jueves, 27 de octubre de 2022

Sunday Night Joy: Stranded // Nyarlathotep - A Tribute To Howard Phillips Lovecraft

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 19 de octubre del 2022.)

Desacostumbrado, cuando menos, el itinerario que ha seguido Caesar Rahadian Kusnadi bajo el mote de Sunday Night Joy. En estas tierras se le escuchó por primera vez hacia el ‘13 con “Like The Sounds Of Curiosity”, corte cedido a ...Brands Upon The Brain, sexta entrega de la serie ‘Lego’ que sostiene Chip Musik. No volvimos a tener el gusto sino hasta mayo de este año, en que refrenda su colaboración en el quinceavo capítulo de la misma saga -...Pulsos De Bosques- vía “Lying Under A Shady Tree”. Siendo el músico ciudadano de Indonesia, en realidad no extrañaría su casi nula presencia en Latinoamérica, si no fuera porque la situación es exactamente la misma en su zona de procedencia -con la adición del single “Mind Of Silence” (lanzado en el ‘18).

SNJ, pues, carece de mayores acreditaciones discográficas. Tres 45s en dos lustros es un promedio muy magro, pero palidece aún más si se duplican los años en actividad. Aunque lo de “actividad” habría que analizarlo más de cerca, ya que es el propio Rahadian Kusnadi quien consigna como fecha de nacimiento el período comprendido entre el 2002 y el 2022 -léase un parto de dos décadas. Así lo corrobora Stranded, anunciado por Chip en su BandCamp como el debut absoluto del asiático: en efecto, se adosa allí una fugaz biografía del insular que incluye la dirección de su cuenta SoundCloud, donde no hay absolutamente nada. Stranded debe considerarse, entonces, el estreno a nivel mundial.

El disco se compone de seis temas y un remix en manos del peruano Alcaloidë. De esa media docena aludida, una tercera parte corresponde a aquello aparecido en los Legos antedichos -no siendo “Mind Of Silence” materia para la respectiva repesca. Las nuevas creaciones se aúnan al sonido con que ya se había identificado Sunday Night Joy gracias a “Like The Sounds...” y a “Lying Under...”: un idioma sonoro que se derrama/disemina/acomoda entre el shoegazing y su trasvase rumbo a la electrónica intimista de baja resolución, a unos cuantos pasos de la estilizada indietrónica que caracterizase a Morr Music.

Acompañada por “Like The Sounds...”, que subraya la veta digitalista del mixtión, la apertura “Dyn” pone de relieve el fino balance entre melodías sencillas y microscópicos clicks’n’cuts que al autor es tan caro. Ese equilibrio, empero, vacila intangible, cual si fuese sólo apariencia. Esto se debe a que, por una parte, hay tracks que florecen más próximos al cálido fulgor del baggy; como “Lying Under...” o “The Shoreline Quest”. Por otra parte, canales como “Stranded In The Interior Of A Common Sphere” y su remix se asientan en el subíndice binario de la fórmula, enfatizando la ornamentación electrónica e incluso acudiendo a patrones rítmicos tributarios del jungle. Esta taxonomía, por supuesto, no excluye la utilización de elementos pertenecientes al lado “opuesto”: en todo momento, el resplandor demencial del shoegazing y la desprolijidad lo fi de la indietrónica combustionan al interior del álbum.

“Newfoundland” es la síntesis más pulida de lo hecho hasta ahora por Sunday Night Joy. Número de ensoñación digital y brillo dream pop, es heredero por igual de Auburn Lull y de Boards Of Canada/de Pale Saints y de Telefon Tel Aviv/de Slowdive y de Dntel. Tal cual sucede en buena parte de Stranded, “Newfoundland” se convierte en angélico flujo de narrativa no-lineal, donde una guitarra en plan ambiental hace las veces de plomada para la construcción de muros de artificioso éter -o el dulce crossover entre Ulrich Schnauss y los Seefeel cristalinos inmortalizados en la recopilación Polyfusia (1993), hecho realidad.

Con un nombre como el suyo, diríase que el único propósito de vida de la difunta escudería lusa Kadath fue erigirse en constante recordatorio de la inextinguible influencia ejercida por H.P. Lovecraft sobre determinados individuos consagrados al arte de la Música. Durante los tres años en que se mantuvo a flote (1995-1997), sin embargo, la independiente conimbricense dirigida por Nuno Loureiro no sólo costeó una insignificante cantidad de títulos (8 en total); sino que apenas uno de ellos puede tomarse como cabal reflejo de la obsesión que suscita la mitología del visionario escritor usamericano.

Eso sí, si no el primero, Nyarlathotep - A Tribute To Howard Phillips Lovecraft (1997) debe ser uno de los -es justo ponerlo así- primigenios esfuerzos colectivos que honran con todas las letras al genio de Providence. Argumento de sobra para que Eighth Tower Records, macabra subsidiaria de Unexplained Sounds, haya apostado por la reedición de rigor un cuarto de siglo después. Concretarla, me imagino, ha debido ser toda una hazaña: Nyarlathotep... se inscribe en el ocaso de la tape culture europea, en una época en que ésta propinaba sus últimos coletazos ante la inmensa superioridad del CD-R. Como tal, el tributo fue manufacturado en cassette.

Otra circunstancia que llama la atención es la relativa a los participantes. De todos ellos (7), sólo uno gozaba de cierta notoriedad desde principios de los 80s: el grupo dark italiano Kirlian Camera, que figuró en varios mixtapes en aquellos calendarios. Como corresponde, los demás son perfectos desconocidos, incluso para los críticos más avezados. Menciono a Kirlian Camera, no obstante, porque al contabilizarle se completa la mano de combos itálicos aquí convocados; cosa rara siendo Kadath una label ibérica. Además del francés Michel Madrange (a) M.Nomized y del proyecto portugués Nigredo, se involucran Gerstein, T.A.C. (acrónimo de Tomografia Assiale Computerizzata), In Articulo Mortis y Tombstone (por partida doble). Salvo los dos últimos citados, todos se han mantenido en activo por lo menos hasta la década pasada -algunos hasta hoy.

Obviemos ponderables delicadezas técnicas como la de la nueva portada y la de la remasterización obligada. Dado que Nyarlathotep- A Tribute To Howard Phillips Lovecraft es una pieza arqueológicamente recuperada, no se le puede exigir mucho. Parece haber consenso sobre la existencia, en los 90s, de una zona fantasma que cohabitaban el dark-gothic, el progre, el industrial y el metal; región de la que muy pocas bandas surgieran/resurgieran solventemente. Entonces nadie había pensado aún géneros como el dark ambient, el noise “lovecraftiano”, o el horror ambient. De modo que los habitantes de ese limbo pueden hacer las veces de antecesores de esas proto-tendencias, ilustradas aquí.

(In)armonías deshumanizantes, neopaganismo de aviesas connotaciones ultraterrenas, frecuencias subsónicas hasta la caricatura... El riesgo es que la mayoría de estos experimentos suele convertirse en cliché con el paso del Tiempo, y eso es algo que ejemplifica muy bien este homenaje. Previsiblemente, Kirlian Camera es el que más suena a gótico medieval (“Die Hochöfen Des Schmerzes (Organ Version)”). Y M.Nomized, el que más cae en el escalafón de pastiche (“Tantra Music”). La cuesta de Nyarlathotep... es, pues, descendiente a partir de “Ritual Affliction” (Tombstone) -excepto por “Deadly Nightshade” de T.A.C., que arriesga algo más allá y logra acercarse a las atmósferas de horror basáltico y resonancias cósmicas que llegarían a la consolidación de la mano del sound art y del dark ambient en lustros posteriores.

Hákim de Merv

jueves, 20 de octubre de 2022

NRA Ruido: Una Hora De NRA Ruido

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 12 de octubre del 2022.)

Vuelve Félix Pineda Méndez desde la otredad en que vive asentado con una grabación que parece hacer alarde de no tener la más mínima de las aspiraciones -o al menos es lo primero que se puede inferir de un “no-título” como Una Hora De NRA Ruido. Cedido esta vez a la plantilla de Noxa Recs, la armígera discográfica de José María Málaga -el debut Crugita (2020) apareció vía Uku Records, sello de Miguel, el menor de los Málaga-, el contenido se sube a BandCamp durante los idus de julio último; inaugurando la línea de lanzamientos en formato cassette de la susodicha independiente.

¿Novedades? Sí, algunas. Y bastante sustantivas. El detalle es que, para advertirlas, sigue siendo imperativo horadar el fortificado murallón de bulla teñido de paranoica barbarie que este limeño exiliado al pie del Misti hace fructificar cada que se sienta a ¿componer?/¿descomponer? utilizando quién-demonios-sabe-qué herramientas. Ya al comentar el estreno de Pineda Méndez, anunciaba los graves peligros de exponerse sin prudencia a los altamente nocivos niveles de ruido que se hallaban allí desperdigados: presbiacusia, tinitis, mastoiditis... La admonición es igualmente relevante para efectos del presente tape -vale más prevenir atenuando el volumen y/o contando con las invaluables bondades de dos Aspirinas Forte al hilo.

Al sortear ese colosal obstáculo, podrás notar que el modus operandi de NRA Ruido no ha experimentado mayores cambios. Improvisación, a-gramaticalidad sónica, automatismo, performance abierta. Las pocas líneas que acompañan el upload en BandCamp y las breves declaraciones del principal instigador de Noxa Recs coinciden en la esencia: registrados todos los temas en la comodidad de su hogar empleando con ingenio instrumentos caseros, la cinta extracta una hora de decenas de grabaciones en las que el solista explora aleatoriamente los diversos caminos que transita el noise extremo. Lo que sí ha mutado, como sugerí en el párrafo anterior, son los resultados.

Vislumbro tres tipos de pistas. El primero, el más evidente, es el relacionado con el pasado inmediato del alias: una tormenta de noise erosivo que chirría y muge/brama despedazando frecuencias y armónicos. O lo que es lo mismo, el ruido como exabrupto perenne, tal cual se mostraba en Crugita. A este ‘modelo’ se adhieren “DQHS”, la apertura “Archipiélago”, “Truhán” y “¿Cómo Te Puedo Llamar?”. Neurótica disfuncionalidad al mango.

El segundo tipo de pistas, el más desconcertante, es el que disminuye el exceso de decibeles y se expone proclive al fomento de giros imprevistos (“Asa”, “Valem”), ondulaciones (“Hípica”, “Borde”), estupros contra la guitarra (“Beneficios Y Riesgos En El Vacío”, “1991”), desbocamientos percusivos (“Cobertura De Leche”)... Es, de hecho, la tajada más sustanciosa y heterogénea de Una Hora... -me recordó las ocasiones en que el Liquidarlo Celuloide de sus dos primeros discos suprimía cualquier guiño lúdico para ponerse “serio”. Atendiendo a esta nutrida categoría, habría que preguntarse cuánto ha pesado el criterio de selección del material -a cargo de José María Málaga- para inclinar la balanza hacia este lado.

El tercer tipo de pistas es aquel que logra colarse entre el primero y el segundo. Aquí NRA Ruido interviene ondas de radio y televisión para saquearlas, recorta y reposiciona fragmentos verbales, regula las estridencias para disponerlas como anómalos oleajes según convenga. Es el feudo de la expresividad perturbadora. Es el reino de “Jacop”, “Lamo Tu Espalda”, “Chilpinilla”, “Azar Lascivo” y “Meenkntassonhido”.

Aunque sorprendente, también era predecible esta suerte de viraje en el andar del acto arequipeño. Dada su irritante e iracunda naturaleza, experiencias como ésta tienen todo en contra para perdurar. O bien se suelen extinguir rápidamente, o bien se avienen a ceder después de un tiempo a la búsqueda de cielos más clementes. No espero que pase ni lo uno ni lo otro, claro, pero es casi una regla. Felizmente, éstas suelen venir acompañadas de excepciones. Veremos si consigue NRA Ruido escapar a estos sinos, convertido ahora en dúo con el ingreso de Ángeles Valverde aporreando hi-hats, tarola y bombo -en BandCamp propio, el tándem viene colgando nuevas piezas con laudable periodicidad.

Hákim de Merv

sábado, 15 de octubre de 2022

Time Traveler: Dystopian Future / Micelio

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 5 de octubre del 2022.)

Faltaría a la verdad si dijese que guardaba en mis neuronas recuerdos de la que hasta hace poco debía considerarse la unigénita referencia de Time Traveler, unipersonal afiliado a Chip Musik y apertrechado del más impenetrable anonimato. La salida de dos nuevos registros, con cerca de tres meses de separación entre ambos, obliga a la consabida modificación en el status de Unidad (2011); así como a una breve reevaluación de sus pistas, de cara al análisis del material estrenado. Era ese primer paso, ergo, un conciso artefacto acunado por la desafección del ruido digital en su variante más carda. Tal peculiaridad dificultaba su dimensionamiento incluso entre lo más virulento de Chip -primero, porque la crujiente estridencia de sus aproximadamente 30 minutos le pintaba harto intratable como para estándares harsh, y segundo, porque cada tanto su atmósfera ionizada de huraña aspereza condescendía a dejarse permear por infinitesimales esquirlas susceptibles de catalogarse como “melódicas”.

Con esas inasibles cartas en mesa, la falta de continuidad del proyecto lo condujo rápido hacia el arcón de los olvidados, salvo entre aquellos/as de nosotros/as más memoriosos/as. De ahí que la conciencia agitase levemente una campanilla desde el fondo de la amplísima nómina de la independiente oroíno-limeña, cuando se anunció la aparición de un mini-LP once años después de Unidad. Ya que este último todavía se halla disponible para free download desde el BandCamp de Chip Musik -buscar entre los quince números de catálogo más antiguos-, es fácil volver a prestarle atención, corroborando de paso que el Viajero Del Tiempo ha evolucionado a partir de la radicalización de su primigenia propuesta.

Dystopian Future, en efecto, se ciñe al noise vertebrado utilizando digitalismos mil. Prácticamente, hasta el punto de no-retorno. Su capacidad de fuego no es 100% abrasiva, pero se queda a milímetros de esa línea. Tomando cuidadosa nota de los logros concluyentes que la escena experimental perucha rubricó entre fines de los 90s e inicios de los 00s, el ignoto individualista se zurra en las advertencias que penden sobre la trasposición de los límites permisibles máximos del umbral auditivo humano. Es, así, una venenosa/patológica definición del Ruido la que DF desarrolla a lo largo de cuatro canales.

No es piedad, sin embargo, lo que inhibe a Time Traveler de quemar todos los puentes tras de sí en dirección a la abrasión total. Si en “Dystopia” y en “Plastic Ocean” lo hace, bordeando las fronteras del ruido rosa, nada lo obstaculiza para obrar igual en “Micelio” o en “Wormhole”; cacofonías que podrían haberse incorporado con presteza en su asalto de hace casi un docenio. Nada, excepto tal vez cierto grado de oxidación perfectamente comprensible, razonable al sopesarse la larga estadía en los cuarteles de invierno. Es sólo una hipótesis, basada en la pura especulación, que con todo recibe inquietante confirmación cuando se presta oídos al recientísimo Micelio (26/9/22). A través suyo se comprueba, asimismo, que la inmersión del elusivo no-músico es irreversible; sin media chance de poder volverse atrás.

La estruendosa semilla que germinase en Dystopian... se ramifica y extiende en Micelio, que por lo demás incluye nuevas mezclas de todos los surcos del mini-álbum, además de recursos ¿sonoros? adicionados a cada una de ellas. Si bien la puesta de largo de TT atraviesa diversos estadios -golpes secos y cafres, punciones aniquiladoras, encontronazos a escala geológica-, no se comete yerro al aseverar que el Ruido aquí es siempre chisporroteante y caníbal. Desolador.

Metamorfoseado ya en un acto a lo Kevin Drumm o Masami Akita a.k.a. Merzbow (vg. una genialmente bautizada “Neural Rewiring”), el de ChM ovilla y superpone cientos de capas de información que convierten en vana cualquier tentativa de siquiera arañar la superficie del disco. Éste secreta constantemente malas vibras en un sentido Event Horizon, entre la ciencia ficción y el terror ominoso: pérfidos vendavales de distorsivas crepitaciones (“Sumaya”, la nueva toma de una “Micelio” ya absorbida por el Lado Oscuro), brutales colisiones de huaycos que acaban repercutiendo en intimidantes implosiones tectónicas (“Paradox”, una renovada “Plastic Ocean”), sólidos mazazos que practican una de-evolución zen contra los conceptos más básicos de música y armonía (los remozados mixes de “Dystopia” y “Wormhole”)...

Diría, tras esta resurrección, que Time Traveler corre solo en el panorama actual de underground experimental peruano. Ello sería pecar de inexacto: aunque la inmensa mayoría de artistas que integran esa movida no llega a los mismos dañinos niveles de audición irritable/vejatoria, producto de una hiperbólica sobresaturación de frecuencias, sí existe por lo menos uno que puede parangonarse al solista limense -ante la desaparición del tarapotino The Shego. Reside en Arequipa y se encuentra en plena forma: NRA Ruido. Como sucede al acercarse al output de la identidad mistiana, recomiendo extremar precauciones al escuchar lo nuevo de TT. Ambos episodios son materialmente INAGUANTABLES.

Hákim de Merv

jueves, 6 de octubre de 2022

Parasomnia: Vigilia // Jurel Sónico & Los Impuros: Flores Plásticas

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de septiembre del 2022.)

A despecho de sus ya más de cuatro décadas de historia, el dark rock -dark-gothic, para más inri- sigue reverdeciendo de cuando en cuando laureles. Que lo diga si no el darkwave, ¿subgénero? ¿estética? que de un tiempo a esta parte ha reflotado las mayores revelaciones de la sonoridad oscura que caracterizase a los primeros 80s, levantando de paso muchas escenas do quiera éste recala -con la (¿honrosa?) excepción de Perú, que a mediados de los 00s terminó de exprimir el imaginario darkie hasta secarlo.

A los muchachos de Parasomnia les ha tomado poco menos de un bienio firmar el debut en largo. Luego del epónimo extended play que les diera a conocer, los santiaguinos se han movido sin descanso, fogueándose en directo o aupando cualquier iniciativa proveniente del próspero circuito darkwave mapocho. Y aunque su estreno en corto daba cuenta de no poco talento, era bastante claro que el siguiente paso a encarar debía ser sí o sí hacia adelante, despejando cualquier duda que echase sombras de más sobre el porvenir de los chilenos.

El EP de hace un par de años me permitía hablar de un purismo elástico, razonable. En Vigilia, ese purismo hegemónico se ha vuelto menos dúctil, más acerado. Lejos ya de las influencias post punk -la única que persiste es la de Joy Division, que igual puede leerse como antecedente dark-; Franco Reyes (guitarrista), Mauro Rojas (vocalista), Francisco Cerda (baterista) y Sebastián Gonzáles (bajista) se ponen bajo el signo de La Cura más siniestra y del tenebrismo liviano de Skeletal Family. En lugar de convertirles en un pesado tanque blindado, ese ajuste les reditúa el atributo de la serenidad, sin por ello descollar distantes. Al contrario, números como “Asesinos”, el vigor trepidante de “Joane Florvil”, “Cuerpos Digitales”, “Imagen”, “Ciudades Fantasmas” y “Bernardo” son expeditas muestras de una presteza oscilando suntuosa entre el darkwave y el gothic pop.

El tópico de las líricas se halla asimismo vinculado al de los avances respecto de Parasomnia EP. Las figuras en que abunda actualmente la prosa del hoy cuarteto están más enraizadas en torno a las nuevas dimensiones que la tecnología digital ha instaurado en la vida humana (cf. “Imagen”). Se percibe, pues, una mayor firmeza en este apartado: todavía falta una pizca de sutileza, de sublimación, pero esa meta se vislumbra ahora mucho más cercana. La evidencia asoma clara al aparecer de pronto el remanso del CD, en la segunda parte. “Gritar Gritar”, “Es Destrucción” y sobre todo “Humo”, que califica como el quejumbroso mid-tempo baladesco de Parasomnia; disminuyen las revoluciones en comparación con el resto del repertorio. Por suerte, la entrega es la misma.

La cadencia ronroneante del bajo, el corte gélido de la eléctrica, la insistente parquedad de las baquetas; eran cualidades que ya se destacaban en el extended previo. Aquí son reeditadas, lo mismo que el hermanamiento que presumo existe entre el ADN de los sureños y el de sus desaparecidas contrapartes peruanas: Bajo Sospecha, Sor Obscena, el extinto lado ochentoso de Catervas, Danza Rota, La Devoción, Cenizas, Textura...

Referente ineludible en la movida independiente de Gran Valparaíso, tenía en carpeta escuchar de todas maneras la première de Jurel Sónico al lado de Los Impuros, editada físicamente por la estupenda label española Hotel Records en  julio.  El alias  artístico  de Claudio Manríquez  acreditaba  el suficiente trajín -el año pasado con Hammuravi, el anterior con Adelaida, mucho más atrás con Mowasee y Lisérgico- como para prestarle oídos a esta nueva incursión sónica. Y sí, se trata de un debut interesante, que te exige algo de paciencia y también de preparación.

La primera vez que mis tímpanos recorrieron Flores Plásticas, éstos le encontraron algo de semejanza con el Hulahop (1997) de Mercromina, banda ibérica muy subvalorada y apenas conocida en estas regiones del globo (aún cuando es descendiente directa de ese grupazo que responde al chaplín de Surfin’ Bichos). Hoy, ese parecido se ha diluido al mínimo, pero al principio surgió espontáneamente; siendo gradual y bastante arduo el proceso de su desvanecimiento. La conexión se presenta debido a que ambos trabajos se valen a partes iguales del indie y de esa zona liberada donde se entreveran el shoegazing y el output alternativo de los 90s inclinado hacia el ruido guitarrero. A diferencia de los de Albacete, mejor dispuestos a la sofisticación del dream pop, los porteños/penquistas se abandonan al irredento influjo del tosco noise rock.

El periplo de Flores Plásticas, entonces, se acerca de continuo más al cajón de sastre alternativo usamericano de copiosos niveles decibélicos. Tras el relativamente calmo despegue de “Robot (De Juguete)”, el Big Muff comienza a azotar los amplis con potencia extrema en las fragorosas “Tragaluz”, “La Noche” y “Cabeza De Muñeca”; esta última una llameante acometida a lo Porno For Pyros circa ’93. Junto a la arrojada “Distorsión”, “Cabeza...” enfatiza esta similitud farrellesca merced a las gritantes vocales del ex Lisérgico. Y aunque en “Amatista” raciona el quinteto las energías, el espíritu colectivo mostrado hasta este punto permanece indómito.

“El Blanco Ya No Es” inaugura una segunda mitad más variopinta en lo que al registro de JS&LI atañe. El hito que  comporta  esa  canción,  por  ejemplo, anuncia una baja  abrupta  de  esteroides -que irá revirtiéndose si bien no sostenida, sí progresivamente. Si “El Blanco...” tiene la fibra de un parsimonioso movimiento acústico, ocurriendo lo propio con la otoñal “Sin Dormir” (que preludia el fin de la jornada), a través de la trilogía “Salix”-“Temporal”-“Volcano” el combo recupera posiciones gracias tanto a las paredes electrificadas de tres guitarras como a la solidez de un bateo contenido/sobrio/ejemplar. “Volcano” y su casi nula fidelidad, en particular, me sabe a pista paradigmática de toda la placa pese a su coqueteo ulterior con el stoner: es el de Flores Plásticas un indie rock bullicioso, envuelto en lienzos negros.

Correcto arranque de Jurel Sónico (voz y guitarra) al lado de Los Impuros -Tomás Pérez en la teba, Joaquín Roa y Ricardo Cepeda en guitarra y coros, Mort en el bajo-, grabado en Concepción entre febrero y abril del año en curso. Manríquez firma todas las composiciones.

Hákim de Merv

jueves, 22 de septiembre de 2022

Belle And Sebastian: A Bit Of Previous // Catch The Breeze: Into The Wide

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 14 de septiembre del 2022.)

Belle And Sebastian fue uno de esos rarísimos y postreros milagros de la centuria anterior, que hizo renacer las esperanzas de muchos/as en el pop melódico independiente. Confeccionada con extrema simplicidad y camionadas de emoción desbordante, su música se valía por sí misma para enamorar los corazones de millones de oyentes en todo el mundo -sin campañas publicitarias ni estrategias de tipo alguno. Al entonces octeto escocés le bastó transmutar su devoción por el folk británico de los 60s y por estetas de la talla de Lawrence Hayward (Felt) para lograr incluso más que eso -embeber a sus composiciones de una fragancia atemporal. Completado el traspaso desde la indie Jeepster hacia la mítica Rough Trade a mediados del ‘02, la lozanía tanto de los álbums viejos como de los nuevos pertenecientes a ese período se ha mantenido hasta hoy.

Venga del underground o del mainstream, el problema es que difícilmente el pop melódico puede mantener vigencia conservando inmaculada su naturaleza. Por mucha magia que tengan BAS o cualquier otro grupo, si la sencillez se enterca incólume, acaba convirtiéndose en un lugar de lo más común, cuando no en un sonsonete. Ejemplo de lo primero es un nombre como La Buena Vida. De lo segundo, todo el escuadrón tontipop español de entresiglos. De modo que comentarios y reseñas ya manejaban un acento bastante menos apasionado dirigido a estos súbditos de la corona inglesa para cuando sale The Life Pursuit (2006). No es que, en lo sucesivo, Stuart Murdoch y collera hayan caído por un despeñadero. Discos posteriores como Write About Love (2010), Girls In Peacetime Want To Dance (2015) o What To Look For In Summer (2020), los dos últimos ya en Matador; se han elaborado adecuadamente, y son aún bonitos de escuchar. Pero andan lejos de las armonías magistrales con que orláronse sus mejores entregas.

Tras 26 años en la ruta, a punto de cumplir dos décadas su última obra remarcable (Dear Catastrophe Waitress, 2003), era predecible que lo nuevo de los dirigidos por Murdoch recorriera el mismo camino de sus predecesores inmediatos. A la venta desde mayo pasado, A Bit Of Previous es el clásico esfuerzo post The Life... en que Belle And Sebastian pone en juego la franqueza de su límpido estilo casi naif, accediendo rara vez a incorporar algunos ingredientes ajenos a su retórica. Aquí podría mencionarse a “Deathbed Of My Dreams” y sus matices crepusculares a lo Mojave (desierto) 3 (banda), o a la pegadizamente bailable “Prophets On Hold” (en la onda de “Perfect Couples”, su hit de Girls In Peacetime...).

La norma es el sonido llano y emotivo, sin embargo. Temas como “Working Boy In New York City”, “If They're Shooting At You”, “Come On Home”, “Young And Stupid” o “Reclaim The Night”; entre otros más, han incubado y llegado a su forma definitiva a través de la artesanía habitual en estos ‘highlanders’ -melancólica y agradable, evocadora y geórgica. Sea imprimiéndole una inusual fuerza rockera (“Talk To Me Talk To Me”), sentándole al piano (“Sea Of Sorrow”, nada que ver con el homónimo track de Alice In Chains), o insuflándole una expansiva vitalidad (“Unnecesary Drama”); ese pop melódico que hunde sus raíces en los felices 60s es y seguirá siendo la esencia del ahora septeto, en tanto no se produzca un cataclismo nivel 11 a su interior. Viendo en retrospectiva la historia, opciones para que tenga lugar un evento tal parece haber muy pocas. Las mismas, luego de casi veinte calendarios, para que una de las alineaciones más queridas que ha ofrendado Escocia al pop independiente reverdezca laureles y coseche nuevamente entre sus fans el ilimitado fervor de sus días más afortunados.

Cuatro años después de su interesante Glow, y sin cambios de por medio en la formación, los daneses Catch The Breeze pegan la vuelta con una nueva colección de eufonías bajo el brazo. Algunas ya habían sido adelantadas como singles virtuales, si bien éstos fueron estrenándose apenas con unos cuantos meses de antelación (el más antiguo de los cuales, el suntuoso “Echoes From The Underground”, se colgó el último 4 de marzo).

Considerando que Glow finiquitaba el proceso de licuefacción, iniciado con el mini-álbum epónimo (2014), entre el post punk ‘78-‘84 y el shoegazing noventero; se puede aventurar que Into The Wide comporta una intensa radicalización en la ruta escogida por Andreas Bungaard (batería), Lars Madsen (bajo) y Aage Hedensted Kinch (voz, guitarra). Ello, porque las salientes y los boquetes que el propio grupo consentía para valerse de esteticismos post rock, new wave e indie; han desaparecido. Pero, principalmente, porque la propuesta que enyuntaba al baggy y al viejo post punk original ha sido destilada hasta grados de sofisticación impresionantes. Nunca más oportunamente usado, entonces, aquello de postpunkgaze.

La eléctrica de Hedensted ha adquirido la textura/tersura apropiada para trenzar apagadas ambientaciones quebradizas, que el desenvolvimiento del pedal envuelve en inexpugnable éter sónico. La amalgama de influencias, por ende, se torna una e indisoluble durante al menos el 80% del repertorio de ITW: ya no puede discernirse qué elementos dimanan de los jóvenes turcos del período after punk, ni qué elementos provienen de la primavera supersónica que floreció iniciados los 90s. Tómense como evidencia palmaria el hieratismo de la estupenda “Gravitational Sounds” o el tono elegíaco de la extraordinariamente contenida “Echoes From...”.

Otra característica a ponderar del nuevo esférico es la actuación de Lars Madsen. Sin renunciar a su innato minimalismo, el bajo ha devenido en medular, una cualidad que con mayor nitidez se percibe al soltar el trinomio las riendas; como en “Embrace”, en “Rise”, en el fin de fiesta que supone “Before We Turn To Dust”. Es allí cuando la terna luce con más propiedad sus renovados bríos y excelentes reflejos -y es en todas las pistas, donde las cuerdas barítonas de Aage son las que descuellan más que nunca (el marco idóneo para el rango vocal exhibido). Quizá por eso, ahora puedo ensayar el símil que antes me eludía: un cruce entre el Bowie de los 80s y el distintivo Mark Eitzel macerado de los American Music Club (‘85-‘94).

Hay un par de piezas cuya génesis es menos indescifrable que la del resto. Se trata de “Hollow”, donde late subyacente el fragor de unos Pale Saints (destacando Bungaard en la evolución de las baquetas), y “Subsurface Scattering”, post punk de medio tiempo que tiene su poco de The Fall y su poco de los ubicuos Joy Division. No es un demérito, en el balance. No cuando el último segmento de Into The Wide -salvo “Before We Turn...”- es dominado por exquisitos medios tiempos, de una belleza agreste. Notable segundo esfuerzo de los nórdicos.

Hákim de Merv

jueves, 15 de septiembre de 2022

Síntomas De Techno: Ondas Electrónicas Subterráneas Desde Perú (1985​-​1991)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 7 de septiembre del 2022.)

(Creo recordar que esto ya lo relaté en un texto previo -pero, como no estoy 100% seguro, lo vuelvo a hacer aquí. De cualquier modo, siempre es bueno tener muy presente lo dura, penosa y larga que fue esa conquista...)

Recién tras promediar los 00s, la música electrónica elaborada en predios peruanos comenzó a ser vista/escuchada/apreciada con ojos/oídos/mentes libres del prejuicio rockista para el cual las máximas ‘androginias’ soportables eran el “Mofo” de U2 o el Depeche Mode de Songs Of Faith And Devotion. Pergeñar música total o parcialmente sustentada en el empleo de teclados, sintetizadores y “gadgets” similares; te hacía merecedor/a en los 80s y 90s a una recatafila de insultos y vilipendios que cuestionaban tus dotes artísticas, cuando no las ninguneaban. Si a ello le sumas la precariedad que hacía estragos entre bandas y solistas de la escena subterránea/independiente al momento de plasmar, grabar y trasladar al directo sus delirios sonoros; las posibilidades de reivindicar antecesores y precursores de la movida electro local realizando una minuciosa exhumación se reducen a un dígito.

(Para que te hagas una idea, pongo el ejemplo de dos proyectos ochenteros de los que se tienen noticias por testimonios de quienes les vieron en esas ya lejanas épocas, y de los cuales no han sobrevivido sino los nombres: Ordalías -de cuya existencia da fe el fotógrafo Alfredo Vanini- y Urbanoide -unipersonal de El Agustino del que supe por un zutano que alguna vez fue mi amigo, y que hoy no llega ni a mal recuerdo-.)

Pintado así el panorama, era difícil que una rehabilitación como la que plantea Síntomas De Techno: Ondas Electrónicas Subterráneas Desde Perú (1985-1991) se arrogase puntuación perfecta. Sea radial o de vanguardia, la música pop contemporánea hecha bajo estos cielos no dispone hasta ahora de un archivo de acceso público o privado que acoja el legado de las generaciones pasadas adscritas al movimiento contracultural nacional (revistas, fanzines, manifiestos, libros, discos, maquetas, videos, etc). Mucho menos, la herencia de un género que estuvo mal visto hasta bien entrada la primera década del siglo XXI. De ahí que Buh Records haya echado mano de lo poco que a la fecha se ha restaurado y/o digitalizado.

Las escuelas electrónicas ilustradas por la compilación van del synth pop al industrial -e incluso al post industrial como lo entendían hace ocho lustros unos airados Einstürzende Neubauten. No es, con todo, un tour completo; ya que los del techno y del EBM son los otros dos únicos estilos representados, aunque ello se ve supeditado tanto a la carencia de cultores de otras tendencias como -de haber éstos existido- a la ausencia de documentación a la que acudir. Por el lado más hardcore de Síntomas De Techno..., a tema por cabeza, además de Ensamble y Círculo Interior están Disidentes y T De Cobre. En cuanto al primero, nace como cuarteto en 1989 y ha tenido diversidad de alineaciones, manteniéndose el vocalista Jorge González siempre al frente. Único de los actos aquí antologados en seguir con vida, “Industria De Odio” recupera los días en que Ensamble esgrimía un EBM brioso, antes de entregarse en cuerpo y alma a la dialéctica synth.

En cuanto a Disidentes, combo de Martín Ponce y Juver Reyes a.k.a. Hoover (Eutanasia, la saga Salón Dadá/Col Corazón), éste observaba un método de trabajo semejante al de los liderados por Blixa Bargeld: placas metálicas, fierros, cilindros, un megáfono... “Martillo” atestigua esa apocalíptica aura post industrial de entropía y ersatz que escupía furiosa la banda. Desintegrada ésta, Ponce volvió a las andadas con T De Cobre, line up donde había bastante más espacio para drum machines, casiotones y sintetizadores. “No, Nunca” es techno industrial de fines de los 80s, el update necesario respecto de Disidentes. Esta nueva incursión de Ponce sirvió de acicate para la formación de Círculo Interior, experiencia que operaba en coordenadas similares. Entonces nada hacía prever que los mismos que firmasen una composición como “Primera Secuencia” se convertirían, ya bajo el alias de Unidad Central, en los adalides del trance y la rave culture aquí.

Por el lado más asequible del muestrario, también a surco por testa, se encuentran Reacción (“Y De Aquí No Me Voy”) y Cuerpos Del Deseo (“En La Tiniebla”), firmantes de un synth pop elemental/bastante pedestre/de poco calado una vez aquilatada su valía arqueológica. Más recomendables son los números de unipersonales/agrupaciones que desdibujan los cotos estilísticos, como Meine Katze Und Ich (“La Gran Masa”), Paisaje Electrónico (“X2) y El Sueño De Alí (“A Dónde”). Era esta última una curiosa terna que mixturaba synth y new wave, con varias ideas puestas a prueba en su unigénita maqueta En El Valle Del Placer (1991), semilla de la que potencialmente pudieron emerger decenas de entidades de disímil perfil -por desgracia, lo único que brotó fue un conjunto de pop trucho como La Liga Del Sueño. De otro lado, Paisaje Electrónico fue una identidad paralela de Fernando “Cachorro” Vial (Feudales, Espirales, Pompeya), orientada al minimal synth a despecho de la prodigalidad con que su soporte rítmico estaba seteado. Y MKUI es un insospechado híbrido de electro-dark y no wave de muchos vasos comunicantes con esas canciones de Narcosis en las que el legendario trío iba más allá del catecismo punk (cf. “Asfixia”, “Destino”, “Slacks Asesina” o “La Danza De Los Cristales”). Sintomáticamente, estas tres identidades fueron impelidas por ex integrantes de Narcosis: “Cachorro” en Paisaje Electrónico, Jorge Madueño En El Sueño De Alí, Wicho García en Meine Katze Und Ich.

Aún considerando todos los escollos que ha debido salvar, pudo Síntomas De Techno... haber obtenido un score más alto del que finalmente recibe. En primer lugar, nada costaba abrir un poco más el arco de tiempo precisado en el título, para así posibilitar el rescate de otros seudónimos: Sombras Del Teatro, Arián 1, Casus Belli, Pozí... En segundo lugar, se hubiera así ofrecido un repertorio asaz suculento, en vez de los menos de 40 minutos que el esférico encaja. Si la idea no es atosigar, tampoco debe serlo dejar con ganas de más.

Y en tercer lugar, no es éste un artefacto que acredite mucho esfuerzo detrás, más allá de las liner notes y la masterización. Entiendo la dificultad, por no decir imposibilidad, de conseguir registros de época, pero ya estaban disponibles a través de otros títulos las seis primeras pistas del vinilo -dos tercios del álbum. Disidentes tiene dos trabajos editados con las grabaciones que pudieron salvarse del Olvido (Ensayos Y Concierto 1988 del ”sello” La Venganza De Los Nerds, 1987-1988 de Discos Invisibles). Los demos de Cuerpos Del Deseo (Por Una Razón, 1991) y de El Sueño De Alí están colgados en YouTube. “X2” de Paisaje Electrónico y “No, Nunca” de T De Cobre fueron repescados en La Historia Del Rock Subterráneo 1985-1992 (11y6 Discos, 2010), compilación curada por Leonardo Bacteria. Y “La Gran Masa” de Meine Katze Und Ich aparecía en la segunda rodaja de Caleta Finale (2002), díptico con que la inolvidable revista Caleta se despidió de sus lectores. Verdad que con una versión ligeramente distinta, pero no es ése el punto. Si SDT... está funcionando de maravillas en el exterior, no ocurre lo mismo de puertas adentro, sobre todo entre quienes llevamos ya mucho tiempo en cancha y conocemos los intrilingüis y vericuetos del devenir de la música pop perucha.

Hákim de Merv

jueves, 8 de septiembre de 2022

The Spiracles: Suburbios Raros 7" / How Things Went Well When I Met You // Silveria: Futura EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 31 de agosto del 2022.)

Bajo estos cielos estrellados, muchas son las historias incógnitas de grupos y solistas dignas de mejor suerte que aquella que el mainstream les asigna desdeñoso. La de The Spiracles es una de ellas, contada como entre gallos y medianoche, acaso aún susceptible de ser recuperada con no poco trabajo. Pongo aquí mi grano de arena, centrándome en el presente y aludiendo ocasionalmente a un pasado que todavía se advierte neblinoso.

En febrero de este año, TS lanza un 7” virtual en el que participa invitada Sabina Odone, ex cantante de Supernova, alineación teen pop mapocha de cierta popularidad durante el cambio de milenio. Con imagen remozada y performance harto más madura, la italo-chilena hace gala de una templada ductibilidad al acompañar el delicado balance entre indie, shoegazing y pop que ofrecen los peruanos en “Suburbios Raros” -canción que ellos mismos consideran les trae de vuelta tras dos años en mutis y convertidos ahora en binomio.

Es precisamente el single el formato que más han explotado los Espiráculos en sus once años de carrera. Desde “Fireflies”, contundente baggy con que debutan en el ‘11, hasta el sencillo estival del ‘22; su singladura abarca una decena de publicaciones entre demos, mezclas alternativas y remixes varios. De ahí que se eche de menos la presencia de estos lanzamientos en los recuentos que suelen abundar en diciembre, habida cuenta de su copiosa producción. Claro, existe la posibilidad de que se deba a la discreta calidad de la música liberada, pero definitivamente no es ése el caso.

Conscientes o no de estas ausencias, de cualquier forma los guitarristas y miembros fundadores del conjunto Enrique Medina y Luis Alberto Rodríguez (ex Resplandor) matan dos pájaros de un tiro festejando el décimo aniversario de su extended play How Things Went Well When I Met You (2012), convirtiéndole para la ocasión en un disco largo adicionando algo de ese material disgregado en 45s. Fabricada en acetato y comercializada por la británica Spinout Nuggets, el lado A de esta reedición alberga el track list original del EP, reservándose el lado B para algunas piezas remozadas y otras que no tanto.

Almost Everything (Alternate Mix)”, por ejemplo, es repescada tal cual se editó en el ‘17. Por su parte, “Mikonos Ambient” (‘16), que comparte con “Almost...” una mayor incidencia en las programaciones; se cuela dotada de una nueva mezcla, implementada en el ‘21. De otro lado, la calidez pop a lo The Sundays de la rebautizada “No Mercy” -“Mercy” en la edición del ’12- es remixeada por Juan Nolag y por José Mendocilla (acreditado en programaciones para la toma oficial de “Mikonos...”). Figuras en ascenso en el panorama electro nacional -Nolag es el celebrado alias individual de Juan Esquivel, actual tecladista de Catervas, mientras que José Mendocilla ha sobresalido en Da Lupune mucho más que en Neon Dominik-, sus reconstrucciones respetan bastante la sensación de filigrana flotante que desprende la composición primigenia. El remix que de “End Of The Affair” acomete Zero83s redondea la cuota de canales nuevos adicionados por la banda en este vinílico reissue.

Resta mencionar un par de cosas, por ahora. Al dúo peruano se le nota muy complementado con Sabina Odone. Por ningún lado sería mala idea que se le incorpore definitivamente a un combo que ha tenido alineaciones sumamente cambiantes a lo largo de su existencia -en sus filas han militado Verónica Grados (quien ahora tiene en June un proyecto de raíces folk), Nicolás Ojeda, Aracelli Fernández, Jason Fashe (Catervas, Vorace) y Romina Roggero (Dispositivo Sueños), entre otros. Dicha continuidad puede ayudar a estabilizar una asociación capaz de firmar rodajas como How Things Went... o la notable Last Night I Dreamt About You (2014, que me los hizo conocer); y sutiles espejismos hechos canciones como “Hot Day”, “Fireflies” y “Beneath A Sky Of Stars”.

Sobre todo de los 10s en adelante, venimos siendo testigos del sostenido crecimiento de un pop nacional con derecho a reclamar esa denominación sin sonrojarse. Un pop independiente con mayúsculas, cuyas creaciones se valen por igual de la simpleza más enternecedora y del detallismo electrónico más frondoso. Un sonido que ha demostrado poder ser comercial, sin necesidad de entregarse a los clichés a que son tan afectos el establishment y su público pavlovianamente condicionado. Es decir, NO Libido, NO Mar De Copas, NO Amor Suicida, NO La Liga Del Sueño. Entidades como Satélite Menor, Lynejami, Marfilia, Club Del Fin Del Mundo, Dead Pop o El Estéreo Tipo han llegado para engrosar el catálogo de ese pop dulce pero no empalagoso/efectivo sin ser machacón/cristalinamente naif que antaño practicaran Madre Matilda, El Diario De Hank, Detrás Del Sol o El Tercer Acto.

Otro nombre a considerar en tal sentido es Silveria, la dupla formada por Natalia Vajda (de los excelentes Mercury Toys) y Noelia Cabrera (Kusama, The Underground Parties, los notables Blue Velvet). El tándem tiene pocos años de nucleado, pero ya se ha metido por los palos en el lado correcto del regimiento pop nativo con sus singles del ’21, “Suspiria” y “Volver” -recogidos en el Futura EP, editado por A Tutiplén Records hace tres meses.

Todas las reseñas que se han escrito sobre Futura han hecho hincapié en las raíces ochenteras de la música de Silveria. Aunque esa observación no es errónea, sí peca de parcial. Nada más arrancar “Espiral”, surco de apertura del esférico, se percibe un output flexible y veloz, lo suficientemente oscuro/elástico/sintético/sofisticado como para identificar prontamente influencias de cepa 80s y 90s. Las líneas de bajo remiten a la que debe considerarse sin discusión “la década maravillosa”, en tanto la profusión de secuencias y la dosificada distorsión aplicada traen a la mente nombres noventeros como Curve, la cara más accesible de Nine Inch Nails -pensemos en clásicos como “Closer” o “Piggy” antes que en “Mr. Self Destruct” o “Terrible Lie”, por favor- y Garbage (lo ubicua que se ha vuelto la impronta del acto de Butch Vig y Shirley Manson en el patio del pop contemporáneo).

La brevedad del EP complota para que los números se identifiquen más con determinados colores, en lugar de acrisolarlos todos. Así, mientras “Espiral” y el single “Suspiria” están muy cerca de las estéticas que eran pan de cada día hace cuatro decenios (después de un largo intro de minuto y medio, “Suspiria” se deschava tributando por igual a Echo And The Bunnymen y al primer New Order), “Cadillac” y el 45 “Volver” prefieren mimetizarse con la última década del siglo anterior (“Cadillac”, es más, me hizo alucinar con lo que habría hecho un grupo como el de Trent Reznor sustituyendo a éste por el Perry Farrell del Jane’s Addiction clásico). El acierto definitivo es no perder nunca de vista el punto medio entre la melodía bien trabajada y el hedonismo con que ésta se recubre, haciendo factible que casi cada tema del extended pueda escucharse tantas veces como bailarse en discotecas.

Acabo de teclear “casi”. No me convence el cierre de Futura EP, asignado a una versión de “Volver” subtitulada ‘Ira Zema Remix’. La perpetra una tal Ira Zema Vera, que supongo se llama así en honor a Irasema Dilián, gran actriz brasilero-italiana perteneciente a la época dorada del cine mexicano. Su remezcla favorece estructuras rítmicas que se asemejan excesivamente a las de esa plaga de nuestros días que es el fétido reggaetón. Paso en falso que empaña, sin difuminar, los altos réditos que Silveria obtiene con este estreno en corto. Produce Nicolás Miranda (Mercury Toys, Theremyn_4).

Hákim de Merv