jueves, 18 de noviembre de 2021

Silvania: Las Naves Vuelven A Dejar Atrás Los Puertos (II)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 10 de noviembre del 2021.)

(BREVE) INTRO: UN SOLO DESEO (O UN DESEO SOLO)

Mientras reviso a vuelo de pájaro los resultados que arroja Google sobre textos publicados a raíz del segundo debut de Silvania -aunque no aparece nada, que se ha redactado ya por lo menos uno-, observo que algunos enlaces fechan en el último tercio del 2018. Que consignen el nombre no es ninguna sorpresa, porque ya es cosa sabida desde hace tiempo, pero acaso sí que adelanten ciertos aspectos de su temática y ciertas torsiones en su sonido. Ambas instancias, no está de más recordarlo, han sido convalidadas por las canciones que la renovada agrupación colgase en Internet desde noviembre del ’18.

LA CAMINATA MÁS ARDUA...

(...es la que antecede a la meta.)

El último de esos avances procurados, subido el 7/1/21, exalta desde el título -“The Farewell (Dedicado A Harold Budd)”- la vida y obra del insigne compositor y pianista estadounidense. Colaborador de John Foxx, de los hermanos Eno, de Andy Patridge, de Cocteau Twins; Budd murió el pasado 8 de diciembre debido a complicaciones relacionadas al COVID-19. “The Farewell...” se despoja de todo atisbo de distorsión para homenajear el minimalismo ambient con que el talentoso usamericano se identificase desde los tiempos del estreno en la arena del pop contemporáneo, The Pavilion Of Dreams (1978). Los sucesivos reflujos ribereños que formula la guitarra por encima de las siseantes líneas del sintetizador crean el escenario auditivo idóneo para emular la experiencia nocturna de vagabundear a orillas del mar. Una experiencia en la que más de una vez te sumerges cuando reproduces los trabajos del desaparecido músico.

Por suerte, “The Farewell (Dedicado a Harold Budd)” todavía puede escucharse en el BandCamp oficial de Silvania, algo que ya no puede decirse de D 7’’ (histórico single de regreso, 2018) y sólo parcialmente de los EPs Y El Satélite Se Fue y The Colors Of The Sunset (2019 ambos). Volveré a referirme a estas omisiones en un momento.

DÉJAME CAER SUAVEMENTE

Los procesos de concepción y producción que Silvania invirtiera en Todos Los Astronautas Dicen Que Pasaron Por La Luna se han prolongado tanto como la espera que hemos debido afrontar los fans. El plástico ya llevaba unas cuantas rotaciones de retraso respecto de la fecha inicialmente planteada para el lanzamiento -2 de julio, día en que el finado Cocó Revilla cumplía años-, cuando apareció Y El Satélite Se Fue EP (15/7/19). Para la veintena de abril del año siguiente, instaurada la emergencia sanitaria en el país, Mario libera un corto video de adelanto. Ésa fue prácticamente la última nueva relativa al regreso in extenso del combo, al punto que se empezaba a dudar si aparecería o no en lo que queda de este 2021.

El grupo, por otro lado, parece haberse estirado hasta alcanzar status de quinteto. Hace dos calendarios, Mario Silvania acoplaba a la reflotada banda a Rolando Serra y Antonio Ballester. Tras la salida de Serra, ahora ésta se halla formada por Mario, Ballester, Andrés Pérez Crespo, y el tándem FEM/BOT al completo -es decir, Oman Morí y Silvana Tello. Si se trata de una alineación estable o no, eso se verá con el tiempo. Lo que sí queda claro es que Mario sigue siendo el rostro visible y principal motor de Silvania -firma ocho de los diez episodios que dan vida al recién estrenado Todos Los Astronautas..., mientras que el repescado “Mozart” es un 50/50 con Ballester, y parte del crédito restante se le concede al sexteto chileno Los Ángeles Negros (versión proto-shoegazing de “Y Volveré”).

Acabo de referirme a “Mozart” y su condición de recuperado. En efecto, originalmente se listó en Y El Satélite Se Fue EP. Sucede lo mismo con “Los Amantes De La Luna”, que es liberado por vez primera en The Colors Of The Sunset EP. Si bien estos extendeds figuran aún en BandCamp, lo hacen prescindiendo de esos cortes. El estricto cerco de silencio y de inflexible celo que Silvania ha erigido alrededor de TLADQPPLL es la causa de esta censura parcial. También lo es de la negativa de la nueva formación a realizar el teaser promocional de rigor en estas eras, así como de la total ausencia del nuevo material en plataformas públicas y/o privadas de Internet (similar régimen se aplicó a ¿Cuánta Distancia Hay Entre Tu Alma Y El Sol? Un Tributo A Silvania, artefacto preparado por Trilce Discos en el 2018). Concurro en lo tocante a esto último, mientras que lo del teaser parece algo exagerado, pese a ser exclusiva prerrogativa de Mario y compañía. En cuanto al desbanque de “Los Amantes...” y “Mozart”, considerando que ya eran de conocimiento común, retirarlos me sabe a medida bastante desproporcionada.

DIE KOSMISCHEN KURIERE

Los tres lustros que separan a Campos De Espirales, Árboles Y Secuencias Posibles (2006) de Todos Los Astronautas Dicen Que Pasaron Por La Luna se van al archivo sin aspavientos, cual si hubiese transcurrido apenas un cuarto de hora entre uno y otro, con una canción abrumadoramente emotiva como “El Cosmonauta Que Se Fue”. En su primera mitad, la apertura del nuevo opus de Silvania nimba de una impresionante aura de fulgor cósmico al cálido flujo de melancolía que mana apacible desde las teclas del Roland Jupiter 4. Inevitable imaginar al espíritu de Cocó reencarnado en el cosmonauta Joseph de la letra entonada por la voz filtrada/procesada de Mario, starman que decide quedarse en el éter interestelar. A medida que este primer segmento se apaga, el miembro fundador de Silvania inicia un conteo -progresivo antes que regresivo, contraviniendo el uso impuesto por Fritz Lang tras su lejana Frau Im Mond (1929)- que da lugar a una segunda mitad cuya cadencia entre-jazz-y-trip-hop le hace volver la nariz hacia la Tierra, sin caer presa de la gravedad. Un inicio vítreo y límpido, como en las mejores épocas del legendario tándem...

¿Y el resto? Con muchas de cal y en-la-práctica ninguna de arena, restalla y evoluciona a partir del electrogaze de inflexiones sesenteras que Silvania exhibió en los sencillos y EPs del intervalo ‘18-‘21, mixtura que adquiere ahora más visiblemente la capacidad de transfigurarse para enfilar baterías hacia determinado componente diferenciado y en consecuencia ponderado; según sea el caso. Un primer ejemplo: “Canción De Amor En La Era Lunar” favorece el entramado de paños que tejen los theremines de Tello y Ballester, tapicería sobre la que planea a ratos el vaporoso acompañamiento de una lozana guitarra quebradiza. Sofocado el menor indicio de síncopa, la impresión final que reditúa el track es oceánica, digna de ese The Tired Sounds... que alumbrase The Stars Of The Lid en el 2001, con dosis extra de estamina.

Otros ejemplos de la proteicidad que asiste al antedicho electrogaze son “Alguna Vez” y “Stasia 14”, elegíacas pistas que decora el transmutado/contenido feedback de Morí a lomo del viento solar. La primera, suerte de vals espacial ejecutado durante un perenne atardecer en el borde del planeta, es una carta de amor a esa Marlene de las galaxias a cuya protección siempre han de haberse encomendado Cocó y Mario en su etapa “española”. La segunda emula la pedestre melodía de una cajita de música, ahogada en ecos celestes y sutiles reverberaciones, leitmotivs que no resienten el ingreso de una adusta programación synth. Y a propósito de esta última, manifestación del maduro componente electrónico presente en el redivivo sonido Silvania, momentos para lucirse -e incluso descollar- no le faltan...

Uno de ellos es “Los Amantes De La Luna”, cuyo electrogaze se levanta sobre loopeos incesantes que pavimentan el camino que surcan las vocales de Mario. La suave/trotona/naif secuencia que va emergiendo y después difuminándose conforme acaece la reproducción redondea/sella la bolsa amniótica diseñada para el nuevo ser humano, aquel sucesor nuestro que podrá integrarse a plenitud en la vieja ecuación ‘Hombre+Máquina’ soñada por Kraftwerk. Otro crisol de idéntica naturaleza -y mayor dinámica- es “Danzante Espacial”: o los irrecuperables matices del Ciëlo con que replicantes de un hipotético futuro inmediato son apachidos por catervas seráficas que se alimentan de arte sonoro en perfecto equilibrio psico-espiritual. Incluso “Mozart”, que defenestré en un primer artículo dedicado al reentré del conjunto hace un bienio, encaja con mayor propiedad en el marco de este lienzo de dimensiones mayúsculas.

NEGATIVLAND

Párrafos atrás, aludía a los numerosos aciertos de Todos Los Astronautas Dicen Que Pasaron Por La Luna gracias a la expresión “con muchas de cal”. También a ciertos pasos en falso, diciendo “en-la-práctica ninguna de arena”. En realidad, el disco carece de puntos flacos como tales. No me refería, pues, a ninguna canción en concreto de la rodaja que se ha puesto a la venta el último 2 de noviembre. Menos a los instrumentales “Tú Eres El Cosmos” y “Big Star” (¿homenaje al cuarteto de Alex Chilton?), delicado y precioso el primero, subacuático y conciso el segundo.

A lo que me refería es a un rasgo que antes no lograba vislumbrar/diferenciar/separar, y que se halla en relación directa con la performance canora del acto. Segunda voz en modalidad dual, ahora le toca a Mario ponerse al frente del micrófono. Incluso cuando se le parangona al registro andrógino de Cocó, es justo reconocer que cumple como voz central. Tampoco desentona al susurrar. El escollo aún por sortear aflora cuando Mario modula sus vocales para recitar. Eso es lo que me quemaba a “Mozart”, y lo que también juega en contra de “Danzante Espacial” -una especie de impostación afectada cuya génesis todavía estoy desentrañando. Aunque, por supuesto, tal vez sólo sea una percepción mía. Es un problema menor, en todo caso, que no empaña el retorno de la célebre banda ni la fantástica habilidad de Mario para fabular las historias de los personajes -reales, ficticios- que pueblan el largo.

PARA SIEMPRE Y DE NUEVO

Silvania lleva Todos Los Astronautas... al inevitable desenlace a través de la suite integrada por “Big Star” y el doble guiño de “Y Volveré”. La tesitura líquida de “Big Star” empata perfectamente con el dream pop de la pieza epigónica, que tributa en su letra -recitada por una grácil voz femenina- a la poesía de Blanca Varela (“Naces Como Una Mancha Voraz En Mi Pecho/Como Un Trino En El Cielo/Como Un Camino Desconocido/Mas Luego Retrocedes, Te Agazapas/Y Saltas Al Vacío/Y Me Dejas Al Filo Del Océano/Sin Sirenas En Torno/Nada Más Que El Inmundo, El Bellísimo Azul/El Inclemente Azul/El Deseo”). Más notorio es su tributo a Los Ángeles Negros -ahí está el antecedente de “Gene”, lado A del D 7”, levemente influenciado en el modo de cantar por “Non Si Può Morire Dentro” del italiano Gianni Bella (1976), que popularizase en Latinoamérica el puertorriqueño Germán Wilkins al año siguiente-. Empleando estos referentes, Mario dibuja una/otra playa infinita que el fan de The Durutti Column y de Klaus Schulze, de Jarre y de Duncan Browne, de Felt y de The Byrds; recorrerá como preámbulo hacia el iluminado Valhalla del avant pop.

El futuro, ergo, queda abierto ante las posibilidades que prometen los recursos estéticos con que ahora cuenta Silvania, y ante el renovado fuego que corre por las venas de grupo y frontman. En torno a lo primero, amén de Tello, Pérez Crespo, Morí y Ballester (los dos últimos han oficiado de ingenieros de sonido); la masterización del CD ha sido cosa de José Gallo (Theremyn_4), del catalán Migue Carrizan y de Juancho Esquivel (Catervas, Juan Nolag). Finalmente, Todos Los Astronautas Dicen Que Pasaron Por La Luna -cuya portada se arma a partir de una fotografía de Yuri Gagarin, intervenida por el propio Mario- sale bajo las enseñas de la discográfica Estación Aerostática (razón social fundada por Mario y Cocó hace más de tres décadas).

En torno a lo segundo, suficiente combustible proporciona la promesa bidireccional al amigo que ya no está, hecha hace tantos años atrás. “Mario, si algún día yo falto o si tú faltas, esto tiene que seguir”.

Compromiso honrado.

Hákim de Merv

jueves, 11 de noviembre de 2021

Beat Cancino: Beat Cancino EP // Valet: Adore EP // Música Casual: Hegemonías EP // Hammuravi: Fuego Negro

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 3 de noviembre del 2021.)

#AguanteChile.

Durante las calendas de septiembre, la intrépida escudería independiente serenense Templo Sagital colgó para free download el epónimo extended debut de Beat Cancino (sic). Este EP ya se había colgado bajo la misma modalidad de descarga en agosto del año pasado, desde BandCamp propio, sólo que anunciado como demo. Para el relanzamiento de hace dos meses, no se opera ningún update respecto de las tomas originalmente subidas.

Lo de Beat Cancino asoma acto unipersonal santiaguino que se ciñe al anonimato tercamente -cero información pública. Templo Sagital, por su lado, nos cuenta que el man es Luis Valdebenito; quien batea para los noisers de Vaso De Leche, para los hardcore-punks de AlgoTerror y para los indies free-form-freak-out de Fracaso. La discográfica, además, glosa el material a disposición tildándole de post punk cinemático e industrial. Las toscas-pero-inalterables percusiones machaconas y filo-metálicas tanto de “Ruido” (el despegue) como de “Hay Tabla” (el amartizaje) proporcionan ribera suficiente, en efecto, para hablar de cierta inclinación hacia la música industrial. La parquedad y precisión de las síncopas en el resto del artefacto -con excepción de “Tema Para Un Final (De Película Que No Existe)”- avalan la alusión a piezas sonoras de movimientos tangibles/mesurables que acaecen en tiempo y espacio.

Post punk, en cambio, es un marbete más difícil de sustentar. Las primeras escuchas remiten por descarte al período ’77-’84, si bien no permiten establecer claras analogías con Wire, P.I.L. o Gang Of Four. Varias vueltas después, se hace factible pensar en una versión prehistórica de bandas más periféricas, tipo This Heat o The Pop Group en sus ratos menos accesible. Al final, aunque te das cuenta que el sonido de BC es ubicable en los días señalados, también notas que no proviene de la misma cepa. Lo suyo está más influenciado por “anormalidades” como Nurse With Wound (la errática “Cría”) o los visionarios Zoviet France (la impetuosa “Grises”).

Ígneas eléctricas angulares, un registro en el micro que prefiere el spoken word a la vocalización convencional, atmósferas brumosas que se alejan del cliché “oscurito”... Entre el after punk más experimental y el industrial de garage, Beat Cancino se ha hecho de un sitio despachando siete afilados zarpazos de rock agreste y raudo en poco más de quince minutos. Suficiente para empezar.

En activo siete años, Sello Fisura trabaja en los límites que comparten el indie del nuevo siglo y la electrónica de libre código que de-evoluciona hacia la música rock. Un catálogo de referencias puntuales, por demás atractivas, es el que maneja la label capitalina: ha sostenido el reentré de Columpios Al Suelo y Dolorio & Los Tunantes, aparte de haber reeditado tanto el Monstrws (2019) de Maifersoni como el disco de su guitarrista Enrique Elgueta en comandita con el aedo Juan Santander (Que Ningún Sentimiento Amanezca En Su Casa, 2020). Y ha liberado desde octubre la serie Laboratorio De Malestar: cinco entregas que recopilan improvisaciones realizadas por diversos músicos entre noviembre y diciembre del 2019 -esto es, las primeras semanas del levantamiento ciudadano en el hermano país del sur.

Encargado de los teclados en Niños Del Cerro, Diego Antimán reestrena faceta solista cambiando de alias -de CVSPER, clausurado en el 2016, a Valet. Adore EP consta de cuatro números que en realidad son tres. Emparejados/entrelazados el primero con el segundo y el tercero con el cuarto, escuchar el “pareado” de entrada deja en evidencia que “Espejismo” y “Vacío” son secciones de una única pista, lo que no sucede con “Febril” y “Halo”. Las influencias fagocitadas por Valet provienen del ritualismo rave de fines de los 80s: el angst pirético del trance, el house de consumo masivo, incluso el aborrecido eurobeat de los primeros 90s... Lo curioso es que dichas influencias no son abordadas siempre de manera frontal.

La dupla que arranca con “Espejismo” empieza enclavada en el ruido angélico del bliss digital. Después de un breve crescendo, al promediar minuto y medio sube a superficie una tremenda guiñada trance a lo Paul Oakenfold, desarrollada durante 60 segundos. Tras del diminuendo necesario para desacelerar las pulsiones, el lector pasa imperceptible a “Vacío”, donde a partir del  minuto  y  20   segundos   el  aura   rave se  apropia   rápida   y   paulatinamente  del escenario -sampleo del mamarrachiento “clásico” eurobeat de Sannie Charlotte Carlson (a) Whigfield “Saturday Night” incluido (malditas sean las neuronas de mi cerebro que retienen ésta y demás información similar).

El sucinto camino de “Febril” no es distinto. Los orgiásticos estallidos trance comienzan antes del minuto, y llegan a su punto culminante hacia el epílogo del tema, hermanado con “Halo”. El cambio se produce, si bien de golpe, también con naturalidad, sin traumas. Es éste el momento más valioso del EP, donde se apuesta por el techno tribal a un paso de metamorfosearse en IDM de tintes étnicos. Ojalá Antimán, se decida por este último rumbo.

Al  parecer,  cierra  Rodrigo Mardones para  Música  Casual la persiana del 2021 -Fluir, cuarto largo de la entidad, abría el listado de lanzamientos del año en Chip Musik Records- con un extended que modera la vigencia de algunos principios regentes en su estética sonora desde la concepción misma. Pese a que el arquimédico punto de apoyo continúa siendo la improvisación non-sense/surrealista, prima en Hegemonías EP una metodológica deconstrucción del Ruido engendrado por ese proceso.

Deconstruido aquello que produjese espontáneamente, en torno suyo Música Casual elabora despedazadas secuencias completamente desiguales entre sí, de tamaño y densidad variable, que yuxtapone y enhebra para lograr percutir los surcos recogidos en el extended. Fraguarlas hasta hermanarlas no ha sido tarea sencilla, no obstante. Si Mardones lo consigue, se debe a que son las microtonales texturas sónicas drenadas/desecadas las que conforman la substancia molecular que hace las veces de aglutinante denominador común para porciones y astillas tan dispares unas de otras.

Cuatro suites de nombre similar y numeración progresiva ascendente, rayanas en los márgenes/extramuros de las últimas vanguardias de fin du siècle con derecho a llamarse tales. De las aguijoneantes resonancias post-dub a lo Scorn que regurgita “Hegemonía 3”, a la informe tímbrica dominante en “Hegemonía 1”. Del escuezante morphing de “Hegemonía 2”, que se balancea entre el Scanner más minimal y el Seefeel más oscuro, a la sorda aridez abrasiva a lo PanSonic de “Hegemonía 4”, llena de punzantes zumbidos/murmullos nocturnos. Un suculento aperitivo, el primero para la nómina de la prestigiosa escudería Pueblo Nuevo, que deja en suspenso el camino a tomar por Música Casual en el futuro más inmediato.

El año no termina aún para Mardones, sin embargo. Acaba de salir la puesta de largo de Mesetas, dúo que integra junto a Luis Venegas (Argades, presente en el “lado B” de la compilación de Chip Musik Lego 13: Trece (El Final De Una Década)). Próximamente, el comentario de rigor en estos bytes.

(https://pueblonuevo.cl/catalogo/hegemonias/)

Como sucede en todo Chile (creo), el otoño en Gran Valparaíso es de contrastes marcadísimos. Llegué allá en medio de una tarde que fue obliterando al muriente estío gracias a una nubosa resolana pálida, por la noche comenzó una lluvia que no paró sino hasta la madrugada del día subsiguiente, y despidió mis pasos portuarios una calcinante ola calorífica. Me siento más a gusto en climas fríos más consecuentes, pero esa neurosis meteorológica también me agradó -a diferencia de la plomiza Lima, que sólo en el verano cambia de colores por obra de su fulminante sol.

Para su esperado segundo título -el primero, Espesura EP, data del 2015-, el binomio Hammuravi ha retrocedido un par de pasos en cuanto a estilo cultivado. El salto hacia adelante, empero, es cualitativamente enorme. De la aleación entre shoegazing e indie rock que martilleaba el extended, queda muy poco, acaso apenas el inicio con “Limbos” y no mucho más. El tándem porteño ahora navega a través de un dream pop de baja resolución, reinterpretado desde inequívocos planos pedestres, subrayando -a semejanza del otoño- el almíbar y la nostalgia según la composición que acometa.

Entre las que ensalzan el trote melodioso y tierno, cabe contar la placidez lacónica de “No Dejes Que Me Lleve El Río”, la emotividad contenida de “Estrella Lunar”, la vitalidad casi baggy de “Puñal” (donde participa Elisa Montes, de Slowkiss y los primeros tiempos de Supernova) o la ya aludida “Limbos”. Entre las que se acomodan mejor sublimando la aflicción y el bucolismo que innatamente soportamos los seres humanos, se puede enumerar a la rigurosa sobriedad de “Desaparecer”, al doble movimiento de “Esto Se Va A Terminar”, a la mirada lánguida de “La Ciudad” y al sutil feeling acibarado de “Dímelo”.

Acompañando a estos ocho cortes, Hammuravi adjunta otros tantos interludios, algunos de nombre tan extenso como breve es la duración promedio de todos ellos. Aplicando nuevamente la figura del otoño, estos fragmentos remarcan el dulzor o la melancolía que fermenta el grupo, pero no siempre para afianzar el color del track escoltado. Mientras la sincronía es un hecho para esquirlas como “Corre A La Estación”, “Sangres” o “Me Voy A Tirar Al Mar, Los Peces Me Esperan”; los contrapuntos llegan de la mano de “Bailando Con El Fantasma De Mi Abuelo”, la ¿cueca?/¿chacarera? acústica de “Mi Padre” y el postrer suspiro de “El Principio Es El Fin”. Magnífica jugada que agiganta la majestuosidad senescente de este Fuego Negro.

Palmas para los dos tercios de Adelaida que sacan adelante Hammuravi, el siempre elusivo Jurel Sónico y la gran Naty Lane -la mejor bajista de esta parte del globo, que tiende a relajar en las obras de la mancuerna valpeña su performance vocal, al punto mimetizarse con la de Alison Shaw (Cranes).

Hákim de Merv

jueves, 28 de octubre de 2021

Seefeel: Rupt + Flex 94 - 96

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 20 de octubre del 2021.)

Desde nuestra entonces miope perspectiva tercermundista, en los 90s lucía hasta cierto punto normal que sellos especializados en la vanguardia electrónica más rompe-esquemas del momento librasen auténticas batallas para fichar a los estetas que daban la hora a nivel internacional. Worm Interface (¡¡¡Squarepusher!!! ¡¡¡Solar X!!!), Mille Plateaux (¡¡¡Microstoria!!! ¡¡¡Thomas Köner!!!), Mego (¡¡¡Christian Fennesz!!! ¡¡¡Farmers Manual!!!), R & S (¡¡¡Ken Ishii!!! ¡¡¡Locust!!!), Warp Records (huelgan mayores comentarios aquí)... La descomunal bronca entre estos dos últimos por apropiarse de la rúbrica de Aphex Twin dejó de ser una leyenda urbana, por ejemplo, tras el triunfo de los de Sheffield sobre los belgas. Hoy se oye hasta ridículo, pero en aquellos tiempos -en que muchos llegamos a la primera adultez- le encontrábamos sentido.

Pienso en esa extravagante situación al verificar que Rupt + Flex 94 - 96, el cuádruple box set que Seefeel dispensó este año, ha podido concretarse gracias a la colaboración entre Warp y la ¿resucitada? Rephlex Records. Propiedad del Twin y de Grant Wilson-Claridge, Rephlex había cerrado operaciones a inicios del 2015, como parte de las actividades programadas por el primero para priorizar su carrera. Relanzarla, puntualizaría yo: tras el doble Drukqs (2001), el Gemelo no ha hecho sino recurrir a material almacenado en bóveda para soltar EPs y singles desprovistos de la monumental trascendencia que lograba cada endiablado lanzamiento suyo en la última década del siglo pasado. Un “has-been”, de algún modo, como otros de idéntica estirpe.

También Seefeel puede entenderse de esa guisa. Con la producción de sus mejores épocas desparramada entre Too Pure (Quique), Rephlex ((Ch-Vox)), Warp (Succour) y Astralwerks (Polyfusia, seminal recopilación tempranera de 7’’s y extendeds); el epónimo CD -Warp, 2011- que testimoniaba el rejunte del otrora célebre grupo -adelantado el año anterior con el Faults EP- no consiguió inaugurar nuevas direcciones en el cosmos de la música electrónica, tal cual hiciesen los principales títulos de entre los que he enumerado un par de líneas atrás. Y aunque luego la banda siguió editando uno que otro sencillo interesante, amén de la sesión radial para el finado John Peel (2019), la sensación que exudaba este retorno era la de haber perdido drásticamente el paso del Tiempo. Es más, si no fuera por Rupt + Flex..., ni idea de que Seefeel seguía existiendo como cuarteto -en el que Sarah Peacock y Mark Clifford son los únicos miembros de la formación histórica original, secundados ahora por los nipones Shigeru Ishihara y Kazuhisa Iida.

En las notas del BandCamp oficial, Seefeel afirma que Rupt + Flex 94 - 96 antologa 22 temas rescatados de sus archivos, nunca antes liberados. Sí y no. Los dos primeros volúmenes del box set están reservados para la versión redux del umbroso ambientcore de ciencia-ficción de Succour (1995), mientras que el tercero hace otro tanto con el homólogo de (Ch-Vox) (1996), destinando el cuarto volumen a los EPs Starethrough (1994), Fracture/Tied (1994) y Sp/Ga 19 (2019) -amén de otras piezas de difícil disponibilidad. El caso es que, a diferencia de su par de Quique (1993), que obtuvo luz verde en el 2007, la edición redux de Succour aparece por separado en triple vinilo el mismo día que la caja recopilatoria (14 de mayo). Encima, parte de su repertorio -“As One”, “Burned”- proviene del Reduct, extended eyectado en abril pasado. De esa misma fuente se repesca “Starethrough (Transition Mx)”, añadido al cuarto esférico del box set. De esa misma fuente procede también el magnífico “Evio”, que pasa a engrosar la versión redux de (Ch-Vox) -adivina qué día se pone a la venta el vinilo doble. Poco menos que agiotista esto de sacar reduxes “exclusivos” la misma fecha en que disparas una colección cuádruple que les abarca, ¿no?

Alguna vez los periodistas Víctor Lenore y Jesús Llorente escribieron un canónico dossier sobre el post rock para la excelente revista española Factory (número 10), en el que se decía de Seefeel que practicaba “el sonido de Cocteau Twins para el siglo XXI”. Curioso que ni el trío escocés ni los cuatro de Londres hayan llegado a voltear la esquina del milenio: los triates Cocteau se desintegraron en 1997, sin posibilidades reales de rearmarse a día de hoy, mientras Seefeel empezó a cocinar su reentré con el redux de Quique, hace catorce años y después de diversos proyectos sucedáneos (Scala, Disjecta, Sneakster, January). Igualmente curioso es que no se incorpore ningún LP de Mark Clifford y compañía en la discografía recomendada por el informe de Factory, como si el combo no encajase del todo en el “perfil” post rocker trazado, algo insólito considerando que el reportaje avala la opinión que indica que “detrás de cada grupo de post rock hay una etiqueta diferente por inventar”. Casual o voluntaria, esa omisión confirma un dictamen que casi nunca he visto por escrito: más que post rock, la de Clifford-Fletcher-Peacock-Seymour era una alineación híbrida que partía del shoegazing para saltar del post rock al ambient binario de avanzada, y viceversa.

Moonshake, To Rococo Rot, Laika, Tarwater... Son pesos pesados como éstos, entre quienes más a gusto se siente contado el alias londinense. No obstante, nadie podría siquiera insinuar que alguno de ellos se le parece. Como hiciera My Bloody Valentine, y en modo harto distinto del que encarase Main, Seefeel creó una nueva poética de la guitarra procesando su característico timbre a través de multitud de filtros digitales. Luego de una jornada celestial como la de Quique, el perfecto equilibrio sónico entre júbilo entusiasta, hermosura y noise dio pie al trip mitad tenebroso mitad lúdico de Succour. Imagino que remasterizado en el primer compacto de la tetralogía, su percusión minimal/seca/precisa explota las posibilidades expresivas y rituales de tribus que habitarán futuros incalculablemente lejanos. Sus texturas en cascada y su ambient borrascosamente febril parecen la banda sonora ideal para observar en fast-forward la convulsa y cambiante transformación de la geología de jóvenes planetas rocosos.

De cariz similar se revela la segunda rodaja del compendio, bautizada Succour (+). Observando las excepciones hechas, se nota por su acabado -o la falta de éste- que son outtakes de época. Pese a las ambientaciones oscuras/opacas (“As Track“, “As Well”), los inéditos son en su mayoría tanteos atmosféricos premunidos de la ingrávida placidez del ensueño (“Meol 2”, “Meol 3”). El que permanezca el impulso primitivo pero no el tribal/comunitario/gregario parece señalar que se trata de un Succour en estado larval -uno en que las programaciones recién retumban al paso de los tramos finales, como “Fractions 2”, “Rupt (Cut Mix)” y “Monastic”.

En entrevista concedida para la revista peruana Freak Out! (número 3, ver foto al costado), nos contaba Mark Clifford que (Ch-Vox) de póstumo no tiene sino la fama. Seefeel jamás tuvo una disolución formal (“sólo paramos de grabar”), y la placa saldaba un compromiso de palabra con Rephlex Records, compromiso pactado antes del contrato por cinco discos firmado con Warp. Al comenzar a escindirse la cohesión grupal, Clifford asume conducción y desarrollo del álbum, por lo que definir a (Ch-Vox) más como un ejercicio solista del frontman que como un esfuerzo colectivo no está nada descaminado. De ahí la brevedad de la edición primigenia, computable en 33 minutos. De ahí también acaso ese velo de smog que amortaja no sólo los seis cortes originales, sino además los seis adicionados en la correspondiente versión redux -con la excepción ya enunciada de “Evio”. Lejos de anunciar las aislacionistas vibraciones filo-industriales de la aventura personal de Mark (Disjecta), el desgarbo de (Ch-Vox) es un “todavía más allá” respecto de ese ambient desolado de Succour. Forjada al aire libre en desiertos helados, su intuitiva poiesis ofrece lacónicos tapices de áspero, casi yermo minimalismo electrónico: “Ch-Vox”, “Avatar”, el rework “complete” de “Utreat” (estrenado en Succour), la resonante “Ashime”... Haikus de sonido melódico que de tanto loopearse acaban generando suites apacibles/desapacibles como “E-Hix⁵”, “Net”, “E-Hix²”, “Ashdecon”. (Ch-Vox) guarda incluso espacio, poco eso sí, para números que por su rítmica hubieran podido inscribirse en el catálogo de Warp. Ése es el caso de la hiperkinética “Hive”. Una fascinante obra de perspicaz exploración digital reñida con el pop-como-género, ahora redondeada gracias al material extra.

Finalmente, el cuarto plástico del box set recibe el chaplín de St / Fr / Sp, dizque por recopilar en su totalidad los EPs Starethrough, Fracture/Tied y Sp/Ga 19. La información es correcta en relación a los dos primeros, pero no en lo tocante al tercero, ya que se insertan “extended live versions” de “Sp19” y “Ga19”. Seefeel añade asimismo “Spangle (Autechre Remix)”, que se edita por primera vez en abril del 2003 como single de Polyfusia Records (propiedad de Clifford), y “Starethrough (Transition Mx)”, que ya se dijo fue obtenida del Reduct EP. Si cabe, éste es el plástico más físico, más corporal de Rupt + Flex 94 - 96: música evocadora y eminentemente rítmica, rotunda en su efectividad y de gran capacidad viral. Todo en orden, salvo por el hecho de que bajo un rótulo similar -St/Fr/Sp- apareció un vinilo doble con dos surcos menos... el 14 de mayo del presente.

Para quienes recién se adentran en el bursting-out a cámara lenta de Seefeel, Rupt + Flex... funciona relativamente bien. Construye una imagen fidedigna de lo que hizo la banda a partir de su ingreso en la nómina Warp, con Starethrough EP, pero no ilustra la cristalina fase repleta de enteógeno ambient líquido que surcó en Quique y en los singles precedentes. Para quienes estamos bastante familiarizados con ese universo, la caja tiene sensiblemente menos que ofrecer: el tomo extra de Succour, el mapa total de (Ch-Vox) y la remasterización de rigor. Se echan en falta las tomas originales del Sp/Ga 19 EP, así como el íntegro del Faults EP. Es, con todo, un testimonio de los días en que Seefeel y afines daban una vuelta de tuerca tras otra en el panorama de la música pop contemporánea de avanzada -y un recordatorio de ese futuro a la altura del cual sólo estuvieron muy pocos de los que arribaron después.

Hákim de Merv

jueves, 21 de octubre de 2021

Alcaloidë: Wichq​’ana Ch​’askancha // Nuevas Anormalidades // Nubes Azul Plateado

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 13 de octubre del 2021.)

Apunta la sumilla que de Wichq​’ana Ch’askancha puede leerse en el BandCamp de Chip Musik Records, que el debut de Alcaloidë fecha en julio del 2007, que responde al nombre de Gliese 581 y que es la referencia fundacional de la label concebida en La Oroya. Con relación a Sensations (febrero del 2009), pues, más de una década se ha desvanecido desde la última vez que este nom de guerre de Alexander Fabián publicase material de estudio en largo.

Lo primero que puede decirse de este Wichq’ana Ch’askancha es que confirma a Alcaloidë como la faceta más ruidosa/ruidista de un músico que sostiene muchas identidades paralelas. En contraste, ni Siam Liam ni Ozono, ni mucho menos Ban And Flap o Miyagi Pitcher; apelan a la cantidad de capas fisionadas de noise digital que invoca de continuo Alcaloidë. Un rasgo invariable que trasciende todos sus trabajos por igual -acaso con la única excepción de Sassy Cat EP (2013), que al menos en mi memoria no ha dejado una huella tan nublada por la barahúnda. El vapuleo decibélico que despachan “Juno” y “Pak Al” pone de relieve esa estruendosa instancia nada más comenzar Wichq’ana Ch’askancha.

¿Todo en Alcaloidë es bulla y pandemónium, entonces?”. Casi. Aunque un IDM matemáticamente asimétrico sea la médula de la ¿música? registrada bajo la autoría del unipersonal, esa médula se halla rodeada de toneladas de caótica información binaria, en una suerte de sobrenatural harsh bliss elaborado por las máquinas -que copa sus 65 minutos y pico. Por suerte, “casi” no es sinónimo absoluto de “todo/a”. Ocurre contadas veces que ese noise abrumador se torna permeable. Sucede en “Nuragas”, sin que resigne su hegemonía. Sucede en “Autobahn 2082”, primer guiño a los precursores Kraftwerk (y a Florian Schneider, miembro original de la banda alemana fenecido el año pasado), donde tras siete minutos el ruido es abandonado como si de un capullo se tratase. Sucede también en “Wichq’​ana”, engañoso punto de inflexión de la jornada -de hecho, “Moray” parece consolidar esa transformación, sólo para revertirla y volver al caos digital durante su segunda mitad. Y de hecho sucede en “Tanzmusik”, estupenda versión en clave two-step del clásico de los Robots de Düsseldorf.

Queda claro, entonces, que el Ruido se convierte en elemento preponderante y avasallador de Wichq’ana Ch’askancha. La ascesis ctónica que conduce Fabián marcha sobre ruedas en las pistas aludidas, así como en la síncopa metafísica de “Entelequia”. Pero el proceso flaquea durante los últimos tramos, y el CD termina desdibujado. Más que en “Boing Boom Tschak”, redundante tercer guiño a Kraftwerk, este descontrol se evidencia en “Del Fin” y “La Menat”: se pasa aquí de la efectividad al efectismo, desembocando en el mismo callejón sin salida en que cae la experimentación que es todo forma y cero contenido. Discreto cierre para un título que pudo haber obtenido mejor puntaje con las clavijas ajustadas hasta el final.

ADVERTENCIA: La edición física de Wichq’ana Ch’askancha lista diez temas. Once, sin embargo, son los que reconoce el láser. No se consigna debidamente acreditada la relectura de “Tanzmusik”, quizá por problemas de copyright. Pero allí está, ocupando el octavo carril -los que vienen después, corren una casilla.

A poco menos de tres meses para que finalice, me puedo arriesgar a decir que ha sido un 2021 muy complicado para Giancarlo Samamé, y por ende también para Dorog Records. En lo que va del año, la siempre efervescente plataforma limeña ha rebotado el deleznable Cutrismo de Sihuas Infuzzión y el interesante Memorias De Cuarentena de Marmotasdebemorir, en realidad colgados ambos por sus autores en las respectivas cuentas de BandCamp a lo largo del 2020. El único ingreso para el presente calendario que Dorog ha puesto a consideración es Nuevas Anormalidades, y corresponde sumarle a la enorme lista de (excelentes) compilaciones que cada tanto prepara Samamé.

El pródigo muestrario juega socarronamente con esa noción medio idiota de “nueva normalidad” que ha propuesto la mass media. Como siempre, el ciudadano de a pie ha volteado con ingenio el sentido de ese par de palabras, subvirtiendo el fenómeno de asimilación vocálica que suele ser bastante frecuente en nuestro idioma. En este caso, se duplica la vocal con que termina “nueva”, y se la añade al siguiente vocablo, cambiando por completo el tenor de la frase.

Nuevas Anormalidades tiene dos mitades nítidamente diferenciadas. Más ligera, la primera reúne a algunos habituales de la discográfica con otros nombres bisoños -e incluso con otros que no lo son tanto, como la chilena María Pía Navarrete (a) Pía Legonz, afincada en Lima hace muchísimos almanaques. La cantante recicla de su Congénitamente Defectuosos EP (2017) la apertura “Trasnoche”, testimonio de un pop con dosis justas de sobriedad y brillo. Unos cuantos siguen esa estela: Morojo (de medios tempos darkie a lo Interpol en “El Retrato”), El Cosmos (fogoso ímpetu en “Sol”), Marmotasdebemorir (vehemente el arrojo que anega su “El Camino”), Zolar (synth plastificado en “Distante”)...

Acompañan a estas canciones otras de manifiesta ascendencia electrónica, no necesariamente ubicadas en la esquina opuesta. El desnudo trip hop “étnico” a lo Portishead de “Tu Último Refugio”, donde Raydin se asocia a Víctor Chang a.k.a. Vrianch, es un ejemplo de estas diferencias estilísticas que no devienen en antagonismos gratuitos. El mismo Vrianch se acompaña más adelante de Miguel Elescano/DJ Locopro en el house de “A Principios De La Hipnosis” (un tanto melodramático debido al sampleo de -puajjj- Lucila Campos). Por otra parte, amante de la distorsión y del sonido de combos como The Notwist, El Enano Siniestro colude indie y dinámica post rock en la tal vez demasiado larga “Bastardo Sónico”; mientras que el vaporwave lounge/glo-fi de Viktor Torvik -“Problemas Psíquicos”- te hace pensar en la utilería de un set mexicano de televisión en los 70s.

Notoriamente distanciada de la primera, la segunda mitad de Nuevas Anormalidades esgrime un fuerte denominador común. Éste es el digitalismo de Jucsay (“Spiderdance”, de poso house), DJ Locopro (“AndreA” supura tech house durante sus casi cinco minutos) y Triumvirs (“Grief Ravine”, synth de vocalización EBM). Pero, sobre todo, es el de Chip Musik. En un artículo del año anterior, hablaba de las buenas relaciones existentes entre las dos escuderías. Esa hermandad asoma más fuerte que nunca en este panorámico, cuyos seis últimos escaños están reservados para proyectos ChM. Siendo el sello codirigido por Alexander Fabián y Jorge Rivas el depósito IDM de la escena nacional, éste despliega para la ocasión todas las variedades que su nómina cultiva, a través de surcos ya publicados: glitch y clicks’n’cuts (“Sekai Isshü” de Yume Station), intelligent techno (“Say Hi, Say Bye” de El Otro Infinito), digital ambient (“Musgo Del Tiempo” de Ionaxs), drone (“Sol Om On” de Xtredan)... De yapa, se cuela también el shoegazing/bliss pop/post rock de Puna, con “Utopía Del Ser Imaginario”.

Bien escogidos los ingredientes, pese a una cierta ausencia de balance en el trackeo.

Nuevo artefacto compilatorio orquestado por Trilce Discos, a propósito de sus 11 años de vida y dedicado exclusivamente al pop articulado en torno a cantantes femeninas. El concepto termina siendo más un hándicap que un plus, ya que excluye a las hijas de Eva que tocan instrumentos y componen. Además, si bien es plausible la idea en que se basa Nubes Azul Plateado, después de un rato te quedas con la impresión de estar escuchando el disco de un misma formación -en lugar de las trece que aquí comparecen.

Hay excepciones, por supuesto. Una de ellas es La Lauri Fire, cordobesa que define su estilo como mezcla de dream pop y synth, aunque la tosca delicadeza de “Recuérdame” hace pensar más en un baggy de baja fidelidad. Otra es la connacional Camila Salas, hoy radicada en Cataluña, quien adorna a “La Noche Y El Sol” de efluvios que remiten al llamado ‘canto latinoamericano’. Otra es Siempre Perdida, alias solista de la colombiana Ivanna Palacio (Cruel Cruel, Encarta 98), que zambulle a su “Pienso En Ti” en una hormigueante marejada de indie y folk. Otra más es Natalí Jiménez, joven cantautora peruana que cuenta ya con dos LPs, y cuyo “Frío” luce por momentos dark. Y otra más es la del novel cuarteto limeño Rawa (“Eterna”), colaboración de César Augusto Príncipe (Cardenales) incluida.

El resto de Nubes Azul Plateado transita las mismas coordenadas pop/rock moviéndose entre baladas, semi-baladas y medios tiempos -los más abundantes- de moderado punche. Los nombres que aquí calzan se arremolinan en torno a dos moldes. Uno responde al pop diseñado para hacer las veces de acústico, el de Susana Fátima  (“Canto”) o Andrea Martínez (“Lo Siento Todo (Canción Corta)”). El otro, más celebrado, es ese pop lustroso lo suficientemente flexible/elástico para abarcar mucho y apretar poco. A su vera se acomodan Las Tetris (“Brincos”), la capitalina Alejaru (“Pura Luz”), los trujillanos Verano Del 83 (“Deja Que Tu Sonrisa Me Lleve”), el dúo Muchacha Punk (“Dudas Y Fallas”), las uruguayas Niña Lobo (“Barcelona”) y el quinteto Nena Pop (“Mantra”).

No se trata, ergo, de si unos/as son mejores que otros/as. O de tales o cuales merecimientos. Se trata de una carencia de variedad, agudizada mientras más avanza la reproducción. Esta carencia podría haberse mitigado prescindiendo de tres o cuatro nombres -o, por último, reemplazándoles por otros que fatigasen caminos algo más diversos. Bonito esfuerzo colectivo de Trilce, que acaba sonando algo monótono.

Hákim de Merv

jueves, 14 de octubre de 2021

Xtredan: Sol Om On // Zetangas: Vacuum Phases // Mongo No Stars: Neofhyte Miscellanea

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 6 de octubre del 2021.)

Inaudito y sobre todo excéntrico el itinerario al que Dante Izaguirre Córdova se ha ceñido para la nueva rodaja lumínica de su acto Xtredan, prácticamente cuatro años después del larguíííísimo Conspiración. Este último sobrepasaba incluso la barrera de la hora y media, lo que hubiese dificultado su producción en cassette, si bien habría sido tremendo detallazo una edición limitada inaugurando la aún inexistente línea de tapes de Chip Musik Records. Sol Om On, por el contrario, no llega a superar los 45 minutos. Su excentricidad, pues, es conceptual antes que formal.

A simple vista, resalta una demarcación tácita y tripartita a través de los nueve canales agrupados en esta entrega. Esa demarcación no conlleva escisión alguna de la personalidad del músico según qué segmentos. Al contrario, ésta es única e indivisible: Xtredan se ha convertido en el esteta que aprovecha los remanentes de la Ciudad Satélite a la que cantaran El Aviador Dro y sus Obreros Especializados en Cromosomas Salvajes (1985), se ha transformado en el reciclador omnipresente de la megalópolis angelina de Blade Runner 2049 (2017). El excedente energético que chorrean las venas de la urbe, la maquinaria automatizada generadora de nuevos ruidos, la randomización de éstos que les convierte en mantras tiznados de drone; son la carne y la sangre que usa Izaguirre al modelar interiores y arquitectura visible de Sol Om On.

Éste abre con el delta que limitan “Marvas”, “Luz Genética” e “Interferencias”. Tres canales, un solo tour de force -en que abundan los flujos discontinuos de noise, los beats veleidosos y disparejos, el ruido textural desestructurado en grados subatómicos... La premisa es el Caos, y a ella se apegan los slaps descoyuntados, la sobrecarga voltaica, los crujientes cracks perniciosos. El siguiente triángulo también es un tour de force, sólo que abortado: aunque “Sol Om On”, “ADN Post Sapiens” y “Conjuro” deberían poder empatar entre sí en fila horizontal, no consiguen hacerlo. El final de uno está a nivel más alto/bajo/filtrado/limpio que el inicio del siguiente, y así. En tal “intermezzo”, desaparece la dañina sobresaturación del primer tercio. Taladros y destornilladores pneumáticos se proveen de un chip que les proporciona inteligencia artificial, lo que les permite convivir con esos arpegios drónicos de ciencia-ficción que parasitan en las profundidades IDM (“Sol Om On” discurre sobre secuencias de relajado intelligent techno a lo Plaid), desembarazarse de éstos para virar hacia el sonido Warp/Rephlex (“Conjuro”), o consentir en que las melopeas drone se muestren en todo su tosco esplendor (“ADN Post Sapiens”).

El último tríptico, de componentes claramente diferenciados, responde a posibles permutaciones de lo exhibido por los dos primeros. En la tensa calma de “Goetia”, la adicción a la drone music se contiene y el reciclaje apenas se insinúa, mientras pululan los reptantes autechrismos del EP7 (que de EP no tenía nada, pues se quedaba cerca de llegar a la hora y cuarto). El IDM de “Contacto 77”, por su parte, funge de áspera reconversión del Aphex Twin degustado en el doble Drukqs (2001). El colofón es asumido por “Baal”, tonada de luminoso despegue que después se hunde en las fauces de la codificación iterativa.

Propone Dante una explicación un tanto mística de la denominación usada y del concepto sublimado en Sol Om On. No la recuso. ¿Se habrá dado cuenta, empero, de que por azar la unión de esas tres sílabas también se corresponde con el nombre que en inglés recibe el no-muy-santo-que-digamos segundo rey de Israel?

Retorna Carlos García (a) Zetangas, “secundado” como siempre por los Monsters De Comida, luego de haber regalado con 22/09/1953 uno de los mejores discos peruanos del 2019. La vuelta no es simple ni doble, sino triple: Vacuum Phases es su sexto esfuerzo en nueve años -séptimo, si adicionas la recopilación “no oficial” Zetangas 2000-2002 (2015)-, se para sobre los hombros de su predecesor para gestar un nuevo salto mortal (esta vez) hacia coordenadas no tan disímiles, y por fin -sospecho- alcanza esa forma definitiva que el muchachón ha buscado solitario por casi una década. Aunque con lo inquieto que es, nunca se sabe.

García consigue dar en Vacuum Phases con el sonido que, alimentándose por igual del indie y de la electrónica, pone continentes de por medio respecto de la llamada indietrónica. Ciertamente, aquello que la retórica de Zetangas tiene de indie luce en VP una iridiscencia enfocada hacia colores muy vivos y cálidos, matizada por efectos lo fi que le nimban de un brillo tornasolado. En la otra esquina, aquello que de electrónica tiene su música se aliviana librándose de muchos elementos identitarios, de modo tal que casi ni se le percibe -y, cuando esto ocurre, rara vez supera los discretos (pero imprescindibles) segundos planos a que se le ha confinado.

Como sucedía en 22/09/1953, diecisiete rounds en tiempo inferior a cincuenta minutos evidencian la brevedad en que incurre mucho del nuevo repertorio. Concisión idónea para viñetas cuyas pinceladas normalmente las asesta una guitarra vaporosa antes que vaporizada, pulsada durante cualquier ocaso estival y filtrada hasta convertirse en polaroid de narcótico influjo. Así advierto piezas del tipo de “Espontaneidad Vegetal”, “Nunca Vuelve A La Nada”, “The Yellow Monster”, la submarina “Mono Sobre El Hombro/Hombre” o “Monogram” -ejemplo cabal esta última de cómo ensamblar un instrumental en austero mood The Sea And Cake sin perder categoría ni esencia.

Bien visto, Vacuum Phases podría describirse como un Sunkissed (2002) en tono menor, de rigurosa economía de medios pero igual de precioso que el original de los alemanes Guitar: la digitación de la eléctrica que surca el sistema límbico en “La Nostra Nada”, su prístino desenvolvimiento cuasi acústico en la trilogía de cierre formada por “Sol De Otra Galaxia”, “501 Megaciclos” y “Solitarium”... Acaso en esta zona del globo lo sintamos más próximo debido a la sobriedad y el saborcillo groso -infaltable en Zetangas- que ha impregnado el proceso de mezcla.

Me olvidaba de los pasajes en que la electrónica hállase acentuada. En algunos de éstos, como “Río Negro”, no tan manifiestamente. En otros, como “Singularidad Artificial” o el sorprendente “Casa Tranquila” (que se transforma tras 90 segundos en un tex-mex de frecuencias abarrotadas), visiblemente. Los lunares en el contexto de un álbum que de todas maneras lleva integrado al ADN material genético en clave binaria de primer orden. ¿Electrindie, entonces?

De los nuevos proyectos de los últimos años cuyas puestas de largo se han hecho esperar, el que más expectativas ha provocado en el seno de nuestras autárquicas escenas independientes ha sido Mongo No Stars. Otros combos ya han adelantado EPs y aún mini-álbums muy buenos, mas de este elusivo unipersonal han descollado el ingenio y la calidad de los cuatro cortes cedidos desde el 2017, todos a través de lanzamientos cosecha Chip Musik. De ellos, sólo uno ha sido recuperado en el debut -“Early Morning Rain & The Wolf” (dispensado previamente en la primera entrega de la saga Transmisores, 2020)-.

Un debut que entra a la cancha y sale de ella parapetado tras barricadas más propias de parajes como los de esos márgenes cyberpunk en que se mueven Mad Max y Ghost In The Shell (el anime, aclaro). Para mayores señas, “Pequeña Pista 01” y “Fucking Massacre” retumban al filo del industrial más huidizo y cortante, entre S.P.K. y Coil -o mejor, un maridaje draconiano de Leæther Strip y Nine Inch Nails. Decisión harto inusual, porque si bien antes Mongo No Stars había hecho más que flirtear con el EBM, todavía separan unos cuantos peldaños al discurso facturado por Front 242 y A Split Second del industrial a lo Skinny Puppy o Foetus.

Dicho esto, encuentro imperioso precisar que entre la segunda pista y la duodécima transpira, salta, corre, trepa y vuela el MNS que conozco. Ése que germina del encontronazo entre guitarras rockeras y el esponjoso imaginario lisérgico del ambient house, entre orgiásticas drum machines y la tenaz severidad de programaciones proto-EBM, entre el militante pasotismo zippie y los veloces tempos del acid techno. Habilidad ponderable para trasmutar riffs a través del sampleo, para anabolizar los bajos, para infectar de dub los recovecos convertidos en refugios del IDM.

Fermentado en las composteras post-rave, el groove de Neofhyte Miscellanea tiene de indesmayable lo que asimismo de extenso. Puede ser relajante como un porro (“Hallucination REM”, “My Beloved Cat My Hand And It Hurts Like Hell”), deliciosamente estelar (“Brain The Size Of A Planet”, “ItemD 01”, “Bs Magic”), o festivo y pilerazo al más puro estilo 808 State (“Krack It”, “Sueño De Opio”, la genialmente bautizada “Esta Pista No Tiene Título”). Poco más se puede decir de un disco que se presta para el disfrute antes que para la racionalización. Poco más que esto: suene o no raro ponerlo por escrito, parece que ya se perfila un claro ganador de cara a los recuentos de diciembre.

Hákim de Merv