ciudad dentro de la ciudad, para quienes no la conocen). Y si lo de “Soundsystem” apunta a una declaración de principios, que lo hace, no queda sino saludar el advenimiento de una nueva célula peruana enamorada de las músicas forjadas en las comarcas que vieron nacer a Bob Marley, a Lee “Scratch” Perry y a King Tubby -Jamaica.

Definir el estilo de ChMS es menos sencillo de lo que parece. La cepa es reggae en su vertiente roots, lo suficientemente plástica como para desenvolverse a paso firme hasta que en el horizonte destaque la silueta del dancehall, ese subgénero del cual el insoportable reggaetón es descendiente abortado. Es decir, el terceto nunca pisa el acelerador a fondo. Sus canciones, por otro lado, cobran espectral tridimensionalidad al ser en la práctica reconstruidas durante la etapa de mezcla; reconstrucción que en sí misma comporta un tercer elemento identitario: el dub. Los bajos ganan en profundidad y en reiteración, y las baquetas digitales potencian el groove rasta al punto de transformarlo en stepper cadenciosamente demoledor.

Suma el empleo a mansalva del reverb y del delay para encender o sofocar la guitarra, así como la constante recurrencia al toasting, y ya cuentas con un boceto general de lo que expone aquí China María Soundsystem. Roots reggae que puede ¿multiplicar?/¿subdividir? los jabs percusivos sin saltar más allá de los 4/4, creando una temporal ilusión dancehall perceptible con claridad sólo en “Jermandub”. Para el resto de pistas, bastan las subsónicas ondas vibratorias que afectan piel y materia gris, los latidos metronómicos del drum set virtual a que se sincronizan los del miocardio, el fader que invisibiliza o subraya durante secciones enteras tal o cual instrumento: “Mañanero”, “Pura Vida”, la combativa “Contaminación Visual”.

Me hubiera gustado que el mástil de cuatro cuerdas que empuña/setea Giraldo retumbara por mucho más tiempo, lo mismo que los reverberantes beats que a veces Ruiz somete a filtros de agudos. Ésa es mi única queja: el extended resulta brevísimo para el feeling apolíneo y dionisíaco a partes iguales, delicioso y tremendamente expansivo, que el trinomio maneja con fluidez y que invita al movimiento instantáneo. Habrá que esperar con paciencia la puesta de largo. Publica este conciso manifiesto Cosmic Llamas, la pujante discográfica cumbiambera, dubidélica y de electrónica mestiza que Álvaro Ernesto (a) Tribilín Sound ha montado en su exilio californiano.

Hákim de Merv

jueves, 12 de marzo de 2026

Asunción: Levitaciones // Lluvia Ácida: Convergencia

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de marzo de 2026.)

Ha transcurrido ya un tiempo considerable desde que Asunción difundiese su tercer esfuerzo largo, Materiales Y Símbolos (‘22). En ese lapso de tres almanaques y un poco más, no recibí mayores noticias del unipersonal de Cristian Sánchez, aunque sí de su insurgencia como Irreales Del Monte junto a Antonio Aldunate. Y aunque razones de índole personal ha de haber, pienso que la principal causa de ese silencio algo prolongado se halla directamente relacionada a una etapa de cambios cuyo objetivo ha sido renovar el rostro del seudónimo con miras a su cuarta entrega. Ésta se ha revelado en diciembre pasado.

Desde el estreno en corto El Reino Mineral (Demo EP) (‘17), la obra de Asunción se ha nutrido de drone music, de ambient, de psicodelia y sobre todo de kraut rock. La incidencia de este último ingrediente, remarco, nunca se ha traducido en una aplastante presencia hegemónica. En Levitaciones, que persiste abordando las mismas variables, no sólo no se da esa eventualidad; sino que además al viejo kraut teutón se le asignan roles secundarios todavía encomiables. Ello es responsabilidad de un color recientemente añadido con firmeza a la paleta del santiaguino: el bliss pop.

En retrospectiva, es curioso que no se le hayan abierto las puertas antes, ya que por pathos y modus operandi ese pariente del shoegazing calza a la perfección con el resto de variables. Los resultados acompañan esta certidumbre. De inicio a fin, Levitaciones reincide en la estética de sonoridades dilatadas que obedecen a compases ignotos, en estilísticos leitmotivs mejor apreciados cuando experimentas estados de placidez o de laxitud, en borrosas viñetas que atravesar deleitosamente en posición horizontal. Asunción se la vuelve a jugar -y gana- por la permanente ciclicidad del Sonido como torrente cuya faz es siempre la misma y siempre otra. Un estuario en perpetuo avance hacia arriba y adelante, contraviniendo principios elementales de física para elevarse hasta picos de ignífugas atmósferas etéreas.

El bliss pop toma las riendas nada más empezar “Anunciación De La Aurora”. Celestial, iterativo, de pocas variaciones armónicas; marca el camino para “El Signo De Los Cisnes”, que debe ser el primer track de Asunción en recurrir al uso de una (algo indescifrable) programación velada. “Congregación Amapola” prefiere seguir los pasos de la apertura, concentrando buena parte de las virtudes descritas hace unos momentos. “El Vuelo Y La Vertiente” se acomoda a la inserción de un teclado percutado que recuerda levemente al kraut, mientras es asaltado por gorjeos de aves canoras. Y el cierre “Adiós A La Tierra Fría” enfatiza de nuevo los cósmicos fulgores bliss que actualmente parecen atraer la mirada del capitalino.

Existen otras diferencias, más fáciles de distinguir para quienes hemos escudriñado con detenimiento las rodajas del ex El Diablo Es Un Magnífico. Si bien menores, de todas maneras significativas. La consistencia incesante y ritual del drone ha menguado, circunstancia que se invierte en el caso del ambient, por ejemplo. No obstante, el acabado final de Levitaciones no se desentiende de lo mostrado por el músico en anteriores oportunidades. Excursión pulcra y de posología contemplativa con que devorar nubes, cielos, estrellas, constelaciones.

Faltando menos de cinco días para la última nochebuena, vio la luz Convergencia, artefacto de versiones con que diversos/as artistas chilenos/as -magallánicos/as la mayoría de ellos/as- conmemoran los 30 años que en este ‘26 cumple Lluvia Ácida como dúo. Recuérdese a este respecto que el alias comenzó a operar en 1991 en modalidad individual, en coordenadas muy distintas a las que adoptaría bajo el formato de binomio, y que son asimismo diferentes a aquellas en las que éste circula por lo menos desde hace cuatro quinquenios.

Habida cuenta de la vasta andadura que la dupla formada por Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf ha concretado a la fecha, sorprende que los catorce actos participantes de la jornada se enfoquen en sólo cinco episodios discográficos. En orden cronológico, éstos son Simulación (‘96), Hotel Kosmos (‘04), Kuluana (‘09), Zonas De Silencio (‘15) y Puntarenazo (‘23). También sorprende que composiciones como “Yagán”, “Los Títeres”, “Hotel Kosmos” y “Sol Verde” cuenten cada una con dos relecturas; cuando el repertorio conjunto de los discos mencionados ofrece más de una cincuentena de temas. En todo caso, la elección de cada involucrado ha sido libre, según entiendo.

Conviven en Convergencia diversidad de estilos. Para corroborar esta afirmación, basta comparar lo dispar que suenan “Sol Verde” de Retrovoltaje y “Sol Verde” de Nave/Raw: mientras que el último se sirve de una voz rasposa hasta la deformidad para remitirte a la densidad/pesadez del primer industrial (fines de los 70s), su predecesor suena a techno industrial de guitarras (principios de los 90s). O también “Hotel Kosmos” de La Tensa Calma versus “Hotel Kosmos” de Interestellar: LTC horadando neuronas con una punzada tridimensional que luego se transforma en trip hop, Interestellar saltando del downtempo al breakbeat. O “Los Títeres” de Polaroid Sound System y “Los Títeres” de Avenave: PSS en clave EBM de ligero tonelaje y Avenave empuñando un robusto ambient synth orlado de dub.

Las posibilidades no se agotan allí. Los Klasky! postulan una reinterpretación pop en onda lo fi de “Canto Muerto”, a trasmano del pop apolíneo de Gabi Gómez y “Transpatagonia”. Preñado por electroacústicas de genealogía andina, el groove del hip hop está representado por “Corta El Viento” de Adrieta, en manifiesto contraste con la tosca ascendencia neoclásica de “Universo Plano” de Nicolás Varas (que a partir de la mitad se enfunda en la piel de un Jarre). Y cómo olvidarse del electrodub a centímetros del illbient que ejecuta Frank Sinanthrax en “El Cabildo”, del instrumental trippy de “Yagán” a cargo de DJ’ Hain, del ambient con accesos de soundscaping de Gio Foschino para su versión de “Río Seco”...

Los defectos ya han quedado acotados. Tres décadas difícilmente pueden condensarse en un díptico, con mucha menos razón en un solo volumen. Bajo el mismo criterio, se me hace equívoco repetir surcos, habiendo tanto de dónde escoger. Todo esto pasa a segundo plano si se aquilatan los motivos de fondo de este Convergencia, homenaje a una dilatada trayectoria y testimonio de la influencia que ejerce ésta no sólo sobre creadores más próximos, sino también sobre el resto de sus connacionales. Que sean muchos años más.

Hákim de Merv

miércoles, 25 de febrero de 2026

El Ruido De Mi Cuarto: Nostálgica EP // Sismo En Bucarest: Entre La Espada Y La Pared // Paruro: El Ruido Se Puede Componer // Almirante Ackbar: Zona Dark

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 18 de febrero de 2026.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (IV)

Se manifiesta otro combo de novísima data singlando la superficie marítima en que se revuelven los océanos del pop/rock de los 80s y los 90s, y del indie que empezaba a ser pasteurizado durante la primera década del siglo. Enésimo que sumar a las actuales hornadas del pop autárquico nacional, no le describo así para subrayar una acepción peyorativa. De hecho, no tengo nada en contra suyo, sino en contra de la reiteración masiva de que ese hermanamiento goza hace ya su buena cantidad de años.

Me refiero a El Ruido De Mi Cuarto, trío formado por Roberto Sulca, Piero Frisancho y Lorena Castañeda. Desempeña Nostálgica EP papel de debut en corto, enfatizando su nombre las veras en que estos compas prefieren gastar las suelas. Producido a cuatro manos entre Sulca y un tal José Gonzalo Alcalde -que no parece ser Gonzaleo Alcalde, célebre guitarrista de Manganzoides y Los Protones-, las canciones del extended han sido trabajadas a lo largo del año pasado, decidiendo ERDMC publicarlas antes de que éste finalice (5 de diciembre).

Apertura el EP “La Memoria De Los Peces”, que funge de declaración de principios. El terceto pone todas sus fichas en un pop/rock que suena, según qué surco, como extraído de los 80s (“Día De Duelo”) o de los 90s (“Mi Tristeza Y Yo”); asociándole de continuo a la esencia indie que llegó a colarse en el mainstream y fue por éste codificada/etiquetada. Correcto nivel de ejecución y una bonita modulación de la Castañeda frente al micro remueven el terreno sobre el que germinan melodías dulces y de cierta sofisticación, acompañadas por letras preñadas de una largamente rumiada melancolía.

Siendo el leitmotiv de Nostálgica EP un romanticismo defenestrado al que se le (o)pone buena cara, sorprenden los sintetizadores llenos de groove y el bajo funkeado que toman por asalto “Un Recuerdo Tuyo En Berlín”, imprimiendo en el corte acentuadas ventiscas bien setenteras. Un lunar, sin duda, aunque fuera de su contexto no consigue trascender como sí lo hace Plastical People (por citar otro nombre patrio). Lo bueno es que la temática suscrita por El Ruido De Mi Cuarto permanece incólume.

La jornada se reorienta con “San Tadeo”, de timing a lo Paradero Astral más eléctricas y teclas en plan artisan pop ochentoso. Con frases como “Gracias Por Venir/Al Menos En Un Sueño”, “San Tadeo” es la máxima expresión de esa nostalgia a que apunta la terna, al menos por ahora. También, el mejor paradigma de la seriedad con que las letras son abordadas, virtud extensible al correlato visual de cada pista -todas cuentan con video, casero o profesionalmente producido.

La primera ocasión en que oí Sismo En Bucarest me reportó dolor de cabeza. No es moneda común descubrir en el seno de la movida independiente perucha bandas o artistas que fuercen la cópula entre estilos provenientes de la electrónica noventera no experimental y no digamos ya equivalentes mainstream, sino gags de aquello que suena en radios abiertamente pacharacas. Claro, está el antecedente de Tribilín Sound. Sin embargo, lo suyo es una expansiva humorada subversiva desde cualquier punto de vista, que se decanta hacia el mashup en lugar de hacia los topetazos injertados que adora SEB.

Me ha costado varias escuchas adicionales poder rascar lo suficiente la olla como para escribir algunas reflexiones acerca de Entre La Espada Y La Pared, séptimo álbum completo de este prolífico autor, de quien recién he tenido noticias a fines del ‘25. Dicho sea de paso, lo de prolífico no es nada exagerado: otro alias de su propiedad, algo más espaciado, responde a la chapa de Atticus Condori y acredita ya tres volúmenes en los que da rienda suelta a un pop hipnagógico lleno de sampleos y grabaciones de campo.

De un lado, Sismo En Bucarest respira colgado de los beats sobrecargados, cuando no anabolizados. Más allá de la síncopa que se elija recrear, programaciones y secuencias son bombardeadas por el dub, estética que sincroniza espontáneamente con el trip hop, con el drum’n’bass, con el illbient, con el big beat y con cualquier subgénero electro post rave. Desgraciadamente para mí, ello le hace asimismo vulnerable al trap, y sobre todo al nunca lo bastante vilipendiado reggaetón. No son contadas las veces que el downtempo o el breakbeat acaban doblegando la cerviz, reemplazados por percusiones de global bass u horras oleadas de vulgar dembow. Dos ejemplos de ello son “Nairobi” y “Sagitario”.

De otro lado, esas reconducciones se ven favorecidas por el saqueo plunderfónico que SEB acomete en relación al “repertorio” pacharaco latinoamericano. No es necesario tener mucho oído para determinar que la mayoría de voces repescadas proviene de canciones de -puajjjj- trap (“Paria”) o de -doble puajjjj- reggaetón (“Armas”). El unipersonal no se detiene allí, ya que el mentado “repertorio” tampoco se agota en estas, ejem, “coordenadas” -Miami Sound Machine en “Élite”, el infumable de Cristian Castro en “Reflejo”. Es más, se recurre a cuñas radiales de emisoras limeñas fétidamente rankeadas (“Soma”).

¿Por qué redimir, entonces, un proyecto de semejantes particularidades? Porque hay algo más. Sí, sampleos y músicas recicladas pertenecen casi en su totalidad al otro lado del campo de batalla. No obstante, también es cierto que de los catorce temas que acoge Entre La Espada Y La Pared a lo sumo un par podría mendigar algo de difusión en las ondas hertzianas. Tras andanada de nuevos repasos, empiezo a notar otras herramientas en juego: giros de electrónica mestiza por aquí (“Server”), nerviosidad braindance por allá (“Citadel”), tallas de indietrónica por acullá (“Bengala”). Vamos, que las composiciones de Sismo En Bucarest son de una elaboración tal, que su “poética” de robustos graves difícilmente recibiría la venia de los pobres estándares a los que se aferra nuestra cobarde FM.

Podría decirse, pues, que el objetivo de este man es retratar el pandemónium auditivo al que nos enfrentamos a diario los/as latinoamericanos/as en las ciudades más ruidosas de la región. Una vorágine de alta contaminación sonora. Sólo que él parte desde la corporalidad del Sonido, a diferencia de otros francotiradores como Paruro (ver más abajo), que se mueven desde la abstracción del Ruido. Un plástico que no he podido descartar, pese a mi natural inclinación a hacerlo. No sé cuánto demoraré en asimilar el resto de su discografía, tanto bajo el rótulo de SEB como el de Atticus Condori. La perplejidad que me ha causado Entre La Espada Y La Pared es sobrada exhortación para ello.

Vistas las coyunturas de cambio de año, hubiese correspondido que el nuevo documento sónico de Paruro se editara hacia finales del mes en curso. Enero siempre es un intervalo muerto, y febrero apenas lo es menos. Empero, Danny Caballero cree firmemente en los ciclos y en la necesidad de ceñirse a ellos. A tal fin, anuncióse El Ruido Se Puede Componer para la quincena de diciembre, apareciendo contra viento y marea copias físicas en la fecha señalada. Ciertamente las primeras de una cuidadosa manufactura artesanal -que entrega en sencilla caja de cartón el contenido del título en CD y en un primoroso USB, además de los créditos enrollados cual pergamino y un QR para material audiovisual online.

¿Cuánto se ha metamorfoseado la música de Paruro en el lustro trashumado desde GeoMúsica? (‘20)? La interrogante se valida toda vez que el carácter de la célula norconeña le ha orillado a la constante innovación moviéndose por los vericuetos del avant garde contemporáneo, circuitos que han devenido -con el paso del Tiempo y la ausencia de renovación- en un género per se. A este respecto, conviene recordar que la primera etapa del a.k.a. fue clausurada por La Ópera Del Ruido (‘05). Clausurada, mas no olvidada o superada: de ello dan fe Remanentes (‘16), su esférico al alimón con la argentina Maia Koeing (Viaje A La Tierra, ‘16) y el ya mentado GeoMúsica.

El Ruido Se Puede Componer es susceptible de audicionarse e interpretarse en más de un sentido. El más evidente se aprecia desde el primer golpe de tímpano: el maduro amalgamiento de muchas de las líneas -curvas, horizontales, oblicuas, verticales, paralelas, diagonales- que el lápiz del músico autodidacta ha dibujado en sus más de dos décadas de andadura, incluyendo la experiencia previa como Audiogalaxia. En muchos de los surcos, conviven capas de teclados en plan “strings” o “piano” que aseguran la presencia de melodías entre emotivas y contemplativas (“Alessa”, “Litoral”), correntadas de beats absolutamente descoyuntados que devoran sus propios cauces (“Interferencias En El Penal”), vendavales de frecuencias (in)armónicas colapsando sin cesar (“Cuadrado De Los Andes”). “Convivir” es una forma de explicar lo que hacen estos flujos de sonidos. Otra es “colisionar”.

Cuando revisas con detenimiento la placa, te das cuenta del hecho de hallarse su denominación entre ni-tan-sutiles signos de interrogación, algo no observable en el empaque de cartón. ¿Significa esto que Caballero no afirma que el Ruido se pueda componer, sino más bien lo pone en duda? De esta pregunta surgen otras. ¿El Ruido puede romperse o descomponerse? Si fuera así, ¿es necesario recomponerlo? En todo caso, ¿no comporta la concepción actual del Ruido la promesa de devorar definiciones tradicionales de lo que es Música, para incorporarse a ella en una suerte de meta-síntesis? Frente a estos cuestionamientos, El Ruido Se Puede Componer adquiere otros visos: los de una criatura multiforme que se tambalea entre fárragos de polutos fondos sonoros cacofónicos derrumbándose caracoleando (“OxiSonar”), accesos de Ruido fermentado en vías de lograr status “orgánico” (“Ópera Del Ruido”), noise precipitándose -vanamente- hacia alturas etereoquebradizas (“Náufragos Del Chillón”) o field recordings a mansalva (“Lima”, “Cacería De Humanos”, “Comas”, presas de ese caos ruidoso tan familiar a los capitalinos...).

Hete ahí dos lecturas ajustables a lo que representa ERSPC. Las demás están supeditadas al bagaje de cada quien. Aquí añado la mía.

El canal de YouTube Cinematix tiende a explorar videojuegos que plantean situaciones extrañamente inquietantes o escenarios inquietantemente extraños. Metal Garden tiene lugar en un planeta Tierra que ha pasado a formar parte de sistemas de contrapeso dentro de una megaestructura que se dilata más allá del Cinturón de Kuiper. Esto es, allende nuestro vecindario solar. ¿Qué tipo de logística supone mantener megaestructuras de semejantes dimensiones? ¿Podrían realizarlo seres vivos, que eventualmente se extinguirán? ¿Podrían las máquinas, que con el tiempo se degradarán? Entonces se me ocurrió eliminar la partícula “Se” del nombre del disco. El Ruido puede componer. Me consta que existe un sistema de sofocación del fuego basado en notas subsónicas. Paruro no las frecuenta, pero teóricamente el principio es el mismo: el uso del Sonido para solucionar problemas físicos prácticos. En este caso, del Ruido, como sostén infinito de software y hardware proporcionalmente interminables en relación a los de una esfera Dyson.

El sexto episodio de Paruro es por mucho el más largo de todos, con casi 80 minutos de reproducción. Si su output, repetido indefinidamente, basta para mantener operativa una megaestructura... ¿El Ruido puede componer?

Admito que no me conozco al dedillo todas las publicaciones de Almirante Ackbar, cuarteto que ya tiene más de una docena de años trajinando el pop contemporáneo (cf. su split junto a Mundaka, ‘13). Lo que sí he hecho es asimilar un buen puñado de sus piezas como para formarme una idea sobre banda y discurso al que se ha consagrado. Ese discurso se articuló por cuenta propia hace poco más de ocho años gracias al debut Sonidos Ultrasónicos Y Audibles Para Callar Al Perro Del Vecino (‘17), y sólo en el último tramo de la ruta ha  logrado  consolidarse  ante  el  incremento  del  número de testimonios -uno por calendario: El Ruido Hecho Por La Gente (‘23) y Nueva Ola (‘24).

A priori podría tomarse Zona Dark (‘25), entonces, como una rodaja de relevante madurez. Conforme han pasado los almanaques, música y líricas de estos irredentos fans de Star Wars han ido sedimentando la influencia de dos tótems, ambos provenientes de la Madre Patria: Los Planetas y La Buena Vida. No es que Almirante Ackbar busque la mímesis, sino que extracta de uno y otro referente lo que requiere en pos de su propia identidad. Comprensiblemente, el Tiempo ha mitigado su adrenalina, pero no sus urgencias expresivas ni su devoción por el indie clásico chapetón.

No parecía ser así al inicio de Zona Dark, con todo. Tanto “Aves Sin Nido” como el inicio “Como Si Fuese Baltasar” hacían presagiar un insólito regreso a las ágiles y ligeras mocedades de su estreno, ignorando todo el proceso de transmutación que se diera en largos precedentes. Cuando se supone que iba a seguir por ese derrotero, la agrupación baja revoluciones y eleva pretensiones a través de la dupleta “Ruido Blanco”-“Metal Y Melancolía”, en la práctica una suite de dos movimientos. El aumento protagónico del theremin y de los teclados le da al primero cierta sensación de espacialidad, sensación que se convierte en pronunciado acento sci-fi en el segundo, primer instrumental de varios que trae el artefacto -a despecho del sampleo de rigor como guiño a la epónima película documental.

A partir del track homónimo, Zona Dark profundiza en el sonido que ya se había hecho habitual al interior de Almirante Ackbar. Medios tiempos sosegados, construidos con minuciosidad, sin malgastar nada en fuegos artificiales o en ampulosidades gratuitas. Cabe citar aquí a “Paraíso Ambulante”, a “¿Qué Más Puedo Esperar?” o a los instrumentales “El Rayo” y “A Sus Órdenes General Yolo” (de mezcla más bien fallida). Igualmente otro binomio, el de “Piano Tonto”-“Las Fiestas Del Mañana”, por razones distintas -una delicadeza post clásica al piano que por breves momentos me recordó al difunto Harold Budd, dirigiéndose hacia el pop en “Las Fiestas...”.

Zona Dark baja el telón con la tríada “El Sonido De La Confusión II”-“Amén”-“Messi 420”. Aquí Almirante Acbkar vuelve a ese pop de orla futurista que se dejase escuchar en “Ruido Blanco” y en “Metal Y Melancolía”. Si bien no abandona el medio tiempo, los flashes los cosechan otra vez los sintetizadores y los aires de pop cósmico, acaso debido a un soporte rítmico derivado del motorik. Concluye, así, un LP con el que opino el conjunto alcanza su techo. En lo sucesivo, y salvo que se decidan por una vuelta de tuerca, sólo les queda refinar la calología con que plenamente se identifican.

Hákim de Merv

jueves, 27 de marzo de 2025

Desawe: Grindattack EP // Chino Burga: Tecnología En La Religión Futura

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 19 de marzo de 2025.)

Conforme lo pregona el nombre del extended que funge como puesta de corto, de un tiempo a esta parte la gente de Desawe ha empezado a pisar el acelerador hasta el fondo. Formado en el ‘16, el cuarteto recién registra en mayo último la maqueta Sociedad Coprofágica, cassette que le sirviera de bosquejo para la publicación hecha el pasado 10 de enero y que motiva las presentes líneas: Grindattack EP. A su vez, ésta se ha difundido como adelanto de lo que supongo vendría a ser su primer disco en regla, de fecha de salida ignota y título desconocido.

¿Cuánto ha avanzado Desawe, entonces, entre el demo y Grindattack EP? Aunque ha habido algunos cambios, yo dudaría en tipificarles como avances antes que como retrocesos -y eso no sería necesariamente un jalón de orejas. Porque el chiste del grindcore es el del bajo malsanamente retorcido, el de la(s) guitarra(s) intencionalmente desafinada(s) varios tonos cuesta abajo, el del doble pedal tejiendo velocidades demoníacamente sobrehumanas. Y obvio, el de voces guturales cuando no agudas -en el combo parece haber dos, una que gruñe y otra que grazna.

De Sociedad..., el grupo ha rescatado “Destruir” y “Chapa Tu Choro Y Mátalo”. Las nuevas versiones suenan aún más chancrosas que las tomas de la cinta, precisamente en el marco de un género para el que “peor es mejor”. Esa peculiaridad en la grabación se propaga a casi todos los tracks del EP -media docena, que en conjunto se quedan a las puertas de los seis minutos. Arranca éste con “Intro”, que no es otra cosa que parte del speech de Hades, muestreado del capítulo que a Orfeo dedica la recordada serie The Storyteller (segunda temporada, denominada “Mitos Griegos”).

Mugre opacidad, uniforme continuidad, ininteligibilidad, fugaz concisión. Algunos seguidores de la banda se han quejado de lo poco o nada que se puede entender de sus letras, cuando en el grind y afines la ira es el mensaje a transmitir/recabar. Esto se evidencia al escuchar “Pueblo Elegido”, “Motor De Sangre” o “Caca Blanda” -las dos últimas en una clave hardcore más reconocible-, siempre en la línea grind/crust/fast de la que hay antecedentes por montones en estas comarcas. Vale el esfuerzo, si es que estás habituado/a a este tipo de vejámenes sónicos. Si no, como dijese François Quesnay tres siglos atrás, “dejar hacer, dejar pasar”.

A poco de acabar el primer mes del año, el inagotable Miguel Ángel Burga liberó para descarga gratuita nuevo álbum acreditado con nombre civil, que se ha convertido en una tremenda sorpresa dada la fractura que implica respecto del devenir kosmische normalmente atribuible a su discografía. Pese a ser cierto que en algunos EPs Burga explora direcciones más periféricas, ninguna de esas producciones se adentra en ellas de la manera en que lo ha hecho su más reciente trabajo.

Según el músico, la génesis de Tecnología En La Religión Futura comienza un año atrás, cuando se propuso distenderse ejercitando su talento con programaciones y sampleos que guardaba en la PC o en la laptop. En cuanto a los sampleos, éstos habían sido creados a partir de voces cantando o rezando plegarias, con lo que su cualidad litúrgica queda fuera de discusión. Miguel Ángel no especifica si las piezas estuvieron perfilándose conforme trascurrían los meses o si se retomaron hace poco para pulirles y finalmente empacarles tras un mismo rótulo. Sea una cosa o la otra, el resultado suscita la sensación de estar audicionando expresiones sonoras de un credo teñido de orientalismo, en tiempos aún por venir.

Las programaciones recicladas postulan beats corpulentos de tempo rebajado -son todo lo iterativas que cabe esperar de composiciones pensadas para solemnes ceremonias en torno a un altar o tótem, sin mutar en/acometer empellones. Las atmósferas están llenas de ruidosa estética drone, pero su enérgica ominosidad no desciende hasta transfigurarse en lóbrega. Y las voces que percibimos como tales se asemejan mucho a las de aquellos/as hijos/as de los desiertos medio-orientales que llamaban/llaman a la oración, cualesquiera sea o haya sido su religión abrahámica de procedencia: almuecines, anacoretas, patriarcas. De ahí el aroma vagamente oriental y la invocación subconsciente a esa extraña fascinación por los mares de arena.

Sin embargo, en algo difieren estas visiones de Burga de las impuestas por las culturas judeocristiana y arábiga, y ello es el rol que la Mujer desempeña en estos cánticos futuristas. La divergencia propugnada calza a la perfección con el illbient escarpado que cincela áspero cada corte, con el minimalista IDM oscuro que facilita la metamorfosis de cada surco en un mantra, con el ambient dub ritual que adelanta su mirada cientos de años hacia el remoto mañana. De esta guisa, Tecnología En La Religión Futura bien puede plantearse como banda sonora alternativa de la fantástica Dune de Denis Villeneuve. Ignoro si el ex Espira la habrá visto o tenido en cuenta. De no ser así, estaríamos hablando de un excepcional caso de poligénesis sónica -que incluiría, cómo no, la ligeramente brutalista portada, soportal hiperbólico de un templo enclavado en mitad de grisáceos yermos.

Es una opinión subjetiva, por supuesto. Pistas como “Noth”, “iisaM”, “Shinto” o “Das” a mí se me hacen idóneas para vivir junto a los fremen, cabalgar los gigantescos Shai-Hulud, meditar las palabras de las Bene Gesserit. Números manantes de reverberaciones ritualistas con que suspirar por el advenimiento del Kwisatz Haderach -que no llegaremos a ver.

Hákim de Merv

martes, 31 de diciembre de 2024

LoProfundo: LoProfundo // La Garúa: Motor De Sombras // Ionaxs: Oopart

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 25 de diciembre de 2024.)

Cosa hará de unos tres años, volví a tener noticias sobre Kiko Monzón, ex integrante de Nudo De Espejos. Reportándose desde Bilbao (España), el sanmiguelino acababa de lanzar Huitlacoche, debut de Visoki Napon junto a Jon Fernández -acompañados en la jornada por el baterista mexica Esau Nava. Un estreno de inquieta versatilidad, cuya reseña puedes leer aquí. El último 15 de octubre, Monzón publicó material inédito bajo el bisoño rótulo de LoProfundo (sic). Lo curioso es que también aquí milita su partner de Visoki Napon.

¿Cambios? Sí, muchos, todos en directa relación con la(s) música(s) abordada(s) utilizando la nueva identidad. En cuanto a ésta, LoProfundo ¿fue?/¿es? una suerte de alineación temporal, que debe su ¿fugaz? existencia a las circunstancias. En octubre del ‘22, abrió puertas la asociación cultural Obrador, en la capital de Vizcaya. Semanas antes de la apertura, ambos músicos fueron comisionados para la presentación de aquella tarde/noche. Después del respectivo brainstorming, Fernández y Monzón optaron por la confección de una única pista epónima de 32 minutos, que mutase sin sosiego.

La sobriedad antes que la solemnidad. El acto de repentizar antes que el de “florear”. LoProfundo inicia su ¿unigénito? viaje echando mano de un audio de trazos ambientales, donde ruidos pedestres como el de la lluvia, el de las campanas o el del zumbido del servicio eléctrico son menos notorios que sus correspondientes ecos. Al ingreso de la primera guitarra, emerge una música de incómoda opacidad, como la del post punk de corte clásico. Al de la voz, cierto dramatismo de ribetes post rock, masajeado por percusiones minimales. Éstas se irán apagando al aproximarnos a los 8 minutos.

Una ominosa, adictiva fusión de dark rock y reverberación dub asienta sus reales hasta que, sin aviso, el uppercut de una insólita marejada neopsicodélica le manda a la lona. Lejos de desbocarse, el agitado oleaje va deconstruyéndose con mesura hasta transformarse “LoProfundo” en un cocktail de trip hop sublimado, orlado otra vez de dub. Traspuesta la barrera de los 25 minutos, el registro salta hacia la electrónica de fisionomía rave -levemente frenética, sí, aunque a cientos de kilómetros del hedonismo trance o goa. Pocos minutos después, sampleos de ladridos reconducen el track hacia la calma, esta vez en clave pseudo litúrgica; para finalmente acabar mordiéndose la cola.

Escaso, pues, es el detritus sonoro que tienen en común LoProfundo y Visoki Napon. Esta última entidad prefería/prefiere el space rock y los tintes psicodélicos de vieja escuela, además de una inocultable tendencia hacia el noise rock. Acaso sea el post de Labradford o de Windsor For The Derby lo único de lo que ambos integrantes apertrechan una y otra faceta. Por otro lado, y más allá del acentuado rush final, no encuentro mayor parecido entre lo etiquetado como LoProfundo -tremenda proteicidad susceptible de encomio- y lo que se entiende por “evento rave” (quizá en algunos puntos determinados, nunca duraderamente). Produce el vizcaíno Unai Mimenza, quien ya había hecho lo propio con Huitlacoche.

Tantos calendarios se han quemado desde Panza De Burro Thunder Blues (‘13), de La Garúa, que ya se había dejado de esperar sucesor. El entusiasmo por la continuidad de grupo y obra se fue diluyendo con el discurrir del tiempo, no así el recuerdo de su elogiado e inmenso debut. Pero está visto que, en la escena independiente peruana, todavía las cosas se dan cuando lo dictan los condicionantes antes que cuando éstas son planificadas. Para ejemplo, el reciente Motor De Sombras (Mönte Paganö/Tóxico Records): grabados/mezclados/masterizados sus ocho surcos en el ‘18, tuvo que esperar 72 meses para verse por fin editado en físico, añadiéndose para la ocasión dos piezas más -que por ello son descritas como “bonus tracks”.

Si hay que resumir las razones por las que Panza De Burro... es aplaudido hasta ahora, éstas se abroquelan alrededor de dos frentes, el técnico y el sónico. Con respecto al primero, sobran mayores comentarios ante el background de los músicos: Marcos Coifman (Reino Ermitaño, El Cuy, Necromongo), Miguel Ángel Burga (3AM, Espira, Ácidos Acme, Culto Al Qondor, tropecientas mil referencias más) y Alonso Guerrero Camuzzo (Argul). Todos ellos duchos en lo concerniente a géneros pesados entre los que se pueden contar la psicodelia, el heavy psych, el doom metal o el stoner.

Con respecto al segundo frente, PDBTB enhebraba discursos de la misma manera que lo hace Motor De Sombras, casi todos enumerados en el párrafo anterior: secciones enteras de lisergia sesentera/setentera se trenzan con un blues que es simultáneamente pericia y aconchasumadramiento. Tercia un stoner de alta densidad y de construcción monolítica, e incluso ramalazos de un subversivo psych punk garagero. Constreñidos a un mismo espacio bajo presiones dignas del núcleo interno sólido de la Tierra, en Motor... estos ingredientes dan forma a un magma sónico que no sólo reedita los picos de su predecesor, sino que además supera la valla impuesta por éste.

Aún no consigo mapear la geografía completa de la placa. Durante sus primeros 24 minutos y sencillo, describe ésta una cierta estructura cíclica: del callejero y achuchado blues psicodélico no-hendrixiano, la terna salta a terrenos que casan heavy en fase psicótica y punk rock contundente, para luego entregarse a acrisoladas y báquicas sesiones donde son aún más favorecidas las improntas desértica y de carretera inherentes a tal amancebamiento de estilos. Siendo “Conductor Oscuro” y “El Gusano” exponentes del primer tramo de esa estructura, lo son del segundo “Llévame” y “Ciudad Motor”, y del tercero “El Mar” Y “Comebrea”. El ciclo se rompe con “Acelerador”: exceptuándole, es el blues enteógeno en mayor o menor variante el que se posesiona de la restante “El Viaje”, así como de los “bonus tracks” (“Quiero Más” y “Veredas”).

Considerando tanto Panza De Burro Thunder Blues como este Motor De Sombras, creo que ya me puedo arriesgar a afirmar que la íntima razón por la que me engancha La Garúa es su magnífica reinvención de la totalidad del legado de La Ira De Dios. Otro de los proyectos de Burga, LIDD pasó por diferentes etapas entre Hacia El Sol Rojo (‘03) y Perú No Existe (‘12), como testimonian los EPs editados extemporáneamente en el ‘20. Decir que LG las condensa todas es una opinión subjetiva y absolutamente discutible. Como fuere, lo que queda claro es que quienes disfrutaron del primer álbum quedarán ahítos/as con el segundo. Y que, donde esté, al viejo Kowalski le arrancará más de una sonrisa escuchar a estos granujas.

Me ha dejado pensando el último largo en estudio de Ionaxs. Precedido por NUBSTAR: Selecciones Vol. 1, esférico que inaugura nueva línea de lanzamientos Chip Musik consistente en panorámicos de nombres que acreditan amplio prontuario editorial, Jorge Rivas O’Connor parece haber sobrellevado una drástica metamorfosis; más que cualquier otra sufrida durante sus 21 años de labor artística -pero acaso no del todo inesperada.

Acrónimo imperfecto de “out of place artifact” (¡ajá!), Oopart (22/11) abandona casi por completo esas zonas francas que el individualista visitase continuamente desde que saltara al ruedo con 0.05 MG (‘03), y que han sido exploradas sin cesar por la escudería Chip a lo largo de sus 17 años de vida: a saber, las electrónicas post IDM y post rave. Que el álbum inicie con “Hipernova”, gaseoso ambient de 60 segundos de extensión, es revelador a este respecto. Durante los siguientes nueve surcos menudearán los intros aquietados de similar ascendencia, rasgo que asoma largamente meditado.

Por supuesto, ello no quiere decir que Ionaxs haya dado luz verde a un disco rebosante de ambient. Lo que sí ocurre es que esa estética se convierte en el compacto estrato sobre el cual cada número es levantado. Tras la obertura, “Anticitera” se ve recargado de programaciones y decorados que guiñan al primer Seefeel (el más volátil), dirección que no llega hasta el final del canal -vira éste hacia un post rock más corpóreo, en sintonía con Sigur Rós o Explosions In The Sky. Los motivos melodiosos e intimistas que libera “Ecopoiesis” en su tramo postrer ven extendida esa estela en la robusta “Numen”, pero ni aquí ni en su precedente son éstos los que dominan las subacuáticas atmósferas, pues ambas composiciones se hallan montadas sobre endoesqueletos de pulcras secuencias downtempo.

Podría afirmar también que la segunda variedad más cultivada en Oopart es la del post rock, y que tanto ésta como la del ambient suben sus bonos cuando más se echan de menos las programaciones. Si bien lo segundo es corroborable, no necesariamente lo primero. Aunque “Inmarcesible” incide de nuevo en las tersuras hídricas y se prodiga en ornamentación, y “Flor Lunar” posee una naturaleza oceánica/abisal/azul, “Panspermia” luce atributos jazzy de refrescante asincronía. De modo que no es una regla estricta. La epilogal y deliciosa “Desde El Cielo Más Pálido”, por su parte, debe ser lo más ambient synth/lo más 80s-en-clave-sci-fi/lo más dreampunk que alguna vez haya firmado Rivas O’Connor.

Sólo en la dupla de temas “Aetherium” y “Paralaje Estelar”, siento todavía vivito y coleando al viejo Ionaxs -el de armazones brillosos, el de ángulos y rebotes imposibles, el de pulsiones digitales copiosas en color. Si fue un guiño de despedida o no, sólo Jorge puede esclarecerlo. De cualquier modo, el binomio -que debiera tal vez haber quedado en un único tema equivalente a la extensión de ambos- sólo matiza/contrasta este extraño LP de Ionaxs (¡qué manera de exprimir el diccionario a la hora de los bautizos!). Ignoro si es una excepción, y tampoco sé si será a partir de ahora la regla en el universo creativo del limeño. No es mal CD, pero acusa ausencia de una mayor firmeza, o bien de una mayor fermentación. Muchas de las dudas que Oopart planta, se despejarán con la siguiente entrega.

Hákim de Merv

jueves, 12 de septiembre de 2024

Abrelatas: Amplitud Negada EP // Chino Burga: Amacher93 EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de septiembre de 2024.)

Por estos días, hace cuatro lustros Abrelatas era un nombre harto conocido al interior de las escenas off-mainstream peruanas. Su Hormigas Boca Arriba los confirmó como la grata revelación que anunciaba “Concreto”, corte que aperturaba Verano Del 69, compilación curada por la revista 69 en su cuarta edición. El plástico gozó de una amplia cobertura en medios especializados de la época, en cuyas páginas se ensalzaban el saturado(r) ludismo de unos teclados de fantasía y el distendido candor de unas eléctricas en la mejor tradición indie de los 90s y años inmediatamente posteriores.

Desafortunadamente, en diciembre del ‘06 el trío se desbanda con su segundo y último esfuerzo, Inútilmente Románticos -si bien en noviembre del ‘08 apareció vía Dorog Records una exigua recopilación para descarga gratuita bautizada como Lecciones De Manejo EP. Desde entonces, no han faltado los fans que recordaban con nostalgia estas excelentes placas y suspiraban por la posibilidad de una reunión de Ronny Quiroz, Christian Vargas y Jorge Páez -cada vez más lejana con el nacimiento a renglón seguido de Teleférico, proyecto de Christian.

Con motivo del vigésimo aniversario de Hormigas Boca Arriba, se han producido dos ocurrencias en las últimas semanas. Una de ellas es el relanzamiento de la rodaja en cuestión, premunida de tres outtakes más el añadido de “Concreto”. La otra es la publicación de un nuevo título en la discografía de Abrelatas -si bien esa condición hay que tomarla con pinzas. Amplitud Negada es un extended apuntalado por canciones que permanecían inéditas hasta el momento, y que recién se han registrado a partir de febrero del ‘24, pero también por nuevas versiones de tracks que tiempo ha son de dominio público. Procesos de grabación, mezcla y masterizado han corrido exclusivamente por cuenta del multi-instrumentista Vargas, lo que significa que aún la terna está lejos de volverse a juntar -cosa que, por otra parte y más allá de uno que otro rejunte privado, quizá nunca suceda.

Podría decirse a vuelo de pájaro que tanto los nuevos números como las nuevas versiones de los antiguos recuperan fervientes el espíritu naif y pedestre del estreno, salvo por “Canalizarlo”, al que se siente más cerca del hálito crepuscular de Inútilmente Románticos. Performance esforzada: la “pared de sonido” que se erigía en HBA sigue incólume, dialogando e interactuando los instrumentos como si dos decenios no fueran sino una veintena de jornadas. En lo tocante a “Vitamina” (antes “Vitamina En Digital”), a “Gramática” y a “Tangible”, estas relecturas se descubren respectivamente más ágiles, potentes y entusiastas que sus moldes originales. Dichas cualidades se propagan a “Repeticiones”, que abre el CD, y a “Amplitud”; por lo que no es erróneo asegurar que el EP actualiza la promesa del debut -a saber, la de un sonido refrescante que abraza la emotividad pop ateniéndose a cánones más rock, la de un divertido non-sense letrístico con que hablar por igual de la noche que pausada cae y del paquete de galletas a punto de desbarrancarse hacia el piso.

Dejo para el párrafo postrer el round que despide el extended, el “distinto” -cosa curiosa, porque, como “Amplitud”; se trata de un inédito fechado en el ‘03, siendo “Repeticiones” la única pieza verdaderamente nueva. “Canalizarlo” posee una tónica más orgánica, menos recargada, como saliéndose del paradigma de saturación que impuso Hormigas... y asumiendo al 100% su esencia pop. Delicado y a la vez firme, si éste es el acabado que siempre se le quiso dar, entiendo por qué no fue incluido en el primer largo y tampoco en el segundo (que tiene extra de serotonina). Se revalida, así, la vigencia de las “leyendas urbanas” que corren sobre Abrelatas.

A punto de fenecer febrero del presente, el incansable Miguel Ángel Burga editó el que hasta ahora se mantiene como su único trabajo de este 2024 que ya empieza a declinar. El artefacto en cuestión es un EP cuyo punto focal se precipita sobre Maryann Amacher, y ya venía siendo anunciado en estos bytes desde fines del ‘23. Alumna de Karlheinz Stockhausen, ciertamente la compositora usamericana que se especializase en psicoacústica y colaborase con John Cage asoma como la principal fuente de inspiración para el músico desde su anterior Down In The Valley EP (‘23).

En efecto, ya entonces Burga había comenzado a materializar un creciente interés por el dub y cómo éste lograba asimilar su ADN a otros géneros no necesariamente cercanos, aunque sí fecundos en digitalismos lisérgicos y en frecuencias subsónicas. A este crisol, el limeño añadía una guitarra cada vez más difuminada, al punto de convertirse en la reverberación de aquello que no se halla realmente tangible en las grabaciones (¿o sí lo está?). Esa práctica se mantiene, pero el minimal ambient dub que puebla ahora Amacher93 EP ha mutado incorporando cepas de origen drone y techno -lo que, por definición, debería convertirle en extraterrestre.

Sea acercándose, a través de “Synaptic”, a la cara electrónica que comenzó a mostrar Slowdive en el insospechado 5 EP (‘93); sea produciendo, gracias a “Intercepter Dub”, un inextinguible bursting out al que alimentan multitud de fractales pulverizándose a escala molecular; el illbient alienígena de Amacher93 EP se arroga el mérito de inaugurar, ahora sí con todas las de la ley, un nuevo campo de acción en el universo del experimentado ex Espira. Aunque no debería sorprender mucho este nuevo giro, considerando la naturalidad con que el background del frontman de La Ira De Dios le ha guiado subrepticiamente hasta allí -excepción hecha por los sonidos de tonelaje pesado.

Capas electrodélicas fértiles en graves abisales, generosas en lo que parecen ser ecualizaciones droppeadas, pletóricas en secuencias de armónicos sin modular... Produce en transparente formato vinílico de 8’’ la británica Sleep Fuse, subsidiaria de Reverb Worship, que asimismo se ha portado con el “subatómico” video de “Synaptic”.

Hákim de Merv