jueves, 29 de julio de 2021

Rafael Cheuquelaf: Austronáutica // Falla: Falla

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 21 de julio del 2021.)

#AguanteChile.

Rafael Cheuquelaf parece tomar decidido la senda del andar solitario. Ello sin menoscabar, obviamente, la labor que realiza junto a su partner Héctor Aguilar en Lluvia Ácida -el grupo con que cobrase notoriedad dentro de los circuitos electrónicos independientes latinoamericanos. Choike EP (2019) queda ungido, pues, como el primer hito en una ruta que asoma tan fructífera como la del excelente tándem magallánico.

A diferencia del extended debut, Austronáutica (Pueblo Nuevo) es un opus conceptual-en-tanto-planeado, lo que le pone algunos metros por delante de su predecesor: todos sus cortes fueron registrados, en efecto, el año pasado. Le suma, asimismo, que se desmarque visiblemente respecto de lo hecho por LLA -y que, a la vez, esa desvinculación no sea definitiva ni tajante. “Microplásticos” es quizá el único canal de la rodaja que trae a la memoria al binomio Aguilar-Cheuquelaf. El resto prefiere ir trepado sobre el lomo de otros géneros, dotados de sensibilidades distintas, una de las cuales destaca por encima de las demás.

Esa sensibilidad es la del synth pop. No bien empiezan a sonar las notas de “Austronáutica”, track epónimo de apertura, los tímpanos son sacudidos por un brioso synth de dosificada estética Hi-NRG bien 80s. Sin ser constante, esa impronta es la que más presente se halla: en la subsiguiente “Estación Meteorológica”, por ejemplo, el músico homenajea a Klaus Schulze y Tangerine Dream, colosos del kraut rock en su variante Berlin School. Luego de una prolongada introducción con mucho de ambient, “Estación...” despega hacia el ludismo synth de notas a punto de transformarse en (irrli)chirriantes. Por otro lado, “Últimos Humanos En Patagonia” bebe tanto del Jarre más inspirado como de los Kraftwerk cosecha Computer World (1981) para una segunda mitad claramente synth, a la manera en que podrían percibirse “Endurance” (Antártikos, 2004) o “Expedición Científica Antártica” (Ciencia Sur, 2017), magníficos clásicos en el repertorio de Lluvia Ácida.

Matizado por patrones rítmicos con los que muy poco o nada tiene en común (trip hop en “Bajo La Vía Láctea”, IDM de medios tiempos y líneas épicas de sintetizador en “Antenas En La Pampa”), catalizado por el dub y la synthwave, el synth pop impone su signo en este Austronáutica -que tiene como cumbre el genial híbrido entre synth e intelligent techno de “Radiación UV”.

El disco, sin embargo, está muy lejos de corresponderse con el imaginario del synth original. Como pasa también con LLA, Cheuquelaf compone y ejecuta desde las propias destrezas y pericias vitales que Magallanes le ha impartido durante décadas. Los pistones podrán acelerar la marcha, pero la placa nunca abandona la mirada serena en derredor de esa Última Tierra que el autor habita: antenas cual menhires, estaciones tecnológicas como refugios en medio de las solitarias inmensidades patagónicas, la perenne presencia de la Vía Láctea haciendo las veces de techo del mundo... Un valioso ejercicio con que arroparse los oídos en estos días de añorado invierno.

De la undécima región a la cuarta. Sin mucho aspaviento, hace poco más de un año publicó Falla su homónima puesta de largo. ¿Qué quién o quiénes son Falla? Apenas si encuentras dos, máximo tres líneas de información en Internet. Que es un dúo, se deduce de la imagen que acompaña al link de YouTube donde se ha colgado el álbum. Que proviene del puerto de Valparaíso, lo confirma la mezcla de Falla, realizada en el estudio 8 Beats de Nicolás Cuevas. Que el protagonismo lo monopolizan un bajo y una batería, con prácticamente inexistente margen para el lucimiento de otros instrumentos, queda establecido tanto en su página de SoundCloud como en el testimonio que brinda el propio estreno.

Pese a su abierta confesión punk, el sonido de Falla está inequívocamente ligado al del áspero, adrenalínico indie de los 90s. Forzando un poco la figura, también se le puede asociar al de aquello que entonces se conocía como “rock alternativo”. Más ajustado a la verdad es, pues, referirnos al binomio como incordiante heredero mapocho de Dinosaur Jr., The Folk Implosion o Superchunk -así como tributario de la venerable tradición indie chilena que legasen diAblo/El Diablo Es Un Magnífico, Mostro o Niño Símbolo; e ilustres ad-láteres (Don Fango, Supersordo).

Descarnados riffs oblicuos de bajo, desprolijas baquetas explorando con crudeza distintas pulsiones para acomodarles según convenga (“Fuga”, “Mufla”), la omnipresencia de ese lo fi caro al indie que cubre todo con su manto de desparpajo (cuando no desfachatez)... Números como “Ácido Folklórico”, “Bolearte” o “Maca” documentan una austera economía de medios lo bastante implacable como para aprovechar al máximo cada recurso disponible. E incluso ésos que advinieran con el Año Cero 77: el dueto saquea el ascendiente punk, expuesto sin cortapisas en la pareja de temas “Canción De Amor”-“Canción De Furia”, empleando la muletilla tremendamente acelerada del hardcore -“Alternova”, “Baile Nacional”.

Opera prima potente y aconchasumadrada la de Falla. Catorce canciones militantes, llenas de ruido antifascista, donde a todos les cae por igual. Una vivificante bocanada de aire fresco, tan necesaria para recuperar la urgente simplicidad de la consigna, casi bakuniana en estos tiempos de agiotismo mainstream, del “hazlo tú mismo”. Una única duda: ¿son trece o catorce surcos? Mientras que en SoundCloud el track list acaba con “Fuga”, en YouTube se adiciona al colofón la incendiaria “Hippie Punk”.

Hákim de Merv

viernes, 16 de julio de 2021

Sexores: X

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 7 de julio del 2021.)

Coincidiendo con las celebraciones tradicionales a propósito del último fin de año, los ecuatorianos Sexores conmemoraron en diciembre su primera década de existencia obsequiando a público y fans un volumen de remixes que revisa sus cinco esfuerzos largos lanzados a la fecha. Dicho artefacto, que puede descargarse gratuitamente desde el BandCamp del dúo (actualmente reconvenido en cuarteto), reúne a 10 grupos latinoamericanos de nueva hornada; así como a 2 de la Madre Patria.

Hasta qué punto considerar a X un álbum de remixes en lugar de uno de reworks, es materia acerca de la que cada quien debe decidir. Yo me inclino por lo segundo, ya que la mayoría de estas relecturas encaja antes como versión/re-versión que como remezcla. Opino de esta guisa no tanto por la ductibilidad de las interpretaciones como sí por la significativa porción de re-creaciones que copa el menú. Otra característica a enfatizar es la comunión en penumbras de la que participa cada nombre listado. Sea desde el trip hop (la revelación Itzel Noyz), el postpunkgaze (las mexicanas de Todas Las Anteriores), el noise rock achorado (nuestros paisanos Kusama), o el simple y llano pop electrónico de cuño 90s (los quiteños Koala Precipicio); todos los conjurados ponen de relieve ese tenue velo de sombras con que Sexores siempre ha flirteado, empezando por el debut en formato extended 001 (2010) y terminando de momento en la excelencia conceptual de Salamanca (también 2020) -pasando incluso por su rodaja más luminosa, Historias De Frío (2014).

Agita la bandera en la partida el binomio guadalajareño Fryturama, reelaborando ennegrecida y engrosadamente “Gn 25:23” -del Amok & Burnout, 2011- canal que sí llega a calificar como remix. El grado de lobreguez es el mismo que el de Todas Las Anteriores, quienes practican sobre “U.S.R.R. Girls” (Red Rooms, 2016) una deconstrucción postpunkgaze a cámara lenta. Estela más acorde con el shoegazing bajo cero de Emilia Bahamonde y David Yépez es la que dibuja Koala Precipicio y la distorsión in crescendo de “Doppelgänger” (lado A del single Titán, 2013). Mismo camino, pero en dirección inversa, hacen recorrer a la siempre bienvenida en directo “Shinigami” (Historias...) las catalanas de Dreyma.

Complementan esta primera mitad la dislocada/oblicua performance vocal de Noelia Cabrera al frente de Kusama, para su rearme de “Historias De Frio”, que involuciona a un estado de noise crudo/picapedrero; y el plastificado shoegazing que Nax extracta del sonido tripgaze encarnado en el “Sasebo” original (Red Rooms).

Por cuenta de los hidalguenses Amparo Carmen Teresa Yolanda, el rework de “Daywalkers” -inesperado ramalazo de vigoroso shoegazing vívidamente ejecutado- abre la segunda mitad de X, completando de paso la triada de temas de Red Rooms en esta oportunidad revisitados. El terceto azteca salda así la colaboración de Bahamonde en su disco del 2020, No Hay A Dónde Ir. Similar jugada, esta vez desde coordenadas poptrónicas, realizan los ecuatorianos de Fotogramas -no confundir con el homónimo proyecto valpeño-, planteando en “Volantia” un interesante cambio de revoluciones respecto del veloz (y hermoso) corte original pauteado en Salamanca.

Infortunadamente, en este tramo encuentro arrejuntados los pasajes más discretos del disco, tracks con más de covers que de remixes o de reworks. Son los casos de “Bluish Lovers”, “Rigel” (provenientes ambos de East / West, 2018) y “Nos Lo Dijo La Serpiente” (Salamanca); respectivamente a cargo de Challenger (Bolivia), Ghost Transmission (España) y Tonicamo (Ecuador). El problema no reside en que se hacen eco del lado más pop de Sexores, sino en que confrontan poco o nada sus propias estéticas con la del repertorio de los norteños, quedándose lejos de alcanzar el punto medio entre homenaje y subversión que se acostumbra esperar de esfuerzos similares. Por suerte, los minutos senescentes de X reservan una joyaza de deconstrucción: “Berlin”. En manos de la talentosa y novel potosina Itzel Noyz, el penúltimo surco de East / West se transforma en un doloroso número trip hop de magníficos breakdowns. Un coctel de soul tridimensional y lujuria en clave de downtempo.

X se beneficia en dirección artística de la muñeca de David Yépez, y su masterización la ha asumido Emilia Bahamonde. Como se ha evidenciado durante la reseña, el cuidadoso diseño del track list garantiza un riguroso repaso cronológico por todas las obras in extenso que el tándem ha firmado. De carambola, postula además -más allá de las opiniones y/o polémicas que genere su contenido- una entretenida selección de composiciones con que acercar a nuevas audiencias el output de Sexores.

Salud por el primer decenio de vida, queridos Emilia y David. Que su magia nos acompañe durante muchos más.

Hákim de Merv 

jueves, 8 de julio de 2021

SoDPM: Hechizera EP // Poncho Negro: Poncho Negro

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 30 de junio del 2021.)

Ramón Pérez-Prieto ha decidido aprovechar estos meses en que Novalima está tomándose un receso en cuanto a lanzamientos -lo último fue el remix de “Rumbo Libre”, en 2019, al año siguiente de su largo Ch’usay- para dar curso a un proyecto paralelo denominado SoDPM. Paralelo y grupal: aúna fuerzas aquí con Coqui De Tramontana (M.A.S.A.C.R.E.) e Israel Vich (DJ peruano internacionalmente reconocido).

El alias SoDPM ya tenía publicado un extended play vía la label mexicana Cosmic Awakenings, especializada en lo que podría sintetizarse como música electrónica con pretensiones de espiritualidad trascendental. En su nómina, nutrida por actos de todos los rincones de la Tierra, se inscribe Coming Home EP (noviembre del ’20). La terna se exhibe en el artefacto millas alejada de la electrónica mestiza que se deleita en facturar Novalima, yendo más por el lado de una suerte de (in)fusión de downtempo con aristas lounge como las que sobresalían en el epónimo debut del célebre combo de raíces negras (2003, cf. “Nueve Dragones”).

Para Hechizera EP (sic), se han implementado algunos cambios. El primero se relaciona al grado de fisión que ha alcanzado la mezcla, fluyendo ahora de modo perfectamente natural. El segundo, quizás el más importante, tiene que ver con el groove: si en Coming Home EP lucía orgánico pero algo rígido, en Hechizera EP se le percibe mucho más cadencioso y sensual. Un tercer cambio se halla reflejado en la instrumentación: la guitarra es completamente funcional a las composiciones del extended, acompañada ahora por un sigiloso cajón afroperuano.

Tanto “Hechizera” (colabora Juan “Cotito” Medrano) como “Munra Ka Ya Te” (al alimón con Novalima y el artista del oriente peruano Rawa Muñoz) son tracks guiados por una filia inspirada en estéticas étnico-tribales, que complementa/potencia las blueseras secuencias downtempo del trío antes que repelerlas. Un EP agradable al oído, con que relajarse antes de afrontar trips de mayor calado. Edita la alemana Kindisch, donde también ha publicado Vich por cuenta propia (Ayahuasca EP, 2019).

El año pasado tuve la oportunidad de escuchar y comentar el epónimo debut de Dom Dimadoom, joven promesa de la renovada asonada grindcore/fastcore/thrashcore que viene estragando las escenas underground limeñas adscritas a esos géneros. Hoy es el turno de Poncho Negro, grupo que acaso no sea tan zagal como DD, pero que fatiga direcciones bastante similares.

Dúo formado por José Casalino (guitarra, voz) y David Núñez (batería, voz), este último además co-fundador de la interesante escudería LaFlor Records, Poncho Negro cuenta ya con una estela discográfica de tres títulos. Que los dos primeros lleven respectivamente los nombres de Demo (I) (2014) y Demo II (2016) es algo que todavía no logro entender bien: no me parecen susceptibles de ser etiquetados como “demos” o “maquetas”, y tampoco encuentro diferencias significativas entre éstos y lo que podría considerarse su homónimo estreno oficial. En cualquier caso, difícilmente esta uniformidad se transforma en hándicap cuando hablamos del grindcore, del crustcore y afines.

Dada, pues, la extrema concisión de Poncho Negro (apenas 372 segundos); se hace un tanto inútil analizar las canciones por separado. Más apropiado es señalar que, para su entrega de cosecha 2021, la dupla afianza un estilo atiborrado de mugre, velocidad y distorsión magnificadas. Las ansias de despedazar lo que ose ponerse enfrente de su desparpajado terrorismo sonoro se ven frenadas únicamente por la brevedad de los surcos -los más cortos de los cuales frisan los 17 segundos, mientras que los más largos no superan los dos minutos. Difícil prodigarse en más palabras ante semejante huayco de ruido furioso y demencial, que empuja un muro de infame sonido irrespirable sólo para dejártelo caer encima.

Irrespirable y brutal, sí, aunque rara vez denso y/o pesado -tal vez el segundo movimiento de “NN” pueda calificar como stoner-. Por lo demás, el tándem manda al carajo sus eventuales limitaciones técnicas, convirtiéndolas en rasgos distintivos de género y output: las apagadas atmósferas de powerviolence noise, los riff bestiales/rudos/viciosos, la ensangrentada garganta desde la que escapan las vocales, los huracanados blast beats de Núñez a las baquetas... Atronadora “puesta de largo” del binomio, que en directo es asistido por correligionarios de movida como Víctor (LÖRI), Tarik (los desaparecidos Un Viejo Arcoíris) y Frank (Sistemas De Aniquilación).

Hákim de Merv

jueves, 1 de julio de 2021

------: First Try // La Agonía De Desear Existir: It's Not Like It Was Before // Entes Anómicos 'Zine 16

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 23 de junio del 2021.)

¿Se ajusta la construcción “reciclaje zen” a lo que busco enunciar cuando escuchó no sólo lo nuevo de La Agonía De Desear Existir, sino también el debut del side project ------? Seguiré rumiándola mientras termino de escribir estos párrafos. Por lo pronto, en un mode sonoro similar a la conjunción de ambos significantes debe haber estado en estos meses la cabeza de Carlos Palacios Hidalgo, impulsor de ambos chaplines y del sello Entes Anómicos.

Comienzo con ------. A diferencia de la gamelán, oriunda del sudeste asiático y centrada en el Sonido, la música tankdrum está más identificada con el extremo oriente -China continental y Japón, sobre todo- y se halla asaz más enfocada hacia la Melodía. Es, pues, una profunda cuestión de perspectiva lo que separa a ambas encarnaciones sónicas; más allá de una numérica -para tocar gamelán se requiere un mínimo de cuatro o cinco ejecutantes, a la tankdrum le basta con uno.

El primer intento de Palacios con la tankdrum parapetado tras la etiqueta ------ se produce en enero del 2020, a través del 7” Mold. Sus dos pistas -“/” y “//”- son harto indiciarias de lo que hará el chalaco en First Try doce meses después: un ejercicio algo desarraigado -o descontextualizado, si prefieres- de percusión que puede aterrizar en la categoría terapéutica, grados de más o de menos como cualquier otra ejecución entroncada a la síncopa, sonoridad y huella psíquica propias del instrumento convertido en toponímico de este tipo de música -sobria, austera, minimal.

Una sesión de tankdrum, en efecto, puede desbloquear diques emocionales largo tiempo levantados. Puede igualmente reducir el estrés a la par que aumentar la resiliencia. Incluso puede diluir la alienación y reestablecer insospechadas conexiones perdidas. No sé si atribuirlo al exotismo de su timbre -como me pasa con el yangqin o con el erhu- o a sus resonancias cóncavas, el hecho es que durante algunos pasajes de First Try mis oídos han intuido tímidamente ese potencial entre sedante, catártico y rehabilitador.

Con poco más de veinte minutos, decía de FT que podía lucir desarraigado o descontextualizado. Una posible explicación es que Palacios haya intentado interpretar música tankdrum desde su experiencia vital, que según entiendo ha sido moldeada en los suburbios del mundo occidental -como las de todos nosotros, sus paisanos. Otra es que esa intención haya sido subconsciente. Y una tercera, que sea producto del azar. Por angas o por mangas, la tankdrum de ------ tiende a ser abstracta. O tal vez así me lo parezca, dada la tradición polifónica que nos ha formado desde hace siglos en este lado del globo. De cualquier forma, es un primer paso interesante/aleccionador/válido para comenzar a familiarizarse -me incluyo- con ese tañir tan ajeno a quienes vivimos en Occidente.

Si hasta ahora no te parece que exista motivo para hablar de “reciclaje zen”, quizá sí suceda que los siguientes renglones sumen para conquistar esa cota. El cerebro es el mismo; la faceta, ligeramente distinta.

Porque ocurre que lo más reciente de La Agonía De Desear Existir se subleva contra el propio pasado, tratando de desmarcarse de aquello que en Blind Them With Kindness preponderase. It’s Not Like It Was Before retrata la metamorfosis a medio andar. Quedan todavía, ciertamente, muchas muestras de ese ¿avant pop? mitad electroacústico mitad digital que ganaba las riberas del non-sense desde un bricolage abierto y multiforme. Partes como la cuarta, la novena, la sexta o la séptima se acomodan aún bajo esos parámetros.

Salvo la décima (que es casi vaporwave) y la octava, el resto de partes en que se desmiembra It’s Not... evidencia no obstante un muy voluntario ladeo hacia Oriente. Para que te des una idea, mientras las partes quinta y tercera bullen de segmentos alusivos al país del Sol Naciente, la primera guiña al Asia Menor merced a codas inflexivas de ascendencia vagamente sufí -como si asistiésemos a una majali para neófitos.

No cabe hablar de mayores complejidades estructurales, ausentes también en el episodio anterior. It’s Not Like It Was Before es más una exploración, no genial pero sí iluminada (y un poco diletante, todo hay que decirlo), de las posibilidades audioexpresivas que promete el abanico de herramientas analógicas y digitales con que cuenta el no-músico de hoy. Números sencillos, ordenados, pulcros... Ni siquiera en sus momentos más idos, LADDE llega a conectar con Dionisos -si acaso tal vez en la octava parte, donde Palacios tenta acrisolar ambas tradiciones.

Como mencionara a inicios de este 2021, en el principio de los tiempos Entes Anómicos fue fanzine a la par que sello de discos y cassettes. Luego de algunos años, la publicación bajó la persiana, y su (ir)responsable se concentró en la edición y distribución de material sonoro que le alcanzaban desde todas las esquinas de este minúsculo punto pálido en el Universo. Tocado por la lectura de un fanzine de otras latitudes que le llegó en intercambio, el buen Carlos cayó presa de la nostalgia hace una buena cantidad de semanas. Ello le movió a retomar la travesía de Entes Anómicos ‘Zine, cuyo número 16 apareció a fines de mayo último.

No dispongo de la colección completa del fanzine. Es más, apenas cuento con uno (el 6, jo), que fuese el que me llevó a contactar a Carlos, a conocerle en persona y a difundir su transversal apuesta/propuesta. Con satisfacción, compruebo que se ha dado la chamba de crear un repositorio para la colección íntegra y para otros proyectos impresos de su veinteañera plataforma (repositorio bastante desordenado, eso sí). Veo, asimismo, que el número 16 del ‘zine mantiene el espíritu DIY, amateur, combativo y jubiloso que le destacase antaño.

Biografías mil -no sólo de grupos, sino también de santuarios como el Hensley-, una entrevista a Eduardo Acosta -ex Anfo, banda que siempre he considerado malísima- a propósito de su nueva vida como Muertehëad (realizada por Juan Pablo Villanueva, el man de Fukuyama), y reseñas a manos llenas; es lo que encontrarás en esta decimosexta entrega, acompañada de un sampler de la escudería con 32 combos, para descarga gratuita desde su cuenta BandCamp. Entes Anómicos ‘Zine está de vuelta como si no hubiera soplado 25 velitas.

Hákim de Merv

jueves, 24 de junio de 2021

Bahía Mansa: Botánica Del Olvido // Ihä: En Busca Del Tiempo Perdido

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 16 de junio del 2021.)

#AguanteChile.

Parecía complicado que Iván Aguayo lograse su propósito de sacar dos títulos largos el año pasado, no sólo por la brevedad del tiempo restante -la segunda edición de su exquisito Memorias De Los Pájaros Niños apareció el 31 de agosto, lo que le dejaba margen de sólo cuatro meses-, sino además por las circunstancias que modificasen nuestras vidas diarias tras el advenimiento del COVID-19. No es de extrañar, por ello, que el anunciado Botánica Del Olvido recién obtuviese fecha de salida para el 20 de este mes.

La espera ha valido la pena, sin embargo. Precedido de un EP (Expo 21’) y tres singles -uno de los cuales, “Montaña Sin Nombre”, ha sido reelaborado/rebautizado/empacado en el nuevo título-, Botánica... equipara las cotas de Memorias... gracias a un alucinante puñado de instrumentales de enorme calidad. El imaginario sonoro invocado es, en esencia, el mismo que recorriese su predecesor; mientras que en lo tocante al pathos la coincidencia es menor. Esto se debe a que Aguayo se sumerge casi literalmente en la misma fijación por el agua que los cultos hídricos de la Antigüedad, surgidos en multitud de sociedades alrededor del mundo.

Desde la lenitiva apertura de “Amapolas” hasta el epílogo de “Miles De Rostros Abandonados”, Bahía Mansa se mece al abrigo de un galvanizado ambient de ensoñación electrónica. Ensoñación nada más, ya que durante 59 minutazos no falta la instrumentación “orgánica”: la guitarra que el propio Iván pulsa varias veces, el violín que le da un vibrante cariz indeleble a “Hombre Bajo La Bruma”, la femenina voz que divaga acompañando a ese violín... El arsenal de recursos estéticos no para de prodigarse en reverberaciones oceánicas, elongados bajorrelieves de sintetizador colmados por una cromática venturosa (“Hombre Bajo...”), eufonías apenas sugeridas (“El Camino Del Agua”), humores termales (“Los Nenúfares De Monet”). El símil del espiral ascendente no necesariamente aplica para el disco en conjunto, pero de lo que no me cabe la menor duda es del momento culminante de éste -su epónimo track, jubilosamente terapéutico. En “Botánica Del Olvido”, ciertamente, la Realidad queda traslapada ante la fluida inmaterialidad líquida de su lapislázuli contorno. Botánica... pudo quedar allí y nos hubieran faltado palos para el puente.

Los capítulos finales son “A La Montaña Sin Nombre” y “Miles De Rostros Abandonados”. El primero es una suerte de coda para esa sacra peregrinación hidrofónica que he descrito antes. El segundo cambia de registro, desentendiéndose de la dicha para abrazar la nostalgia, sensación acrecentada por los sampleos varios de voces infantiles. El detalle me hizo recordar la carátula del Music Has The Right To Children (1998), de Boards Of Canada, que retrata a unos/as niños/as sin que podamos ver claramente sus facciones: sé que los sampleos provienen de niños/as, pero no entiendo claramente lo que dicen...

Empezó, hace exactamente diez años, la historia de uno de los proyectos más singulares/excéntricos aparecidos en la escena independiente mapocha. Con la portada verosímilmente dibujada a mano sobre papel cuadriculado, Un Nuevo Comienzo (23/6/11) marcaba el debut de Ihä, alias tras el que se escuda el músico Ignacio Moreno. Desde entonces, el santiaguino viene publicando sin descanso abundante material, incluso en formato single o EP, bien en solitario o bien en comandita. Su accionar ha devenido tan prolífico, que pese a haber escuchado muchos de los trabajos editados, todavía no entreveo si estoy cerca o lejos de asimilar la totalidad de su obra.

Celebra Moreno el décimo aniversario de Ihä reeditando no su primera referencia, sino el proustiano En Busca Del Tiempo Perdido (2017), colgado ahora para descarga gratuita. Esa elección parece indicar que el músico le considera la más acabada expresión artística de su monosilábico alias. Concuerdo, sin menoscabo de lo que todavía me falta por escuchar (y que eventualmente podría modificar ese juicio). La versión original de En Busca... es casi lo último que oí del capitalino antes de perderle la pista: luego vino Esperanza (también 2017), y de allí en más moví el timón hacia otras coordenadas.

Asumiendo que lo de Ihä estuvo definido desde un principio, definición que aprovecha cada resquicio de la inasible vaguedad en la que se inscriben los códigos abiertos del post rock, del drone y de la baja fidelidad; el plástico relanzado puede tomarse como representativo del polimorfo estilo que acomete el proyecto. En buena cuenta, es como si Moreno prefiriese componer bajo el enorme palio que le proporciona el cielo nocturno de Chile, límpido o nublado. El proceso creativo, a medias influenciado por el post y por la improvisación altamente intuitiva, tiende a alumbrar piezas lánguidas, un tanto solemnes (“El Nacimiento De Un Alma Que Amenaza Con Caer”). Esas características se han hallado siempre presentes en la música de Ihä (Liek Hiin Stäk Sin Tÿ, Vivo), sin tornarle reacia a tonalidades sonoras entre cálidas y tórridas, como ocurre con “Un Bosque En El Interior” (único track aditado a la nueva versión de la placa) o “Catarsis”. Acaso sus atmósferas pueden, pues, tolerar la etiqueta de autistas, pero no de áridas. Ihä tiene tanto de laboratorismo (“En Busca Del Tiempo Perdido”, ambient premeditadamente entregado al Caos) como de miocardio distribuido por toda la epidermis (“Sólo Paz”). Al final siempre acaba imponiéndose éste: tal cual en la edición 2017, clausura la rodaja “Sin Economía”, trece balsámicos minutos de pacífica ensenada sónica, con múltiples guitarras en modalidad round trip unas sobre otras. Precioso.

Cabe resaltar, dato no exento de interés para quien decida embarcarse en el descubrimiento del planeta Ihä, que los surcos que integran En Busca Del Tiempo Perdido se compusieron entre el 2011 y el 2017. Algunos de ellos fueron publicados como parte de otras obras. Esto no desdibuja, obviamente, el carácter conceptual conferido al volumen. Por lo demás, Ihä va alimentando un envidiable expediente de colaboraciones con algunos de sus pares más autárquicos en la escena sureña. Están allí los splits con El Diablo Es Un Magnífico, Asunción (proyecto de Cristian Sánchez, tecladista de EDEUM) y Orquesta Pandroginia. Nunca ahíto de novedades, hacia allá apunta ahora mi bauprés.

Hákim de Merv

miércoles, 9 de junio de 2021

Anthology Of Experimental Music From Mexico // Anthology Of Experimental Music From Peru

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 2 de junio del 2021.)

Incontables son los lazos que hacen de México y de Perú pueblos tan parecidos. Los estados contemporáneos que les representan en el orden mundial vigente pertenecen a organizaciones como la Alianza Del Pacífico y la Comunidad De Estados Latinoamericanos Y Caribeños, entre otras más. Los paralelismos con nuestros hermanos mexicanos, empero, no son ni mucho menos recientes. Los territorios que conforman a ambos países fueron, durante el dilatado período prehispánico, centros de civilizaciones antiquísimas y cabezas de vastos imperios. Idénticamente, muchas derrotas y muchas estériles victorias han moldeado nuestras idiosincrasias, convergentes desde sus particulares rasgos culturales.

No siendo un experto en la materia, en lo tocante a México, sospecho que asimismo las dos naciones cobijan sendas tradiciones de música experimental -tan vinculadas una y otra al pop como a las esferas académicas, y en ambos casos, aún por revalorar/reivindicar. En efecto, a pesar de los plausibles esfuerzos hasta ahora realizados, buena parte de las obras concebidas por los francotiradores del ayer en tierras aztecas -Carlos Alvarado, Vía Láctea, Manuel Enríquez, Hilozoizmo, Duda Mata, Oxomaxoma, Alquimia, Sergio Luque, Flüght- y en tierras incas -Luis David Aguilar, Edgardo Valcárcel, Sergio Zevallos, César Bolaños, Arturo Ruiz Del Pozo, Francisco Pulgar Vidal, Miguel Flores, Alejandro Núñez Allauca- todavía espera paciente su adecuada recuperación y/o restauración.

El hoy no es menos importante, sin embargo. Unexplained Sounds, la renombrada independiente napolitana dirigida por Raffaele Pezzella y especializada en avant garde/dark ambient/drone music/música concreta/electrónica experimental/et.al., tiene la mirada puesta en el aquí y en el ahora. Sus célebres compendios de música experimental proveniente de diversas latitudes entornaron hace poco la mirada hacia el Nuevo Mundo por algunos meses, entre fines del 2020 y principios del 2021 -para luego enrumbar hacia el Lejano Oriente (Anthology Of Experimental Music From China, 7 de mayo). Testimonian este vistazo dos nuevos títulos de la serie: Anthology Of Experimental Music From Mexico (noviembre) y Anthology Of Experimental Music From Peru (marzo).

A la excelente compilación mexicana se le siente más cómoda encuadrada en el seno de un sello como Unexplained Sounds. Esto se debe a que los charros continúan sosteniendo un largo prontuario de vanguardismo auditivo modelado por una teratológica variabilidad timbral las más de las veces improvisatoria, de colores oscuros/apagados, atmósferas y texturas con visibilidad computable en cero. Caravanas interminables de frecuencias crepitantes e incordiantes, graves que parecen no estar realmente allí. Ruido telepático epatado desde el corazón de las tinieblas. Estas características son todas intrínsecas al grueso del catálogo de la itálica label.

En esas líneas se aposentan “Amydrós” de Heraldos Negros y “NoirLand” de iN FORMALDEHYDE, lo mismo que “Topologías Del Deseo” de Interspecifics. También “17º48’N” de Juan José Rivas, “Escandinavia Por Ala Delta” de Roberto Romero Molina, “Et Voici La Fièvre” de Rodrigo Ambriz y “Totaua” del pionero multidisciplinario Israel Martínez. Estos cuatro últimos números vienen no obstante matizados respectivamente por aproximaciones al rollo industrial (“17...”), brillo fantasmal de sintetizadores y sampleos que remiten de inmediato a los films fantásticos de la edad dorada del cine mexicano (“Escandinavia...”), una furiosa iteración verborréica que resurge a posteriori disgregada en deformes voces ralentizadas (“Et Voici...”), y la manipulación de cintas que injertan grabaciones de sonidos naturales (“Totaua”, durante la segunda mitad).

Resalto, debido a que superan el puntaje promedio, las participaciones de Tecuexe Band (único acto del lanzamiento que aparece dos veces, siempre recreando música tribal en clave abstracta), de Mito Del Desierto (“Larva Ella Que Trastorna” es lo más parecido a un surreal script sonoro que he escuchado en mucho tiempo), de Rogelio Sosa (la ominosa concrete music en cascada de “La Noche Del Nahual” rompe los fuegos) y de la dupla contrapuesta de “Revelación” (Simonel, bliss pop crispado) e “Invasión” (Concepción Huerta, inquietante reverso de “Revelación”). Respecto del disco físico, la descarga paga incluye cinco pistas adicionales, de las que me quedo con “No Sólo Es Dolor” de Gibrán Androide, cercana a la dialéctica Einstürzende Neubauten, y la refrescante “Los Días De Antes” de Sebastián Fuentes.

Acaso por conocer de primera mano la escena peruana -obviamente, el menú de todas maneras me resulta más familiar-, encuentro mayor diversidad de acercamientos ilustrada en Anthology Of Experimental Music From Peru, diversidad que no agota la amplia gama de posibilidades manejadas por nuestros créditos. Algunos de ellos están plenamente identificados con los circuitos avant nacionales, como CAO, José A. Rodríguez, Brageiki, Wilder Gonzales Agreda o Fiorella16. A otros tantos sólo los he oído de pasada, como Árbol, Qsn10-97, Ivanka Cotrina, Ian Duclos o Paola Torres Núñez Del Prado. Con los demás nombres se trata de la primera vez que me cruzo, si bien ya escuchados calzan de maravilla en el perfil que postula el panorámico.

Dada su naturaleza vanguardista, éste apuntala nexos que le vinculan no sólo a sus pares mexicanos, sino por extensión a los del resto del mundo. La austeridad minimalista-maximalista, la devoción por la tecnología pichicateada, la aleatoriedad en que se esconde el concierto de los mundos interiores, la oscilante metafísica de la improvisación. La alteración de la Percepción a través de interminables olas de distorsión sonámbula... Sí. El detalle es que mis compatriotas aquí reunidos persiguen menos al dark ambient que a aquello que en “XXXX XXXX XXX XXX” de #DMTh5 se define como “ruidismo etéreo”. El sólido corpus de noise producido, por ende, es un medio expresivo antes que un objetivo estético con que cumplir.

Así se entienden el bliss de codificación binaria de “Región Perpleja” (Árbol), el cósmico y zumbante telón de cierre orlado de motivos vernaculares de “XXXX XXXX XXX XXX” (#DMTh5), los mismos que también se prodigan en la ambigua “Yachag” (Ivanka Cotrina) y en la lujuriosa “Les Jungles Occultes” (CAO), el dulce cruce de post rock y harsh noise en “Río De Sangre Hirviendo” (Rodolfo Ontaneda) y en “Viento En Círculos” (Marcelo Mellado), el sobresaturado output de una recortada “Zuckerzeit” (Wilder Gonzales Agreda) o la improvisación filoacusmática con glitcheos al mayoreo de “Vistiendo A Un Hombre Muerto” (José A. Rodríguez). En tal sentido, el track más acabado es “Venucia (Ciudad Flotante)”, a cargo de Juan Pablo Egúsquiza y Kevin Salkeld -el típico sonido del avant garde perucho que se la juega por Dionisos, martilleado sobre la histórica escasez crónica de herramientas que acunó a las movidas independientes: lleno de salientes, fluctuantes coartadas acústicas, ecos cíclico-siderales...

Tiempo de ponderar la composición que más perfecta suena, así como de señalar la que sale sobrando. Empiezo por esta última. El recurso de Vanessa Valencia Ramos de recrear el audio verité que abunda en los mercados de barrio me parece muy válido, pero su floro en “Plantas Medicinales Contra el Patriarcado” me sabe a consigna estereotipada. Por el contrario, el sobresaliente morphing que se produce durante los cinco minutos y pico de “To Wear Quipus Or Cables”, de Paola Torres Núñez Del Prado acompañada de The People Of Tupicocha; redondea una magnífica intervención de noise acumulativo que erupciona al azar y sonoridades de raíces autóctonas. 10/10. Por algo, la versión digital de Anthology Of Experimental Music From Peru le incluye también en modo video.

Hákim de Merv

jueves, 3 de junio de 2021

Saeztti: Esplendor Artificial // Aloysius Acker: Vergel

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 26 de mayo del 2021.)

Mucha gracia no me causó escuchar por primera vez a Elegante & La Imperial. Ni por segunda, ni por tercera. No porque me disguste la electrónica mestiza. Todo lo contrario: me parece una vía refrescante de hacer fusión que, tal cual sucediese con el rock mestizo en los 90s, oxigenó nuevamente las músicas más identitarias de nuestra latinidad. No obstante, sucede que el alias aludía a una suerte de ósmosis -o en todo caso evolución-, de la que participaba Elegante. Es este último el zarpazo inaugural de Daniel Martinetti (quien después se reinventara como Sonoradio), cuyo unigénito legado se convirtiese en uno de los más lánguidamente hermosos (y dilatados) álbums IDM hechos en nuestro país: Desvaneciendo (2004).

Escuchar lo que antes era Elegante haciendo cumbia digital o global bass, pues, me parecía harto afrentoso. Pero bueno, ya pasó un tiempo. Además, el propio Martinetti ha reivindicado su primigenia faceta a través de las chambas como Danny eM y Saeztti. El primer chaplín cuenta con una seguidilla de EPs en un registro de inmaculado house -de los cuales he podido audicionar Something To Say, Form & Function y All Kind Of Things.

El segundo acaba de hacer su debut formal precisamente el 26/5 con Esplendor Artificial, también tras unos cuantos EPs publicados en Discos Aquelarre (sello del autor). En su primera parte, Saeztti repasa casi todo el frente de estéticas post rave valiéndose del canon del intelligent techno para proyectar sugerentes movimientos circulares, evocadoras ristras melódicas, espaciosas notas de una calidez expansiva... No es el suyo, con todo, un IDM de arte y ensayo: pistas como “La Transparencia Del Aire”, “Nada Ha Existido” o “De Extraño Diseño” hablan más de un output abierto, permeable al hechizo house y otros sortilegios equivalentes -el nutritivo ambient pop que cocina “Detrás De Un Resplandor”-, enganchado a las cadencias retozonas de unos Bandulu o un Speedy J.

Por otro lado, EA se pone un tanto voluble de ”Historia Natural” en adelante. Me explico: las formas que modela Saeztti persisten indemnes, su vocabulario y gramática son los mismos. No así el contenido, que deviene mercurial. El magnetismo carnal de números como “Historia...” y “Distant”, por ejemplo, es progresivamente atemperado por alternantes sensaciones vívidas de nostalgia y melancolía. Con la tesitura de un paseo subacuático, “Las Cosas Simples” borronea de a pocos los indicios de pulsión rítmica, convirtiéndose así en la pieza más abstracta del repertorio. Y, pese a las sofisticadas líneas de bajo que recodifican la energía primaria del funk, tanto “El Falso Profeta” como “Esplendor Artificial” emergen sanitizadas hasta la asepsia -si bien no cargadas de congoja, tampoco del dulzor que era moneda común en el primer segmento.

En conjunto, el debut de Saeztti colma sobradamente las expectativas. Entiendo que tal vez pudo ganar más puntos con un trackeo menos disparejo, aunque la apreciación es asaz subjetiva. Provengan de una u otra mitad, los sonidos de Esplendor Artificial hacen justicia al íntegro del background que acredita ya el limeño...

...salvo Elegante & La Imperial.

¿Existirá, como es el caso de la entrada que precede al plato principal, la salida? Alguien dirá que ésta es en realidad el postre, y puede que razón no le falte. Aún así, no me nace pensar en Vergel, nuevo mini-álbum de Aloysius Acker, como la sobremesa que contrasta/contrapesa a De Arcana Celesta (2019); sino como el tentempié que extiende su recuerdo en el paladar al complementarle.

Esta colección de seis nuevos episodios batalla entre el shoegazing y el ambient digital, si bien la presencia de este último es ahora mucho más manifiesta. Desde los primeros latidos de “Memorias De Un Lago”, queda establecida la preponderancia otorgada por el unipersonal de José A. Rodríguez a la electrónica de tintes ornamentales. Incluso en los minutos más dulces/ruidosos del esférico -“El Alma De Flora” y “Fragancia De Ocaso”, vale decir su sección media-, el timón de Vergel yace en manos del antedicho discurso binario. 

Paradójicamente, esta dialéctica hace del baggy el verdadero elemento decorativo de la jornada. En la senda del crossover abierto por Silvania y similares, Aloysius Acker emprende travesía sobre ese ambient rugoso cuyas bases están anegadas de iterativas figuras de programación sintética (“Edhral”, “Memorias...”), que en más de una vez parece querer echarse a correr pero que siempre sucumbe contenido por la placidez y laxitud en que finalmente encallan las composiciones. Las pinceladas de dream pop -“Una Estatua Que Sueña Nubes”, “La Lluvia Cae Desigual Como Tu Nombre”- se limitan, en consecuencia, a diversificar/suavizar el impertérrito paisaje en derredor de este apacible trip.

Sin trepidaciones, sin pulsaciones ni proclamas vigorosas, todavía puede recurrirse a la figura del crisol para describir a Vergel. Mas, a diferencia de DAC, ya se apunta sutilmente hacia direcciones donde el shoegazing no encontrará cabida. Coedita la moreliana Bifronte Records, discográfica mexicana desde hace un lustro próxima a los circuitos independientes nacionales emparentados con la electrónica más arriesgada.

Hákim de Merv