jueves, 3 de noviembre de 2022

Electroshock

(Publicado originalmente en Espacio Sonido el 27 de octubre del 2022.)

Tras varias búsquedas infructuosas en Internet, queda claro que Electroshock: Compilatorio Oficial (1999) merece -al igual que tantos otros trabajos diseminados hasta mediados de los 00s- una reedición digital que le ponga a consideración de nuevas audiencias/le preserve como legado de la escena independiente peruana. Pero al menos la existencia de esa cinta compilatoria es de dominio razonablemente público en el ambiente. Ello no sucede con su predecesora, que asimismo se llama Electroshock y que constituye el principal motivo por el que ...Compilatorio Oficial recibiera tal “subtítulo”. El primer Electroshock obra en poder de sólo unas pocas personas, coyuntura más que suficiente para dejarle en modo free download a quien lo quiera escuchar y replicar -y, de paso, contar parte de su historia.

ENTONCES, LA FRUSTRACIÓN NO LO CUBRÍA TODO (PERO CASI)

Con Maquinaciones (1997), el split al lado de los magallánicos Lluvia Ácida, el finado Leonardo Bacteria logró desembarazar a Insumisión del sambenito eurobeat que le había colgado su epónima grabación del ‘96. En efecto, Insumisión se renovaba en ese 50/50 encausándose hacia el industrial más artero, por momentos cercano al gabber (cf. “Raza Humana” o “Suicidio En Masa”). Leo andaba con todas las pilas puestas tras un año en el que también había lanzado la seminal producción peruano-chilena Infamia (Una Recopilación de Música Electrónica E Industrial), así que no pensaba en otra cosa que no fuera crear/editar/tocar. No necesariamente en ese orden. Decidió, pues, ensamblar una nueva muestra colectiva en tape; a la que bautizó Electroshock. Ésta vio la luz la noche del sábado 1ero de marzo de 1998.

Tengo muy presente la fecha por varias razones, todas ellas personales. Aquel día a las 7 pm, jugaban Sporting Cristal y Universitario De Deportes por la cuarta fecha del Apertura. Tras unos años magros en coronas, la U -equipo por el que he hinchado toda mi vida- había comenzado la campaña arrollando a Melgar FC 3-0. Desafortunadamente, los dos siguientes lances habían terminado en empates muy sufridos, contra el Sport Boys (que igualó 3-3 sobre la hora) y el Deportivo Municipal (al que Universitario emparejó laboriosamente). Se esperaba un triunfo contra Cristal, que al final no se dio -el match acabó empatado a 1. Yo estaba medio fastidiado con el desenlace, así que se me notaba en la cara una cierta molestia, más allá de mi habitual seriedad.

Arranqué para el depa de mi hermano Sebastián Pimentel, que entonces vivía en la cuadra 5 de Benavides. Lo había convencido para ir a un concierto planificado por Bacteria en El Más Allá del boulevard de Barranco -hoy un inmueble cayéndose a pedazos, que están rematando y/o alquilando-. Encontré a Sebastián con un primo suyo, que conocía de vista, y que esa noche me presentaron formalmente: Walter Rojas. Una persona con quien también hemos llegado a ser buenísimos amigos. Días más tarde, me diría Sebas que Walter -quien no se nos unió en la excursión barranquina- le comentaría que se me notaba medio asado (razón no le faltaba).

La performance comenzó a eso de las 11 pm. Eran los días en que, en lugar de darte un ticket, te sellaban el dorso de la mano. Más práctico, en cierto modo: podías entrar, salir y regresar; con sólo enseñar la marca impresa, prescindiendo del papelito de marras (que podías extraviar por accidente). Pese a los 24 años transcurridos desde aquella noche, ya casi 25, mis memorias serían más precisas si no fuera por algunas circunstancias. El Más Allá se parecía a la casa desvencijada en medio del bosque de The Blair Witch Project,  pues  se  trataba de  un  local  más  bien  diminuto,  y  encima  compartimentado. Para  peor, la iluminación -adrede o involuntariamente- era precaria, programada la cortadora de luz para disparar senescentes azules cerúleos. Lo avanzado de la hora, por último, nos impidió quedarnos hasta el final -creo que Insumisión y Kyleran fueron a quienes llegamos a ver.

El único testimonio objetivo de aquella ocasión, por ende, es el cassette; que escuché al día siguiente y que ha permanecido conmigo todos estos lustros. Un registro que, afirma Kyleran, se confeccionó apresuradamente: diseño y gigantografías corrieron por cuenta suya, y la maqueta se duplicó en masa contratando los servicios de una comadre especializada en hacer esa misma chamba para grupetes de idiotizante tecnocumbia favorecidos por el gobierno de turno. Para más señas, Electroshock sólo se pudo adquirir esa noche, al pagar el derecho de ingreso. No se puso posteriormente a la venta el saldo que no llegó a moverse durante la tocada: si luego ha aparecido alguna vez ofertado en tiendas, han debido ser ejemplares distribuidos el 1/3/98.

TROGLODITA DANCE

El valor de este Electroshock debe aquilatarse mensurándole a través de dos perspectivas diferentes. Empiezo por la menos obvia, al tratarse de una rara avis -la intrínseca.

Al establecernos en 1998 y mirar hacia atrás, la música electrónica perucha de vieja escuela todavía usaba pañales. Los combos y artistas adscritos a ella cultivaban el synth pop y el industrial/post industrial, y no muchas más gradaciones entre uno y otro extremo. Los subgéneros de sesgo rave y post rave apenas estaban dando sus primeros pasos. De modo que, con distinta suerte, los cuatro nombres involucrados en Electroshock propusieron rutas divergentes para oxigenar el incipiente panorama de nuestras músicas electrónicas, en una época en que éstas todavía libraban muchas y muy duras batallas para romper los prejuicios que dominaban al público consumidor promedio de la movida capitalina. Techno minimal, amagos de trip hop, esbozos de jungle, posología Detroit, gabber... Esos nombres fueron los de DJ Kyleran (cuyo chaplín quedaría reducido luego a Kyleran), Mupne, Vacuna Tu Hijo e Insumisión. Tres de ellos -los tres últimos- repetirían experiencia en Electroshock: Compilatorio Oficial, k-set de rango más abierto que incluyó proyectos experimentales cercanos al post rock y a la electrónica de nueva escuela como Evamuss, Triplex-b-Macnafusa y DiosMeHaViolado -es decir, el otro frente gracias al cual la electrónica nacional evolucionó y hoy goza de estupenda salud.

Con media hora de extensión y monedas, Electroshock abre fuego vía Javier Fernández (a) DJ Kyleran. Su póquer de cuatro surcos tienta practicar un dramático update respecto de lo que venían haciendo nuestros créditos hasta entonces. El individualista suena moderadamente cool y comparativamente trippy en “Meridianoø” y en “Casco Viejo”, muestreando este último una secuencia completa de drum’n’bass que taciturna se enyunta con la ominosidad dantesca del EBM (según qué oídos, la pista puede causar una paraplejia auditiva). Ambos números reflejan esa tensión urbana que no captan ni el esmerado ejercicio rítmico de “Conspiración” ni el trippeo devenido en proto jungle vuelta-de-tuerca-mediante de “V/F (Mezcla Errada)”. Sin embargo, la espina dorsal de las programaciones y secuencias de las cuatro piezas -armadas con el Sound Club, una reliquia tracker- es traspasada por el polirrítmico acid funk sci-fi y el tribalismo intergaláctico de los estetas de la Ciudad Motor.

A la de Kyleran sigue la intervención de Vacuna Tu Hijo, dúo formado por Renzo Ortega y Sun Cok que después editaría en CD su debut y despedida La Popular Electrónica (1999), referencia que nadie se ha tomado la molestia de rescatar aún. Las letras del dueto son inflamadas, denunciatorias, de airada filiación punk; lo que es un puntazo a favor teniendo en cuenta que en aquellos tiempos la dictablanda fujimontesinista había copado los medios masivos de comunicación y silenciaba toda exposición de los crímenes del/tentativa de crítica hacia el régimen. La conjunción de letras y estilo escogido, no obstante, no favorecía al binomio. Acaso lo más convencional de la cinta, VTH era synth pop del más elemental, que hace pensar en unos Depeche Mode o unos O.M.D., los dos en estado pre-larval. El vector resultante terminaba sonando demasiado naif, y eso les posicionaba cerca de lo que poco después hizo una parodia de banda como Hijo De Marx (Ayacucho).

Mupne despacha el filo más intratable de Electroshock. Bajista en la formación punk Azmereír (donde su desempeño fue prometedor), Mark Reátegui colabora con el corte más largo, “Música Para Niños Especiales”. Es éste un conglomerado algo frankensteiniano de diversidad de estilos. Por espacio de más de 7 minutos y medio, Mupne testea diferentes códigos de un solo round. “Música...” empieza en fase proto synth, para luego utilizar beats de hip hop sobre los cuales juguetea la circularidad del artcore. El género de Goldie y Roni Size desaparece prontamente, pero no el pastoso pulso hiphopero. Traspasados los cuatro minutos, Reátegui samplea  una risa histérica,  a  la  que  intercala  la cadencia característica  del  reggae -golpe de batería en el tercer tempo de cada compás. No puedo decir que me agradara del todo Mupne como acto (menos me convenció el canal que coló en Electroshock: Compilatorio Oficial, “Cornolio For Bonholio”), pero no le puedo mezquinar su ingenio y su natural inclinación a pulverizar prejuicios.

Finalmente, Insumisión repite aquí dos de los tracks más logrados de Maquinaciones, “Legalicen” y “Retrógrado”. Una vez alabada la sampladelia del primero -ABBA/Erasure, la insípida Alanis Morissette, un cajón afroperuano- y la metamorfosis industrial que ambos comportan, de contundencia sin límite de caducidad, no queda mucho más para decir que lo que ya se ha dicho antes en muchas tribunas.

ESTUDIOS SIN TRABAJOS

Bytes atrás, decía que la valía de este Electroshock tiene que juzgarse desde dos puntos de vista. El segundo, el más evidente, es el arqueológico.

Junto con “Cornolio...”, “Música Para Niños Especiales” es todo lo que llegó a grabar el seudónimo de Mupne. Mark Reátegui parece haber guardado definitivamente esa piel en el baúl de los recuerdos. Mucho después, el hoy nuevamente Azmereír vivió una segunda vida -igual de corta- a través de su unipersonal Rat Brain Dub Sound System (Cerebro De Rata EP, del ‘11, todavía es su única entrega). En idéntico sentido, sólo una de las composiciones que Vacuna Tu Hijo cede aquí fue re-empacada en La Popular Electrónica (“Plástico Amarillo”). El tándem se desarmó en el año del Jubileo, fundando Ortega en el ‘04 la entidad R-Tronika, permaneciendo tanto él como Cok ligados al mundo de las artes digitales.

En cuanto a DJ Kyleran, al año siguiente eyectó su estreno Hábitat EP con tomas distintas -mayor duración, sampleos añadidos- de casi todos los temas de Electroshock. Casi. El único que no logró esa merced fue “Casco Viejo”. Luego apareció un disco que no he escuchado, Geometric, tras del cual Kyleran guardó un dilatado silencio antes de volver a sacar algo -Amarillo EP, 2016, por SuperSpace Records. Actualmente, Fernández es padre de familia y vive en Canadá. Parece retirado de la actividad artística; mas, como suele decirse, a todo viejo campeón siempre le queda una pelea más dentro.

Leonardo Bacteria fue el que más lejos llegó tras Electroshock. Siguió editando maquetas y discos, gestionando conciertos y participando en ellos, hasta dar por concluido su insumiso viaje en el ‘05 sacando Viva La Party, a medias con el ecuatoriano DJ Cholo. Leo se había cansado de Insumisión y se hallaba listo para adentrarse en los predios de la “electroestupidez” con Pestaña. Pero eso ya es parte de otra historia.

JUNTADO Y DOCUMENTADO

Digitalizado por el gran Dante Gonzáles -Sombras Del Teatro, Casus Belli, Inversor Demente, Estación Perdida, Pestaña, Varsovia-, Electroshock pasa a complementar el catálogo discográfico/maquetológico de nuestras escenas independientes, siempre necesitado de rescates al por mayor. Accede a este valioso documento sonoro haciendo click aquí. De nada. 

Hákim de Merv

jueves, 27 de octubre de 2022

Sunday Night Joy: Stranded // Nyarlathotep - A Tribute To Howard Phillips Lovecraft

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 19 de octubre del 2022.)

Desacostumbrado, cuando menos, el itinerario que ha seguido Caesar Rahadian Kusnadi bajo el mote de Sunday Night Joy. En estas tierras se le escuchó por primera vez hacia el ‘13 con “Like The Sounds Of Curiosity”, corte cedido a ...Brands Upon The Brain, sexta entrega de la serie ‘Lego’ que sostiene Chip Musik. No volvimos a tener el gusto sino hasta mayo de este año, en que refrenda su colaboración en el quinceavo capítulo de la misma saga -...Pulsos De Bosques- vía “Lying Under A Shady Tree”. Siendo el músico ciudadano de Indonesia, en realidad no extrañaría su casi nula presencia en Latinoamérica, si no fuera porque la situación es exactamente la misma en su zona de procedencia -con la adición del single “Mind Of Silence” (lanzado en el ‘18).

SNJ, pues, carece de mayores acreditaciones discográficas. Tres 45s en dos lustros es un promedio muy magro, pero palidece aún más si se duplican los años en actividad. Aunque lo de “actividad” habría que analizarlo más de cerca, ya que es el propio Rahadian Kusnadi quien consigna como fecha de nacimiento el período comprendido entre el 2002 y el 2022 -léase un parto de dos décadas. Así lo corrobora Stranded, anunciado por Chip en su BandCamp como el debut absoluto del asiático: en efecto, se adosa allí una fugaz biografía del insular que incluye la dirección de su cuenta SoundCloud, donde no hay absolutamente nada. Stranded debe considerarse, entonces, el estreno a nivel mundial.

El disco se compone de seis temas y un remix en manos del peruano Alcaloidë. De esa media docena aludida, una tercera parte corresponde a aquello aparecido en los Legos antedichos -no siendo “Mind Of Silence” materia para la respectiva repesca. Las nuevas creaciones se aúnan al sonido con que ya se había identificado Sunday Night Joy gracias a “Like The Sounds...” y a “Lying Under...”: un idioma sonoro que se derrama/disemina/acomoda entre el shoegazing y su trasvase rumbo a la electrónica intimista de baja resolución, a unos cuantos pasos de la estilizada indietrónica que caracterizase a Morr Music.

Acompañada por “Like The Sounds...”, que subraya la veta digitalista del mixtión, la apertura “Dyn” pone de relieve el fino balance entre melodías sencillas y microscópicos clicks’n’cuts que al autor es tan caro. Ese equilibrio, empero, vacila intangible, cual si fuese sólo apariencia. Esto se debe a que, por una parte, hay tracks que florecen más próximos al cálido fulgor del baggy; como “Lying Under...” o “The Shoreline Quest”. Por otra parte, canales como “Stranded In The Interior Of A Common Sphere” y su remix se asientan en el subíndice binario de la fórmula, enfatizando la ornamentación electrónica e incluso acudiendo a patrones rítmicos tributarios del jungle. Esta taxonomía, por supuesto, no excluye la utilización de elementos pertenecientes al lado “opuesto”: en todo momento, el resplandor demencial del shoegazing y la desprolijidad lo fi de la indietrónica combustionan al interior del álbum.

“Newfoundland” es la síntesis más pulida de lo hecho hasta ahora por Sunday Night Joy. Número de ensoñación digital y brillo dream pop, es heredero por igual de Auburn Lull y de Boards Of Canada/de Pale Saints y de Telefon Tel Aviv/de Slowdive y de Dntel. Tal cual sucede en buena parte de Stranded, “Newfoundland” se convierte en angélico flujo de narrativa no-lineal, donde una guitarra en plan ambiental hace las veces de plomada para la construcción de muros de artificioso éter -o el dulce crossover entre Ulrich Schnauss y los Seefeel cristalinos inmortalizados en la recopilación Polyfusia (1993), hecho realidad.

Con un nombre como el suyo, diríase que el único propósito de vida de la difunta escudería lusa Kadath fue erigirse en constante recordatorio de la inextinguible influencia ejercida por H.P. Lovecraft sobre determinados individuos consagrados al arte de la Música. Durante los tres años en que se mantuvo a flote (1995-1997), sin embargo, la independiente conimbricense dirigida por Nuno Loureiro no sólo costeó una insignificante cantidad de títulos (8 en total); sino que apenas uno de ellos puede tomarse como cabal reflejo de la obsesión que suscita la mitología del visionario escritor usamericano.

Eso sí, si no el primero, Nyarlathotep - A Tribute To Howard Phillips Lovecraft (1997) debe ser uno de los -es justo ponerlo así- primigenios esfuerzos colectivos que honran con todas las letras al genio de Providence. Argumento de sobra para que Eighth Tower Records, macabra subsidiaria de Unexplained Sounds, haya apostado por la reedición de rigor un cuarto de siglo después. Concretarla, me imagino, ha debido ser toda una hazaña: Nyarlathotep... se inscribe en el ocaso de la tape culture europea, en una época en que ésta propinaba sus últimos coletazos ante la inmensa superioridad del CD-R. Como tal, el tributo fue manufacturado en cassette.

Otra circunstancia que llama la atención es la relativa a los participantes. De todos ellos (7), sólo uno gozaba de cierta notoriedad desde principios de los 80s: el grupo dark italiano Kirlian Camera, que figuró en varios mixtapes en aquellos calendarios. Como corresponde, los demás son perfectos desconocidos, incluso para los críticos más avezados. Menciono a Kirlian Camera, no obstante, porque al contabilizarle se completa la mano de combos itálicos aquí convocados; cosa rara siendo Kadath una label ibérica. Además del francés Michel Madrange (a) M.Nomized y del proyecto portugués Nigredo, se involucran Gerstein, T.A.C. (acrónimo de Tomografia Assiale Computerizzata), In Articulo Mortis y Tombstone (por partida doble). Salvo los dos últimos citados, todos se han mantenido en activo por lo menos hasta la década pasada -algunos hasta hoy.

Obviemos ponderables delicadezas técnicas como la de la nueva portada y la de la remasterización obligada. Dado que Nyarlathotep- A Tribute To Howard Phillips Lovecraft es una pieza arqueológicamente recuperada, no se le puede exigir mucho. Parece haber consenso sobre la existencia, en los 90s, de una zona fantasma que cohabitaban el dark-gothic, el progre, el industrial y el metal; región de la que muy pocas bandas surgieran/resurgieran solventemente. Entonces nadie había pensado aún géneros como el dark ambient, el noise “lovecraftiano”, o el horror ambient. De modo que los habitantes de ese limbo pueden hacer las veces de antecesores de esas proto-tendencias, ilustradas aquí.

(In)armonías deshumanizantes, neopaganismo de aviesas connotaciones ultraterrenas, frecuencias subsónicas hasta la caricatura... El riesgo es que la mayoría de estos experimentos suele convertirse en cliché con el paso del Tiempo, y eso es algo que ejemplifica muy bien este homenaje. Previsiblemente, Kirlian Camera es el que más suena a gótico medieval (“Die Hochöfen Des Schmerzes (Organ Version)”). Y M.Nomized, el que más cae en el escalafón de pastiche (“Tantra Music”). La cuesta de Nyarlathotep... es, pues, descendiente a partir de “Ritual Affliction” (Tombstone) -excepto por “Deadly Nightshade” de T.A.C., que arriesga algo más allá y logra acercarse a las atmósferas de horror basáltico y resonancias cósmicas que llegarían a la consolidación de la mano del sound art y del dark ambient en lustros posteriores.

Hákim de Merv

jueves, 20 de octubre de 2022

NRA Ruido: Una Hora De NRA Ruido

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 12 de octubre del 2022.)

Vuelve Félix Pineda Méndez desde la otredad en que vive asentado con una grabación que parece hacer alarde de no tener la más mínima de las aspiraciones -o al menos es lo primero que se puede inferir de un “no-título” como Una Hora De NRA Ruido. Cedido esta vez a la plantilla de Noxa Recs, la armígera discográfica de José María Málaga -el debut Crugita (2020) apareció vía Uku Records, sello de Miguel, el menor de los Málaga-, el contenido se sube a BandCamp durante los idus de julio último; inaugurando la línea de lanzamientos en formato cassette de la susodicha independiente.

¿Novedades? Sí, algunas. Y bastante sustantivas. El detalle es que, para advertirlas, sigue siendo imperativo horadar el fortificado murallón de bulla teñido de paranoica barbarie que este limeño exiliado al pie del Misti hace fructificar cada que se sienta a ¿componer?/¿descomponer? utilizando quién-demonios-sabe-qué herramientas. Ya al comentar el estreno de Pineda Méndez, anunciaba los graves peligros de exponerse sin prudencia a los altamente nocivos niveles de ruido que se hallaban allí desperdigados: presbiacusia, tinitis, mastoiditis... La admonición es igualmente relevante para efectos del presente tape -vale más prevenir atenuando el volumen y/o contando con las invaluables bondades de dos Aspirinas Forte al hilo.

Al sortear ese colosal obstáculo, podrás notar que el modus operandi de NRA Ruido no ha experimentado mayores cambios. Improvisación, a-gramaticalidad sónica, automatismo, performance abierta. Las pocas líneas que acompañan el upload en BandCamp y las breves declaraciones del principal instigador de Noxa Recs coinciden en la esencia: registrados todos los temas en la comodidad de su hogar empleando con ingenio instrumentos caseros, la cinta extracta una hora de decenas de grabaciones en las que el solista explora aleatoriamente los diversos caminos que transita el noise extremo. Lo que sí ha mutado, como sugerí en el párrafo anterior, son los resultados.

Vislumbro tres tipos de pistas. El primero, el más evidente, es el relacionado con el pasado inmediato del alias: una tormenta de noise erosivo que chirría y muge/brama despedazando frecuencias y armónicos. O lo que es lo mismo, el ruido como exabrupto perenne, tal cual se mostraba en Crugita. A este ‘modelo’ se adhieren “DQHS”, la apertura “Archipiélago”, “Truhán” y “¿Cómo Te Puedo Llamar?”. Neurótica disfuncionalidad al mango.

El segundo tipo de pistas, el más desconcertante, es el que disminuye el exceso de decibeles y se expone proclive al fomento de giros imprevistos (“Asa”, “Valem”), ondulaciones (“Hípica”, “Borde”), estupros contra la guitarra (“Beneficios Y Riesgos En El Vacío”, “1991”), desbocamientos percusivos (“Cobertura De Leche”)... Es, de hecho, la tajada más sustanciosa y heterogénea de Una Hora... -me recordó las ocasiones en que el Liquidarlo Celuloide de sus dos primeros discos suprimía cualquier guiño lúdico para ponerse “serio”. Atendiendo a esta nutrida categoría, habría que preguntarse cuánto ha pesado el criterio de selección del material -a cargo de José María Málaga- para inclinar la balanza hacia este lado.

El tercer tipo de pistas es aquel que logra colarse entre el primero y el segundo. Aquí NRA Ruido interviene ondas de radio y televisión para saquearlas, recorta y reposiciona fragmentos verbales, regula las estridencias para disponerlas como anómalos oleajes según convenga. Es el feudo de la expresividad perturbadora. Es el reino de “Jacop”, “Lamo Tu Espalda”, “Chilpinilla”, “Azar Lascivo” y “Meenkntassonhido”.

Aunque sorprendente, también era predecible esta suerte de viraje en el andar del acto arequipeño. Dada su irritante e iracunda naturaleza, experiencias como ésta tienen todo en contra para perdurar. O bien se suelen extinguir rápidamente, o bien se avienen a ceder después de un tiempo a la búsqueda de cielos más clementes. No espero que pase ni lo uno ni lo otro, claro, pero es casi una regla. Felizmente, éstas suelen venir acompañadas de excepciones. Veremos si consigue NRA Ruido escapar a estos sinos, convertido ahora en dúo con el ingreso de Ángeles Valverde aporreando hi-hats, tarola y bombo -en BandCamp propio, el tándem viene colgando nuevas piezas con laudable periodicidad.

Hákim de Merv

sábado, 15 de octubre de 2022

Time Traveler: Dystopian Future / Micelio

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 5 de octubre del 2022.)

Faltaría a la verdad si dijese que guardaba en mis neuronas recuerdos de la que hasta hace poco debía considerarse la unigénita referencia de Time Traveler, unipersonal afiliado a Chip Musik y apertrechado del más impenetrable anonimato. La salida de dos nuevos registros, con cerca de tres meses de separación entre ambos, obliga a la consabida modificación en el status de Unidad (2011); así como a una breve reevaluación de sus pistas, de cara al análisis del material estrenado. Era ese primer paso, ergo, un conciso artefacto acunado por la desafección del ruido digital en su variante más carda. Tal peculiaridad dificultaba su dimensionamiento incluso entre lo más virulento de Chip -primero, porque la crujiente estridencia de sus aproximadamente 30 minutos le pintaba harto intratable como para estándares harsh, y segundo, porque cada tanto su atmósfera ionizada de huraña aspereza condescendía a dejarse permear por infinitesimales esquirlas susceptibles de catalogarse como “melódicas”.

Con esas inasibles cartas en mesa, la falta de continuidad del proyecto lo condujo rápido hacia el arcón de los olvidados, salvo entre aquellos/as de nosotros/as más memoriosos/as. De ahí que la conciencia agitase levemente una campanilla desde el fondo de la amplísima nómina de la independiente oroíno-limeña, cuando se anunció la aparición de un mini-LP once años después de Unidad. Ya que este último todavía se halla disponible para free download desde el BandCamp de Chip Musik -buscar entre los quince números de catálogo más antiguos-, es fácil volver a prestarle atención, corroborando de paso que el Viajero Del Tiempo ha evolucionado a partir de la radicalización de su primigenia propuesta.

Dystopian Future, en efecto, se ciñe al noise vertebrado utilizando digitalismos mil. Prácticamente, hasta el punto de no-retorno. Su capacidad de fuego no es 100% abrasiva, pero se queda a milímetros de esa línea. Tomando cuidadosa nota de los logros concluyentes que la escena experimental perucha rubricó entre fines de los 90s e inicios de los 00s, el ignoto individualista se zurra en las advertencias que penden sobre la trasposición de los límites permisibles máximos del umbral auditivo humano. Es, así, una venenosa/patológica definición del Ruido la que DF desarrolla a lo largo de cuatro canales.

No es piedad, sin embargo, lo que inhibe a Time Traveler de quemar todos los puentes tras de sí en dirección a la abrasión total. Si en “Dystopia” y en “Plastic Ocean” lo hace, bordeando las fronteras del ruido rosa, nada lo obstaculiza para obrar igual en “Micelio” o en “Wormhole”; cacofonías que podrían haberse incorporado con presteza en su asalto de hace casi un docenio. Nada, excepto tal vez cierto grado de oxidación perfectamente comprensible, razonable al sopesarse la larga estadía en los cuarteles de invierno. Es sólo una hipótesis, basada en la pura especulación, que con todo recibe inquietante confirmación cuando se presta oídos al recientísimo Micelio (26/9/22). A través suyo se comprueba, asimismo, que la inmersión del elusivo no-músico es irreversible; sin media chance de poder volverse atrás.

La estruendosa semilla que germinase en Dystopian... se ramifica y extiende en Micelio, que por lo demás incluye nuevas mezclas de todos los surcos del mini-álbum, además de recursos ¿sonoros? adicionados a cada una de ellas. Si bien la puesta de largo de TT atraviesa diversos estadios -golpes secos y cafres, punciones aniquiladoras, encontronazos a escala geológica-, no se comete yerro al aseverar que el Ruido aquí es siempre chisporroteante y caníbal. Desolador.

Metamorfoseado ya en un acto a lo Kevin Drumm o Masami Akita a.k.a. Merzbow (vg. una genialmente bautizada “Neural Rewiring”), el de ChM ovilla y superpone cientos de capas de información que convierten en vana cualquier tentativa de siquiera arañar la superficie del disco. Éste secreta constantemente malas vibras en un sentido Event Horizon, entre la ciencia ficción y el terror ominoso: pérfidos vendavales de distorsivas crepitaciones (“Sumaya”, la nueva toma de una “Micelio” ya absorbida por el Lado Oscuro), brutales colisiones de huaycos que acaban repercutiendo en intimidantes implosiones tectónicas (“Paradox”, una renovada “Plastic Ocean”), sólidos mazazos que practican una de-evolución zen contra los conceptos más básicos de música y armonía (los remozados mixes de “Dystopia” y “Wormhole”)...

Diría, tras esta resurrección, que Time Traveler corre solo en el panorama actual de underground experimental peruano. Ello sería pecar de inexacto: aunque la inmensa mayoría de artistas que integran esa movida no llega a los mismos dañinos niveles de audición irritable/vejatoria, producto de una hiperbólica sobresaturación de frecuencias, sí existe por lo menos uno que puede parangonarse al solista limense -ante la desaparición del tarapotino The Shego. Reside en Arequipa y se encuentra en plena forma: NRA Ruido. Como sucede al acercarse al output de la identidad mistiana, recomiendo extremar precauciones al escuchar lo nuevo de TT. Ambos episodios son materialmente INAGUANTABLES.

Hákim de Merv

jueves, 6 de octubre de 2022

Parasomnia: Vigilia // Jurel Sónico & Los Impuros: Flores Plásticas

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de septiembre del 2022.)

A despecho de sus ya más de cuatro décadas de historia, el dark rock -dark-gothic, para más inri- sigue reverdeciendo de cuando en cuando laureles. Que lo diga si no el darkwave, ¿subgénero? ¿estética? que de un tiempo a esta parte ha reflotado las mayores revelaciones de la sonoridad oscura que caracterizase a los primeros 80s, levantando de paso muchas escenas do quiera éste recala -con la (¿honrosa?) excepción de Perú, que a mediados de los 00s terminó de exprimir el imaginario darkie hasta secarlo.

A los muchachos de Parasomnia les ha tomado poco menos de un bienio firmar el debut en largo. Luego del epónimo extended play que les diera a conocer, los santiaguinos se han movido sin descanso, fogueándose en directo o aupando cualquier iniciativa proveniente del próspero circuito darkwave mapocho. Y aunque su estreno en corto daba cuenta de no poco talento, era bastante claro que el siguiente paso a encarar debía ser sí o sí hacia adelante, despejando cualquier duda que echase sombras de más sobre el porvenir de los chilenos.

El EP de hace un par de años me permitía hablar de un purismo elástico, razonable. En Vigilia, ese purismo hegemónico se ha vuelto menos dúctil, más acerado. Lejos ya de las influencias post punk -la única que persiste es la de Joy Division, que igual puede leerse como antecedente dark-; Franco Reyes (guitarrista), Mauro Rojas (vocalista), Francisco Cerda (baterista) y Sebastián Gonzáles (bajista) se ponen bajo el signo de La Cura más siniestra y del tenebrismo liviano de Skeletal Family. En lugar de convertirles en un pesado tanque blindado, ese ajuste les reditúa el atributo de la serenidad, sin por ello descollar distantes. Al contrario, números como “Asesinos”, el vigor trepidante de “Joane Florvil”, “Cuerpos Digitales”, “Imagen”, “Ciudades Fantasmas” y “Bernardo” son expeditas muestras de una presteza oscilando suntuosa entre el darkwave y el gothic pop.

El tópico de las líricas se halla asimismo vinculado al de los avances respecto de Parasomnia EP. Las figuras en que abunda actualmente la prosa del hoy cuarteto están más enraizadas en torno a las nuevas dimensiones que la tecnología digital ha instaurado en la vida humana (cf. “Imagen”). Se percibe, pues, una mayor firmeza en este apartado: todavía falta una pizca de sutileza, de sublimación, pero esa meta se vislumbra ahora mucho más cercana. La evidencia asoma clara al aparecer de pronto el remanso del CD, en la segunda parte. “Gritar Gritar”, “Es Destrucción” y sobre todo “Humo”, que califica como el quejumbroso mid-tempo baladesco de Parasomnia; disminuyen las revoluciones en comparación con el resto del repertorio. Por suerte, la entrega es la misma.

La cadencia ronroneante del bajo, el corte gélido de la eléctrica, la insistente parquedad de las baquetas; eran cualidades que ya se destacaban en el extended previo. Aquí son reeditadas, lo mismo que el hermanamiento que presumo existe entre el ADN de los sureños y el de sus desaparecidas contrapartes peruanas: Bajo Sospecha, Sor Obscena, el extinto lado ochentoso de Catervas, Danza Rota, La Devoción, Cenizas, Textura...

Referente ineludible en la movida independiente de Gran Valparaíso, tenía en carpeta escuchar de todas maneras la première de Jurel Sónico al lado de Los Impuros, editada físicamente por la estupenda label española Hotel Records en  julio.  El alias  artístico  de Claudio Manríquez  acreditaba  el suficiente trajín -el año pasado con Hammuravi, el anterior con Adelaida, mucho más atrás con Mowasee y Lisérgico- como para prestarle oídos a esta nueva incursión sónica. Y sí, se trata de un debut interesante, que te exige algo de paciencia y también de preparación.

La primera vez que mis tímpanos recorrieron Flores Plásticas, éstos le encontraron algo de semejanza con el Hulahop (1997) de Mercromina, banda ibérica muy subvalorada y apenas conocida en estas regiones del globo (aún cuando es descendiente directa de ese grupazo que responde al chaplín de Surfin’ Bichos). Hoy, ese parecido se ha diluido al mínimo, pero al principio surgió espontáneamente; siendo gradual y bastante arduo el proceso de su desvanecimiento. La conexión se presenta debido a que ambos trabajos se valen a partes iguales del indie y de esa zona liberada donde se entreveran el shoegazing y el output alternativo de los 90s inclinado hacia el ruido guitarrero. A diferencia de los de Albacete, mejor dispuestos a la sofisticación del dream pop, los porteños/penquistas se abandonan al irredento influjo del tosco noise rock.

El periplo de Flores Plásticas, entonces, se acerca de continuo más al cajón de sastre alternativo usamericano de copiosos niveles decibélicos. Tras el relativamente calmo despegue de “Robot (De Juguete)”, el Big Muff comienza a azotar los amplis con potencia extrema en las fragorosas “Tragaluz”, “La Noche” y “Cabeza De Muñeca”; esta última una llameante acometida a lo Porno For Pyros circa ’93. Junto a la arrojada “Distorsión”, “Cabeza...” enfatiza esta similitud farrellesca merced a las gritantes vocales del ex Lisérgico. Y aunque en “Amatista” raciona el quinteto las energías, el espíritu colectivo mostrado hasta este punto permanece indómito.

“El Blanco Ya No Es” inaugura una segunda mitad más variopinta en lo que al registro de JS&LI atañe. El hito que  comporta  esa  canción,  por  ejemplo, anuncia una baja  abrupta  de  esteroides -que irá revirtiéndose si bien no sostenida, sí progresivamente. Si “El Blanco...” tiene la fibra de un parsimonioso movimiento acústico, ocurriendo lo propio con la otoñal “Sin Dormir” (que preludia el fin de la jornada), a través de la trilogía “Salix”-“Temporal”-“Volcano” el combo recupera posiciones gracias tanto a las paredes electrificadas de tres guitarras como a la solidez de un bateo contenido/sobrio/ejemplar. “Volcano” y su casi nula fidelidad, en particular, me sabe a pista paradigmática de toda la placa pese a su coqueteo ulterior con el stoner: es el de Flores Plásticas un indie rock bullicioso, envuelto en lienzos negros.

Correcto arranque de Jurel Sónico (voz y guitarra) al lado de Los Impuros -Tomás Pérez en la teba, Joaquín Roa y Ricardo Cepeda en guitarra y coros, Mort en el bajo-, grabado en Concepción entre febrero y abril del año en curso. Manríquez firma todas las composiciones.

Hákim de Merv

jueves, 22 de septiembre de 2022

Belle And Sebastian: A Bit Of Previous // Catch The Breeze: Into The Wide

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 14 de septiembre del 2022.)

Belle And Sebastian fue uno de esos rarísimos y postreros milagros de la centuria anterior, que hizo renacer las esperanzas de muchos/as en el pop melódico independiente. Confeccionada con extrema simplicidad y camionadas de emoción desbordante, su música se valía por sí misma para enamorar los corazones de millones de oyentes en todo el mundo -sin campañas publicitarias ni estrategias de tipo alguno. Al entonces octeto escocés le bastó transmutar su devoción por el folk británico de los 60s y por estetas de la talla de Lawrence Hayward (Felt) para lograr incluso más que eso -embeber a sus composiciones de una fragancia atemporal. Completado el traspaso desde la indie Jeepster hacia la mítica Rough Trade a mediados del ‘02, la lozanía tanto de los álbums viejos como de los nuevos pertenecientes a ese período se ha mantenido hasta hoy.

Venga del underground o del mainstream, el problema es que difícilmente el pop melódico puede mantener vigencia conservando inmaculada su naturaleza. Por mucha magia que tengan BAS o cualquier otro grupo, si la sencillez se enterca incólume, acaba convirtiéndose en un lugar de lo más común, cuando no en un sonsonete. Ejemplo de lo primero es un nombre como La Buena Vida. De lo segundo, todo el escuadrón tontipop español de entresiglos. De modo que comentarios y reseñas ya manejaban un acento bastante menos apasionado dirigido a estos súbditos de la corona inglesa para cuando sale The Life Pursuit (2006). No es que, en lo sucesivo, Stuart Murdoch y collera hayan caído por un despeñadero. Discos posteriores como Write About Love (2010), Girls In Peacetime Want To Dance (2015) o What To Look For In Summer (2020), los dos últimos ya en Matador; se han elaborado adecuadamente, y son aún bonitos de escuchar. Pero andan lejos de las armonías magistrales con que orláronse sus mejores entregas.

Tras 26 años en la ruta, a punto de cumplir dos décadas su última obra remarcable (Dear Catastrophe Waitress, 2003), era predecible que lo nuevo de los dirigidos por Murdoch recorriera el mismo camino de sus predecesores inmediatos. A la venta desde mayo pasado, A Bit Of Previous es el clásico esfuerzo post The Life... en que Belle And Sebastian pone en juego la franqueza de su límpido estilo casi naif, accediendo rara vez a incorporar algunos ingredientes ajenos a su retórica. Aquí podría mencionarse a “Deathbed Of My Dreams” y sus matices crepusculares a lo Mojave (desierto) 3 (banda), o a la pegadizamente bailable “Prophets On Hold” (en la onda de “Perfect Couples”, su hit de Girls In Peacetime...).

La norma es el sonido llano y emotivo, sin embargo. Temas como “Working Boy In New York City”, “If They're Shooting At You”, “Come On Home”, “Young And Stupid” o “Reclaim The Night”; entre otros más, han incubado y llegado a su forma definitiva a través de la artesanía habitual en estos ‘highlanders’ -melancólica y agradable, evocadora y geórgica. Sea imprimiéndole una inusual fuerza rockera (“Talk To Me Talk To Me”), sentándole al piano (“Sea Of Sorrow”, nada que ver con el homónimo track de Alice In Chains), o insuflándole una expansiva vitalidad (“Unnecesary Drama”); ese pop melódico que hunde sus raíces en los felices 60s es y seguirá siendo la esencia del ahora septeto, en tanto no se produzca un cataclismo nivel 11 a su interior. Viendo en retrospectiva la historia, opciones para que tenga lugar un evento tal parece haber muy pocas. Las mismas, luego de casi veinte calendarios, para que una de las alineaciones más queridas que ha ofrendado Escocia al pop independiente reverdezca laureles y coseche nuevamente entre sus fans el ilimitado fervor de sus días más afortunados.

Cuatro años después de su interesante Glow, y sin cambios de por medio en la formación, los daneses Catch The Breeze pegan la vuelta con una nueva colección de eufonías bajo el brazo. Algunas ya habían sido adelantadas como singles virtuales, si bien éstos fueron estrenándose apenas con unos cuantos meses de antelación (el más antiguo de los cuales, el suntuoso “Echoes From The Underground”, se colgó el último 4 de marzo).

Considerando que Glow finiquitaba el proceso de licuefacción, iniciado con el mini-álbum epónimo (2014), entre el post punk ‘78-‘84 y el shoegazing noventero; se puede aventurar que Into The Wide comporta una intensa radicalización en la ruta escogida por Andreas Bungaard (batería), Lars Madsen (bajo) y Aage Hedensted Kinch (voz, guitarra). Ello, porque las salientes y los boquetes que el propio grupo consentía para valerse de esteticismos post rock, new wave e indie; han desaparecido. Pero, principalmente, porque la propuesta que enyuntaba al baggy y al viejo post punk original ha sido destilada hasta grados de sofisticación impresionantes. Nunca más oportunamente usado, entonces, aquello de postpunkgaze.

La eléctrica de Hedensted ha adquirido la textura/tersura apropiada para trenzar apagadas ambientaciones quebradizas, que el desenvolvimiento del pedal envuelve en inexpugnable éter sónico. La amalgama de influencias, por ende, se torna una e indisoluble durante al menos el 80% del repertorio de ITW: ya no puede discernirse qué elementos dimanan de los jóvenes turcos del período after punk, ni qué elementos provienen de la primavera supersónica que floreció iniciados los 90s. Tómense como evidencia palmaria el hieratismo de la estupenda “Gravitational Sounds” o el tono elegíaco de la extraordinariamente contenida “Echoes From...”.

Otra característica a ponderar del nuevo esférico es la actuación de Lars Madsen. Sin renunciar a su innato minimalismo, el bajo ha devenido en medular, una cualidad que con mayor nitidez se percibe al soltar el trinomio las riendas; como en “Embrace”, en “Rise”, en el fin de fiesta que supone “Before We Turn To Dust”. Es allí cuando la terna luce con más propiedad sus renovados bríos y excelentes reflejos -y es en todas las pistas, donde las cuerdas barítonas de Aage son las que descuellan más que nunca (el marco idóneo para el rango vocal exhibido). Quizá por eso, ahora puedo ensayar el símil que antes me eludía: un cruce entre el Bowie de los 80s y el distintivo Mark Eitzel macerado de los American Music Club (‘85-‘94).

Hay un par de piezas cuya génesis es menos indescifrable que la del resto. Se trata de “Hollow”, donde late subyacente el fragor de unos Pale Saints (destacando Bungaard en la evolución de las baquetas), y “Subsurface Scattering”, post punk de medio tiempo que tiene su poco de The Fall y su poco de los ubicuos Joy Division. No es un demérito, en el balance. No cuando el último segmento de Into The Wide -salvo “Before We Turn...”- es dominado por exquisitos medios tiempos, de una belleza agreste. Notable segundo esfuerzo de los nórdicos.

Hákim de Merv

jueves, 15 de septiembre de 2022

Síntomas De Techno: Ondas Electrónicas Subterráneas Desde Perú (1985​-​1991)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 7 de septiembre del 2022.)

(Creo recordar que esto ya lo relaté en un texto previo -pero, como no estoy 100% seguro, lo vuelvo a hacer aquí. De cualquier modo, siempre es bueno tener muy presente lo dura, penosa y larga que fue esa conquista...)

Recién tras promediar los 00s, la música electrónica elaborada en predios peruanos comenzó a ser vista/escuchada/apreciada con ojos/oídos/mentes libres del prejuicio rockista para el cual las máximas ‘androginias’ soportables eran el “Mofo” de U2 o el Depeche Mode de Songs Of Faith And Devotion. Pergeñar música total o parcialmente sustentada en el empleo de teclados, sintetizadores y “gadgets” similares; te hacía merecedor/a en los 80s y 90s a una recatafila de insultos y vilipendios que cuestionaban tus dotes artísticas, cuando no las ninguneaban. Si a ello le sumas la precariedad que hacía estragos entre bandas y solistas de la escena subterránea/independiente al momento de plasmar, grabar y trasladar al directo sus delirios sonoros; las posibilidades de reivindicar antecesores y precursores de la movida electro local realizando una minuciosa exhumación se reducen a un dígito.

(Para que te hagas una idea, pongo el ejemplo de dos proyectos ochenteros de los que se tienen noticias por testimonios de quienes les vieron en esas ya lejanas épocas, y de los cuales no han sobrevivido sino los nombres: Ordalías -de cuya existencia da fe el fotógrafo Alfredo Vanini- y Urbanoide -unipersonal de El Agustino del que supe por un zutano que alguna vez fue mi amigo, y que hoy no llega ni a mal recuerdo-.)

Pintado así el panorama, era difícil que una rehabilitación como la que plantea Síntomas De Techno: Ondas Electrónicas Subterráneas Desde Perú (1985-1991) se arrogase puntuación perfecta. Sea radial o de vanguardia, la música pop contemporánea hecha bajo estos cielos no dispone hasta ahora de un archivo de acceso público o privado que acoja el legado de las generaciones pasadas adscritas al movimiento contracultural nacional (revistas, fanzines, manifiestos, libros, discos, maquetas, videos, etc). Mucho menos, la herencia de un género que estuvo mal visto hasta bien entrada la primera década del siglo XXI. De ahí que Buh Records haya echado mano de lo poco que a la fecha se ha restaurado y/o digitalizado.

Las escuelas electrónicas ilustradas por la compilación van del synth pop al industrial -e incluso al post industrial como lo entendían hace ocho lustros unos airados Einstürzende Neubauten. No es, con todo, un tour completo; ya que los del techno y del EBM son los otros dos únicos estilos representados, aunque ello se ve supeditado tanto a la carencia de cultores de otras tendencias como -de haber éstos existido- a la ausencia de documentación a la que acudir. Por el lado más hardcore de Síntomas De Techno..., a tema por cabeza, además de Ensamble y Círculo Interior están Disidentes y T De Cobre. En cuanto al primero, nace como cuarteto en 1989 y ha tenido diversidad de alineaciones, manteniéndose el vocalista Jorge González siempre al frente. Único de los actos aquí antologados en seguir con vida, “Industria De Odio” recupera los días en que Ensamble esgrimía un EBM brioso, antes de entregarse en cuerpo y alma a la dialéctica synth.

En cuanto a Disidentes, combo de Martín Ponce y Juver Reyes a.k.a. Hoover (Eutanasia, la saga Salón Dadá/Col Corazón), éste observaba un método de trabajo semejante al de los liderados por Blixa Bargeld: placas metálicas, fierros, cilindros, un megáfono... “Martillo” atestigua esa apocalíptica aura post industrial de entropía y ersatz que escupía furiosa la banda. Desintegrada ésta, Ponce volvió a las andadas con T De Cobre, line up donde había bastante más espacio para drum machines, casiotones y sintetizadores. “No, Nunca” es techno industrial de fines de los 80s, el update necesario respecto de Disidentes. Esta nueva incursión de Ponce sirvió de acicate para la formación de Círculo Interior, experiencia que operaba en coordenadas similares. Entonces nada hacía prever que los mismos que firmasen una composición como “Primera Secuencia” se convertirían, ya bajo el alias de Unidad Central, en los adalides del trance y la rave culture aquí.

Por el lado más asequible del muestrario, también a surco por testa, se encuentran Reacción (“Y De Aquí No Me Voy”) y Cuerpos Del Deseo (“En La Tiniebla”), firmantes de un synth pop elemental/bastante pedestre/de poco calado una vez aquilatada su valía arqueológica. Más recomendables son los números de unipersonales/agrupaciones que desdibujan los cotos estilísticos, como Meine Katze Und Ich (“La Gran Masa”), Paisaje Electrónico (“X2) y El Sueño De Alí (“A Dónde”). Era esta última una curiosa terna que mixturaba synth y new wave, con varias ideas puestas a prueba en su unigénita maqueta En El Valle Del Placer (1991), semilla de la que potencialmente pudieron emerger decenas de entidades de disímil perfil -por desgracia, lo único que brotó fue un conjunto de pop trucho como La Liga Del Sueño. De otro lado, Paisaje Electrónico fue una identidad paralela de Fernando “Cachorro” Vial (Feudales, Espirales, Pompeya), orientada al minimal synth a despecho de la prodigalidad con que su soporte rítmico estaba seteado. Y MKUI es un insospechado híbrido de electro-dark y no wave de muchos vasos comunicantes con esas canciones de Narcosis en las que el legendario trío iba más allá del catecismo punk (cf. “Asfixia”, “Destino”, “Slacks Asesina” o “La Danza De Los Cristales”). Sintomáticamente, estas tres identidades fueron impelidas por ex integrantes de Narcosis: “Cachorro” en Paisaje Electrónico, Jorge Madueño En El Sueño De Alí, Wicho García en Meine Katze Und Ich.

Aún considerando todos los escollos que ha debido salvar, pudo Síntomas De Techno... haber obtenido un score más alto del que finalmente recibe. En primer lugar, nada costaba abrir un poco más el arco de tiempo precisado en el título, para así posibilitar el rescate de otros seudónimos: Sombras Del Teatro, Arián 1, Casus Belli, Pozí... En segundo lugar, se hubiera así ofrecido un repertorio asaz suculento, en vez de los menos de 40 minutos que el esférico encaja. Si la idea no es atosigar, tampoco debe serlo dejar con ganas de más.

Y en tercer lugar, no es éste un artefacto que acredite mucho esfuerzo detrás, más allá de las liner notes y la masterización. Entiendo la dificultad, por no decir imposibilidad, de conseguir registros de época, pero ya estaban disponibles a través de otros títulos las seis primeras pistas del vinilo -dos tercios del álbum. Disidentes tiene dos trabajos editados con las grabaciones que pudieron salvarse del Olvido (Ensayos Y Concierto 1988 del ”sello” La Venganza De Los Nerds, 1987-1988 de Discos Invisibles). Los demos de Cuerpos Del Deseo (Por Una Razón, 1991) y de El Sueño De Alí están colgados en YouTube. “X2” de Paisaje Electrónico y “No, Nunca” de T De Cobre fueron repescados en La Historia Del Rock Subterráneo 1985-1992 (11y6 Discos, 2010), compilación curada por Leonardo Bacteria. Y “La Gran Masa” de Meine Katze Und Ich aparecía en la segunda rodaja de Caleta Finale (2002), díptico con que la inolvidable revista Caleta se despidió de sus lectores. Verdad que con una versión ligeramente distinta, pero no es ése el punto. Si SDT... está funcionando de maravillas en el exterior, no ocurre lo mismo de puertas adentro, sobre todo entre quienes llevamos ya mucho tiempo en cancha y conocemos los intrilingüis y vericuetos del devenir de la música pop perucha.

Hákim de Merv