jueves, 30 de abril de 2026

Ⓤ Rock Del Centenario 1924 · 2024

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 22 de abril de 2026.)

(De continuo, la crítica en cualquier campo opera desde una objetividad que es más una intersubjetividad. Y cuando ésta se halla frente a dos irrefrenables pasiones entrelazadas, tiene más de subjetividad que de cualquier otra cosa. Sirva esta minúscula declaración para advertir que el siguiente texto, si bien no dejará de ser consistente con su habitual línea severa en lo que concierne a la música pop contemporánea, en todo momento será una confesión de parte al referirse al deporte rey. Tienes la obligación moral, pues, de desconfiar una vez más de aquello que escribiré a continuación.)

Desacostumbradamente tarde (un año y meses), Trilce Discos me hace llegar esta edición de lujo que ha producido en sociedad con Estación Odriozola para sacar lustre al primer siglo de vida de la que es la más gloriosa institución del fútbol peruano: Universitario De Deportes. Cierto que el club arribó a esa efemérides hace casi dos almanaques. No obstante, el CD se puso a la venta recién a principios del ‘25 por motivos contractuales. En tanto aún resuenan fuerte los ecos de dicha conmemoración, vale la pena pasar revista al artefacto en cuestión.

Tuvo la oportunidad el desaparecido escritor Vargas Llosa, célebre hincha merengue, de describir a la U como “mucho más que un equipo, es un mito, una leyenda, una tradición”. Justísimas palabras. Si nos remitimos a los números, la Crema los tiene casi todos de su lado: la mayor cantidad de campeonatos (contando o sin contar los obtenidos en la era amateur), la más consistente presencia en Copa Libertadores, el estadio más grande del Perú, una Libertadores sub-20, cero descensos a segunda división, varias gestas que ningún otro de sus pares ha conseguido igualar (como ganarle a domicilio a River Plate y a Racing Club en apenas 48 horas, durante la Libertadores del ‘67) y récords acordes (dos tricampeonatos, un periodo histórico de invencibilidad absoluta como local, etc).

Pero la U nunca se ha medido ateniéndose a aquella frialdad numérica. Todas esas cifras se lograron respaldadas siempre por esa garra que el club ha convertido en su indesligable marca de juego, que ha impreso indeleble en la mayoría de sus jugadores, que se constituye en la columna vertebral de su mística. No en vano, ha sido catalogada por la FIFA como el mejor club peruano históricamente hablando, el más ganador y el más representativo del país -títulos que enorgullecen a la que debe ser la más grande hinchada futbolera bajo estos cielos, tradicionalmente representada en la frase “la mitad más uno”.

No es un secreto que los dos responsables de Trilce Discos -Fernando Gonzáles y Antonio Gutiérrez- son irredentos fanáticos de Universitario De Deportes, lo mismo que este servidor. De ahí su entusiasmo por sumarse a los festejos del centenario del vigente tricampeón del fútbol peruano. A ello les ha aupado, también, la natural conexión entre la esencia de la música rock y el aura flamígera que rodea a la Crema. Ya en los 90s, la emisora radial Studio 92 empezaba a difundir a través de su señal canciones de reggae con el epígrafe “Comando Reggae”, mientras que al resto de su programación habitual le añadió el alias de “Trinchera Rock”, en clara alusión a la más famosa de las barras de la U, la Trinchera Norte. Esa conexión ha quedado magistralmente inmortalizada gracias al veterano guitarrista de Voz Propia, Raúl Montañez: “La U es la mejor banda de rock”.

Rock Del Centenario 1924 · 2024 replica en casi todos sus componentes la coloración de gala a que es afecta la institución: negro y dorado en la caja de cartulina, en el pin, en el booklet con excelentes fotos del Monumental y de los/as artistas participantes, en el sobre dentro del cual viene la placa. Sólo ésta es decorada con los clásicos colores crema y granate de la camiseta oficial de juego, y su contenido homenajea los cien años del Más Campeón incluyendo a 14 grupos y solistas escogidos/as por Trilce Discos y Estación Odriozola, algunos/as constituidos/as ex profeso para dar rienda suelta a su pasión por el club de sus/mis/nuestros amores. Entre estos/as últimos/as figuran Bombo De La Barra, Caudillo, Klausurada, Voces De Odriozola, Sentir Popular o Actitud Crema. Otros nombres pertenecen a los circuitos del pop peruano independiente, cuyos pasadizos vienen fatigando aún desde hace décadas. Aquí se inscriben Piero Bustos (Del Pueblo Del Barrio), Pedro Solano (Cementerio Club), Charlie Diazepunk (Diazepunk), Raúl “Montaña” Montañez, Fútbol En La Escuela o Procrastinación 1 Yo 0.

El esférico arranca con el ska a medio tiempo de Bombo De La Barra (“Me Creo Lolo Fernández”), en plan bien ligero. Bustos, que es de los contados hinchas cremas que ha vivido lustros en el barrio de Matute, reinterpreta desde coordenadas rockeras desaceleradas la conocida “Polka Crema”. Junto a él podemos situar el ágil pop de Solano (“En El Monumental”), la canción que dedica Atados A Un Sentimiento a la Mujer Crema (“Ellas”) y el sorprendente pop brioso de Klausurada (“La Chica De Oriente”). Hay espacio para las variantes menos virulentas pero empeñosas del punk, como “Agosto Siete” de Sentir Popular, “U Mi Mejor Historia” de Actitud Crema, “Canciones Cremas” de Charlie Diazepunk y el impetuoso mazazo pop punk de “Centenario” (Caudillo). Cómo no, el indie también se hace presente gracias a sus dos exponentes más visibles en el menú: Procrastinación 1 Yo 0 (“Tú”) y Fútbol En La Escuela (“Es Divertido”).

La calidad de muchos temas puede discutirse o no, es verdad. Yo antepongo el siguiente facto: en todas estas canciones, la vibra del estadio se convierte en aliento constante, y éste a su vez en grito de guerra. No faltan los puyazos reconducidos en arengas, dedicados al rival de toda la vida (especialmente divertidos en los canales de Fútbol En La Escuela y de Tito Manrique & Cosa Nuestra). Con todo, por encima se impone el amor entregado a unas sedas que tienen la virtud de transformar al que se enfunde en ellas cuando pisa una cancha de fútbol, rodeado de 80 mil almas fundiéndose en una sola e indivisible voluntad.

Remataba su alocución nuestro fallecido Nobel de Literatura diciendo de Universitario De Deportes que es “una de las más hermosas historias que ha escrito el deporte peruano”. Poco más queda por añadir, y ello le corresponde al inmenso pueblo crema, que me precio de integrar. En las buenas, en las malas y en las que sea, porque cuando menos mereces nuestro fervor es cuando más lo necesitas...

¡Y Dale U Toda La Vida! ¡Y Dale U Por Siempre Escucharán!

Hákim de Merv

jueves, 23 de abril de 2026

Polvos Azules: Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP // Rodrigo Cano Y Los Canes: Ya No Quiero Ser Así EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de abril de 2026.)

Tras una semana de haber finalizado enero, Polvos Azules edita nuevo EP, en sociedad con Víctor Chang a.k.a. Vrianch y la cantante Liliana Acosta. La relación entre Chang y Giancarlo Samamé es de larga data, mientras que en lo tocante a Acosta es reciente. Parece de hecho ser el estreno absoluto de la vocalista, lo que no es óbice para que se plante frente al micrófono, además de firmar todas las líricas. Vrianch se adjudica la composición de dos de los tres temas y los arreglos del restante, en tanto las cifras se hacen inversamente proporcionales en lo que corresponde a PA.

Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP despega de la mano de “Cada Vez Que Te Caes”. Acreditado a Chang, lo que me encandila de este canal no es su filiación ambient pop, sino su límpida emotividad naif: el medio tiempo enfermo de reverberaciones digitales, los teclados minimales y a la vez luminosos, como innumerables fuegos de San Elmo contra el palio crepuscular... Es una sensación muy agradable la que reportan estos poco más de 4 minutos, similar a la que proporcionaban los EPs de los hoy olvidados Aural Noise, y lo sería más de no mediar un inesperado elemento disruptor.

Por contraste, “Bruma De Mar” tiene una tesitura más afín al downtempo, género apenas hollado con anterioridad por Polvos Azules (que reclama la autoría de “Bruma...”). La línea de bajo es indiciaria en ese sentido: compases que se arrastran en cámara lenta, acompañados de un invariable hi-hat ralentizado, para dar forma al mood reinante en cualquier bar con excedentes de público A.O.R. Pese a las rimas de lo más previsibles, el ambiente calentón que impera no desciende ni cuando en las postrimerías del minuto 2 irrumpen extraños sonidos aleatorios más propios de jornadas ruidistas, aunque sí le afecta la mediación de un ya no tan inesperado elemento disruptor.

...Se Convierte En Marea EP finaliza gracias a “Promesas”. El delicioso tono agridulce que reina desde el primer segundo hace que te tomes este track con rigurosa seriedad. A despecho de la algo indescifrable programación, “Promesas” destaca por su uso de teclados en plan moderadamente Hi-NRG. Es de agradecer esa mesura, ya que la atmósfera nocturnal se habría resentido de haber mayor intensidad lumínica. Como ya me ha pasado anteriormente con Polvos Azules, percibo la ascendencia de un Jarre en clave pop, percepción que habría alcanzado mayores brillos si no se hubiera repetido por tercera vez la aparición de un elemento disruptor.

Esa circunstancia adversa es la performance de Liliana Acosta. No su voz. Ésta es grave, y se acomoda a un rango spoken word del que su recitación hace gala aquí. El problema es que esta tríada de canciones, así como el grueso de la obra del unipersonal de Samamé, no logra llevarse bien con ese registro. Como poner a cantar a Nick Cave asociándole a The Blue Nile.

Como ocurre con los muchachos de China María Soundsystem, otro debut en corto aparejado al presente año es el de Rodrigo Cano Y Los Canes. En formato de power trio, la banda lleva rodando por los circuitos independientes un bienio, presentándose en directo aquí y allá. El 13 de febrero es el día escogido para el lanzamiento de Ya No Quiero Ser Así, EP de cuatro surcos, uno de los cuales ya había visto la luz en modalidad single -y es repescado aquí tal cual. Su ejecución en directo se realizó el 25 del mismo mes en La Noche de Barranco, junto al solista Franco De Lorenzi y a los hard rockers de Volcano.

Rodrigo Cano Y Los Canes son Álvaro Salinas, Renzo Ramírez y el Rodrigo especificado en la denominación. Desconozco sus edades, así que les doy el beneficio de la duda. El extended play de estreno es bastante uniforme, por no decir plano o discreto. Arranca el número epónimo, al que se añade el epígrafe “(Edición 2025)”, y lo que escucho es un pop/rock matizado suavemente de jazz, si bien en principio cada cual va por su lado. Sólo en “Respuestas”, dos paraderos más adelante, ambos estilos se fusionan, luego de haber condescendido la eléctrica a añadir algo de blues en “Fuego”.

El sonido del trío, sin embargo, tiende a ser inane. Demasiado correcto para mi gusto. A esos aires blueseros, por ejemplo, les falta esquina. La estructura de los episodios luce convencional hasta volverlos grises, medio aplatanados. Se echa de menos la energía inherente a la síncopa, el arrebato insurgente y desbocado del pop, la locura congénita del rock (incluso clásico). Al menos yo esperaba tanto más, si las letras perfectibles en cuanto a la forma cumplen con el objetivo de hacerles sentar posición respecto de una realidad en la que no se hallan a sí mismos, emocionalmente tediosa e incómodamente desesperante.

Recién en el ocaso, Ya No Quiero Ser Así EP se pone interesante. La terna pregonaba cultivar un discurso cercano al rock alternativo de los 90s, declaración que sólo “Mundo Raro Y Cruel” atestigua. Harto dinamismo y ganas de despercudirse en esta pieza insular, alevemente funkeada desde la guitarra y el bajo. Tan es así, que es la primera vez en todo el extended en que a la voz se la siente fuera de su elemento. Ojalá sigan ese derrotero en producciones futuras, sumando ingente protagonismo de la batería -el único instrumento que se desempeña con mención honorífica durante los cuatro rounds.

Hákim de Merv

jueves, 16 de abril de 2026

Pinwü: Paisajes Imaginarios // Hesse Kassel: La Brea

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de abril de 2026.)

Eolo Producciones inaugura su catálogo 2026 editando Paisajes Imaginarios, título que considero a medio andar entre el mini-álbum y el extended play, por tener del primero la duración -poco más de 20 minutos- y del segundo la cantidad de temas -uno solo-. Así se materializa la primera acometida de Pinwü, alias del integrante de Lluvia Ácida Héctor Aguilar, de quien he escuchado con anterioridad ejercicios bajo alias electrónicos solistas de ascendencia hip hop (Patagonia Bambaata y Polar). Pinwü, de hecho, nace de la invitación del ítalo-chileno Cinturón Negro a participar en un mix a propalarse a través de la radio francesa Flowka.

El novísimo seudónimo poco o nada tiene que ver con el hip hop electro, sin embargo, al menos en este Paisajes Imaginarios. Aguilar muestrea sonidos capturados durante sesiones correspondientes a grabaciones de campo, creando collages sónicos tributarios de un ambient en fase industrial, que devienen en soundscapes dignos de ser adscritos a films independientes de estética onírico-terrorífica. Al promediar los seis minutos y medio, por ejemplo, lo que pudiera haber sido inicialmente un diálogo de muchas voces femeninas es reacomodado e intervenido de tal manera que parece un siniestro coro de calacas.

No todo el magma utilizado es excluyentemente provisto por las field recordings. El músico magallánico acredita igualmente sampleos audiovisuales, así como procesos de síntesis para metamorfosear o reposicionar estos fragmentos. Aquí sí se hace más complicado, por no decir impracticable, rastrear el origen de tales sintagmas sonoros. El único que he podido identificar está dispuesto al inicio de la pieza, y me ha sido revelado gracias a su pertenencia a uno de los hitos indiscutibles en la discografía del pop sudamericano de todos los tiempos: Rocío (‘96), del genio argentino Daniel Melero. ¿El (breve) track escogido? “Electrobossa”. También percibo hacia el final un conteo regresivo en ruso, que quién sabe de qué película habrá sido recuperado.

Escuchar Paisajes Imaginarios tratando de esclarecer la genética de sus préstamos es, con todo, la manera más aburrida de abordarle. Mucho mejor es exponerse a sus contadísimos instantes de ambient sin polucionar (cerca de los once minutos), a sus “theremines” entrecortados que se zambullen dentro de inquietantes estados de conciencia, a sus turbias resonancias y a sus tintineantes reverbs. A su imponente zumbido ¿analógico-psicodélico?, en fin, cuyas atmósferas guardan cierta semejanza con el Floyd barrettesco de transición (cf. el segundo tercio de “A Saucerful Of Secrets”, del LP del mismo nombre).

Tras muchas vueltas y una rápida revisión de los últimos rankings anuales, queda meridianamente claro que el mejor y más ambicioso álbum chileno del ‘25 ha sido La Brea, el brutal uppercut que a modo de estrenazo publicase el sexteto Hesse Kassel apenas arrancó marzo del antedicho calendario. Tales fueron la admiración que provocó y el interés que concitó, que de inmediato recibió cobertura exhaustiva no sólo en la prensa especializada de su país, sino también en la de medios extranjeros. En efecto, muy rara es la ocasión en que un volumen consigue equilibrar excelencia y tesón; máxime si se trata de una puesta tan de largo -78 minutos y medio.

¿Por qué tanto revuelo? En primer lugar, porque se hace muy difícil asignarle una sola etiqueta a una jornada que no se desvía ni media micra del camino que horada, obteniendo de esta guisa una sonoridad monolítica, sin fisuras. En esta aparente contradicción yace su encanto: La Brea es un crisol de post rock usamericano, de indie noventero y de ese cambalache que los/as entendidos/as han convenido en llamar “americana”. Por el lado del post estadounidense, Hesse Kassel se ampara en sus raíces más profundas: Bastro, Shrimp Boat y los imprescindibles Slint de Spiderland (‘91). Por el lado del indie rock 90s, sucede otro tanto con sus frutos más insulares: el noise de Sebadoh, el math de Shellac, el post hardcore de Fugazi. Y en lo concerniente a “americana”, una frugal simbiosis de blue grass y folk, empapada en el aroma de los infinitos desiertos de la Unión.

En segundo lugar, porque los santiaguinos se han gastado muchísimas horas de ensayo fogueándose en el difícil arte de enhebrar líricas y música a niveles superlativos. En cuanto a las letras, bien pueden hallarse provistas de ese encanto non-sense abonado por ejercicios de poesía surrealista automático-repetitiva (“En Tiempo Muerto” y sus “...Solos De Aviones...”), bien de la épica sencillez de lo llanamente cotidiano. En lo tocante a la música, HK luce una musculatura tan rozagante como broncínea. No se hace ningún rollo si, de la armoniosa/colorida colusión de bajo y piano con vocales en registro crooner (“Anova”), tiene que saltar hacia la explosión constante de una eléctrica que se encabrita hasta chirriar (“Americana”, justamente). O si, de un humor squicker entre intenso e imperturbable, más propio del jazz (“Moussa”), debe reorientarse hacia un crimsoniano registro cacofónico/alucinógeno (“Postparto”).

El perfil compositivo de la banda está muy lejos, pues, de ajustarse a las maneras convencionales.  Crescendos hoscos, urgencia sombría, melodías cultivadas desde la conjunción vital de un piano de cola y de una acústica, saxos bartokianos, solos masivos de batería (“A. Latur”, “Vida En Terranova”)... Es bastante sorprendente el aire con que acaba La Brea: como sucede pocas veces en el mundo de la música pop contemporánea, el disco franquea la barrera de los 78 minutos sin resentir fuerza ni velocidad. Todo lo contrario: Hesse Kassel homenajea a uno de sus principales referentes, Yo La Tengo, bautizando así al número de cierre -nunca el trío de Hoboken fue repensado tan oscuro, lanzando con tremendo vozarrón alaridos liberadores de angustia y locura. Como si los legendarios Mostro, cuya estela se insinúa durante todo el rato, se hubieran metido esteroides.

Hesse Kassel se formó en 2022. Sus integrantes son Luca Cosignani (guitarra y voz), Matthew Hopper (bajo), Joaquín González (teclados y coros), Renatto Olivares (voz principal, saxofón y guitarra), Mauricio Rosas (guitarra) y Eduardo Padilla (batería). Promete mucho más que Candelabro, cuyo segundo esfuerzo ha resultado asaz decepcionante.

Hákim de Merv

miércoles, 1 de abril de 2026

Malefyr: Cryptyc (Demo) // Electric Dead Speak: Music Inspired By The Electronic Voice Phenomenon

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 25 de marzo de 2026.)

Desde la lejana Liège -Bélgica- me llega la maqueta debut de un bisoño grupo metal. Por donde se le aborde, lo de bisoño no es exagerado: dos de los cuatro miembros de Malefyr todavía cursan la secundaria, y su output aún batalla por trascender el manual de género, algo por otra parte comprensible habida cuenta de la edad promedio de los implicados. Se identifican éstos a usanza de la vieja escuela: Daniel G. (21) en voz y lead guitar, Hugo A. en la teba (19), Anthony M. (21) en el bajo y Esteban F. (16) en la otra lead guitar. Este último es de ascendencia perucha, por cierto.

Cryptic (Demo) es, en la práctica, un EP. Cinco temas, poco más de dieciséis minutos. Grabado y mezclado en diciembre último, tiene el encanto de la noviciada por encima de su meningítico audio: las ardorosas ganas intactas que te impelen cuando inicias el camino, los errores involuntarios de ejecución, la altisonancia con que intentas compensar la falta de experiencia... Por supuesto, el cassette también se erige en torno a riffs de genética hardcore punk, una rasposa garganta irritada hasta el tercer grado, los tiempos acelerados de que provee una batería de doble bombo. En resumen: thrash -y en mucha menor medida speed- de intensidad a mil y de técnica al 50%.

¿Cuánto avanza Malefyr a partir de esa base? Por ahora, el cuarteto se trepa a la llamada “nueva ola del thrash”, que encendió la pradera sobre todo a inicios de la década pasada. Bebe más de la rama teutona que de la del crossover, y por ahí durante contados segundos percibo añejas influencias de Sodom o de Kreator, aunque quién sabe si estos mozalbetes les habrán oído. El combo declara haber tomado nota de las lecciones impartidas por dos bandas brasileras clásicas un tanto disímiles: Kaos y Sarcofago (esta última entre el black y el death). Sorprende, eso sí, que el demo abra con una cortísima sección instrumental de campanazos y ventarrones que hacen pensar inmediatamente en el dungeon synth antes que en el metal, intro de la apenas menos breve “Enter The Crypt”.

En cuanto a la técnica, bueno, queda claro que falta mucho por recorrer. Funcionan esas eléctricas que me hace alucinar con masivos muros ancestrales de sillería tan monumental como tosca, principalmente en “Darkened Wrath” y en “Malediction”, pero hoy no alcanza con recrear el paradigma thrash. Tampoco basta con la performance actual de Daniel G. frente al micro (a esas vocales les falta ganar un poco más de peso). Y si bien el esfuerzo del soporte rítmico puede ponderarse en Cryptic..., a cosechar ese mismo lauro no llegará la próxima vez. El único punto fuerte concierne a los bestiales punteos que Malefyr descerraja en sus canciones: veloces y medio complicados, no siempre tirados para el melodicismo. No niego que las demás instancias puedan tener oportunidades de crecer, pero en el caso de la eléctrica a cargo de los solos, las veo clarísimas.

Mis favoritas: “Heretic War” y “Mind Flayer”. Portada, logo y anonimato, en la mejor tradición old school del aludido subgénero metalero.

Las psicofonías constituyen uno de los campos de investigación más fascinantes de los que pululan entre las ciencias exactas y las paraciencias. En derredor suyo brotan ayes lastimeros, quejidos no humanos, ruidos inquietantes; todos ellos sin explicación material mesurable conforme al paradigma vigente de la ciencia humana. Observan sus detractores que estos extraños fenómenos encuentran sustento en la pareidolia, tendencia del cerebro humano a identificar patrones en medio del ruido al azar. Sin embargo, el perfil de los receptores de estos sonidos es lo bastante amplio como para no adecuarse la pareidolia a todos los casos conocidos, dejando por ende margen a la duda.

Valiéndose de este concepto, Eighth Tower Records ha convocado a algunos de sus artistas para dar pie en bola a Electric Dead Speak: Music Inspired By The Electronic Voice Phenomenon (febrero). El nombre en inglés es más apropiado, puesto que estos ruidos que no provienen de ninguna parte ni de emisor visible suelen quedar registrados a través de medios electrónicos de codificación, no siendo siempre percibidos durante el suceso pero sí a posteriori en toda la casuística documentada. Qué mejor para acometer la confección de un álbum que refleje estos estudios sobre la frontera entre el Sonido y la percepción humana, que la subsidiaria de Unexplained Sounds, poseedora de la nómina tal vez más idónea del planeta a tal fin.

El esteticismo inherente a la discográfica italiana se manifiesta desde el primer minuto, y a éste se adhieren en mayor o menor medida una docena de actos especializados en la fabricación de ambientaciones por decir lo menos oscuras. En la primera mitad, por ejemplo, encontramos ecos radiofónicos de inquietante fantasmagoría que simulan el farragoso despertar de entidades malignas (“Instrumental Transcommunication” de Mario Lino Stancati), borrosa estática plagada de vacíos cubiertos por una dolorosa melodía (“The Space Between Noise” de Sílení), sonoridades entrecortadas que causan la impresión de un gigantesco barreno trabajando en el subsuelo profundo para liberar los bramidos de enormes monstruosidades (los “gemidos sónicos” de “AEA”, a cargo de Kokum), latidos pétreos (“Doni-Seis” de Pnévmma), oquedades siniestras exploradas como por el theremin (“Afterlife Recordings” de RhaD). La pieza clave aquí es “Voices Without Bodies” de Yousef Kawar, cuyas densas texturas ilustran ese antiguo terror tan humano hacia aquello que no puede entenderse.

En la segunda mitad, Electric Dead Speak... adquiere ribetes más lúgubres. Dark ambient en estado puro (“Metaphonic” de Richard Bégin), enrielado hacia zumbidos pesadísimos (“Voces Mortuorum” de Nerthus), abandonado a una torrentera brutal de crispantes frecuencias en constante crackeo (“Spectral Patterns In Random Noise” de The Resa), sumergido en una fuente burbujeante de horrores inefables (“The Empty Tower” de Oubys). Un ensayo de texturología compleja cuyo principal nutriente es un ambient iterativo, drónico, completamente desmarcado de cualquier forma de síncopa; y por ende propenso a la inmersión tensa, opresiva, torva, terrorífica. Pieza clave: “PhAntAsmA”, de Nikos Sotirelis.

Sólo hacia el final, el muestrario afloja en algo la marcha incluyendo “The Child’s Laugh” de Insectarium. Digamos que en otra jornada su soundscaping noise podría adecuarse sin alegar nada en contra. En el presente contexto, y pese a su rugido postrer, la grandilocuencia le resta puntos en vez de sumárselos. Claro, puede interpretarse como la válvula de escape para conducir nuestras mentes a la superficie de nuevo, tras más de una hora en caída libre hacia abismos psicológicos y físicos sólo entrevistos por el subconsciente. Pavorosa compilación proto/filo-industrial de aislacionismo y de ambient casi ritual.

Hákim de Merv

jueves, 26 de marzo de 2026

China María Soundsystem: China María Soundsystem EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 18 de marzo de 2026.)

Interesante combinación la que supone China María Soundsystem. Es un trío de nuevas sangres, formado por Rodrigo Ruiz, Jorge Giraldo y Pablo Portocarrero. Si la portada de su epónimo extended debut es indiciaria, el grupo proviene del limeño distrito de Jesús María, teniendo por cuartel la legendaria Residencial San Felipe (una ciudad dentro de la ciudad, para quienes no la conocen). Y si lo de “Soundsystem” apunta a una declaración de principios, que lo hace, no queda sino saludar el advenimiento de una nueva célula peruana enamorada de las músicas forjadas en las comarcas que vieron nacer a Bob Marley, a Lee “Scratch” Perry y a King Tubby -Jamaica.

Definir el estilo de ChMS es menos sencillo de lo que parece. La cepa es reggae en su vertiente roots, lo suficientemente plástica como para desenvolverse a paso firme hasta que en el horizonte destaque la silueta del dancehall, ese subgénero del cual el insoportable reggaetón es descendiente abortado. Es decir, el terceto nunca pisa el acelerador a fondo. Sus canciones, por otro lado, cobran espectral tridimensionalidad al ser en la práctica reconstruidas durante la etapa de mezcla; reconstrucción que en sí misma comporta un tercer elemento identitario: el dub. Los bajos ganan en profundidad y en reiteración, y las baquetas digitales potencian el groove rasta al punto de transformarlo en stepper cadenciosamente demoledor.

Suma el empleo a mansalva del reverb y del delay para encender o sofocar la guitarra, así como la constante recurrencia al toasting, y ya cuentas con un boceto general de lo que expone aquí China María Soundsystem. Roots reggae que puede ¿multiplicar?/¿subdividir? los jabs percusivos sin saltar más allá de los 4/4, creando una temporal ilusión dancehall perceptible con claridad sólo en “Jermandub”. Para el resto de pistas, bastan las subsónicas ondas vibratorias que afectan piel y materia gris, los latidos metronómicos del drum set virtual a que se sincronizan los del miocardio, el fader que invisibiliza o subraya durante secciones enteras tal o cual instrumento: “Mañanero”, “Pura Vida”, la combativa “Contaminación Visual”.

Me hubiera gustado que el mástil de cuatro cuerdas que empuña/setea Giraldo retumbara por mucho más tiempo, lo mismo que los reverberantes beats que a veces Ruiz somete a filtros de agudos. Ésa es mi única queja: el extended resulta brevísimo para el feeling apolíneo y dionisíaco a partes iguales, delicioso y tremendamente expansivo, que el trinomio maneja con fluidez y que invita al movimiento instantáneo. Habrá que esperar con paciencia la puesta de largo. Publica este conciso manifiesto Cosmic Llamas, la pujante discográfica cumbiambera, dubidélica y de electrónica mestiza que Álvaro Ernesto (a) Tribilín Sound ha montado en su exilio californiano.

Hákim de Merv

jueves, 19 de marzo de 2026

Maquinaria Mecánica: Orden De Acero

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 11 de marzo de 2026.)

Salvo referencias demasiado caletas que estén burlando el radar, 2026 se estrena en lo tocante a álbums peruanos gracias a Orden De Acero, segundo capítulo de Maquinaria Mecánica y clausura de un hiato que hace algunas semanas superó la barrera de los tres años. Para más inri, el largo ya se ha fogueado en vivo nada más aparecer, dada la proximidad de su lanzamiento con el festival International EBM Day Perú (a propósito de la celebración del Día Internacional de la EBM, 24/2).

¿Qué ha cambiado respecto de Somos Máquina (‘22/‘23)? Pocas cosas, a decir verdad. El dúo sigue siendo el mismo -Hitam Laga (Schmerz, Monöchrome) en secuencias de distópico futurismo y en voz aniquiladora, Henry Robles madreando tempos de los bpms y arreglos, además de literalmente meter letra. A priori, esta continuidad garantiza coherencia con la línea temática que se apreciaba en el debut. Compruebo satisfactoriamente que incluso se ha profundizado más en tal sentido.

En muchos tramos del disco, el tándem se hace eco de las sistemáticas políticas de abuso que los grupos de poder ejercen sobre las sociedades humanas, valiéndose  de  las  pantallas  que  han  sido  y  hoy  siguen  siendo  sus equivalentes  institucionalizados -iglesia, estado, milicia. Se apunta, pues, hacia el verdadero enemigo (“Esclavitud Mecanizada”, “Clase Obrera”). Curiosamente, ello no obtiene consistencia a través de una lírica más compleja, sino de una más convulsa y airada. De hecho, y obviamente salvando las distancias, a ratos me parecía estar escuchando a unos Aviador Dro bastante más cabreados y en fase bermellón (cf. petardos tipo “La Arenga De Los Sindicatos Futuristas” o “Camarada Bakunin”).

¿Y en lo tocante a la música? Allí sí tengo unos cuantos reparos. No con el estilo, desde luego. El new beat es un género tan respetable como casi todos los que conozco al interior de la música pop contemporánea. Es incluso saludable que haya vuelto a reverdecer después de muchos años de sequía. Encuentro fascinante -y no estoy solo en ello- echar una mirada a ese mañana postapocalíptico repleto de hollín, herrumbre y cráneos por doquier que augura/¿promete? la electronic body music. Idéntico entusiasmo me suscitó la tríada de arranque en Orden De Acero: el inmisericorde hálito denunciatorio de “Automatik”, la frenética marcialidad de “Camaradas”, la rabiosa desnudez de las basslines que campea en “Clase Obrera”.

El problema radica en que, entre “Esclavitud Mecanizada” y “Máquina Y Control”, la jornada ingresa a un limbo: los tiempos se pasteurizan, las secuenciaciones se asemejan, el espíritu pasa de ser zarandeado a acostumbrarse a una rítmica que decrece en contundencia. No hablo de tedio. No podría, ya que el verbo y la actitud confrontacional de Maquinaria Mecánica combustionan constantemente (“Lima Arde, Lima Tiembla/Disparar Fue La Respuesta/Lima Arde, Lima Tiembla/El Estado Mata Y Niega”, sentencia Hitam en “Lima Arde”, recordando la sangrienta represión de Boluarte). Hablo de cierto apego a un patrón, apego que no sería dañino si se agarrase de un par de temas. Es el caso que, al sacar cuentas, se adueña de cinco al hilo. Puede tratarse, cómo no, de un yerro en el trackeo: observo que Robles y Laga eligieron un orden alfabético, antes que otro más meditado.

De cualquier modo, una canción como “Intifada” se merecía un marco sonoro algo más enérgico y categórico, acorde a la indignación transformada en furia que causa el genocidio perpetrado contra el pueblo palestino -y que continua cosechando apoyo de parte de casi todos los pueblos de la Tierra. El mismo marco sonoro del que gozan las postreras “Orden De Acero” y “Residuos Industriales (Manifiesto De La Carne Y El Acero)”. EBM de vieja escuela con opción múltiple al sampleo, renovada y vigorosa, que pulveriza cuatro décadas al evocar sus días de esplendor de la mano del Die Krupps no “guitarrero”, de The Cassandra Complex, de Borghesia o de The Neon Judgement. Permite que tu cuerpo (re)aprenda.

Hákim de Merv

jueves, 12 de marzo de 2026

Asunción: Levitaciones // Lluvia Ácida: Convergencia

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de marzo de 2026.)

Ha transcurrido ya un tiempo considerable desde que Asunción difundiese su tercer esfuerzo largo, Materiales Y Símbolos (‘22). En ese lapso de tres almanaques y un poco más, no recibí mayores noticias del unipersonal de Cristian Sánchez, aunque sí de su insurgencia como Irreales Del Monte junto a Antonio Aldunate. Y aunque razones de índole personal ha de haber, pienso que la principal causa de ese silencio algo prolongado se halla directamente relacionada a una etapa de cambios cuyo objetivo ha sido renovar el rostro del seudónimo con miras a su cuarta entrega. Ésta se ha revelado en diciembre pasado.

Desde el estreno en corto El Reino Mineral (Demo EP) (‘17), la obra de Asunción se ha nutrido de drone music, de ambient, de psicodelia y sobre todo de kraut rock. La incidencia de este último ingrediente, remarco, nunca se ha traducido en una aplastante presencia hegemónica. En Levitaciones, que persiste abordando las mismas variables, no sólo no se da esa eventualidad; sino que además al viejo kraut teutón se le asignan roles secundarios todavía encomiables. Ello es responsabilidad de un color recientemente añadido con firmeza a la paleta del santiaguino: el bliss pop.

En retrospectiva, es curioso que no se le hayan abierto las puertas antes, ya que por pathos y modus operandi ese pariente del shoegazing calza a la perfección con el resto de variables. Los resultados acompañan esta certidumbre. De inicio a fin, Levitaciones reincide en la estética de sonoridades dilatadas que obedecen a compases ignotos, en estilísticos leitmotivs mejor apreciados cuando experimentas estados de placidez o de laxitud, en borrosas viñetas que atravesar deleitosamente en posición horizontal. Asunción se la vuelve a jugar -y gana- por la permanente ciclicidad del Sonido como torrente cuya faz es siempre la misma y siempre otra. Un estuario en perpetuo avance hacia arriba y adelante, contraviniendo principios elementales de física para elevarse hasta picos de ignífugas atmósferas etéreas.

El bliss pop toma las riendas nada más empezar “Anunciación De La Aurora”. Celestial, iterativo, de pocas variaciones armónicas; marca el camino para “El Signo De Los Cisnes”, que debe ser el primer track de Asunción en recurrir al uso de una (algo indescifrable) programación velada. “Congregación Amapola” prefiere seguir los pasos de la apertura, concentrando buena parte de las virtudes descritas hace unos momentos. “El Vuelo Y La Vertiente” se acomoda a la inserción de un teclado percutado que recuerda levemente al kraut, mientras es asaltado por gorjeos de aves canoras. Y el cierre “Adiós A La Tierra Fría” enfatiza de nuevo los cósmicos fulgores bliss que actualmente parecen atraer la mirada del capitalino.

Existen otras diferencias, más fáciles de distinguir para quienes hemos escudriñado con detenimiento las rodajas del ex El Diablo Es Un Magnífico. Si bien menores, de todas maneras significativas. La consistencia incesante y ritual del drone ha menguado, circunstancia que se invierte en el caso del ambient, por ejemplo. No obstante, el acabado final de Levitaciones no se desentiende de lo mostrado por el músico en anteriores oportunidades. Excursión pulcra y de posología contemplativa con que devorar nubes, cielos, estrellas, constelaciones.

Faltando menos de cinco días para la última nochebuena, vio la luz Convergencia, artefacto de versiones con que diversos/as artistas chilenos/as -magallánicos/as la mayoría de ellos/as- conmemoran los 30 años que en este ‘26 cumple Lluvia Ácida como dúo. Recuérdese a este respecto que el alias comenzó a operar en 1991 en modalidad individual, en coordenadas muy distintas a las que adoptaría bajo el formato de binomio, y que son asimismo diferentes a aquellas en las que éste circula por lo menos desde hace cuatro quinquenios.

Habida cuenta de la vasta andadura que la dupla formada por Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf ha concretado a la fecha, sorprende que los catorce actos participantes de la jornada se enfoquen en sólo cinco episodios discográficos. En orden cronológico, éstos son Simulación (‘96), Hotel Kosmos (‘04), Kuluana (‘09), Zonas De Silencio (‘15) y Puntarenazo (‘23). También sorprende que composiciones como “Yagán”, “Los Títeres”, “Hotel Kosmos” y “Sol Verde” cuenten cada una con dos relecturas; cuando el repertorio conjunto de los discos mencionados ofrece más de una cincuentena de temas. En todo caso, la elección de cada involucrado ha sido libre, según entiendo.

Conviven en Convergencia diversidad de estilos. Para corroborar esta afirmación, basta comparar lo dispar que suenan “Sol Verde” de Retrovoltaje y “Sol Verde” de Nave/Raw: mientras que el último se sirve de una voz rasposa hasta la deformidad para remitirte a la densidad/pesadez del primer industrial (fines de los 70s), su predecesor suena a techno industrial de guitarras (principios de los 90s). O también “Hotel Kosmos” de La Tensa Calma versus “Hotel Kosmos” de Interestellar: LTC horadando neuronas con una punzada tridimensional que luego se transforma en trip hop, Interestellar saltando del downtempo al breakbeat. O “Los Títeres” de Polaroid Sound System y “Los Títeres” de Avenave: PSS en clave EBM de ligero tonelaje y Avenave empuñando un robusto ambient synth orlado de dub.

Las posibilidades no se agotan allí. Los Klasky! postulan una reinterpretación pop en onda lo fi de “Canto Muerto”, a trasmano del pop apolíneo de Gabi Gómez y “Transpatagonia”. Preñado por electroacústicas de genealogía andina, el groove del hip hop está representado por “Corta El Viento” de Adrieta, en manifiesto contraste con la tosca ascendencia neoclásica de “Universo Plano” de Nicolás Varas (que a partir de la mitad se enfunda en la piel de un Jarre). Y cómo olvidarse del electrodub a centímetros del illbient que ejecuta Frank Sinanthrax en “El Cabildo”, del instrumental trippy de “Yagán” a cargo de DJ’ Hain, del ambient con accesos de soundscaping de Gio Foschino para su versión de “Río Seco”...

Los defectos ya han quedado acotados. Tres décadas difícilmente pueden condensarse en un díptico, con mucha menos razón en un solo volumen. Bajo el mismo criterio, se me hace equívoco repetir surcos, habiendo tanto de dónde escoger. Todo esto pasa a segundo plano si se aquilatan los motivos de fondo de este Convergencia, homenaje a una dilatada trayectoria y testimonio de la influencia que ejerce ésta no sólo sobre creadores más próximos, sino también sobre el resto de sus connacionales. Que sean muchos años más.

Hákim de Merv