Mostrando las entradas con la etiqueta Saudade. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Saudade. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de febrero de 2022

Attaraxis: Bedroom Background Music // Evah: Meditaciones // Carlos French: Tecnoética // Maribel Tafur: 2106 EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 2 de febrero del 2022.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2021 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (II)

Alguna vez me aventuré a afirmar que, mientras personas de leyes para quienes la Música es una segunda pasión hay muchas, pares suyos que a la vez sean músicos no abundan en idéntica proporción ni remotamente. Abogados/as coleccionistas, melómanos/as e incluso ejecutantes de finde, conozco a varios/as. Bogas que con la misma seriedad se dediquen también a la composición sonora, de otro lado, brillan por su casi total ausencia.

(Debe existir un correlato que soporte esa estadística. Entendido como la garantía del ejercicio de las posibilidades, el Derecho se mueve en un ámbito claramente demarcado -el de las normas que fundamentan el concierto sociopolítico de la civilización contemporánea. La razón de ser del Arte, más aún del que ha fermentado al calor del regazo de la cultura pop, es el constante exorcismo de los conflictos existenciales que genera ese orden imperante.)

Me gustaría mencionar a Attaraxis junto a (Bruno Cuzcano) y a Resplandor (Antonio Zelada) como solventes paradigmas de compatibilidad entre el Derecho y el Arte. Todavía es pronto. Alejandro Pizarro estrena alias en marzo del 2021 subiendo en varias plataformas un trabajo cuya denominación adelanta mucho del espíritu del proyecto. Bedroom Background Music consta de siete números gestados a través de la expresividad de un synth pop correctamente manufacturado, pero desigual en resultados.

Delinean la primera etapa del trayecto viñetas enfocadas en melopeas pedestres, de ésas que puedes silbar si las escuchas hasta que la asiduidad las torna familiares. Acorde con el enfoque, las secuencias son bastante elementales -y las texturas, cuando las hay, son peligrosamente vacuas. Llegado a su centro, BBM me recuerda a los demos que ofrecen ya prefigurados sintetizadores y/o teclados. Nada transforma en especialmente recordables tracks como “Cloudy Rain” o el inicial “Believe”.

Afortunadamente, Alejandro se decide a tomar el toro por las astas en el segundo tramo. Los sugerentes detalles ornamentales que con anterioridad lucían algo huérfanos -el scratch, el palanqueado click de las viejas cassetteras-, vibran ahora significativos. Ello, porque el synth que tras la mitad emana Attaraxis aprehende mejor las lecciones impartidas por capos del ayer y del hoy. Visage y Droid Bishop, Pete Shelley y Castlebeat, John Foxx y Emeralds, O.M.D. y TeeeL: el joven estudiante de abogacía insufla software y hardware de emotividades que randomiza con tino.

Programaciones veloces y efectivas (“Sunshine”), lirismo de prístino romanticismo (“Synths Ballad”, tranquilamente puede inscribirse en el repertorio de Blind Dancers), síntesis etéreamente taciturna (“Left U Out”)... Ésas son las características que sacan a flote el primer esfuerzo de Pizarro, las que más afanosamente debe cultivar con miras a su siguiente paso. Mucho por asimilar y corregir, pero me quedo tranquilo sabiendo que el talento está ahí. Depende exclusivamente del muchacho hacerle germinar para alcanzar las alturas que merece.

Del género pop independiente perucho cercano a los estándares que maneja el mainstream, muy poco cabe esperar. La aplastante mayoría de quienes abrazan su filo más rockero viene cortada por la misma trasnochada tijera. Y quienes se mantienen en sus trece, corren el albur de acabar contaminados/as por la osmótica baquelita que secreta la “industria de la música” (¿?). Lo mismo vale para los/as solistas -son contadísimas las excepciones que escapan a este sino.

No me queda claro si Evah sortea ese ineluctable hado o sucumbe a él. Más frecuentemente, me parece lo segundo. Entiendo que Meditaciones es lo primero que saca en largo la comadre, o como mínimo lo primero que saca distanciada de la argolla de “estrellitas” que se mueren por obtener el indulgente desdén del establishment radiotelevisivo local. Cual fuere el caso, Meditaciones se ha visto ¿favorecido? con una producción de primer nivel -o al menos eso dice el material de prensa que medio mundo ha rebotado. El texto en cuestión cita a David Chang, Santiago Aliaga y Alonso Bermejo como productores; nombres que a mí no me dicen nada, salvo el de Aliaga. Mis alarmas terminan de enloquecer cuando la parrafada habla de “...industrial musical latinoamericana...” y sumar “...sonidos más urbanos a su esencia R&B...”.

¿Es para tanto? Sí y no. Admito que el álbum ha sido más que cumplidoramente producido. La imagen que proyecta es la de una obra cuya totalidad/tonalidad de notas queda justificada con una masterización 10/10, calzando perfecta para estos tiempos en que ídolos de barro han hecho del rhythm & blues cualquier huevada. Presionas play, y le puedes dar dos e incluso tres bises como música de fondo mientras limpias tu habitación y zonas aledañas.

Te sacude un giro de 180 grados, empero, si te sientas a escuchar con todos los sentidos este Meditaciones. Aunque los indicadores de sacarosa se mantengan dentro de las dosis tolerables, no puedes evitar sentir esa incomodidad que suscita un r’n’b plastificado y lustroso, revestido de una pátina de aséptica sofisticación que causaría vergüenza ajena en los rostros de gente como Howlin’ Wolf, Muddy Waters o Aretha Franklin. Inhábil para trascender la imagen vistosa y la superficialidad rochosa, al cantar intenta Evah abrir su registro y evitar quedar encasillada. No sólo no lo logra, sino que además evidencia sus coqueteos con mierda auditiva tipo trap (“Marea”) y reggaetón (“Despertar” bastaría para coger Meditaciones y estrellarle contra la pared, o echarle al bote de basura más a la mano).

Hay un puñado de cortes que redimen a esférico y cantante, sin embargo. Cortes todos emparentados al funk y al soul de vieja escuela. “Pausa”, por ejemplo, apuesta a practicar un update minimalista de ambos códigos sonoros. Similar ruta trashuman “Latitud” y “El Corazón Se Acelera” -un George Clinton atiborrado de sustancias barbitúricas podría haberle firmado-. “Let It Go”, por su parte, es la única recreación r’n’b atildada del CD. Para su desgracia, este puñado no consigue borrar el mal sabor de boca que impone el resto del menú. De regular para espantoso.

A juzgar por lo editado desde “Camino De Los Sacrificios” (noviembre del ‘19), no deja de ser curioso cómo las personalidades escindidas de Carlos French pueden desdibujar los contornos que las definen para absorber elementos identitarios propios de cuanto otro yo habita ese mismo cuerpo, para después reconstruir con severidad los exactos límites que les separaban. Ídem cuando se trata de expulsar lo que no se condice con los perfiles de los que dichas personalidades blasonan.

Ya hace mucho rato que el bajista de El Jefazo parece haber tirado la toalla con el primero de sus proyectos, Coca Negra, cuyo último 7” apareció en noviembre del ‘20 con el indiciario nombre de Totalmente Abatido. Que se trate de un estancamiento temporal es tan probable como que parte del ADN de CN haya sido reconfigurado en los lanzamientos que French publicase usando nombre civil. Con éste, en cambio, su actividad se ha mantenido indesmayable -con un 45 subido en diciembre último y tres placas completas concebidas durante el ‘21. De éstas, escojo la que mejor condensa la estética que Carlos ha desarrollado tras “Camino De Los Sacrificios” -Battledoge (mayo) es un tanto más reposada, y Arkham huele a nuevo giro, guiño a Lovecraft incluido (no el primero de su prontuario).

Tecnoética (agosto) es una magnífica faena de cyberpunk. No en un sentido Tetsuo The Iron Man (1988) o Blade Runner (1982), referentes ambos muy válidos, sino en un sentido Black Mirror (2011), Altered Carbon (2018) o la excelente Sleep Dealer (2008). Es decir, una mirada a la cotidianeidad de ese futuro cristalino que las élites no se cansan de pregonar, una vez que gadgets y adelantos tecnológicos pierdan la novedad y pasen a engrosar el catálogo de herramientas de lo más corrientes. Así, Tecnoética funciona como invisible lado B de los “brochures” que seguirán gritando las bondades de los avances científicos en ese hipotético mañana, cuando éstos ya empiecen a generar hastío y tedio.

Si en Battledoge se insinuaban conexiones con el IDM e incluso con el drum’n’bass, en Tecnoética el ambient que pergeña French no teme protagonizar a cielo abierto esas insólitas aleaciones. El intelligent techno de “Replicante”, verbigracia, homenajea a los ¿antagonistas? de Blade Runner con un nerviosismo que remite a la circularidad del jungle. “Producto Programado” se pega al IDM para capturar el zeitgeist de esos días por llegar en que las tecnocracias no revistan mayor novedad. Y aunque “Esterilización” prefiere revisitar las jornadas aurorales de la EBM, su mecánica interna es empujada por el género que llegase a su mayoría de edad con Brian Eno.

Reconozco que la primera parte del mini-LP tiende a ser algo más conservadora. Yo la aquilato como el prefacio de visiones peligrosas que depara el porvenir a las nuevas generaciones: neuromantes drogándose con el olor a cromo quemado (“Tecnoética”), abrazos de silicona mientras esperas en la densa oscuridad la aparición de ángeles con ojos de televisión (“Pulso”), rosas holográficas sólo perceptibles en las proximidades de murientes estrellas rojas (“Ojos De Dicroico”). Una inquietante ventana al futuro, la que ausculta French.

Sostenido y perseverante, el camino que ha recorrido Maribel Tafur hasta su feliz hora actual. Supe de ella un par de meses antes de anunciarse la fecha de Slowdive en Lima (2017), en la que figuró como telonera sin llegar a presentarse -para mejor: el arranque de la tocada demoró un poco, y el público peruano no destaca precisamente por la paciencia con quien(es) precede(n) al headliner.

Cuenta cuatro debuts la talentosa limeña. El primero data del 2002, capitaneando el mástil del bajo en Valium. El segundo, cuando echa a andar Intune (2011), empresa peruana que escribe/licencia música mayormente ambiental para spots y locaciones de negocios comerciales. Y el cuarto, como parte de Budapest, combo que completan el multi-instrumentista Neto Pérez (guitarra y charango) y la vocalista Giuliana Origgi, y donde Maribel se encarga de beats y sintetizadores. La mixtura de canto coral, indie folk y tradición sonora peruana que proponía el extended con que Budapest se estrenó, Conífera (2017), concitó mucha atención de parte de un sector de la prensa especializada.

En plan solista, el tercer debut se vio diferido a diciembre del 2013. Colgado ad portas de la Nochebuena de ese año, el mini-álbum Mysteries Of Love interioriza esa cálida y confortable estética de electrónica chill out que a partir de entonces se ha visto potenciada/estilizada con cada nuevo fogonazo de la autora -salvo “Luna”, surco cedido a Surrounding: South-American Women In Electronic Music (2017), muestrario de la independiente Surrounding donde Tafur revela una faceta más propia de los tiempos inmediatamente anteriores al estallido IDM de los 90s.

2106 ha sido anunciado como el cuarto extended de la artista. Disiento. De los cuatro uploads que suceden a Mysteries..., el único compatible con esa definición es el que motiva estas líneas. Tal vez forzando el significado, el otro que calificaría es “Grevillea” (2019): sus más de once minutos le ubican a medio andar entre el EP y el single. Porque “Coral”, improvisación elaborada durante la transmisión online del documental La Terre Vue Du Coeur (2018), califica como 45 pese a su carácter conceptual.

Concurramos o no en esos usos, 2106 EP es un registro pletórico en nostalgia, esencialmente de la clase que los lusohablantes han llamado saudade. Desde la portada, una fotografía tomada por la madre de Maribel y que el paso del Tiempo ha desgastado, hasta el genial recurso de utilizar la sonoridad analógica de cintas VHS, digitalizadas muchos años atrás por el padre de Tafur; el artefacto deviene en bitácora de memorias (y emociones asociadas) que la compositora atesora sobre su infancia -y, por ende, remite constantemente al pasado. Un ambient digital de tosca fidelidad que vuelve la mirada hasta perderse en los recuerdos más lejanos: los presets como vidrios golpeados por la lluvia donde se refleja la ocasión en que supo el por qué de su nombre (“Soñó Maribel”), el piano que se adhiere a las voces de sus compañeros/as en el nido (“Portal”), el borroso audio verité de su cuarto cumpleaños (“Mi Papá Me Regaló Esta Flor”), la titilante textura del MIDI que rememora el hogar familiar en el distrito de Jesús María (“La Casa”)... Difícil de creer que semejante rush del hipocampo pueda acontecer en apenas 18 minutos.

Me quedo con la pista epónima de 2106 EP -otra vez el piano, ahora envuelto por la brisa marina, arropado por las olas que terminan de extinguirse a la orilla de la playa, escondiendo en su seno y casi del todo los graznidos de las gaviotas. Un shot de serotonina a la vena -con un cuarto de miligramo de oxitocina- para rubricar la sorpresa del año. Congratulaciones.

Hákim de Merv

jueves, 27 de diciembre de 2018

Nazca I - Interpretaciones Electrónicas Desde Las Arenas Del Tiempo MMXVIII // Juan Nolag: Echoes EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 19 de diciembre del 2018.)

Uno de los detalles que omití destacar cuando diseccioné la muy recomendable compilación Tumi 1 - Música Electrónica Popular Del Perú MMXVIII, en marzo de este año, fue el ¿colectivo? ¿sello? ¿ambos? que estuvo tras su formulación. Pues bien, en septiembre último Caral Electrónica ha repetido el plato con otro título de aspiraciones equivalentes a las del primero en cuanto conceptuales: Nazca I - Interpretaciones Electrónicas Desde Las Arenas Del Tiempo MMXVIII.

Ambos artefactos comparten una ingente dosis de nombres -Matrix Operator, Dante Gonzáles, Nomenclaturah, Atomosynth y Hamann-. Ambos, también, citan una cultura preincaica desarrollada en territorio peruano. En el caso de Nazca I..., como se verá a continuación, la referencia salta a la vista a pesar del trastoque de consonantes (“z” por “s”); mientras que en el caso de Tumi 1..., que alude a un artefacto procedente del reino Chimú, el guiño permanece inaccesible a mis ojos/oídos.

Si el cometido de Tumi 1... era presentar a los proyectos de la casa y aliados/allegados, la intención de Nazca I... es proponer intuitivas lecturas contemporáneas procesadas a partir de las características que los escasos testimonios arqueológicos han conservado sobre las manifestaciones sonoras de la extinta civilización Nasca. No puedo certificar que este leit-motiv pulule a lo largo de los casi sesenta minutos del registro, pero sí que muchas veces da en el blanco, al punto de que medio disco va firmemente en esa dirección -el otro 50% no tanto.

En Nazca I..., desaparecen los invitados. Sólo quedan los que tienen puesta la camiseta de Caral Electrónica. De ellos, la mitad señalada concibe canales que sugieren una reelaboración de viejos motivos eufónicos, basados en escalas de 13 notas por octava. Esta “ascendencia nasca” se cuela esencialmente en una primera parte, a través del synth precolombino de “Kay Pacha” (Equinoxious), de “Terrenos Geométricos I” (Dante Gonzáles), de “Raga Nazca” (Matrix Operator) y de “Líneas” (Atomosynth). De igual modo se encarna en la resoplante “Totora”, de Vientos Del Norte (alias de Erik Bullón), casi al final del recorrido -pero la pista tiene muchos drops (que parecen todo menos voluntarios).

Aunque el resto de tracks pueda acaso beber de la misma fuente milenaria, sus resultados no tienen ese aire enigmático de antigüedad desértica que uno/a evoca contemplando los restos materiales -muebles y de sitio- de ese sorprendente y misterioso grupo humano que habitase Ica entre los siglos I y VII d.C. Ya que mencionamos a Bullón, su faltoso otro alias de Calla CTM firma uno de esos surcos, “Maas Terr”. Junto a “Inmutable Mind” (Nomenclaturah), a “Oda Al Prisma Y Las Penumbras” (Chateau VI) y a “Synthfónico” (Hamann), este puñado de temas se ubica en la segunda parte de Nazca I..., una mucho menos “retro” con respecto a la inspiración original declarada -si bien igual se construye a partir del synth 80s-90s y del ambient electrónico. Un segundo tramo al que hay que adicionar el cierre con “Think Tank”, de Estilo Tipográfico Internacional (¿debut? de un viejo camarada de las épocas de DeCajón.com, Renato Barzola -improvisación en plan piloto automático-).


Desde hace algún tiempo, Juan Esquivel ha de tener una agenda bastante agitada. Músico autodidacta, su faceta como productor viene respaldada por estudios en la Berklee College Of Music. Figura como músico invitado en Ultraviolet, identidad abierta de Josué Vásquez (UltraPop) consagrada a versionear en vivo canciones de U2. En simultáneo, el limeño se ha estrenado como nuevo tecladista de Catervas, a propósito del reciente Los Cielos Vuelan Otra Vez. Por una cuando menos curiosa coincidencia, el mismo día que sale a la luz el nuevo esférico de la banda de los hermanos Reyes, Buh Records despacha su debut solista con el seudónimo de Juan Nolag, el EP Echoes.

En el BandCamp de Buh, donde se ha colgado el extended, se afirma que éste es el primero de una serie de muchos EPs, por medio de la cual Esquivel busca musicalizar lo que podría sintetizarse como su experiencia vital -“sensaciones, percepciones y experiencias que ocurren en diferentes momentos en la vida de un ser humano”. Para una empresa de tal calado, que sobre el papel no es poca cosa (menos aún en el “mundo real”), el productor se vale de un arsenal en el que abundan sintetizadores, teclados y secuenciadores.

La estética del traveling no es privativa de ningún idioma sónico, pero sólo desde los “gélidos” altares de la música electrónica se le puede sacar el máximo partido posible. Nolag se ha acuartelado en la vanguardia electro de los primeros 80s, no para ser digerido por ella, sino con el fin de servirse de la misma. Y si Echoes EP podría ser catalogado sin más como retrowaver, habida cuenta de los lustros que nos separan de esos paraísos analógicos siempre verdes, con más propiedad calza ubicarle entre el synthwave y el ambient de tintes retrofuturistas.

Cinco temas en menos de dieciocho minutos, suficiente para la primera parada del viaje invocado por Esquivel. Un viaje en el que la morriña depreda tiempo antes que espacio. Es casi lo único que se siente durante la audición de los números: miradas a las tragedias cotidianas, a las íntimas cobardías, incluso a las quimeras pueriles. Empiezas todo/a serio/a a escuchar la epónima apertura, y de repente ya estás remitiéndote a ese episodio medio bochornoso de tu pasado, a despecho de los crípticos teclados y las melodiosamente dramáticas secuencias.

Sucede así con los demás temas: “Long Journey”, “Homecoming”, “First Breathe”, “The Ocean Around”... Pese a trabajar usando el Pasado como telón de fondo, hay cierta incertidumbre (natural en tanto la obra conserve el brillo de lo novedoso). También cierto espesor en el cincelado de las primorosas ambientaciones. Y una rigidez que lacera, recurriendo no pocas veces a los pads. Lejos de sentirme repelido por esa reconcentración, por esta falta de elasticidad, por aquella carestía de certezas en torno a un pasado que se sabe fijo; opino que todo ello afianza por un lado la nostalgia y por el otro la esperanza (fatua) de ser cada vez mejores protagonistas de nuestras propias historias pretéritas.

No quiero relegar al tintero la principal influencia que percibo en el Esquivel músico. La mayoría enfilará reflectores hacia O.M.D., el primer The Human League, los Ultravox del Vienna en adelante, incluso el mejor Visage... Yo prefiero pensar (otra vez) en Michael Rother, autor de una obra solista exquisita posterior a Neu!, y que ha significado para la new age más válida lo que The Durutti Column para el post punk más vaporoso (el símil no es mío, sino de Daniel Stubbs).

Suerte para los coleccionistas en físico: el extended ha sido editado sólo en cassette, y en una tirada de 25 ejemplares. El cómplice arte es de Paloma Pizarro.


POST DATA:

Nada más cerrar el año, Caral Electrónica añadió dos bonus tracks a Nazca I..., convirtiéndole en una compilación de al menos hora y cuarto. Ambos surcos se hallan en el mismo enlace que el resto.

Hákim de Merv

jueves, 28 de junio de 2018

The Slow Voyage: Time Lapse // Tormenta: Primera Parte EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 20 de junio del 2018.)

Mediante la difusión que desde su página en Facebook le han dispensado a grupo y disco los tremendos Vago Sagrado, ilustres compañeros de ruta, me entero de la existencia de The Slow Voyage y su primogénito Time Lapse (eyectado en octubre pasado).

TSV se forma en Los Ángeles, ciudad de la región del Biobío, 510 kilómetros al suroeste de Santiago De Chile; en algún momento entre el 2012 y el 2013. Parece que al principio eran sólo Freddy Lepe y Rodrigo Salamanca, ambos guitarristas y vocalistas. A poco de constituirse la banda, se completa su formación -inalterable hasta hoy- con los ingresos de Camila Muñoz (bajo) y Mauricio Pinilla (batería). Para el 2014, el cuarteto ya tiene un puñado de temas urdidos a partir de improvisaciones varias y empieza a foguearse por pubs y eventos de su localidad. En la biografía del combo se consigna un Live Sessions 2015 (mismo año) como primer paso, pero, por lo que indican el título y su inherente condición amateur; esa distinción corresponde en regla a Time Lapse.

Grabado en el Estudio Lautaro (SdCh), con el concurso de Pablo Giadach durante todo el proceso de registro, el álbum se compone de ocho canales situados en un punto intermedio entre la psicodelia de viejo cuño (fines de los 60s) y el space rock auroral (principios de los 70s). La rodaja no excluye otras tonalidades -bullicioso psychgaze (¡¡¡¡!!!!) en la onda de The Brian Jonestown Massacre, stoner de pellejo endurecido a lo Wolfmother-, pero acaso sea esa notoria predilección por los timbres lisérgicos del período ya especificado lo que cohesiona y da nombre a este primer esfuerzo discográfico.

Abre el esférico “All The Days”, dejando en evidencia que los mapochos se mueven esencialmente en tiempos ralentizados. Aunque los cambios rítmicos que a veces ensayan dentro de un mismo tema están orientados, por lo general, a hacer circular un poco más rápido la sangre; el medio tempo es la constante: “Will You Be Back Tomorrow?” (soberana borrachera de wah-wah incluida), “Take Me Away” (lo más stoner que llegan a sonar los sureños), “Close Your Eyes” (debe ser la que menos ha evolucionado a partir de su concepción jam)... En segunda instancia, brotan números signados por la dicotomía lento-rápido, saltando de un estado a otro según TSV lo disponga. Mientras “Wake Up!” empieza su recorrido con vigor para acceder luego a pasajes de mayor densidad y flema, “Horus” propone el reverso de esa experiencia, alternando además los efectos del wah-wah (para tramos donde manda la pachorra) y del fuzztone (para segmentos donde literalmente se pisa el pedal a fondo).

Por su singularidad, encallan en esta parte del comentario los tracks que, en una hipotética edición vinílica del Time Lapse; cerrarían los lados A y B. Clausura del A: “Más Allá”, la pista más pacienciosa del disco, de una colorida melodiosidad, repleta de cálido sosiego y voces apenas insinuadas, como en un sueño en el que flotas plácidamente, inconsciente en la inconciencia. Telón abajo en B: “Look At Me”, casi cuatro minutos en clave de batacazo garagero que te hacen regresar sin brusquedad -o al menos no mucha- pero firmemente a esta realidad. “Look At Me” se grabó junto a Jack Endino, célebre productor usamericano de grunge -el listón más alto en su trayectoria es el Bleach (1989) de Nirvana- que ya ha chambeado con otras agrupaciones chilenas como Adelaida y The Ganjas.

Time Lapse esconde una sugestiva luminosidad opiácea. Cierto que pocas son las aristas que le ayudan a ser algo más que un bastante cumplidor ejercicio de estilo(s), pero la bipolaridad sonora de The Slow Voyage crea una tensión atractiva, hipnótica. Si, conforme crezca, ésta conducirá a una explosión o a una implosión, sólo podremos saberlo a futuro. El disco, por cierto, se edita en tierras peruanas en este 2018 gracias a Necio Records, escudería que acaba de ficharles. El tiraje, disponible desde fines de mayo pasado, consta de 300 copias.



Geográfica y estilísticamente, las coordenadas por donde se desenvuelve Tormenta son diferentes. Trátase del nuevo proyecto del enorme Cristián Heyne (Shogún), quien deja en suspenso su prolífica faceta de renombrado productor y retoma su carrera de músico, compositor y cantante al lado de Begoña Ortúzar. La artista visual, conocida en los círculos especializados de la capital, se ha encargado de desarrollar el concepto artístico de los videos hasta ahora realizados para el binomio; y no es precisamente una novata en lides sonoras -tengo entendido que el piano estuvo muy presente en su primera formación, además de dar vida con Diego Adrián de Adrianigual al dúo indie pop Los Terrys.

El encuentro con el ex Christianes se produce en el 2014, tras una presentación de Los Terrys en el circuito de Santiago. No tardarían mucho en entenderse en el plano estético-creativo, y ya para el 2015 Ortúzar estrena en vivo la composición “La Tempestad”, cerrando uno de los últimos directos que a la fecha ha dado Shogún (el de Sala Master). Tras dos años trabajando temas propios en la más absoluta reserva, y poco antes del debut de Begoña como solista (Siempre Estoy A Punto De Llorar, 23-25 EP se edita en la recta final del año anterior), Tormenta preludia su vida en activo con Primera Parte EP.

A veces es difícil determinar quién es más capo, si el Heyne productor o si el cantautor multi-instrumentista. Si la firma del primero brilla con fulgurante luz propia en discos de Dënver, Camila Moreno, Supernova, GePe y materialmente decenas de nombres más; el total de la obra de Shogún, el unigénito disco de Christianes y colaboraciones mil respaldan sobremanera al segundo. En el extended de Tormenta, ambos compiten por superarse el uno al otro: 22 minutos de música de tesitura electrónica que se las ingenia para disimular su índole digital. Según el estado de ánimo del/de la oyente, Primera Parte EP puede sonar a pop o a post pop. Cinco viñetas preciosas que capturan la belleza del otoño santiaguino, parcialmente orlado con la persistencia de la lluvia (hacia el final de tracks como “La Tempestad” o “Sed”), el alto Sol palidísimo en su amarillez hasta parecer del todo ajeno al paisaje...


Aparte de poner su voz en cuatro de los cinco cortes del extended, Begoña Ortúzar -cuyos rango y color vocales me recuerdan a la distancia a Lourdes Liss- se encarga de todas las cuerdas del CD. Exceptuando el violín de la extensa “3K De Aquí” (César Gómez), son asunto suyo el omnipresente piano y los cellos ocasionales de “Sed”. También el sintetizador, pero es ése un artefacto cuyas riendas comparte con Cristián, al mando además del bajo, guitarras acústica y eléctrica, batería programada y coros.

A babor y a estribor, la pluma navega por entre esa oscuridad íntima que produce la nostalgia de mejores días, que se alimenta de la melancolía hija de las relaciones truncas. “No Es Un Secreto Que Es Difícil Hacer Canciones Sin Ti/Y No Te Das Cuenta Que Si No Escapé/Fue Mejor Para Ti/Y Entonces, Quiero Que Tú Me Prometas/Que No Volverás Cuando Estés Feliz/Y Que Intentarás Buscar/Dónde Enterrar Mi Corazón”, canta serena pero resignadamente la Ortúzar en “La Tempestad”. Otro ejemplo de la misma sensibilidad lo ofrece “Una Promesa”: “Fue Tan Lindo El Día En Que Nos Vimos/Pero No Volviste Nunca Más/Me Duele Saber Que Algo Nos Falta/Prefiero Creer Que Ya Vendrás/Quiero Una Promesa/Que Me Ayude A Aguantar/A Vivir En Silencio/Creyendo En El Amor Igual”.


La interpretación de Begoña para Primera Parte EP ha sido, pues, fantástica. Sin embargo, si he de elegir una sola canción, opto por la que entona Heyne. Con Jorge Santis de Congelador en las baquetas, “Sed” representa mejor que ninguna otra creación del dueto ese nebuloso letargo avant pop que preside la jornada, y que sugiere que su encarnación sonora ansía desaparecer ante la avasalladora impronta poética de su contraparte lírica. Considero imperativo transcribir la letra completa aquí:

Tengo Sed De Tu Corazón/
Toda La Noche Morí/
De Sed, Por Ti

Si Quisieras Dañarme/
Nunca Lo Harías Tan Bien/
Como Hoy

Y Me Preguntas Si Pienso Bien Lo Que Vamos A Hacer/
Y Te Digo ‘Si Pensara Bien/
No Estaría Aquí’

He Intentado Engañarte/
En Forma De Sueños/
En Medio De Ti

Y Quedarme Adentro/
Rezando Porque Mueras/
Y Quedarme Contigo

Y Me Preguntas Si Pienso Bien Lo Que Vamos A Hacer/
Y Te Digo ‘Si Pensara Bien/
No Estaría Aquí’ ”.

La dupla ya anunció la realización de una Segunda Parte para el presente año, a la par de un nuevo disco solista de Begoña (Begoña Mercedes 2014-2015). Si es tan buena como esta Primera Parte EP, Tormenta no tardará en convertirse en otra perla de la diadema que ya ostenta desde hace años Cristián Heyne.


Hákim de Merv

jueves, 15 de junio de 2017

"...A Trasmano De Las Demás Tierras, Tanto De Las Reales Como Del País De Los Sueños": Relatos Oníricos (III)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 9 de abril del 2017.)

MI SUBCONSCIENTE SE JURA DJ SHADOW (MOMENTO #474)

Poco después de las 6 am, tuve una racha de sueño brevísima, pero de una intensidad deslumbrante.

De pronto estaba en casa. Íbamos a salir en mancha a visitar a alguien por su cumpleaños, alguien que se llamaba Mirella o Mariela, y que aparentemente era amiga de la familia.

Como suele ocurrir en el mundo ¿real?, la familia se demoraba un siglo en terminar de alistarse. En mi interior se agita algo diciéndome que debo salir ya, o será demasiado tarde. Bajo al primer piso a la carrera y salgo por la puerta que da a la calle.

Era de noche y había estacionado un auto delante de casa. Lo diviso lleno al principio, pero al llegar al asiento del conductor sólo éste se halla ocupado. Al volante se encuentra una mujer que conozco: ella no se llama Mirella o Mariela. Su nombre está muy lejos de parecerse a aquellos. Es la primera vez que la ¿veo? con lentes.

Nuestras miradas se cruzan. Advierto que la emoción que me embarga dibuja líneas temblorosas en mi rostro. A ella le sucede otro tanto. Es el reencuentro, tras un tiempo indefinido, de dos personas que se han amado, que tal vez todavía se aman...

Pero no, aunque mi subconsciente proyecte lo que mantengo oculto de mi yo vigilante, en última instancia son mis deseos y anhelos inconfesables, quizá hasta incognoscibles. Así que la quimera se desvanece empezando por ella, que quién sabe si alguna vez piensa en mí.

Supongo que sí. No pensé encontrarte de nuevo entre mis sueños. Sábete que a veces me acuerdo de ti, y mi corazón se encoge un poquito/bastante. Espero que estés bien.

:'(


Hákim de Merv

miércoles, 7 de junio de 2017

The Apartments

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 25 de enero del 2017.)

“Qué Soledad La Del Príncipe Sin Reino,
La Del Hombre Sin Calor...”.

(Eduardo Noriega a.k.a. Jacinto en El Espinazo Del Diablo, 2001.)

A veces, parte de la Magia que te acompañará durante toda tu existencia llega sin que te des cabal cuenta de su arribo. Quizá empieza como un eco que otros han repetido, olvidado momentáneamente, hasta que los renglones torcidos de la Vida te ponen en contacto con la fuente original de ese reflejo perdido. Y entonces haces click.

Como tú, consciente o no de ello, el primer contacto que tuve con los australianos de The Apartments fue a través de la magnífica versión que acomete This Mortal Coil de “Mr. Somewhere”, en su tercer y último disco Blood (1991). Como tú, quedé maravillado por la melodía de ensueño que construía el legendario colectivo de la 4AD. Recién supe que se trataba de una relectura muchos años después, cuando al fin pude acceder al cuádruple box set 1983~1991 (1993), la última de cuyas rodajas incluía todas las versiones originales que había reinterpretado TMC.


The Apartments no se adscribe a la generación australiana “ochentera” que asaltó la Unión Americana. Cierto es que su debut, The Evening Visits... And Stays For Years, data de 1985; pero el grupo se forma en 1978. Al año siguiente publica el 7’’ The Return Of The Hypnotist y se desmembra. Desde entonces, las reunificaciones menudean en su historial -siendo Peter Walsh el único miembro original que permanece desde la fundación de la banda, hace cerca de 40 años.

Por consiguiente, la música de TA es muy distinta a la de grupos como Men At Work, INXS o Hunters And Collectors. Está más cerca de The Field Mice, de The Go-Betweens y de la mancha del C-86; con la salvedad de que lo suyo es de algunos años antes.

Muchas veces se ha dicho que Young Marble Giants creó el indie entre fines de los 70s y principios de los 80s. No me siento llamado a discutir esa aseveración, pero creo que merece una mayor precisión. Diría, en todo caso, que fundó la ética indie, y en parte -sólo en parte- su estética. Asentando sus reales en la simplicidad del pop, The Apartments fue labrando una discografía identificable con el sonido del indie rock químicamente puro desde mediados de los 80s: su debut ya suena a lo que harían después Galaxie 500, por ejemplo, o East River Pipe.

Si consideras que está próximo a cumplir las cuatro décadas de existencia, The Apartments tiene pocos discos. Eso sí, cada uno de ellos parece haber sido macerado en busca de una perfección pop que -en retrospectiva- luce profética. Con un título como The Evening Visits... And Stays For Years, ya estás más o menos avisado/advertido sobre lo que debes esperar. Un pop sencillo pero efectivo, sentido, vital; y también, muchas veces, doloroso, catártico -“All The Birthdays” a mí me mandó a la lona.


En 1995, el grupo edita A Life Full Of Farewells, cuyo nombre jala todavía más al perdedor que habita en mí. Allí se hace aún más evidente que el mejor momento para escuchar a The Apartments es en la noche, a oscuras, con el corazón predispuesto a henchirse de emoción -sea que conjures a la nostalgia, a la melancolía, a una serena felicidad, o que prefieras repasar el recuento de tus derrotas. A partir del A Life Full..., se sucede una racha de lanzamientos en 33 r.p.m. hasta 1997, año que marca el inicio de un gigantesco mutis. El prolongado silencio discográfico se rompe en el 2013 con Seven Songs. Éste es el registro de una sesión que la banda hizo para Label Pop, programa de Radio France. Los siete temas presentados revisan algunos momentos de su obra previa.


En el 2015, apareció No Song No Spell No Madrigal. Mi radar no lo detectaría sino hasta el 2016, estando lejos de casa, pero entre amigos entrañables. Entonces fue que caí en la cuenta de que The Apartments era ese grupo covereado por This Mortal Coil. Y entonces fue que me avoqué a conocer su pop crepuscular, su largo invierno, su melodía de golpe y estoque, su incesante remoción de esas fibras de tristeza que siempre tendremos en el espíritu los seres humanos... Qué grandes músicos, caray. No por nada, los australianos fueron convocados por el Filósofo de la Adolescencia John Hughes, para aparecer en el soundtrack de Some Kind Of Wonderful (1988) con el single “The Shyest Time” (grabado ex profeso para tal ocasión).


Para mí, The Apartments siempre serán Rita Allard, Claudia Trejos, mis primeras horas en el hermano país de Chile, mi saudade, llevar con orgullo el emblema del loser -porque, viendo de qué calaña son ahora los “triunfadores del mundo”; pues gracias, pero no, gracias... Para mí, The Apartments siempre será No Song No Spell No Madrigal... Pero, para cerrar, elijo el modo más certero y cercano de introducirlos definitivamente en tu vida. Para que ya nunca la abandonen.

Y...

...allí...

...va.


Hákim de Merv