jueves, 16 de febrero de 2023

Varsovia: Diseñar Y Destruir // Hunters Of The Alps: Today Mañana EP // Ayahuaira: Qarqaria // Gacelasheladas: Lo Difícil De No Pensar EP // Aloysius Acker: Last Seconds Of A Cloud // Domingo: Tarde Para Regresar EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de febrero del 2023.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2022 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (III)

Que la crisis de forma y contenido que en nuestros países soporta el (caduco) modelo neoliberal, ha radicalizado las opiniones en torno suyo a favor y en contra, es una descripción que difícilmente puede ponerse en entredicho. Con mayor razón en el Perú, donde el encono ha crecido a pasos agigantados desde principios de la década pasada, permeando todos los aspectos de la vida cotidiana. Qué mejor prueba de ello que la largada en falso del álbum póstumo de Varsovia, a fines del ‘20.

En efecto, por esas fechas se hizo pública una versión de Diseñar Y Destruir que no contaba con el visto bueno de Fernando Pinzás y Dante Gonzáles, los dos tercios del grupo que mantenían poder de decisión en todo lo relacionado a éste. Había factores de carácter artístico que ya no avalaban, por supuesto, pero la razón de fondo se relacionaba al hecho de que las tomas entonces difundidas habían sido grabadas con el concurso de Carla Vallenas, segunda frontwoman de Varsovia y fuente constante de fricciones debido a irreconciliables posturas políticas. A Gonzáles y a Pinzás, que no son excluyentemente de izquierda, les molestaba sobremanera legar el testamento de la banda con las vocales de alguien abiertamente fachoderechista -que, verbigracia, se negaba a seguir cantando “Cardenal En El Infierno” en las tocadas.

Mediando el retorno de la gritante original Sheri Corleone (quien vivió una estadía en Países Bajos), casi dos años después de aparecida la versión apócrifa culmina Varsovia el “rework” de las canciones reunidas en DYD, escritas entre el ‘15 y el ‘17 -esto es, a renglón seguido del estreno Recursos Inhumanos (‘14). Ello ha comportado la resurrección temporal del trío para compromisos promocionales del disco, finalmente colgado en octubre del ‘22 en el BandCamp de Buh Records -que también se ha encargado de la edición vinílica. Descontando el affaire de la voz, las modificaciones practicadas son si bien pequeñas, importantes.

El track list esgrime ahora un orden muy distinto. Al opus, además, se le han adjudicado ornamentos de sesgo EBM, industrial y hasta proto-trance; lo que redunda en una galvanización más intensa, en una musculatura más recia, en un imaginario más oscuro. Considerando que lo de Varsovia fue siempre synth punk, estas adiciones nimban a Diseñar Y Destruir de una aureola de tirantez levemente angustiosa, catapultando su retórica a niveles hiperbólicos. Ni siquiera en “Obedecer Sin Cuestionar”, en “Diseñar Y Destruir” (guitarra de Óscar Reátegui, de Dios Hastío) o en “Hablemos Claramente” (que samplea un discurso de Juan Velasco Alvarado); donde el synth punk que guiñaba a Suicide en Recursos... luce más nítido, éste permanece inmaculado. La filiación electronic body music va en ascenso desde el minuto cero, con las violentas secuencias martilleantes de Gonzáles y los tumultuosos sintes incendiarios de Pinzás, terminando por llevar al terceto a las puertas mismas del género en la despedida con “Torres De Tensión” (que tiene idénticamente aristas a lo Ibiza). Impávidamente machacón y dantesco, el sonido industrial hinca el diente en la apocalíptica “Cuerpos Anestesiados”, en la sepulcral “Palabra Del Demonio”, en la densa y sórdida “Gallinazos”. Corleone ofrece una performance tortuosa, siniestra y enajenada en estas piezas, correspondiendo así al esfuerzo de sus cofrades.

Mención aparte merece “Entre Velas Encendidas”. Cierto, puede reseñarse influenciada por los primeros actos EBM. La lastimera/quejumbrosa entonación que Sheri reserva para sus líneas le ubican, empero, más próxima a una tentativa electro-dark -probablemente, lo más cerca que ha estado nunca Varsovia del dark-gothic.

Esta sordidez, esta opacidad, no son gratuitas. Cuando escudriñas sus letras y los tópicos que aborda, notas que Diseñar Y Destruir no sólo es el postrer suspiro de Varsovia. Es asimismo el exorcismo de toneladas de mala vibra sedimentadas en las generaciones a las que les tocó vivir, bien en cancha bien en tribuna, la década dura del terrorismo en el país -los 80s. Una década donde la nación fue constantemente disputada, y más a menudo desgajada, por las fuerzas armadas y las organizaciones subversivas; en el marco de la guerra interna de baja intensidad que (mal)acostumbró a la población civil -tanto urbana como rural- a habitar el submundo de apagones, atentados y crónica zozobra existencial. Ése que millennials y centennials ignoran con el mayor de los desparpajos. Lástima que sea éste el adiós definitivo para Varsovia. La suerte, sin embargo, ya estaba echada en el ’17, cuando la terna se disolvió de facto. Con Vallenas fuera de órbita, Dante y Fernando se dedicaron a sus respectivos proyectos de vida, sin perder la complicidad indispensable para por fin hacer realidad este acetato.

Un EP como el jugado por Hunters Of The Alps para saltar el año anterior a la arena de las escenas independientes de sabor patrio, es menos infrecuente de lo que pudiera pensarse. Más extrañas son las coyunturas que han rodeado a este ni-tan-nuevo alias y determinado el sino que ha discurrido en su ruteo.

El rostro tras HOTA es el de Mario Giancarlo Garibaldi, compatriota emigrado a Miami. He leído que el a.k.a. nace como tándem en el ‘12, acompañado por entonces Garibaldi del también peruano Jorge Velásquez. Se dice que la dupla tuvo cierto rodaje en tierras septentrionales, lo que se me hace difícil de creer, toda vez que el extended ha sido presentado con bombos y platillos como el debut absoluto del hoy unipersonal. La presentación en sociedad, pues, ha sido diferida durante dos lustros.

Today Mañana EP, deslicé al iniciar este comentario, es menos insular de lo que sus circunstancias podrían denotar. Su pathos es idéntico al del genial Parallel Time EP de Blind Dancers, por citar un caso siempre a la mano. Siendo el músico un migrante, es bastante predecible que su ópera prima rezume esa nostalgia propia de quien ha vivido largos años lejos de la querencia/del terruño que le vio nacer. Lo que no siempre sucede es que esa añorante tribulación sea versificada en viñetas de pop exquisito, elegante y dinámico.

De “Miedo” a “Moment For Forgiveness”, me muevo en senderos dominados por un pop nostálgico de estupenda manufactura. Esa morriña se revela utilizando varias caras. La de los medios tiempos como “Moment...” (que conecta con la esencia de Peter Green y sus Fleetwood Mac) o “Tormenta” (de imponentes cortinas de teclados), es una de ellas. Otra es la de melodías de una vitalidad a la usanza del pop que sobrevivió sin inclinarse hacia el rock alternativo/grunge ni hacia el shoegazing, hasta que al promediar los 90s Garbage le dio el tiro de gracia, como “Cul De Sac” (guiñazos a The Ocean Blue) o “Tatuada” (buen trabajo de secuencias). Y otra más podría ser esa mezcla de estilizada electro-bossa nova y lounge pop que Garibaldi se saca de la manga para apechugar la relectura de “Costumbres”, original de Juan Gabriel y popularizada tiempo ha por Rocío Dúrcal.

A pesar de la diversidad de semblantes acreditada por Hunters Of The Alps, nada en la puesta de corto tiene pierde. Esto se debe a que el gran elemento unificador del extended es el excelente color de voz de Mario -la manera en que las vocales logran adaptarse a cada track de Today Mañana EP me inspira la imagen de un PedroPiedra de raíces peruanas.

Al voltear la quincena de abril del ‘22, se dispuso online un nuevo esfuerzo discográfico de Ayahuaira, agrupación que practica un black metal de letras abrumadas de referencias a la cultura y mitología quechuas provenientes de Huancayo. Esta particularidad le imprime un fortísimo aire tribal al incontenible aluvión de graves imperceptibles y de eléctricas que se precipitan raudas hacia riffs iterativos y trémolos apuñalados de reverb y distorsión, así como al titánico dique de los consabidos blast beats a los que es tan afecto el subgénero de nórdica procedencia. En consonancia con éste, los integrantes del juninense comando metalero se esconden tras crípticos seudónimos: Ochoja (primera guitarra), Sajgra (voz), Chopjas Atipac (bajo) y Mapache (batería y segunda guitarra).

Qarqaria, no obstante, viene a ser el cuarto acápite en la carrera de una sociedad que se cristalizó en 1999. Dicha carrera empezó un año después con el demotape El Poder De La Divinidad, siguió en el ‘02 con la maqueta El Dominio De La Verdadera Fuerza Suprema, y esperó por Wanka Bélica hasta fines del ‘11. Se trata, en consecuencia, de un itinerario de prolongados silencios -que en 23 años de desplazamiento sólo ha conocido cuatro paraderos.

Como si la falta de periodicidad le pasase factura al cuarteto, la primera mitad de su nuevo larga duración está reservada para el respectivo “reacondicionamiento físico”. La breve intro acústica de ribetes folk de “Lucanamarca Masacre” se desvanece rápidamente ante la irrupción de la electricidad conducida vía una pesada guitarra que no llega a estar demasiado tupida. Los efectos tipo metralleta al anochecer del canal se hacen eco de la barbarie de los hechos ocurridos en la localidad ayacuchana del mismo nombre (abril del ‘83). Con “Guerrero De Barro”, el black metal pisa más firme, aunque todavía sin la contundencia exigida. La que sí adquiere mayor protagonismo es la voz de Sajgra -una voz que ha superado cientos de veces los límites de enrojecimiento y sangrado, que luce hoy raspante y chillona, de igual modo que apenas descifrable. En “Qanpeq Taki Onkoy”, los cuatro disminuyen un poco las revoluciones, mientras que en “Mensajero De La Muerte” la tropa alternativamente se emputa y se atempera, dosificando tempos y encajando cuñas.

A partir de “Aynis”, el combo wanka asume control completo de sus capacidades, a la par que incrementa las alusiones al imaginario quechua-pagano-diabólico en las líricas que dispara. No hay que olvidar la feroz militancia anticristiana del black metal, que subsecuentemente abunda en reivindicaciones paganas, cuando no satánicas. Los blast beats a velocidades lindantes con el hardcore son la norma, pero Ayahuaira gusta de contrastarles empleando nodos de inflexión para la indesmayable marcha, como sucede en “Ayachaquinan”. El cenit de Qarqaria llega con la canción homónima, dedicada a la maligna criatura mitológica que adorna la carátula del CD -y que no es otra que aquella conocida en el sur altoandino como jarjacha, el demonio del incesto.

Ayahuaira homenajea a uno de sus principales referentes folklóricos, Los Kjarkas, ensayando una metálica variante de “Vientos Del Sur”. Razonablemente respetuosa del original, la versión concluye la travesía propuesta en Qarqaria. Ojalá no tengamos que esperar una década o más para su sucesor. La edición física en compacto corre por cuenta de la independiente capitalina Austral Holocaust Productions.

Alejandro Sarmiento estudia composición musical en la PUCP. Estuvo antes en Marbette y actualmente integra Superyó, alineaciones ninguna de las cuales había escuchado hasta ahora ni tan siquiera de oídas. Tampoco el nom de guerre de Gacelasheladas -pero la aparición de su primer EP, Lo Difícil De No Pensar, le puso de todas maneras bajo el radar.

Como sucede en el caso de los Chinese Park, Gacelasheladas lleva algún tiempo grabando y subiendo a Internet algunas de sus composiciones. La primera de ellas se cuelga el 30/03/20, cuando la pandemia del COVID-19 ya estaba declarada, y se había decretado en el Perú la emergencia sanitaria (“Ay Sí, Ay Sí, Todo Me Pasa A Mí (Lo Fi Remaster)”). De los cuatro cortes adelantados, sólo vale la pena mencionar éste y “No Sé Nadar, Pienso Violeta”. Los restantes, publicados durante el ‘21, suponen coqueteos con el trap francamente inmamables. En todo caso, ninguno ha sido repescado en el esférico.

Lo Difícil De No Pensar EP, ergo, se compone de cuatro rounds no editados previamente. Cuatro pistas en las cuales Gacelasheladas retoma el camino de los dos primeros singles virtuales. Pop con mayúsculas, que rebota entre varias salientes y camaleónicamente adopta el aspecto de éstas. “Gripe”, para empezar, es una demostración de lúdico lo fi, hiriente y doloroso. El contraste con “Surfeando Sin Olas En Italia” o “Copo” es más que palpable, si bien ambos números han sido cortados según diferentes moldes: pese a su vitalidad, el primero no es demasiado colorido, sobre todo tras la metamorfosis hacia el college rock usamericano noventero (concretada antes del minuto y medio). El segundo, en cambio, es la balada de cierre; y por lejos el asalto más dilatado del plástico.

El indie pop de “Otoño, Amsterdam Está Sola + Boxtel”, en tanto, se esfuma conforme la canción se “aflamenca”; antes de transformarse en lo que podría describirse como bedroom pop aderezado por Fernando García Escaró (a) Garzo (Metamorphosis, Radiación Selenita, Plug-Plug). A pesar de las disparidades, el artefacto completo funciona como banda sonora para las clásicas fogatas de campamento a altas horas de la noche. Aceptable, y suficiente por ahora. Edita Anti Rudo Records.

Bien distintas unas de otras, de las tres facetas bajo las que José Rodríguez publica documentos sonoros, sin duda Aloysius Acker es la que más satisfacciones le ha reportado. Entre EPs, mini-LPs y placas de largo aliento; esta identidad suya lleva ya ocho títulos a cuestas, algunos más redondos que otros, algunos más conmovedores que otros. El último de éstos, un mini-álbum eyectado en primera instancia a través de SuperSpace Records, posee un nombre lo bastante hermoso como para inscribirle en la maravillosa tradición del primigenio post rock británico.

Algo de eso tiene, pero Last Seconds Of A Cloud no sólo se alimenta de este detritus. Desarrolla AA aquí prolongaciones hacia el bliss pop y, en menor medida, el shoegazing. El magma que de esa conjunción brota es procesado por el autor manejando copiosamente motivos lánguidos/laxos. De este modo, la impresión general es la de estar ante el registro más apacible editado a la fecha por la factoría Acker.

En los cuatro tracks de Last Seconds..., pues, se revuelven y maridan el baggy y su pariente/descendiente más cercano -el bliss. En “Moonlight Monologue” y en “The Sky Is Still Sleeping”, la natural aleación se transforma en inmaculado ambient etéreo de estructuras líquidas. En “A Bird Freezing To Death” y en “Last Seconds Of A Cloud”, se acrisola además la vertiente inglesa del post rock de los 90s -léase Insides, la evolución de Main posterior al Motion Pool (1994). Previsiblemente, estos dos últimos números son los que asimilan grabaciones de campo proporcionadas por Anamorph Experimental Music, artista vienesa que ya antes había colaborado con otro unipersonal perucho -el arequipeño La Vie.

Cualquiera de los temas recogidos en LSOAC atestigua la mirada serena, la actitud contemplativa, el impulso minimal que presidiese el espíritu del artista durante la creación y grabación de los mismos -que éstos formasen parte de un único volumen, como afirma Rodríguez en la sumilla de BandCamp, es meramente incidental. O tal vez mandato del Destino, en su infinita sabiduría.

Profundamente comprometida con el shoegazing y el post IDM, es desconcertante encontrar en la plantilla de una independiente identificada con las “vanguardias sónicas” a un proyecto como Domingo. José Miranda Espinoza es quien se parapeta tras ese nombre -que es también suyo-, y lo hace dando pie en bola a un extended de indie pop erigido con pocos recursos y mucha fibra emocional. Desconcertante, pero también emocionante, porque habla de una saludable ausencia de prejuicios en quienes dirigen la escudería -y quizá augure una apertura de Chip Musik hacia este rango de sonidos.

Miranda Espinoza es una persona ya algo mayor, que compone desde el ‘92 y ambienta desde el ‘01. Esto último está en directa relación con su perfil laboral: “comunicador audiovisual, diseñador sonoro y acústico de profesión”, reza la escueta biografía de su cuenta SoundCloud. Es también padre de dos hijas, que participan respectivamente en voz (Loreto) y viola (Danitza) en algunas canciones del extended de estreno, y a quienes éste va dedicado. Una sola mirada a la portada basta para darse cuenta del denominador común afectivo que enmarca estas cinco composiciones. “Vuelve A Ser Lunes”, “Después De Que Alguien Ya Cruzó”, “One More Time”, “Con Globos De Color” y la pieza epónima: cinco lienzos de líricas reflexivas y melancólicas, como espejos donde auscultar y sobre todo desterrar desengaños, sobrecogimientos, íntimas cobardías. Un puñado de cantatas que ha necesitado siete años para cobrar definitiva forma, entre Valpo y Lima.

A través de algunas de sus variantes, el indie rock que restalló en los 90s y llegó indemne a principios de los 00s es el factor sónico constante en Tarde Para Regresar EP. Hay algo de lo fi elemental (“One More Time”), algo del Pavement más huevero y naif (“Tarde Para Regresar”), algo del pop agridulce de los escoceses Camera Obscura (“Vuelve A Ser Lunes”), e incluso declaraciones de amor a la superlativa tradición indie surgida en España durante la última década del siglo XX (“Con Globos De Color”).

Sólo por un momento, esa atmósfera relajada y slacker cede ante la irrupción de una tonalidad divergente. Ya el scratch con que empieza y termina “Después De Que Alguien Ya Cruzó” indica un retroceso mayor, hacia esos 80s en que The Cure abandonó el dark y finiquitó su traspaso al pop dulce de The Head On The Door. “Después De Que Alguien...”, de hecho, se parece ligeramente a “The Exploding Boy”, enérgico B-side de la época THOTD -para ello complotan el acabado rústico del track y su uso extensivo de una drum machine.

Se nota que la producción del EP ha sido cuidadosa y esmerada, detalle que no entra en conflicto por fuerza con el aire desprolijo del registro. Al contrario, lo sostiene y reafirma. Así es la música de Domingo, que ha anunciado su primer álbum e incluso ha lanzado ya single de adelanto (“Ha Salido El Sol”).

Hákim de Merv

jueves, 9 de febrero de 2023

Alunaki: Sueño Ameba // Chinese Park: Manual Eterno De Recuerdos Confinados // DJ Locopro: StArS EP / Tan Lejos // Vorágine: Puñales En Los Bolsillos EP // Apnoea: Radium EP // Underground Junín Vol. 2

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de febrero del 2023.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2022 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (II)

Apelar al oxímoron que es hoy la figura del “disco de transición” se ha convertido en arma de dos filos. Atrás quedaron las épocas en que se le tomaba como un comodín para evitar profetizar si la carrera de bandas o artistas estaba por dispararse o por descalabrarse. Actualmente se tolera todavía su uso, siempre que esté acompañado de la predicción de rigor. Mas, a pesar de ese descrédito, hay otras maneras en que esta frase puede aún validarse.

Semanas después de cumplirse el segundo aniversario de la salida de Telescopio, Alunaki despacha al sucesor de su vitoreado entré. Sueño Ameba deja el bastidor en las postrimerías del ‘22, integrado su repertorio exclusivamente por canciones nuevas -ya que outtakes como “Lágrimas De Lodo”, “Cuarentena”, “Inicio” o “Círculo” no se han considerados. No había cómo, en realidad: para el nuevo esférico, Raúl Begazo abandona la zona de confort que le había deparado la experiencia anterior, poniendo proa hacia aguas un tanto más encrespadas.

Al ser Sueño Ameba un álbum más versátil, resulta tentador chantarle la socorrida etiqueta “disco de transición”. Si ésta se le ajusta, no lo hace en un sentido ortodoxo. Para empezar, el músico arequipeño no revalida la hegemonía del shoegazing, sino que se postula más cerca del tripgaze macerado en sus días como miembro del dueto Paisaje 3. Más cerca, no “a la vera de”: el tripgaze que despliega Alunaki tiende a ser altamente permeable, flexible, dúctil. Obvio, hay momentos en que SA alcanza los estratos bristoliano-noisicos del memorable Sesión Invernal (2016), como la trilogía que ensamblan “Forever”, “Veneno” y “Agua”. Son muchos más, con todo, los episodios en que esa impronta abandona posiciones frente al avance de otras variables -o, simplemente, se lo toma con toda la calma del mundo.

Ilustrando el primer caso están la neopsicodélica “Nunca Es Tarde” (cuya flamígera guitarra prende la mecha de un groove delicioso) o la ácida “Riendo De Todos” (de violáceos efluvios celestiales -sólo le faltó materializar un troncho roleado por Jason Pierce-). También, el baggy achorado de “Ultra Rumi”. En cuanto al segundo caso, es refrendado por el lúdico ejercicio de “Zion” (Orfa Ponce en voz, quien ya había grabado en Telescopio), el corte epónimo (que da inicio al CD esgrimiendo una fina capa de scratch moviéndose declinante en circuito cerrado), el dúo de fraseos entre el mollendino y la ¿freestylera? cantante Fershee Djin retratado en “Un Nuevo Verbo”, o el rave distendidamente pasotista de “Locuras De Adentro”.

Begazo confía el colofón a “La Orden Del Delfín”, gesta en plan electroacústico, prontamente invadida por rasgos que inclinan la balanza en favor del ethereal noise -voces susurrantes, feedback a granel, la guitarra recreando el plácido y agradable gancho pop que distingue al shoegazing... Un final que resarce al género en cuestión por lo pequeño que ha sido su papel en Sueño Ameba, sin augurarle U-turns en el horizonte de Alunaki. “Disco de transición” lo bastante heterodoxo como para no percibirse tal.

Bonito regalo el de Manual Eterno De Recuerdos Confinados, puesta de corto con que al fin se estrena el quinteto Chinese Park, originario de Huancayo. El combo  comienza  su existencia en el ‘18, manteniéndose su formación inicial -Alejandro Arrieta (guitarra), Raúl Macha (bajo) Denise Monteferrario (vocales), Ángel Flores (guitarra), Kevin Yauri (baquetas)- intacta hasta la actualidad. Su primera canción publicada, una toma de ensayo de “Alt F4”, data de febrero del ‘21. Tras de ella vendrían el single virtual “Análisis Funcional De Mis Pensamientos” y “Mañana Siempre Puede Ser Peor”, canal este último difundido vía Perdiendo Peleas, Ganando Amigos Vol. 04 (2022), compilación de Anti Rudo Records. Salvo “Alt F4” en remozada lectura, ninguno de estos adelantos forma parte de Manual Eterno...

La placa florece y se fructifica en el sonido que ya anunciaba Chinese Park anteriormente. A saber: un indie pop presto y raudo, de melodiosos riffs, que no le hace ascos al punk ni mucho menos al hardcore de bajas revoluciones. Algo así como una fusión entre los canadienses Billy Talent y los extintos marilandeses de Velocity Girl. Según qué canciones, la agrupación elige dar preponderancia a una u otra tonalidad. La tradición indie usamericana es invocada en pasajes como el breve telón arriba de “El Repentino Despertar De La Consciencia” o “Creciente Y Lunático”. En la otra esquina, el añoso feeling punk gana contundente en “No Puedo Cambiar” y por cansancio en “Alt F4”, asomándose al término de ésta una desnuda eléctrica que remite a los Yo La Tengo más crepusculares.

Algunas voces han señalado una prehistoria emo en el devenir de Chinese Park. Si fue de esa guisa, actualmente no quedan rastros de ello. Ni siquiera en lo que se erige como punto medio “físico” y estético de MEDRC: tercero de cinco, “Días, Miedos” tributa por igual al indie, al pop y al punk. Aquí es, para más señas, donde mejor descuellan esas ardilosas guitarras melódicas de la mancuerna Flores-Arrieta. Bruñen éstas las presurosas curvas que el conciso artefacto recorre durante casi trece minutos. Agraciado debut con pie derecho, que edita efusiva la gente de Anti Rudo.

He dejado de escribir un tiempo acerca de DJ Locopro, porque el man es una auténtica locomotora. El 2022, empero, fue un calendario particularmente prolífico no sólo para ese seudónimo, sino también para otros que sostiene en paralelo Miguel Ángel Elescano -Reynaga, Lutero y el recientemente promovido Maria Reiche. Así que ya toca volver a darse un paseo por las inmediaciones de DJ Locopro Country.

Nada más arrancar el año pasado, concretamente en Bajada de Reyes, el unipersonal despachó StArS EP. Más parecido a un mini-álbum, este fugaz interludio le permitió al limeño probar la inserción y reacciones de nuevos recursos en su dialéctica habitual, fundamentada en el hibridaje entre Detroit y Chicago. Es la que ofrece el extended, entonces, una versión más distendida del sonido Locopro. Una que, por un lado, consiente en que el ambient se inmiscuya un poco más de lo normal; mientras que, por otro lado, coquetea con el bouncing cuadradito y marcial de la apocalíptica EBM. Salvo “Nightin”, en la línea de capítulos anteriores, todo el contenido de StArS EP testimonia esa especie de hebefrenia sónica.

Existe otro factor a considerar, y ése es el empleo de secciones introductorias para cada composición (incluyendo “Nightin”, por supuesto). No son éstas necesariamente largas, aunque tengan esa pinta casi siempre, debido a que la musculatura tech-house que en secuencias, ornato y diseño de ambientaciones utiliza de continuo Locopro suele irrumpir desde el inicio mismo de las pistas. Así, “After”, “Diamantes”, “Lima Me Aniquila” o el round epónimo del mini-LP se ven en la necesidad de esperar unos cuantos segundos calentando motores, antes de que se produzca el verdadero despegue.

Algunas de las coartadas estilísticas expuestas hace unos renglones consiguen ramificarse hacia Tan Lejos, registro lanzado a fines de agosto y más susceptible de ser catalogado como extended -el formato visiblemente favorito del alias-, pero que sólo recibe esa denominación en la sumilla epilogal de BandCamp.

En este nuevo aperitivo, Elescano se desentiende por completo del ambient y de cualquier rasgo EBM. La convulsión electro que sacude la prologal “Dulce Atmósfera”, muestreo de la legendaria serie anime Macross incluido, pone de relieve esa intención. Por otro lado, el resto del programa refrenda el uso de esos trazos introductorios acreditados en StArS EP, que no alteran el hormigón y el ladrillo con que Locopro construye sus edificaciones sonoras.

Lo que sí altera al modus operandi, y para bien, es una actitud abierta a integrar en la argamasa otro tipo de elementos, con el fin de robustecerla. Allí está el techno-beat de “Melancolía” y sus luminosas progresiones de software/hardware, que enmarcan el decimoquinto de los célebres Veinte Poemas De Amor Y Una Canción Desesperada (del aedo chileno Pablo Neruda). Allí, el techno-trax minimalista de “Space Mood”, que sin embargo permanece apolíneo -una de las cualidades inmutables del universo DJL.

Tan Lejos cierra con “Aldeana”, insólita pieza casi contemplativa de solemnes teclados, que repite como un mantra las palabras “llora un trágico azul”, extraídas del vallejiano poema del que recibe el nombre. Constato, en estos dos compactos, que Miguel Ángel no sólo busca evolucionar probando otros sabores, sino también que se inclina más por aquello que encuentra que por aquello que busca.

Difícil dar con info en redes sobre Vorágine. Lo poco, poquísimo que circula por allí, habla de un trío de cierta antigüedad, cuya primera y única referencia en largo está clasificada dentro de los metálicos lindes del death y del black (Demo II, ‘17). Esa taxonomía no deja de provocar cierta sorpresa, ya que en Puñales En Los Bolsillos EP se han integrado cepas de diferentes procedencias. ¿Implica ello una nueva configuración al interior de sus filas? ¿O, en todo caso, una evolución/reevaluación en sus objetivos? Las respuestas a estas preguntas permanecen pendientes.

PELB EP salta a las calles como cassette en febrero del ‘22, aupado por The Horde Of Nebulah Records, label y distribuidora especializada en d-beat hardcore, punk, metal y rock’n’roll puro y maloliente; que inicia actividades en el ‘16 y cuya sede social se encuentra ubicada en el tradicional distrito de Pueblo Libre. Su radio de acción es global, felizmente. Dos ejemplos al azar: Reflejo Vomitivo (‘18) de los chilenos Trepanación y Decaying In Obscurity (‘20) de los nipones Anatomia. Siempre en modalidad tape.

Lo más reciente de Javicho/Ramón/Poncho apenas si rebasa los siete minutos. Sus cuatro surcos son expelidos a velocidades demenciales, que evocan por igual al crust, al metal, al hardcore en su variante d-beat, al punk, e incluso al fastcore -el baterista debe estar ya lidiando de por vida con un severo cuadro de bursitis crónica. Pese al tiempo que lleva en la brega (seis almanaques), el otrora acto solista no ha perdido un ápice de brutalidad, como sucede con otros similares. Por el contrario, Vorágine sigue sonando apabullante, enfermazo, agresivo en extremo, asesino. Pese a su escasa locomoción, la guitarra golpea aún con fuerza, y la voz se desgañita hasta sangrar, recordándome a veces su color a la de Rafo Komodo (el cantante de los desaparecidos Manganzoides).

Debería planearse una versión CD de Puñales En Los Bolsillos EP. Esta producción necesita más chamba de estudio que le otorgue mayor volumen a la voz, prácticamente ininteligible. Además, los tres primeros cortes -“In Front Of The Abyss”, “The Pallid Tongue”, “Pleito”- van entrelazados, pormenor que no sé si la manufactura en cinta observa. El video en YouTube se zurra en el detalle, y en BandCamp ocurre lo propio por defecto. Un poco más de chicha sobre el terceto en Kill The Zine número 5.

Por ahora inscrito en esa estirpe de creadores sonoros locales que se sienten a gusto sólo en el anonimato más impenetrable, el solista Apnoea dice presente en el catálogo de Chip Musik a través de Radium EP. Colgado a mediados de octubre del ‘22, el extended le sitúa en predios de un bien entendido diletantismo, que decide habérselas con las vanguardias pop en su acepción noventera (¿las últimas de la Historia?).

El accionar de Apnoea es arisco, casi montaraz. Desde las primeras notas de Radium EP, es innegable la hosquedad de registro elegida por el ignoto no-músico para revestir su output. “ACLS”, en efecto, tolera la metáfora de un zumbido atosigante tras sus primeros 20 segundos. Con mucho esfuerzo, pueden detectarse matices que hablan de una proximidad con el ambient y el post-pop, si bien es complicado desmontar esa gruesa capa de drone para apreciarla.

El dramático contraste de “Ivy Mike” le hace lucir más melódico. Sin prescindencia de los graves, el track asimila un pródigo armazón rítmico borroso, que sugiere intenciones de esbozar algo así como un drum’n’bass apenas bosquejado. El misterio que rodea “Entelequia”, de cadenciosa intensidad, hace pensar en un equivalente peruano del primer Disjecta. Aquí se anima por primera vez Apnoea a samplear una voz, lo bastante deformada como para sintonizar con el rostro mostrado.

Firmada por los Seefeel de una realidad paralela, “Atomzahl” dilata el flirteo del capitalino con el ritmo, aunque éste se va afantasmando conforme avanza el láser, ahogado por poderosas reminiscencias industriales. El raid finiquita gracias a “Phase 1”, primera composición conocida de Apnoea al haberse entregado para el decimocuarto título de la saga Lego (Autumn Tapes, ‘22). La toma es exactamente la misma: apabullante murallón de sonido para contener un ambient de blanquecinas asperezas, que sólo en su agonía condesciende a la síncopa -el símil con los pininos de Boards Of Canada no es descaminado. En cierto modo, “Phase 1” es el cenit de Radium EP, el caldero en que Apnoea centrifuga todos los ingredientes antes utilizados.

Suerte con lo de la identidad desconocida. La aplastante mayoría de sus predecesores ha terminado siendo identificada -salvo Time Traveler, Laikamorí y Mongo No Stars.

Underground Junín Vol. 2 desdibuja buena parte lo que había avanzado Arte Sonoro, colectivo de músicos de la zona altoandina central del país, con su predecesor de hace dos años. Primera razón que justifica este juicio: el panorámico no sólo no amplía su radio de acción para incluir exponentes de todas las provincias del departamento de Junín, sino que le reduce a únicamente tres. Dichas provincias son Huancayo (3), Jauja (1) y La Oroya (¡9!). La desproporción en el reparto de las tajadas no hace sino subrayar cuán alentador era encontrar en Underground Junín Vol. 1 gente de Satipo, Pilcomayo, Chupaca... A esas cifras se suma la aportación de Lima (2) para llegar a los 15 actos involucrados en este segundo tomo, frente a los 20 conjurados en el primero.

Segunda razón: la variedad estilística se ha visto draconianamente mermada. Si antes entusiasmaba escuchar sonidos juninenses emparentados con el grunge, con el EBM, con el metal, con el indie y hasta con el reggae; la paleta de colores del ...Vol. 2 es tan exigua que no ha quedado de otra sino agrupar en segmentos los canales que más o menos comparten género, perfilándose tres compartimentos distinguibles al primer golpe de vista/oído. En ello también ha tenido que ver la extensión de la compilación -poco más de 62 minutos, contra los más de 83 de la anterior.

Tercera razón: descontando un par de números ya divulgados en discos propios, ningún asalto de esta pelea consigue destacar por encima de los demás. Esto no quiere decir que Underground Junín Vol. 2 sea una rodaja prescindible, pero sí una en que la medianía campea a sus anchas. En lo tocante a su primera tramo, se ha apostado por un synth pop/electropop que literalmente brilla en la oscuridad, apertrechado de no pocos chisguetazos de éter supersónico. Sucede con “Génesis” de Diogen Svemir, con “Saudade” de Chungking Express y con “Paraíso VIP” de Orsound. Suena exótico el maridaje, aunque se agota demasiado pronto.

En lo concerniente al segundo sector, el pop/rock se tiñe de negro, variando su grado de intensidad de acuerdo a quien performa -titubeante en “Bailes Muertos” de Zorstka (más techno pop que pop/rock, a decir verdad), en “El Retrato” de Morojo y en “Instante Eterno” de Adox Zars; monolítico en “Ataduras” de los limenses Rawa. Mientras tanto, la última sección ha sido reservada para los músicos que todavía pueden catalogarse como “de avanzada”. Los temas dados a conocer pertenecen a Miyagi Pitcher y a Time Traveler -“Ikigai (生きがい)” en el disco del mismo nombre del primero, “Old Astronaut 29.000” en Micelio del segundo (remezclado para la ocasión por Alcaloidë). El resto -“Ciudad Cristal” de Paititi, un succourizado “Crystal Beings” de Xtredan, “Génesis” de Ivo Macross- parte del post-IDM para recorrer fatigosamente el espectro de la música electrónica que traspuso el umbral del nuevo siglo. De todos ellos, indudablemente el más aventajado es “Sueños De La Eternidad En 5 Minutos” -y no deja de ser llamativo el hecho de que su impulsor, Walls, sea el mismo de Orsound.

Podría Underground... 2 haber salido mejor librado, si no fuera por dos horrores mayúsculos. Curiosa coincidencia, ambos son reformulaciones de canciones ajenas. Una, segunda intervención de Diogen Svemir, es la revisión de “Space Age Love Song”, el incombustible clásico de A Flock Of Seagulls. No lo hace mal reconstruyendo el hit a partir del electrogaze al que hacía alusión hace un rato, pero las frecuencias de grabación alcanzan no pocas veces picos de sobresaturación, convirtiéndose en “puntos ciegos”. La impresión que deja este error de principiante es terrible. En cuanto a Lunática Terrestre, propone un desabrido cover en clave seudo bossa nova lo-fi de “¡Qué Bonito!”, original de Rosario Flores, más conocido por la versión bachatera-pacharacaza de una tal Vicky Corbacho. Ni pizca de imaginación. No era nada del otro jueves lo que exhibía Lunática Terrestre en ...Vol. 1, pero esto se me hace francamente intragable.

Hákim de Merv

jueves, 2 de febrero de 2023

Grita Lobos: Aínbo // RAJR: Vacuo EP / Dispersión EP // Titania: The Maverick // Santa Madero: Ya Tengo Nostalgia Por Conversaciones Que Tuve Ayer // Juan Nolag: Fragmentos // Marco Mora: Rayo Tercero

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 25 de enero del 2023.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2022 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (I)

Por circunstancias totalmente involuntarias, nunca se me había dado la chance de reseñar un álbum de Grita Lobos. O éstos se me pasaban sin más, o me llegaban a los oídos noticias suyas demasiado tarde como para garrapatear algo al respecto. Ergo, ésta será la excepción (que espero trastoque la regla).

Grita Lobos es el seudónimo elegido por Mario Reggiardo para dar vida a su alter ego artístico en el ‘10. Tras ese chaplín, correspondiente al de una playa perdida en la costa ancashina, el limeño ha publicado dos volúmenes en estudio -Grita Lobos (2012), Katalaxia (2017)- y un artefacto de remixes a cuatro manos junto a Eniac51 -Katalaxia Remixes (2021)-. Ninguno de ellos maneja una noción conceptual tan nítidamente perfilada como la subyacente a Aínbo, rodaja eyectada el primer día de primavera del ‘22.

En shipibo-konibo, idioma del oriente peruano, “aínbo” significa “mujer”. El plástico así bautizado es un manifiesto que rehabilita a la Mujer y a sus incontables aportes, en los campos de las ciencias y de las artes, a la cultura humana; contribuciones muchas veces ignoradas o expropiadas. Integrado por nueve piezas, ocho de ellas reciben nombres de una científica/de una educadora/de una artista/de una activista que ha sido estigmatizada y rechazada -para ser, largo tiempo después, finalmente reivindicada. Desfilan así por los tímpanos creaciones sónicas ofrendadas a Katherine Johnson (afroamericana cuyos cálculos en mecánica orbital facilitaron los vuelos espaciales tripulados), a Miguelina Acosta (connacional activista anarcosindicalista, maestra que luchó por los derechos de las mujeres, la clase trabajadora y los pueblos amazónicos), a Utako Okamoto (científica nipona que descubrió el tratamiento para detener las hemorragias post parto) o a Funmilayo Ransome-Kuti (sufragista, educadora, activista por los derechos de las nigerianas).

En los hechos, Grita Lobos continúa alimentándose tanto del intelligent techno como de la electronic body music. Ese encontronazo de géneros a todas luces distintos no es tan dramático para Reggiardo. En todo caso, no luego de dos experiencias previas, suficiente banco de pruebas para emulsionar la respectiva sinergia. El detalle es que ahora la música del capitalino se desplaza hendiendo dimensiones abiertas: no trajina contenida, como sucedía antes, y ello es consecuencia de prescindir parcialmente de la síncopa. Recién en “Miguelina” hay un atisbo de programación, y la siguiente vez que ésta asoma (“Christine”), lo hace insinuada/discontinua.

Paradójicamente, esta suerte de “sublimación” anega a Aínbo de un hipnótico misticismo que me faculta a hablar de cierto talante tribal, sin estar omnipresente un elemento tan consustancial a ese cariz como el de las percusiones/programaciones. Grita Lobos echa mano del echo reverb y loopea sin descanso, gestando así atmósferas no por oscuras más recargadas. En ese equilibrio radica uno de los dos aciertos fácticos de la placa. El otro, a tono con la idea matriz, se fundamenta en el plus de colaboradoras con que el unipersonal ha contado para la ocasión: la thereminista Silvana Tello en “Katherine”, La Zorra Zapata en “Funmilayo” y la cantautora Ati Lane en “Christine”, entre otras.

El desolado lunar que he encontrado en este Aínbo es la epilogal “Utako”, al lado de Budapest, grupo en el que milita Maribel Tafur. Su condición de depurado ejercicio IDM, basculante la mayor parte del tiempo entre el Orbital pre-In Sides y el Speedy J de Ginger, le hace merecedor de esa interesante condición.

Las crónicas afirman que ROJO fue un proyecto multimedia impulsado por Rolando Apolo y Jorge Rivas (Ionaxs, Puna), extrapolado al mundo real en el ‘14. Con ese formato, se hicieron algunas presentaciones hacia el ‘16. Recientemente, ambos individualistas han retomado la actividad conjunta, sólo que ahora escudados tras el ¿acrónimo? de RAJR y reconduciendo esfuerzos al apartado estrictamente sónico. Corona dicho retorno la liberación, en dos meses, de sendas realizaciones discográficas de corto minutaje; naturalmente desde los bytes de Chip Musik Records.

La primera de ellas fecha a principios de octubre último. Vacuo EP consta de una solitaria toma que rebasa la media hora de amplitud. Ya disipado el fade-in de arranque, el tándem acomete una borrasca neblinosa de ruido digital que avanza pesada y caóticamente, por lo menos al principio. Al promediar su primera mano de minutos, ya el polvo va asentándose, dejando entrever jirones de concierto -entrever, nomás, porque para una mejor apreciación se precisa contar con audífonos. Otra mano de minutos y las limaduras se han asentado lo bastante como para percibir el orden en medio del galimatías: por el canal izquierdo, una perenne masa de estática que recorre sin pausa y en bloque diversas tonalidades tímbricas. Por el canal derecho, trombas de sobrecarga eléctrica en constante explosión. Por debajo de éstas identifico efectos, teclados, alguna guitarra. Un fade-out repentino, aunque algo tardío, pone fin a la hiperbólica travesía.

Aparecido a comienzos de diciembre, Dispersión EP maneja un formato comparativamente más convencional, un poco menos inasible. La apertura “Nauscopy” marca distancia de lo mostrado en el extended anterior, al postular un post rock rebosante de ese groove que repartía a destajo la rama más “funk” de Spacemen 3. “Outpart” aplica el contraste respectivo sumergiéndose de lleno en calmas aguas IDM -la sobriedad de la que hace gala me remite al ambient house de los primeros episodios facturados por el noruego Biosphere. Contradiciendo el significado del vocablo, “Ataraxia” corrige y aumenta la hosquedad de Vacuo EP transformándose en un alud de noise ácido y corrosivo, encaramado sobre subsónicos haces de luz negra. El ulterior “Mondo” tienta exitosamente un sinuoso/líquido morphing entre sus dos inmediatos predecesores.

Anuncian Rivas y Apolo -músico este último que ha protagonizado jornadas históricas para el background del avant garde independiente perucho- que estos EPs son parte de una serie de lanzamientos que RAJR tiene en agenda dar a conocer prestamente. Lo que no me queda claro es si se trata de material ya grabado o si el binomio está componiendo ex profeso para la nueva etapa de su existencia. Sea una cosa o la otra, bienvenidos de vuelta.

Hasta el ‘19, concretamente agosto, aún podía hablarse de la supervivencia (latente) de Reino Ermitaño. La conocida agrupación de heavy a lo Black Sabbath y doom metal había arribado activa al 2014, cuando alumbró su quinta entrega, Conjuros De Poder. Desde entonces, empero, no se tuvo noticias de sus pasos -salvo por la reedición vinílica del epónimo debut (‘03), que Necio Records solventó y que puso a la venta en la fecha indicada al inicio de este párrafo.

El estruendoso fogonazo con que se da a conocer Titania en diciembre del ‘22 se constituye, pues, en confirmación de la definitiva extinción de la recordada formación metal. El nuevo combo nace en el ‘20 de la mano de Tania Duarte, cuya voz identifica las andanzas de Reino Ermitaño, y de Eloy Arturo, ex guitarrista de Kranium que ingresase al pelotón eremita a partir de Veneración Del Fuego (2012). Completan el line up el percusionista Renato Bar y el bajista Mito Espíritu (también ex Kranium).

Modelado por grabaciones efectuadas entre el ‘20 y el ‘21, The Maverick privilegia los medios tiempos fermentados en esa metálica aura dantesca forjada sobre el yunque a tres martillos -el del heavy, el del doom, el del stoner. Ese ímpetu encarnado en “Burning Witches”, “Indigo Blues”, “Cintamani”, “Jaguarundi” o “Sorrow”; se mueve pesadamente, casi reptando, sin sacrificar la férrea contundencia que provee la base rítmica Bar/Espíritu. Lo demuestra su capacidad de metamorfosear ese mood con la imprescindible rapidez como para soltar mazazos dotados de una mayor vivacidad, apertrechándose de un wah-wah enfundado en terciopelo que permanentemente emite malignas pulsaciones nocivas in extremis: la tríada de ‘bienllegada’ que se despliega con la maléfica coda “Ghoul”, continúa con “Raven” y finaliza rozagante “Matrix Creatrix”; “In Your Eyes”...

El único momento en que Titania muda de piel casi del todo es “Shaman”, ¿semi-balada? electroacústica más propia de remotos espacios rurales que del submundo nocturno sito en periferia urbana en que se recrea el resto del repertorio del cuarteto. Hasta la instrumentación convencional cede protagonismo a quenas, zampoñas y charangos; en sintonía con el psicodelicósmico tripeo stoner que “Shaman” comporta.

Para ser alguien que normalmente no le entra al género metal (cf. la nota del año pasado sobre Matus), grupo y banda me han sorprendido mucho. Pese a las vibras oscuras y agobiantes, The Maverick exhibe un registro muy limpio, de altos estándares técnicos. Lo mismo puede asegurarse de la habilidad en la ejecución de cada asalto en que Titania se traba. Sólo una duda (menor): ¿seleccionaron el nom de guerre por el personaje de X-Men o por la reina consorte de Oberon? Me tinca que es lo segundo.

Cuando escuché a Santa Madero por primera vez, fue en vivo, tocando en un evento realizado en el Centro Cultural de España a fines de noviembre del ‘19. No sé decir si estaba en otra, o si simplemente no sintonicé con la música practicada por el entonces sexteto -una suerte de pop de juguete levantado sobre el rhythm’n’blues blanco. El caso es que no me gustó para nada. Decidí, a pesar de ello, no perderles el rastro. Condiciones tenían.

Sin ansiedades, Santa Madero debuta en largo a mediados del ’22. Si mi memoria se porta todavía como buena, este Ya Tengo Nostalgia Por Conversaciones Que Tuve Ayer supone para el conjunto una dramática reconversión respecto de lo exhibido aquella ocasión en que le conocí. Apenas despega el esférico (bastante más sucinto que su título), percibo un pop de semblante muy distinto. Porque sí, lo del hoy trío sigue sintiéndose pop, con la diferencia de ser ahora electrónica su raíz. Si bien ello es notorio sobre todo en el primer segmento, ese aspecto digital del  sonido  de  esta  jornada  llega  hasta  el  último segundo de sus 27 minutos y pico -aunque más disimulado, de todas maneras perceptible.

En ese primer segmento aludido, Santa Madero suena harto a Entre Ríos. La melodiosa indietrónica de la terna argentina fluye a través de las venas de “Puaj!”, “Piloto” y “Alguien Así Como Tú”; testimonios de una estética prístina, chisporroteante, que incluso se trasvasa pudorosamente hacia el drum’n’bass en “Algo  Así...”.  La  performance  vocal  de  Karina  Castillo es excelente -algunos de sus tonos e inflexiones me recuerdan a la Björk del Vespertine (‘01).

Tras “Mocedades (Aviones)”, la intensidad va decreciendo progresivamente, dando lugar a canales donde la saudade va embebiendo las ambientaciones sonoras -“Todo Bien”, “Un Pequeño Desastre Planeado”, “Cruzar La Pista”, “En Nombre De Todos Mis Encantos”. Ahí caigo en la cuenta de que Ya Tengo Nostalgia... alberga dentro de sí una historia. La primera palabra que me viene a la boca es “transición”. No un LP de transición, sino una historia de transición. De la mocedad a la adultez. De la exaltación y la jovialidad de la primera a la melancolía y la serenidad de la segunda. Sólo  entendido  de  ese  modo,  tiene sentido el descenso de adrenalina -o mejor dicho, el aumento de estamina.

Así aquietado el concepto implícito a las ocho primeras canciones, llego a la postrera, que desde el nombre me revela cierta ironía. A despecho de tener el mismo envoltorio sónico que el resto de YTNPCQTA, la esencia de “No Puedo Creer Que Hayas Llegado Aquí” es la de una balada esculpida en los antediluvianos 60s, a orillas del mar mientras el Sol termina de morir. Acabo sentado, mecido por sus notas finales, sin poder evitar una comparación a tanto trasversal con “When You’re Gone” de The Cranberries, añeja melodía de mi noventera juventud. Concurro sin reservas: el estreno de Santa Madero está muy bien elaborado, tiene un output asaz empático, se vertebra en torno a una lacerante y poderosa idea. Pero no puedo evitar odiar el hecho de que me haya bajoneado un toque.

Fundado en Chaclacayo en el ‘16, Santa Madero era en principio Karina Castillo (voz), Dan Joe Salazar (teclados) y Aura Buntinx (coros). Para fines de ese año, el trinomio se duplica gracias a José Luis Gonzales (guitarra), a Rodolfo Rueda (bajo) y a Francisco Zaragoza (batería). Actualmente, y debido al nuevo escenario dictaminado por la emergencia sanitaria, el combo vuelve al formato de terceto -siendo los “sobrevivientes” Castillo, Gonzales y Salazar.

Fiel al objetivo de utilizar la Música para plasmar las emociones, las vivencias y las impresiones que le proporciona su experiencia vital; Juan Esquivel a.k.a. Juan Nolag ha dado curso libre en Fragmentos -noviembre del ‘22- a un manojo de temas ensamblados durante los dilatados periodos de encierro pandémico que hemos debido afrontar como sociedad. Algunos de éstos han sido liberados vía la cuenta Instagram del autor en los meses precedentes, e incluso en octubre apareció “Beyond Life” como single de adelanto de la nueva faena (video incluido).

Tenía la sospecha de que éste sería el estreno largo de la aventura solista de Esquivel, tras los recomendables EPs Echoes (2018) y Soulmates (2020). Dada la cantidad de rounds consignados (15), ésa parecía ser la situación. Sin embargo, Fragmentos no llega a los veinte minutos. Como su denominación apunta, estas paradas son más esbozos fugaces que bocetos acabados, el más extenso de los cuales apenas si araña el minuto y 50 segundos. Con propiedad, podría hablarse incluso de retazos, de semillas de instrumentales congeladas en pleno crecimiento. Lo que no puede discutirse, de cualquier modo, es lo bien que consigue este artefacto burilar la gama de emociones que ha atravesado el autor durante el azote del virus de origen asiático -y que, bien visto, también hemos atravesado sus coterráneos.

En los primeros pasos (“Alarma”, “(Des)información”, “Moléculas”), la mirada de Fragmentos rememora los días posteriores a la llegada del COVID-19. Mediante la integración del primigenio synth y del segundo industrial, Nolag cincela el ominoso pánico silente que nos invadió al declararse la pandemia, un poco a la manera de Cliff Martinez en el memorable soundtrack de la profética Contagion (2011). A renglón seguido, en “Contra El Tiempo” y “Vértigo” percibo la incertidumbre y la confusión que se sucedieron a la primera oleada, tejidas usando aquello que se podría catalogar como el lado B de la new wave usamericana (¿alguien dijo Tahnee Cain & Tryanglz?).

Sin desterrar del todo las sonoridades y las mixturas descritas, el resto del mini-álbum tiene una emotividad distinta. Es manifiesto el baño de entereza que copa efímeros paisajes desde “Desolación”, desde “No Humans” y las bandadas de gaviotas que le clausuran, acompañadas por un acogedor oleaje. En surcos como “Oscuridad Y Luz”, “Amanecer”, “Elegía” o “Shine Again”; la electrónica que conjura el tecladista de Catervas paulatinamente se transparenta/se torna cálida. Y aunque la brevedad sigue sugiriendo el símil del desarrollo interrumpido, no oblitera algunos acercamientos a una new age tipo Vangelis o Jarre, premunida de sentimientos tanto más esperanzadores conforme la gravedad del virus ha decrecido hasta casi desaparecer.

Cerrando su arco narrativo, Fragmentos dispone una ruta de escape con que volver al punto de inicio. “Are You Sure To Continue (Y/N)?” aborda hipotéticos escenarios equivalentes al del COVID-19, una advertencia sobre la posibilidad de que sea ésta la primera de muchas pandemias por venir. Ingrato recordatorio de que no siempre la Humanidad aprende de sus pasados errores.

Para haber sido lo primero que he escuchado de Marco Mora, Rayo Tercero no logró convencerme en absoluto. El infinitivo compuesto no es gratuito: después de esa audición, busqué más referencias del trujillano en Internet, que no estén en Spotify. Descubro así que Mora salta al ruedo el 31 de octubre del ’18 con un extended previsiblemente bautizado Halloween. El EP, no obstante, es lo único firmado por Mora que se me hace digerible -por participar de un funk rock envuelto en baja fidelidad. Tras él, empieza Mora a andar y (a veces) desandar hacia el destino que redondo rubrica en Rayo Tercero.

“¿Y ese destino es...?”. Buena pregunta. “Streching Out (Intro)” no es indiciario, ya que se trata de un sampleo a lo película B, deformado y lo-fi, sin norte definido. Mucho más se vislumbra con “Bloody Roar II”, suerte de hip hop diletante que pretenciosamente busca sustituir “hip” por “trip”. La travesía adquiere contornos francamente penosos con “Mansiche”, excesivamente cerca del trap para mi gusto -busca en su segunda mitad lucir más hip hop, pero el daño ya está hecho, gracias a la intervención de un tal Zavu C que se va en consabida verborrea trappera.

No cambia gran cosa el panorama en el resto del mini-LP. De “Light Like Sound (Intermedio)” a “XXXholic”, Mora prueba transmutarse alejándose del paradigma Bristol. Siempre ligeros, sus resultados son torrejamente pop en “0.3” y en “XXXholic”, y algo más sesudos en “Light Like Sound (Intermedio)” y “Las Flores”. No alcanza, así y todo, para otorgarle el aprobado.

Tan es así, que “S4nt4” es el solitario arrebato en que el liberteño arriesga más, y consigue sonar menos derivativo que en toda su obra publicada a la fecha. Con no poca brusquedad, el bajo saca la casta para mugir en plan jazzy. “S4nt4” se zambulle en abstracciones trippy estrellándose de cabeza con un cajón afroperuano filtrado/reprocesado, obteniendo una reciedumbre digna de esfuerzos más serios. Tras el scanneo en BandCamp propio y en el de Anti Rudo Records, volví a escuchar por última vez este Rayo Tercero pensando en recomendarle a Mora regresar al funk. “S4nt4” me convence de no hacerlo. Acaso todavía es posible que el músico persevere en su camino actual, pero debe jugar las cartas que este numerazo le proporciona.

Hákim de Merv