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jueves, 22 de febrero de 2024

Ruri: Ruri Demo (EP) // Troek: Intitulado // Prado: Overload EP // Sofia Kourtesis: Madres

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 14 de febrero de 2024.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2023 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (III)

Un tanto elusivos -cuando no tímidos- los chicos de Ruri. Formada en el ‘22 la banda, que se define a sí misma como “post pandémica”, ésta sólo condesciende a una cuenta en Instagram que provee de muy limitada información. Hay un poco más de chicha en la cuenta BandCamp, básicamente referida a los géneros que le sustentan, por lo que habrá que seguir acreditando a los integrantes usando sus nombres de pila: Rodrigo (primera guitarra), Yamile (Olivas, voz y segunda guitarra), José (baquetas) y David (Acuña, bajo).

Da la impresión de que Ruri -“desde adentro” o “del interior”, en quechua- últimamente se ha venido fogueando mucho en directo, habida cuenta de los recientes comentarios entusiastas que ha captado el radar. No he tenido todavía ese placer, aunque sí les he escuchado su primera publicación (29/12), que responde al escueto nombre de Ruri Demo (EP). Son en total cuatro cortes, compuestos y grabados por el grupo, que respiran entre el noise rock de los segundos 80s y el cajón de sastre alternativo de los primeros 90s. Obvio, se permiten un par de veces traspasar los propios límites.

La prueba palmaria de esa inquietud por probar otros sabores es “Héroes Muertos”, apertura del registro. En ésta su principal carta de presentación, el cuarteto le hinca el diente al primigenio dark rock con una performance espléndida. Yamile imposta su voz como emulando a la de Siouxsie Sioux para entonar bonitas figuras literarias del tipo “Santos Que Emergen En El Aire” y “Templos De Naipes Que Crecen Destrozados”, mientras el resto del line up luce contundente. Igual de formidable es “La Bomba”, si bien aquí el lúgubre input se disuelve adicionando guitarras más noventeras -la curiosa conjunción me hizo pensar durante breves instantes en el Porno For Pyros del debut (o en el unigénito mini-álbum de Psi Com).

De otro lado, “And I Try” y “Fucking Teenagers” son demostraciones de lo bien que le sienta a Ruri adherirse al output del modern rock. De hecho, se le percibe más en su medio ambiente natural que cuando recula al decenio anterior. No experimentan ni con la singladura ni con la discografía de la época para practicar ingeniosas vueltas de tuerca, algo perfectamente válido por dos razones: 1) lo suyo no es la experimentación, y 2) la “maqueta” vibra con esa energía característica de quien compensa falta de experiencia con toneladas de lúcidas furia y juventud. Interesante arranque, al que sólo opongo un reparo -el bajo necesita chambear ingentes horas extra.

Bastante peculiar la puesta de largo de Troek, identidad que asocia a Alfonso Noriega (El Otro Infinito, Puna) y a Jorge Rivas (Ionaxs, Philkophillips, Puna), de la que ya habíamos paladeado una muestra de su accionar en el lado B de Seven 7’’. Allí anida “Primer Mensaje Desde La Niebla”, masa noisica en combustión espontánea que se angosta crispada por fantasmales progresiones electrónicas. Existen en el LP muchos indicios de (in)armonías isomorfas, si bien los hay también muy distintos en el curso de sus 30 minutos.

Y es que parece agitarse en Intitulado una urgencia por recalcar los contrastes, por atizar los contrapuntos. En una esquina, son acogidos surcos susceptibles de asimilarse a los rasgos de “Primer Mensaje...” (también incluido aquí), como el número titular, el cegador audioextremismo de “Reminiscencias” y sus programaciones en fase larval, el luminoso éter binario de “Miles De Cuerdas” y sus picapedreras pulsaciones percutantes... En la otra esquina, tracks mucho más despojados de la obsesión por el Volumen, como las lluviosas líneas de feedback de “Un Hoyo De Sombra En El Techo” y su ausencia de secuencias, o la brumosa cajita de música que encarna “Cassette Del Ático”. Cierto, no hay motivos para afirmar proporción equitativa alguna, o al menos un timing reconocible, que fomente esos contrapesos. Éstos igual acaecen, empero.

Encuentro que lo más valioso de disco y proyecto es el acopio de géneros de que se sirven para bordar una obra repleta de ambientaciones contingentes y resonantes landscapes surrealistas, llena de lóbrega arquitectura sónica y de enigmáticos onirismos. Mejor aún, el logro definitivo de Troek radica en la redefinición de estos mismos géneros para terminar siendo fagocitados por dos grandes bolsones de estéticas hegemónicas en la placa: la de un ambient en continua polución/degradación, y la de una suerte de bliss out que se debate entre la hidrólisis y la condensación. La electrónica experimental, el minimalismo, el dark ambient, la drone music: tarde o temprano, estos códigos son forzados a acelerar su cariocinesis para evolucionar y caer bien en un campo, bien en el otro. A veces, en los dos.

No queda mucho más por decir de este Intitulado. Sus voces, sus teclados, sus disonancias; tienen un efecto evanescente. Pese a ello, esta característica se pierde rápido en el horizonte cuando el canal se agita con la distorsión de sus componentes. El CD se conmociona, entonces, bajo el trauma de estos cataclismos continentales que se salen de escala. Con cuadros así de contradictorios, deconstruyendo sin cesar el perfil del binomio, ¿hay algo que quede indemne, de lo cual partir? Sí: la impresión subjetiva del/de la escucha. Para free download, como siempre desde los bytes de Chip Musik.

Gracias a Machines EP, me topé con la arrebatadoramente insolente música del joven maese Nicolás Prado. Algo tarde, eso sí: en el extended, primera referencia para una escudería de renombre (Buh Records), el avezado retoño de Andrés Prado y Paloma La Hoz se revelaba como paradigmático nativo binario que había absorbido -con prestancia y entusiasta voracidad- las soberbias lecciones impartidas desde las vanguardias electrónicas de fin-de-siècle​.

En comparación con el antedicho título (sale en noviembre del ‘22 y lo reseño ocho meses después), ahora pesco más pronto Overload EP (diciembre), de nuevo respaldado por Buh. Con enorme satisfacción, compruebo que lo de Prado se mantiene firme en cruzada mega-distópica y ominosamente cyberpunk hacia la consolidación de lo que él mismo ha catalogado como “webcore” -término bajo el cual el individualista tritura noise digital, ambient emponzoñado, IDM de espectro sórdido y artcore delirantemente maníaco.

Verifico, asimismo, que el énfasis del EP extiende la hegemonía del breakcore que Prado mostrase en el episodio anterior. “Lost Data” es una pista que abreva en el imaginario apocalíptico del intelligent techno más oscuro, y sin embargo no hace falta escarbar gran cosa para encontrar un ritmo roto abriéndose paso por entre su médula. En “Malfunction”, en cambio, no hay rastro de junglismos. Desde “Particle Collision” y hasta que finalice el extended, el drum’n’bass en modalidad bersek no se ausentará ni medio minuto.

El breakbeat disparado a mil por hora de la fugaz “Hysteria” y sobre todo de “Particle Collision” remite ciertamente a los gloriosos días del techstep, cuando su mecánica era descrita como “mitosis del sonido” -y de hecho, los bpms en Overload EP sugieren la velocidad devoradora de una asesina metástasis agresiva. En el epónimo asalto de cierre, por otra parte, volvemos a hacer frente a una mixtura similar a la de “Lost Data”; de proporciones equivalentes, siendo la IDM la más pintada, pero donde el jungle se niega a desaparecer. Epílogo cumplidor para un artefacto bastante más corto que el anterior -apenas 11 minutos y sencillo, mi único reclamo.

Muchas cosas pueden escribirse sobre Sofia Kourtesis, ahora que la peruana residente en Alemania de padre griego ha cosechado mayor reconocimiento a propósito de Madres (‘23). Podría alegarse que no es éste realmente su estreno en 33 rpm, ya que ni Sarita Colonia (‘19) ni Fresia Magdalena (‘21) ni su epónimo registro (‘19) son de corta duración, ni mucho menos llevan incorporada -implícita o explícitamente- la clasificación “EP”.

Podría deliberarse igualmente si lo suyo es el mero diletantismo house, o si abraza el hechizo marca Chicago y derivaciones premunida de auténtica convicción. O si en el revuelo que ha causado tras su aparición (This Is It EP, ‘14), jugó papel no menor su linaje, “exótico” a ojos de la prensa sonora del Primer Mundo. Cualesquiera sean las polémicas desarrolladas a partir de tales preguntas, hay una circunstancia imposible de poner en entredicho: a saber, que Madres se ha editado -lo mismo que el extended homónimo- gracias a los buenos oficios de Ninja Tune, la legendaria plataforma independiente fundada por los Coldcut entregada en cuerpo y alma al evangelio del trip hop y del scratching. Que ello ocurra con una artista como Kourtesis habla a las claras de lo flexible que ha devenido la filosofía de los Atunes Ninja con el correr de los años.

A decir verdad, Madres, y por extensión toda la producción de la DJ disponible en Internet salvo Spotify; me remite al celebrado Café Inkaterra (‘04) de Miki Gonzáles. “¡¡¡¿¿¿CÓMO???!!!”. Sí: no porque la música de Sofia se asemeje a la que vertiese Gonzáles en el volumen con que se ¿“reinventó”? como músico electrónico, sino porque Madres es un plástico resultón. Tiene accesibilidad y pegada, es efectivo en traducir los descubrimientos del house y variantes a formatos netamente pop, sus melodías gestionan con estoicismo los densos estados de ánimo que la autora atravesó durante el período de composición -dominados por el delicado estado de salud de su progenitora, diagnosticada con cáncer cerebral.

Madres es, pues, un disco de puntos medios. Estructura ósea, tendones y cartílagos llevan indeleble el sello del house; mientras que el ADN de su carne, de su sistema linfático y de sus órganos es compatible con el four-on-the-floor que saltó a conquistar el mundo desde la Ciudad de los Vientos. Si “Moving Houses”, por ejemplo, es un lento infestado de scratch y privado del más elemental armazón de beats; “How Music Makes You Feel Better”, “Habla Con Ella” y “Funkhaus” tienen enredadas las genealogías del tech house y del big beat. Si “Madres” y “Si Te Portas Bonito” coquetean con las cepas chill y acid sin renunciar a la mirada pop, en “El Carmen” la peruano-griega se deja seducir por la musicalidad afroperuana, asistida por Miguel Ballumbrosio y “patrocinada” por el sampleo de “Beto Kele (Nosotros Somos)” de Novalima. Si en “Estación Esperanza” el gravoso bombo se revela más funk que nunca (incluyendo a Manu Chao, que aquí está SAMPLEADO, no participando de), en “Cecilia” los golpes uptempo y los claps se sienten más cerca de un cóctel disco-soul.

Rodaja resultona, entonces. Funciona tanto para perderse dentro suyo como para utilizarla de soundtrack realizando cualquier labor física. Rescato asimismo las sinceridad y transparencia de Sofia, quien se abre y expone en cada uno de los diez rounds de Madres. Simpático esférico, con no pocos pasajes in extremis radiantes.

Hákim de Merv

jueves, 17 de marzo de 2022

Tech Vibes: Escape

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 9 de marzo del 2022.)

Casi una singularidad cuántica la resurrección de Tech Vibes. Más allá de testimoniar su chamba mediante registros sonoros, el último de los cuales vio la luz en el ’10, parece ser que la aventura solista de Eduardo Otayza alargó la existencia performando en fiestas underground, premunida de sintes y tornamesas. Lo de “resurrección” queda, pues, relativizado -mas no del todo en offside: prácticamente ninguna de estas raides llegó nunca a mi conocimiento.

En rigor, no sé en qué momento da inicio a este proyecto Otayza, 50% del recordado dúo El Paso, uno de los nombres que aparece a prima facie en los anales del ambient pop peruano. Sí tengo claro, por otro lado, que su referencia fundacional aparece en el ’09: fue ésta el single virtual “Telepathy”, que además del tema titular contenía un remix de “Sleepers”, composición de Ghosts And Strings a.k.a. Los Veneremos -olvidada alineación de indie enteogénico que mereció mayores suerte y repercusión que las cosechadas (∅) por su unigénito Como El Agua Que Desaparece De Mis Manos EP (2008). Tanto el 7’’ como el extended aludidos se editaron a través del BandCamp de Dorog Records, propiedad de Giancarlo Samamé, el otro fifty de El Paso. Desgraciadamente, ni uno ni otro se encuentran ya disponibles para su deguste online.

En la dirección adjudicada a Dorog en Internet Archive, en cambio, todavía puede escucharse/descargarse el opus mencionado en el primer párrafo. Aunque Otayza le considera EP, lo único que le relaciona a ese formato es la inclusión de “Telepathy” en diversas mezclas (4). Con el añadido del remix de “Sleepers” y de una reconstrucción de “Llévame” de El Paso, los más de dos tercios de hora de Telepathy se hallan lejos de adaptarse a la duración promedio de un extended. Tras de sí, el silencio rodeó esta faceta del músico. Verdad que siguió creando y tocando, primero como parte de los neopsicodélicos Transparente y después facturando electrónica mestiza bajo las enseñas de Sonidos Profundos De La Cumbia -reducido posteriormente a Sonidos Profundos. Pero de Tech Vibes, no se volvió a saber nada. El último 18 de enero, Chip Musik colgó para libre descarga el debut en largo oficial del alias, clausurando así una espera de doce calendarios que no sabía era tal -ya que, en mi opinión, TV era otro acto de tantos que han pululado efímeramente en la escena independiente perucha. Celebro haberme equivocado.

Es arriesgado afirmar que ha habido una metamorfosis completa entre el individualista cuyo sonido quedase asentado antes en “Telepathy” y demás, y el que ahora detona beats a discreción en Escape. Auscultados ambos de cerca, el mapeo genético arroja el mismo resultado: un ejecutor de tech house lo bastante curtido como para saber/intuir cuándo y -sobre todo- cuánto tirar de las riendas/expandirse cual gigante roja rodeada de audiogalaxias. No obstante, sí puede asegurarse que se ha producido una transformación significativa en el perfil con que actualmente se identifica dicho ejecutor. La vibra del primer Tech Vibes conectaba espontáneamente con artífices de ese dance rock forjado en la resaca posterior a los días de gloria de Madchester: en su interior, palpitó alguna vez el big beat de Underworld, Propellerheads, The Crystal Method y Leftfield.

En una esquina distinta, el groove del segundo Tech Vibes opta por apertrecharse de una robusta stonura dub. El terso grosor con que el wobble bass hila dédalos de ingrávidas texturas tridimensionales alrededor de “Revelation” o de “The Light” ejemplifica con fecundas dosis de reverb la  arista  acaso más evidente   del   credo   que   hoy  abraza  la  técnica del músico  limeño -sobrios contrapuntos de esos números vendrían a ser las melodías gemelas “Skull And Bones” y “Unknown Love”. Por contraste, en tracks como “Stay” o “Ghost Love”, y en menor medida “Vibración Solar” (remezcla del corte de Transparente que figura en su esférico del ’09, Nova); las programaciones abandonan la acompasada voluptuosidad de sus pares en favor de una impetuosa y enérgica cinemática espacial que acerca al solista a la línea de geométrico intelligent techno líquido en torno a la que rota el grueso del catálogo Chip Musik.

La mayoría de estos rasgos -dub, sabrosas secuencias de étnica mimesis, velocidad IDM, ragga estilizado, médula tech house- converge en el remate de Escape. Distinguido con el sampleo de una femenina voz de prosapia soul, “Lately” es el sueño húmedo que auguraba el cruce ni-tan-imposible entre un trío de tribal techno como los británicos Bandulu y un iluminado esteta de la Ciudad Motor como el afroamericano Carl Craig (cf. “Better Nation” del estreno de los ingleses, Guidance). En el caso de Tech Vibes, la manera más apropiada de cerrar un disco con que volver al ruedo, de encarar esa afrocentrista utopía futurista que tantas veces prometieron los 90s -y que jamás llegó.

Hákim de Merv

jueves, 3 de junio de 2021

Saeztti: Esplendor Artificial // Aloysius Acker: Vergel

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 26 de mayo del 2021.)

Mucha gracia no me causó escuchar por primera vez a Elegante & La Imperial. Ni por segunda, ni por tercera. No porque me disguste la electrónica mestiza. Todo lo contrario: me parece una vía refrescante de hacer fusión que, tal cual sucediese con el rock mestizo en los 90s, oxigenó nuevamente las músicas más identitarias de nuestra latinidad. No obstante, sucede que el alias aludía a una suerte de ósmosis -o en todo caso evolución-, de la que participaba Elegante. Es este último el zarpazo inaugural de Daniel Martinetti (quien después se reinventara como Sonoradio), cuyo unigénito legado se convirtiese en uno de los más lánguidamente hermosos (y dilatados) álbums IDM hechos en nuestro país: Desvaneciendo (2004).

Escuchar lo que antes era Elegante haciendo cumbia digital o global bass, pues, me parecía harto afrentoso. Pero bueno, ya pasó un tiempo. Además, el propio Martinetti ha reivindicado su primigenia faceta a través de las chambas como Danny eM y Saeztti. El primer chaplín cuenta con una seguidilla de EPs en un registro de inmaculado house -de los cuales he podido audicionar Something To Say, Form & Function y All Kind Of Things.

El segundo acaba de hacer su debut formal precisamente el 26/5 con Esplendor Artificial, también tras unos cuantos EPs publicados en Discos Aquelarre (sello del autor). En su primera parte, Saeztti repasa casi todo el frente de estéticas post rave valiéndose del canon del intelligent techno para proyectar sugerentes movimientos circulares, evocadoras ristras melódicas, espaciosas notas de una calidez expansiva... No es el suyo, con todo, un IDM de arte y ensayo: pistas como “La Transparencia Del Aire”, “Nada Ha Existido” o “De Extraño Diseño” hablan más de un output abierto, permeable al hechizo house y otros sortilegios equivalentes -el nutritivo ambient pop que cocina “Detrás De Un Resplandor”-, enganchado a las cadencias retozonas de unos Bandulu o un Speedy J.

Por otro lado, EA se pone un tanto voluble de ”Historia Natural” en adelante. Me explico: las formas que modela Saeztti persisten indemnes, su vocabulario y gramática son los mismos. No así el contenido, que deviene mercurial. El magnetismo carnal de números como “Historia...” y “Distant”, por ejemplo, es progresivamente atemperado por alternantes sensaciones vívidas de nostalgia y melancolía. Con la tesitura de un paseo subacuático, “Las Cosas Simples” borronea de a pocos los indicios de pulsión rítmica, convirtiéndose así en la pieza más abstracta del repertorio. Y, pese a las sofisticadas líneas de bajo que recodifican la energía primaria del funk, tanto “El Falso Profeta” como “Esplendor Artificial” emergen sanitizadas hasta la asepsia -si bien no cargadas de congoja, tampoco del dulzor que era moneda común en el primer segmento.

En conjunto, el debut de Saeztti colma sobradamente las expectativas. Entiendo que tal vez pudo ganar más puntos con un trackeo menos disparejo, aunque la apreciación es asaz subjetiva. Provengan de una u otra mitad, los sonidos de Esplendor Artificial hacen justicia al íntegro del background que acredita ya el limeño...

...salvo Elegante & La Imperial.

¿Existirá, como es el caso de la entrada que precede al plato principal, la salida? Alguien dirá que ésta es en realidad el postre, y puede que razón no le falte. Aún así, no me nace pensar en Vergel, nuevo mini-álbum de Aloysius Acker, como la sobremesa que contrasta/contrapesa a De Arcana Celesta (2019); sino como el tentempié que extiende su recuerdo en el paladar al complementarle.

Esta colección de seis nuevos episodios batalla entre el shoegazing y el ambient digital, si bien la presencia de este último es ahora mucho más manifiesta. Desde los primeros latidos de “Memorias De Un Lago”, queda establecida la preponderancia otorgada por el unipersonal de José A. Rodríguez a la electrónica de tintes ornamentales. Incluso en los minutos más dulces/ruidosos del esférico -“El Alma De Flora” y “Fragancia De Ocaso”, vale decir su sección media-, el timón de Vergel yace en manos del antedicho discurso binario. 

Paradójicamente, esta dialéctica hace del baggy el verdadero elemento decorativo de la jornada. En la senda del crossover abierto por Silvania y similares, Aloysius Acker emprende travesía sobre ese ambient rugoso cuyas bases están anegadas de iterativas figuras de programación sintética (“Edhral”, “Memorias...”), que en más de una vez parece querer echarse a correr pero que siempre sucumbe contenido por la placidez y laxitud en que finalmente encallan las composiciones. Las pinceladas de dream pop -“Una Estatua Que Sueña Nubes”, “La Lluvia Cae Desigual Como Tu Nombre”- se limitan, en consecuencia, a diversificar/suavizar el impertérrito paisaje en derredor de este apacible trip.

Sin trepidaciones, sin pulsaciones ni proclamas vigorosas, todavía puede recurrirse a la figura del crisol para describir a Vergel. Mas, a diferencia de DAC, ya se apunta sutilmente hacia direcciones donde el shoegazing no encontrará cabida. Coedita la moreliana Bifronte Records, discográfica mexicana desde hace un lustro próxima a los circuitos independientes nacionales emparentados con la electrónica más arriesgada.

Hákim de Merv

jueves, 13 de agosto de 2020

Transmisores

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 5 de agosto del 2020.)

En los más de cuatro meses que llevamos los peruanos bajo emergencia sanitaria, nuestros circuitos independientes han visto realizarse muchos lanzamientos, afectados moderadamente éstos por las nuevas condiciones en que hemos de vivir quién sabe hasta cuándo. Contados, sin embargo, son por ahora los trabajos desde su mismísimo inicio concebidos en tiempos pandémicos. Transmisores (fines de mayo), última referencia en el catálogo de Chip Musik Records, figura entre aquellos pioneros -si no es el primero entre ésos.

Dedicado a Florian Schneider, histórico miembro de Kraftwerk fallecido en la veintena de abril, Transmisores se vocea como split. No estoy de acuerdo con la denominación: esa chapa se reserva para discos cuyas mitades son ocupadas por sendos grupos. Si los involucrados son tres o más, se les adjudica el rótulo según la cantidad: “three-way”, “four-way”, “five-way”... El caso es que este esfuerzo colectivo tampoco calza en esa clasificación, pues el aporte de cada proyecto no es unitario -sino que se ha pauteado en dos momentos equidistantes. Su estructura, entonces, va más en la línea de la Compilación I (1997) de Crisálida Sónica y del Nueva Música Experimental Arequipeña (2019).

El regimiento se halla conformado por cinco actos, cuatro de ellos enrolados muchos años ya en las filas de la casa discográfica, y el restante en vías de debutar luciendo las mismas sedas: Siam Liam, Xtredan, El Otro Infinito, Ionaxs y Mongo No Stars. Es este último uno de los alias más enigmáticos de la escena off-mainstream nacional: no tiene site, ni página en Facebook, ni cuenta en plataformas de streaming. Virtualmente, no hay medio byte de información online, fuera de colaboraciones cedidas para los capítulos octavo (LACASAZUL) y decimotercero (Trece (El Final De Una Década)) de la serie Lego que impulsa la disquera de marras.

Ya que las piezas de esa doble hélice que configura Transmisores son idénticas en forma, contenido y emplazamiento; es notorio que el álbum dispone de un orden que transforma en ciclo. Ambos -que iré describiendo en paralelo- arrancan justamente con Mongo No Stars. En los Legos en que aparece, el unipersonal ya había exhibido una sorprendente habilidad para acrisolar techno, acid house y algo de la tosquedad EBM ochentera; sorteando siempre la eventual densidad que puede acarrear semejante menjunje. “Early Morning Rain & The Wolf” y “Love Reberveration” agregan a la mescolanza el rotundo intelligent pertinazmente anti-bleep de los primeros Orbital, tiñéndola de bullente colorismo lúdico y aceitando vital su isócrono engranaje. La síntesis catapulta a MNS a un estado espiritual por decir lo menos hipnotizante, que se encumbra sobre los descubrimientos de los estetas de Chicago y Detroit. Curiosamente, Siam Liam -una de las tantas identidades que maneja Alexander Fabián- aterriza aquí en similares coordenadas. El ruidoso IDM de lustre latino que poblaba su primogénito Sul Da Pradaira (2019) prescinde en cierta medida del noise y de las riendas que utiliza para dosificar la velocidad de bpms. Así, las breves “Visión Áurea” y “Dream On” ven volcada su pictórica hacia el vibrante muralismo de una electrónica post rave de juguetona onda expansiva, cuya artesanía es direccionada empero por una sobriedad casi nipona.


El Otro Infinito orienta la proa del barco hacia mares más profundos, inmutables, sombríos. Alfonso Noriega persevera en la ruta que trazase su último opus, el acrónimo EOI (2019) -es decir, vastos itinerarios en los que la estética ambient ocupa completa la bóveda celeste, sumiendo el paisaje entero en un crepúsculo de pálidos grises que agonizan infinitamente. Lo interesante radica en la maña con que el músico elude entregar tracks inanes y anodinos: una secuencia abisal de ascendencia glitch agita las corrientes que surca “Ella Gustaba De Gritar A Las Nubes”, impeliéndole hacia cielos más benignos, mientras que los maquinales beats IDM otrora numerosos en el pasado de El Otro Infinito toman el control de la ennegrecida y resonante “Ligotti” -donde participa un invitado de lujo, el gran José Javier Castro. En la misma abstracta dirección, si bien mucho más decidido en su aproximación aislacionista, toma la posta Xtredan. El individualista Dante Izaguirre dirige su mirada hacia los años dorados de la Warp -el post rock coloidal de Seefeel, el Aphex Twin del abrasador Selected Ambient Works II (1994). Ergo, “Seres De Cristal” e “Inframundo” se adentran en la escuezante aridez que disemina el ambient de beats domeñados y funcionales a texturas construidas por capas tras capas de atmósferas -con seguridad, “Inframundo” es el tema más oscuro y mucilaginoso de Transmisores. Álgebra transnumérico hecho sonido para visitar planetas errantes, como también acontecía en su propio Conspiración (2017).

Ionaxs es el encargado de finiquitar ciclo y disco, de maniobrar el timón para concretar una cerrada vuelta en U, de zambullirse hasta tocar lecho marino en proximidades costeras. Aunque se han quemado varios calendarios desde su último largo, Descomposiciones (2016), Jorge Rivas se ha ejercitado publicando cortes nuevos a través de las compilaciones preparadas por la label. Tanto “Melange (Mix)” como “No Mortal” revalidan el maridaje de tamiz oceánico que practica el también Philkophillips desde que ingresara a la nómina ChM -un bálsamo de bliss pop, ruido repujado, efluvios de shoegazing e IDM a punto de desbocarse. Ambos canales comparten esa perlada sensibilidad acuática que siempre ha labrado el limeño, pero es el punchero “No Mortal” el que mejor la aprovecha, compendiando en sus cuatro minutos y medio muchas de las particularidades que le confieren a Chip Musik sus facciones identitarias. Rivas ya ha anunciado no sólo la pronta salida de un nuevo disco de Ionaxs, sino además una segunda entrega de Transmisores en ciernes. ¿Nueva serie a la vista?


Hákim de Merv

jueves, 13 de febrero de 2020

Afrosky MF: 13 // Siam Liam: Sul Da Pradaira // El Otro Infinito: EOI // Lego 13: Trece (El Final De Una Década) - Lados A & B

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 5 de febrero del 2020.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2019 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (II)

(Tanda dedicada a Chip Musik Records.)

Toda la paciencia del mundo se tomó Afrosky MF para recién animarse a debutar el año pasado. Y, como si quisiera recuperar el tiempo perdido en decidirse, lo ha hecho por partida múltiple. En efecto, los cuatro largos colgados en Spotify -que no uso- consignan al 2019 como fecha de aparición. De todos ellos -X1x, If You Want, Second Hand 420 y 13-, sólo el último ha sido además publicado a través de Chip Musik, lo que no me deja de causar extrañeza. El dúo, amén de aportaciones para escuderías aliadas como Dorog Records -Panoramas: Una Visión A Los Horizontes De La Nueva Música Limeña, revisado hace siete días-, ha colaborado asiduamente en las compilaciones de la serie Lego. Llegó a editar, para más inri, el 7’’ virtual UVE (2018) bajo el código de catálogo ChMR​-​Single​-​010.

(La única certeza en torno a 13 es que el propio binomio formado por Elihu Orrego -sintetizadores, bajo- y Marcelo Fernández -sintetizadores, guitarra- le considera el álbum debut, tal como afirmó su página Facebook cuando anunció la salida vía Chip.)

Se hace un tanto difícil localizar coordenadas fijas para el opus de un proyecto ciertamente electrónico cuya naturaleza no excluye las cuerdas ni un alto porcentaje de organicidad funk/jazz/rock. El swing asociado a las músicas de raíces negras que acabo de listar queda trasplantado a comarcas binarias ni bien suena “Jaxx”, ruidosa apertura preñada de dub. Con el derrotero predeterminado, las eléctricas matizan la electrónica en diversas proporciones: pueden hacerlo hasta lograr mostrarle indefinida (“Relax”), o enfocarse en el groove atravesando tupidos filtros de rascuacha fidelidad electro (“Afrokaoss”). Algo similar ocurre con el free-noise-jazz-out de la levantisca “NoiseFun”, con las dos versiones de “AcidLatino” (¿o debería decir “AcidLatino” y su ulterior reprise?) donde los beats se revuelven intentando emular primitivas zarabandas, y con “Águila Destroy” -su tempo dislocado alude a ese “arnés lunático” del que se jactaba en los 90s el rey de la melodía cubista, Mike Paradinas (a) μ-ziq.

Sólo en una oportunidad, AMF es tentado a olvidar el swing para abandonarse en brazos del vanguardismo digital que empezase a dar sus primeros pasos hace tres décadas. “Huaca” principia como una construcción IDM de barnices irreales, pero no es lo suficientemente seráfica para evitar la irrupción de las cuerdas. Estreno de eclecticismo a la legua, asistido por Henry Ronceros (batería), Nelson Hernández (guitarra) y Mako Moya (sintetizadores, teclados).


Bastante más tiempo que Afrosky MF se tomó Siam Liam para su puesta de largo. Guiñando no pocas veces en Sul Da Pradaira a ese mood sonoro que ¿entendemos?/¿sentimos? los latinos, la performance del enésimo alias de Alexander Fabián se advierte más relajada y ordenada que la del tándem Orrego-Fernández.

El simétrico intelligent techno que exorciza Siam Liam accede a acoplar una guitarra en medio de la avalancha de efectos, secuencias y softwares varios. Diría que hasta puede considerarse esta “licencia” su invisible punto de apoyo, al emprender la elaboración de esos lienzos donde el Ruido y la Melodía se trenzan a puño limpio -porque eso es lo que hacen. Las consecuencias de esa riña no se conducen según la a estas alturas ya manida ecuación con que se prefiere simplificar al shoegazing, sino que equivalen a melodías distorsionadas prestas a surcar informes sueños líquidos de cálidas otredades.

IDM embebido de noise que se comporta como noise embebido de IDM, el coctel que prepara Siam Liam se sirve usando distintas presentaciones. Puede trepidar como el jungle (“Triângulo Prânico”), predisponer a la duermevela como el vaporwave (“Asuis”, rework del sencillo del 2015 que incorpora un sampleo de The Wonder Years), desnudar al techno (“Escrito A Ciegas (Paisajes En Transmutación)”), mimetizarse con la indietrónica (“Menina Dos Anos 90s” o “Caçadora, Há Dois Gato Cantando No Telhado. Gatinha E Gato Velho” -el consabido tributo felino que nunca está ausente en la obra de Fabián-)...

Bizarro ambient modal para diluir el surrealismo manante de los viajes que realizamos cada noche al cerrar los ojos. Al son de estructuras sugeridas, bases corroídas y atmósferas chispeantes, siempre se sueña mejor.


Qué rara sensación me embarga al escuchar lo nuevo que Alfonso Noriega ha despachado usando su nom de guerre de El Otro Infinito. El también Prados Perfectos se ha distanciado unas cuantas millas de las genealogías que alimentaban su música hasta El Abismo En Cada Objeto, uno de los tres EPs que liberase en el 2018. Era ese extended una suerte de correctivo para la hoja de ruta, que habíase desviado un tanto con 21. Ahora, en cambio, El Abismo... luce como el último estertor del intelligent techno habitual durante la etapa que va de su aparición (2014) al 2017.

No obstante, códigos como el ambient, el IDM o el chill out mantienen presencia en el “acrónimo” disco EOI. La paradoja se resuelve cuando notas que lo que realmente se ha desvanecido es el pathos vinculado a estos sonidos. Piezas del talante de “It Fate.”, “Bela’s Dream” o “Canción De La Más Alta Torre” fatigan parsimoniosamente la acuciante aridez en la que desemboca el centrarse excluyentemente en las atmósferas, en las texturas -y ningunear al beat.

No del todo, por cierto. La excepción a la regla es “Sintas”, corte proto-industrial donde más nítidamente destaca la guitarra, y por añadidura limbo equidistante entre aquello que fue El Otro Infinito y aquello que quiere llegar a ser en lo sucesivo. Claramente, todavía no lo consigue: por más que surcos como “Amanece(s)”, “Amapolas” (rework del track incluido en Fever, su LP del 2017) o “DH1” (de nerviosidad declinante) invoquen insistentemente a Global Communications y a los Sabres Of Paradise más ascéticos; aún hay rumbos que recorrer, fases que atravesar, procesos que madurar.

El horizonte plantea una incógnita enorme sobre el unipersonal de Noriega, pero EOI da como para mirarle entre pasmado y expectante.


La idea detrás de cada entrega de la serie Lego es ofrecer un registro colectivo articulado en torno a un concepto. Este último no necesariamente proviene de los actuales responsables de Chip Musik, Jorge Rivas y Alexander Fabián, pero sí cuenta con su aprobación final.

No adivino si Lego 13: Trece (El Final De Una Década) tiene aspiraciones epocales. Su título no tiene por qué interpretarse más allá de un sentido literal: le sirve a la discográfica, entonces, para cerrar las persianas de los últimos diez años y encarar la entrada al tercer decenio del siglo XXI. La ocasión amerita que el Lego 13... sea doble, aliciente para priorizar a grupos y solistas peruanos, sin olvidar a bandas de otras latitudes que se han integrado a la label o cuyas estéticas le son convergentes.

En el primer capítulo del Lego 13..., subtitulado como ‘Lado A’, los convidados extranjeros son el combo español-colombiano Empty (con el juguetón IDM cuasi-polifónico de “DischargeA01”) y la artista usamericana LI (“Face” es un cadencioso y opaco cruce de bliss pop, lo fi e indie). Cinco casillas más se destinan a nombres por lo visto bastante cercanos a la órbita Chip: El Enano Siniestro (cuarteto aparentemente muy versátil, “Camino A La Guarida Del Diablo” habla de una faceta post rock de filiación electrónica), los prometedores Solenoide (indiegaze de baja fidelidad en “Centinela”), Cashiari (“Criatura Sin Control”), RA (fogoso post house el de “Mutation”), y el buque insignia de la flota pop peruana, Silvania (“En La Playa Del Olvido”).

El resto pertenece a las filas del catálogo: Miyagi Pitcher (“Origen (A. Pizarnik)” pasa como out-take de su reciente Abraxas, oscilante entre el IDM y el vaporwave), Xtredan (cuyo “Vrillon 1977” recuerda mucho a la estética primigenia de los Artificial Intelligence de la Warp), Alcaloidë (una ‘flatulenta’ “Entelequia”) y Puna, con la que tal vez sea la mejor composición de su comentadísimo Sukha -“Ultramar”.


22 convocados, 17 connacionales, 5 provenientes de distintos puntos del planeta.

El segundo capítulo del Lego 13..., subtitulado como ‘Lado B’, es un tanto más representativo acerca de los manjares sonoros que anidan en el regazo Chip. Para empezar, cuenta con más artistas enrolados bajo sus banderas, practicantes de los géneros dilectos de la independiente y empeñados en expandirles. Tales son los casos de la enigmática entidad Philko, que ensaya una simbiosis de trip hop y post house aún fermentando (“Tetris”); del chileno Rodrigo Mardones a.k.a. Música Casual, cuyo “Electro-Tribal” es harto colorido en comparación con la metodología de grabaciones de campo ejecutada en su primerísimo Untitled (si bien la duración acaba difuminando en algo la sorpresa); de la intangible exhibición de bricolage electrónico a cargo de la arequipeña Yume Station (“Operator”); del ominoso “El Último Vuelo Del Hada” de El Otro Infinito, tal vez el rezago culmen de IDM-a-la-usanza-antigua que le queda al chaplín de Alfonso Noriega; del evocador ambient noise de Siam Liam (“Sul Da Pradaira”), y del excelente tema nuevo de Ionaxs, “El Regalo De Las Nubes”.

Otros, como el del individualista mapocho Luis Venegas (a) Argades o el de Mongo No Stars, van por senderos consonantes. El primero decrece revoluciones a niveles de minimal noise con “Galería Subterránea”, mientras que el segundo hibrida techno, proto-EBM y ecos del sonido The Shamen en “La Bestia”, hipnótico canal dance.

La cuota de diversidad es cosa de allegados como el trío mexicano Acty (agradable noise pop en “Nada Es Lo Que Quieren”, tiene editado un larga duración en Chip), el dúo Gelatina Magma (“Nuestros Días”, número al que Giancarlo Samamé y Ángela Ruesta le están sacando el jugo) y Les Replicants. Aportes en varios documentos colectivos me conceden margen para afirmar que este trío fundado en Huamanga se comporta sumamente maleable -y más importante aún, con mucho oficio. “Ilumíname” tonifica aquello que en los 80s se conoció como “psicodelia”, mostrándose su sonido vagamente deudor de Loop.

Los dos volúmenes de Lego 13... constituyen un remarcable esfuerzo que ha venido gestándose durante casi medio año. A diferencia del devastador estío que vivimos en el 2019, es ésta una perfecta compilación para afrontar el verano más bien suave de este 2020. La variedad de registro podrá ser menor que la exhibida por las recopilaciones de Dorog, pero debe recordarse que en ello incide el que Chip Musik Records sea el sello nacional IDM/post IDM por antonomasia -además de muy afín al shoegazing.

Las portadas son cortesía de Ángela Ruesta.


Hákim de Merv

jueves, 21 de noviembre de 2019

Fantasna: Sentimientos Encontrados EP // Felics: Bosque Sagrado // Rafael Cheuquelaf: Choike EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 13 de noviembre del 2019.)

#AguanteChile

A veces pienso que la movida electrónica chilena de unipersonales post house anda tan fragmentada, y ello en más de un sentido, que mapearla se ha convertido en tarea apremiante. No recuerdo cómo, en cierta ocasión me topé con Baltazar Solar (a) Alpha Stronggah, quien comenzara pergeñando hip house y terminó sumergido en la electrónica a tres bandas -house, dub y ambient. Nuestroh EP (2014) fue debut y despedida conmigo, puesto que desapareció del sonar abruptamente.

Lo mismo no ha sucedido con Sebastián Mella, que tiene muchos años ya utilizando el nom de guerre de Fantasna. El mapocho, empero, adolece de los demás hándicaps inherentes al mismo cajón de sastre: prolificidad que se torna sofocante, dispersión de referencias discográficas, sequía de esféricos que sobrepasen los dos tercios de hora... A Fantasna lo sigo desde que le descubrí gracias a Del Cuore, su extended del 2014. Lamentablemente, ha sido muy difícil tanto seguirle el paso como ubicar sus anteriores producciones para ponerme al día. Máxime si Fantasna ha vertebrado toda su carrera esencialmente sobre lanzamientos de escaso minutaje -creo que su primer larga duración recién es Cuéntame (2017).

Lo que suma en favor del santiaguino es la exquisita filigrana que acude a su llamado en composiciones habitadas por robustos bombos y samples de potencial efecto mesmerizante, característica que le ha valido participar en Lollapalooza Chile 2019, así como girar por Asia y Europa en el 2018. Sentimientos Encontrados EP es otra demostración de ese talento: ambient house dulce y rítmico, diseñado para el consumo casero e individual, pero también funcional si se presenta la oportunidad de reproducirlo en locaciones asaz diferentes. Sinuoso -cuando no voluptuoso- pulso electrónico, de vertiginoso como ilusorio desdoblamiento, para sincronizar con el techno del valpeño VNZO (chequear su impresionante Santiago Estado Mental, 2018) y el electro-pop de su compatriota radicada en París Alex June. Magia del Sonido sin fecha de expiración.


Abril vio debutar en soledad al chileno Félix Encina, músico que ha cosechado laudatorios varios por su labor como productor y sonidista, y que se hiciera particularmente célebre a raíz de su chamba en el tercer esfuerzo del grupo de rock alternativo Planeta Mente (El Volar Del Aprendiz, 2017). Oculto tras el rótulo de Felics, Encina ha dado pie en bola a un disco de ensoñador y pedestre indie pop, que se las arregla para navegar entre climas de lo fi sobre la cubierta de una yola de remaches synth pop -en la travesía, Camilo Oyarzún de PM devuelve el favor.

Bosque Sagrado se grabó en una multipistas de ocho canales rescatada de los 80s. Trabajarle empleando este aparato vintage no sólo ha obsequiado a Felics sonidos y texturas templados y acogedores con que esbozar plácidas melodías naif, sino que además las avecina a las costas del vaporwave sin hacerlas atracar en sus puertos. Esto se expresa patente en “Al Menos Hoy” y en el icónico “Miau”, números que evidencian un incremento en el uso de la poética synth. Ésta, por lo general, suele mantener perfil bajo; permitiendo que sea el indie el que se luzca: “Yuvia” (exaltada por los vientos de Camilo Campos), “La Inquisidora Normalidad”, “Decir - Pensar” o “El Lobo Feroz”.

La cavilante serenidad de la narrativa encarnada en Bosque Sagrado levita merced a una suerte de ambientación lisérgica muy tenue, acaso el resultado del proceso de experimentación y aprendizaje que el propio Félix ha subrayado en entrevistas. Esta suerte de transformación que atravesase Encina le ha conferido un ionizado fulgor a cada instrumento, pero es en el sintetizador donde más puede apreciarse ese cromatismo evanescente, ese flujo sinestésico de tonalidades. La pértiga gracias a la que el álbum salta la valla para coronarse como el más primoroso aparecido bajo cielos chilenos en este 2019.

BS cierra con “La Víctima” y “3 5 4”, piezas donde el filón electrónico de Felics emerge en todo su esplendor, sin avasallar a los demás componentes de su retórica.


Desde la ‘terra australis’ magallánica llegaron nuevas sobre la liberación de material solista de Rafael Cheuquelaf (en la foto, al lado de su retoño), músico y 50% de Lluvia Ácida. Los cuatro temas que conforman Choike EP pertenecían a un repertorio más amplio fechado hace unos seis años, cuando el puntarenense consideraba debutar en largo por cuenta propia. El nombre del extended proviene de la lengua aónikenk, que hablase el pueblo homónimo tehuelche de nómades cazadores y recolectores que más al sur habitase Mesoamérica durante miles de años. Curiosamente, la palabra guarda cierto parecido con el vocablo mapuche “cheuque”: morfológico y quizá fonético, pero más que nada semántico -“ñandú”, en ambos idiomas.

Es justo con “Penon Choike”, es decir “la pata del ñandú” (la famosa “Cruz del Sur” entre lobos de mar occidentales), que se abre este breve y muy agradable registro. El track se desarrolla a partir de una acústica sosegada y melancólica en su iteración, debajo de cuya delicada capa bullen lúdicamente sonoridades sintéticas. El pastoralismo de “Penon...” contrasta con el hálito casi abstract techno de “Luces En La Carretera”, gobernado por un beat 8/8 (¿o es 16/16?), que pese a ello no cambia las diapositivas de fondo. Con ellas me refiero a la línea de cotidianeidad naturalista que Cheuquelaf documenta en Choike EP, en cierto sentido derivada de sus andanzas al lado de Héctor Aguilar y que en “Orilla” cuaja de modo menos estilizado o artificioso -punto medio equidistante entre las precedentes pistas.

Dejo para el párrafo final “Hija”, corte que samplea la voz de la unigénita heredera del músico, Antonia Rayén. Inicialmente, el sampleado la codifica en una secuencia que de a pocos va tornándose surrealista, como describiendo aquello que sienten ojos pioneros ante las íngrimas inmensidades que la Tierra oculta de continuo al Hombre -y que debieran lucir encantadas o hechizadas, a la manera de un Algernon Blackwood. Hacia el anochecer del surco reaparece la guitarra, ahora enchufada y enroscada al sintetizador, lo mismo que la pequeña Antonia. Un EP con que siempre recordar esa máxima de Ciro Alegría escrita hace 84 años, que sólo entienden cabalmente aquellas personas que viven en lugares como el Estrecho de Magallanes o el Valle del Marañón: “Aquí, la Naturaleza es el Destino”.

Alejandro Muñoz Linford y Rafael comparten créditos por las fotografías.


Hákim de Merv