jueves, 1 de septiembre de 2022

Rafael Cheuquelaf: Camino Interior // Juan Desordenado: Visiones

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de agosto del 2022.)

Aún siendo EP una de ellas, tres entregas concienzudamente chambeadas en cuatro años es muy buena media para cualquier carrera solista cuya andadura no implique desatenciones hacia el grupo matriz (que también alumbrase nueva placa en paralelo). Que éste, más bien, haya servido de modelo para que lo nuevo del unipersonal sea simultáneamente audio y video; no hace sino sacar brillo a ese promedio. Y que una moderada inquietud oriente las evoluciones de aquel íngrimo trajinar, viene a ser algo así como la (temporal) guinda del pastel.

Quince meses después de su habilidosa reinvención synth en Austronáutica, a través de Camino Interior postula Rafael Cheuquelaf una reconversión levemente trip hop. Contemplativa, serena, casi estoica. Cierto que ayuda la reducida extensión del registro, que apenas si excede la media hora, pero también el adoptar narrativas atemporales tramadas desde la propia experiencia vital forjada por una de las geografías más agrestes de la Tierra. Si es éste un rasgo que jamás ha obviado la música del magallánico, ya con Lluvia Ácida o por cuenta propia, aquí gana ¿alturas? ¿simas? antes inéditas.

Lejos de ser una exageración aquello de la filiación Bristol, tras anunciarla algo dubitativamente en “Rumbo Al Horizonte”, ésta queda sentada en “Seres De La Estepa”. Dicha constante sólo cede en “Los Que No Volvieron”, en favor del output electrónico que cultivasen Jarre y sobre todo Vangelis. El crescendo de flautas al declinar las opacidades de “La Guerra Que No Fue”, la críptica densidad de “Habitantes De La Ausencia”, la impresionante soledad ruidosa/ruinosa de “La Sombra De Un Bosque”; sondean el distintivo patrón rítmico del trip hop para dar peso y volumen a una estética que abraza el aislamiento y el abandono de parajes deshabitados, y la melancolía y desolación que de ellos manan.

Al aludir a “Los Que No Volvieron”, decía que no bebe de las mismas aguas que casi todo el repertorio. Su perspectiva, sin embargo, no discuerda de la que siempre proyecta Camino Interior en torno suyo. Ni ese surco, ni los teclados asaltados por arrestos Hi-NRG de “La Sombra...”, ni los momentos finales de “Habitantes...”. El álbum luce tan coherente consigo mismo como el mediometraje homónimo que le acompaña: una lograda sucesión de fotografías realizadas por el propio Cheuquelaf, tanto a color como en blanco y negro. El movimiento de la cámara va de izquierda a derecha y viceversa, de arriba a abajo y viceversa, en zooms in y out; sin despojarse de esa sensación de naturaleza muerta que exhala cada toma.

Camino Interior ha sido cincelado en poco tiempo, prácticamente en semanas. La antigüedad del material de que se compone, en cambio, llega a los días más álgidos de la pandemia. El desaliento que ella infundió en nuestra especie, así como el temor y la incertidumbre, han marcado indefectiblemente la mirada que ahora echamos sobre nuestros hábitats; incluso después de haber logrado controlar la virulencia de la plaga. Esa misma mirada, aturdida, compleja, desasosegada; a fin de cuentas muy humana, que el puntarenense transmite en esta nueva parada sónica. Edita Pueblo Nuevo.

Al ingresar el año a su recta final, como que se hace muy difícil sintonizar todas las estaciones al mismo tiempo, por más que uno/a lo intente de veras. Inevitablemente, algo se ha de escurrir entre tus manos. Estas omisiones involuntarias no son graves si se trata de combos allende las fronteras, salvo que éstos hayan dado pie en bola a sorpresas más que encomiables. Mea culpa, entonces.

Juan Desordenado es el nom de guerre de Juan Pablo Órdenes, músico a cargo de la eléctrica en las bandas Columpios Al Suelo y Maifersoni, así como sesionista/apoyo de María José Ayarza (a) Chini.png (quien colaborase con Adelaida en Animita, actualmente el último opus de los valpeños). Según entiendo, su debut Visiones aparece al promediar noviembre del ’21, y es la diana que escondía bajo la manga el sello Fisura.

Órdenes menciona entre sus referentes al fenecido cellista Arthur Russell, a Sonic Boom y a Ryuichi Sakamoto (Yellow Magic Orchestra). Se queda corto, si puedo emitir opinión al respecto. Sí, hay suficientes pasajes de Visiones embebidos de noise rock como para hablar de dream pop e incluso de shoegazing. Empero, en el disco se percibe al santiaguino menos influenciado por estos géneros que por el indie de los 90s y de principios de la siguiente década. Esa ascendencia es tan apabullante e incombustible, que envuelve al CD en jirones radiantes. A ello coadyuva una admirable maleabilidad en la performance interpretada desde el madero de las seis cuerdas -ejecución llena de grácil delicadeza como en “Arrebol” o en “Vuelo Nocturno” (copada de esa saudade antifolk que el colectivo Elephant 6 convirtiera en marca asociada), lúcidamente festiva como en “Debajo, En La Cueva” (de exultante vivacidad), o impetuosa y potente como en “Corta El Pasto”.

¿Significa esto que el lado baggy de Juan Desordenado queda en rojo? Para nada. Éste aflora en canales como “El Sol”, donde se deja escuchar la susurrante voz de la Ayarza, y el resultado estimula la imaginación alucinándote con una versión serie B de Fleeting Joys. O en el track epónimo, de tempraneros efluvios shoegazing, lo mismo que la coda. Es notorio, así y todo, que el guitarrista se siente más a gusto imprimiendo una telemetría slacker a las composiciones. Los arcos de feedback en una pista como “La Lluvia Que Cae Sobre Las Ciudades De Neón” no consiguen disimular esa sensación a Red House Painters circa 4AD, por ejemplo. Tampoco la placidez risueña de “Debajo...” oblitera el pastrulo rush epigónico a lo Guided By Voices. Y, sin duda, las inflexiones tributarias de Pedro The Lion o los Arcade Fire de The Suburbs (2010) truenan más fuerte que el noise en “Visiones”.

Una jornada preciosa, puntillista y de acabado lo fi, la de Juan Desordenado. No haber prestado oídos en su momento a esta exquisita reflexión sobre el Sonido sería causal de sobra para hacer penitencia mortificando la carne. Por suerte, ya no vivimos en esas oscuras épocas, y siempre valdrá más el “tarde” que el “nunca”.

Hákim de Merv

jueves, 25 de agosto de 2022

Sonologyst: Interdimensional // Mario Lino Stancati: Vairagya

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de agosto del 2022.)

Hacía buen rato que no me sentaba a escuchar un nuevo álbum de Sonologyst. Digo, uno verdaderamente nuevo. Pongo énfasis en el adjetivo, ya que Raffaele Pezzella ha reeditado muchas de sus antiguas placas entre la salida de Apocalypse (2017) y la de Interdimensional (2022). Son más, ciertamente, los relanzamientos que los estrenos durante aquel periodo: Silencers - The Conspiracy Theory Dossiers (2015), Ancient Death Cults And Beliefs (2015) y el celebrado Unexplained Sounds (2014) se consignan entre los reissues -mientras que las novedades se abroquelan sólo en torno a Phantoms (2019) y a Dust Of Human Race (2021). Ello ha provocado cierta confusión entre quienes no se hallan familiarizados del todo con la fecunda obra del italiano.

Interdimensional, por ende, me conminó a revisar primero las huellas que Sonologyst dejase en Dust Of Human Race; largo que se internaba en las pesadillescas visiones armagedónicas propuestas por la rodaja del ‘17. Con un título como el suyo, Dust... es pródigo en macabros réquiems electroacústicos -en conjunto, un monstruoso farallón cacofónico a escala planetaria, contra el que se estrella nuestra humanidad mientras participamos de las violentas quimeras que auguran el ¿inevitable? fin de la especie. Resultado denso y desolador, que acaso se convirtió en el principal motivo por el que Pezzella ensaya un giro de 90 grados de cara al siguiente round.

En su disco para este ‘22, pues, el napolitano apuesta a músicas de aliento más abstracto. Científico, incluso. Acorde con ese enfoque, y moviéndose siempre en territorios avasallados por el ambient minimal y la drone music, por el dark ambient y el aislacionismo de los 90s; Interdimensional recula en el historial del individualista hasta hallarse a tiro de piedra tanto del Silencers... como del Time Is The Enemy, su tape del 2013 al alimón con el ruso Bulychev Sergey (a) Kshatriy. Desde el viento solar sobre el que monta “Ad Astra” (locución latina que significa “a las estrellas”), toma cuerpo una inequívoca invocación de los espacios abiertos/vacíos que componen el cosmos, de una inmensidad que suscita vértigo (cuando no pavor). Afrontar esa experiencia no comporta, sin embargo, ningún sesgo ominoso para la raza humana: conforme se suceden canales como “Interdimensional Beings” o “Through Memories And Galaxies”, la travesía espacial adquiere visos todo lo luminosos que la noche interestelar permite. De hecho, “Paraphysical Phenomenon” y el mencionado “Through Memories...” pueden contarse como las creaciones más apolíneas que Sonologyst ha firmado a la fecha.

Con “Multiverses” y el epilogal “God-Level Traveller”, Pezzella vuelve a enrarecer las atmósferas, reconduciendo su desplazamiento hacia los climas de abstracción especulativa que proponía “Ad Astra”. Un cierre muy consecuente con el rollo a la base de Interdimensional. Refiere el europeo en las líneas de BandCamp que esta jornada recibió inspiración directa del destacado físico estadounidense Michio Kaku, una de cuyas teorías habla sobre el -para nosotros/as- incalculablemente lejano futuro de la Humanidad. Un futuro en el que habremos trascendido los límites de la materia y de las dimensiones que ahora conocemos. Un mañana que nos habrá llevado más allá de la desaparición del universo prevista por la ciencia de estas eras.

Creo que fue mayo cuando el nombre de Mario Lino Stancati empezó a escucharse fuerte en las escenas independientes primermundistas. Su Cross The Desert (2020), estreno en ligas mayores, se me pasó en medio de las ingentes cantidades de plásticos que Unexplained Sounds y Eighth Tower Records editan anualmente. Dos años después, Vairagya viene redituándole una notoriedad que compele a poner a CTD como mínimo en el primer lugar de la fila de pendientes. Y si se puede, también a rastrear Voxigena (2016), debut a través de la desparecida discográfica Gatti Rossi Che Cadono.

Nacido en 1981, Stancati es un polímata. Actor y director, poeta y dramaturgo, músico y compositor; el itálico cruza no pocas veces los límites que separan las especialidades a las que se ha abocado. Ha escrito el libro El Pensamiento Y La Voz De Los Filósofos - De Kant A Heidegger (2014), por ejemplo, y diseñado los scores para películas experimentales como The Clapping Tree y Orfani Del Sonno. Tras su salto a la arena sónica con el ya mencionado Voxigena, hace medio docenio, Mario Lino comienza a granjearse una reputación como músico -reputación que Vairagya viene a rubricar estupendamente.

Lo más reciente del mediterráneo cumple con todos los requisitos para encontrar generosa acogida en el catálogo de Unexplained Sounds. Fúnebre dark ambient, subsónicos pitidos drónicos, lacónica electroacústica minimalista... Lo raro es que, a pesar de ello, pinta distinto del promedio de bandas o artistas de la label a que pertenece. Las diferencias se patentizan apenas alza vuelo “Torna A Sparire”, mucho más rítmico pese a su obstinada pesadez, y con influencias que me remiten al Experimental Audio Research pre-Data Rape (1998). Ese sino también lo sigue “Panta Xekina”, donde la impronta del alias de Sonic Boom se hace más tangible.

Todo lo contrario ocurre con piezas como “Patema”, “Orlata All’Indietro” y “Non Smettere Mai”, las cuales atestiguan una cierta codificación melódica. Se entreven relucientes cromatismos de genética bliss pop en cualquiera de ellas -arrobamientos sonoros desarrollados a partir tanto del etereolóbrego sonido identitario de Hyperium como del ambient electrónico descendiente de los míticos jammings Eno+Cluster, sólo que dotados de muchas luz y energía calórica. Ello, para no hablar in extenso de “Stele Des Feueres”, de insospechada escuela Mogwai o Sigur Rós.

Salvo “Stele...”, la segunda mitad de Vairagya tiende a equilibrar todas las variables que Stancati ha utilizado previamente. No lo consigue en “Res Perditas Petunt”, estremecedor ejemplo de harsh drone que le regresa al redil de Unexplained, y tampoco en la lúdica “Recall In The Vacuum” -de luminosos teclados galácticos- o en “Absences Withdrew Our Souls” -más cerca del post rock noventero-. Pero sí que la chunta en “Samadhi”, el faro/púlsar cuántico en medio de todas las etiquetas a las que he aludido en párrafos anteriores. Un interesante lunar, en el contexto construido por US y por ETR. Y sí, después de audicionarle, te embarga esa suerte de “desinterés ascético” a que alude el vocablo sánscrito “vairagya”.

Hákim de Merv

jueves, 18 de agosto de 2022

Lego 15: Pulsos De Bosques

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 10 de agosto del 2022.)

Escogido para conmemorar en regla su primer quindenio de actividad en la movida independiente perucha, Lego 15: Pulsos De Bosques es el segundo surtido de la célebre línea impulsada por Chip Musik Records en salir a las calles durante el ‘22. Puesto para descarga gratuita a fines de mayo, y a diferencia de su antecesor inmediato (Lego 14: Autumn Tapes), los bytes de Lego 15... se han ofrendado específicamente a una de las estéticas que incansable cultiva el sello -la del shoegazing. No de manera excluyente, es verdad, y tampoco de forma que bandas y proyectos acaben convirtiendo tal poética en un cliché. Las fronteras de la compilación, no obstante, lucen inequívocamente nítidas.

Levanta el telón Miyagi Pitcher, único nombre vaporwave nacido en las entrañas de la discográfica, que empero ya hace tiempo obliteró ese sino. Por definirlo de algún modo, su “Akiraka Ni Suru (を明らかにする)” emana un raro humor vaporgaze. La estirpe electrónica que comporta una etiqueta como ésta se eclipsará hasta que suene la hora de Astronauta Slow Dance, acto de Gabriel Muñoz que se estrenara en otra de las sagas abiertas por la escudería -Transmisores II (2021). “Fuerzas Absurdas” ratifica lo bien que Muñoz enmalla beats digitales y erupciones bliss noise. Entre uno y otro surco, maniobran exponentes como los usamericanos de Cielo Oceano, Solenoide, los italianos de A Dream Short, Cereza Pálida y los gauchos de Big Channels; quienes respectivamente ejecutan un noise pop que pone toda la carne en el asador (“Eclipsed”), que observa el manual de estilo evitando lugares comunes (“Cartaescu”, sic), que dirige guiños varios al binarismo (“Better Day”), que plantea interesantes desarrollos dream pop en torno al discurrir del bajo (“Edad De La Inocencia”), y que se embarca en un inmaculado Viaje a la Semilla (“Sigue Orbitando”).

A la mitad del trip llegas con el ensoñador baggy de “Bajo Tu Luz”, firmado por Mar/Hiel, alias paralelo con que los arequipeños Raúl Begazo y Mauricio Miranda se distienden/desentienden de su chamba como Paisaje 3 (acaso el primer ejemplo de tripgaze en esta parte del mundo). Aquí el frenesí que inspiran los principales tótems del género -My Bloody Valentine, Chapterhouse, Slowdive, Pale Saints- estalla en todo su arrebatado esplendor. Algo similar, sólo que a niveles sidéreos, ocurrirá cuando entre en escena Silvania estrenando tema -el augusto “Colours”, afectado por lánguidos matices post y bliss. El legendario combo no ultima las notas de ...Pulsos De Bosques, si bien su track delimita junto a “Bajo Tu Luz” el tramo más heterodoxo del esférico. Asientan allí sus reales la digresión braindance en slow motion de Galactic Seed (“Narrow”), el post rock del chileno Fernando Arce (a) Trampaluz (“Convertida En Fragmentos”), el expedito IDM/post rave de Ionaxs (“Intersticio”), y el híbrido shoegazing/ambient/bliss/post rock de Puna -“Holobionte”, otra magnífica razón por la que el segundo largo conceptual del cuarteto se está haciendo esperar hace rato.

Figuran también en el segmento señalado Norvasc y el solista indonesio Sunday Night Joy, aunque sus correspondientes “Gortex” y “Lying Under A Shady Tree” se hallan más en sintonía con la estética que preside esta jornada, consonancia acentuada sobre todo en el caso de SNJ -quien ya habían dado muestras de ello en Lego 6: Brands Upon The Brain (2013).

Finaliza el Lego 15... José Miranda a.k.a. Domingo, coterráneo que acaba de editar un EP a través de la nómina Chip. En clave indie, “One More Time” es un dulce cierre dosificadamente anticlimático para setenta minutos de melodías las más de las veces cercanas al  angélico  ethereal  noise  rock  de  principios  de los 90s. Un  compendio  merecedor  de presentación más esmerada -algunos números se oyen sensiblemente más bajos que otros, como el de Galactic Seed, en tanto hay cortes urgidos de un fade out, como el de A Dream Short. Si bien es verdad a veces es el grupo/artista el que se niega a la menor modificación de su aporte, no lo es menos que esa negativa termina por afectar el conjunto. Intachable selección, sin duda, que pudo haber sido además técnicamente igual de impecable. Promisorio primer quinceañero, compas.

Hákim de Merv

jueves, 11 de agosto de 2022

Chino Burga: Aero / Ouro // Resplandor: Tristeza

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 3 de agosto del 2022.)

Cotejando información para las presentes líneas, caigo recién en la cuenta de que, entre mayo del ‘21 y mayo del ‘22, se ha diluido un año íntegro sin haber recibido nuevas de un opus de Miguel Ángel Burga. El primer año en mutis casi perfecto del ¿ex? 3AM, después de mucho tiempo. Y digo “casi” porque sí existe referencia que le malogra parcialmente el récord, sólo que ésta no califica como aventura en solitario -estoy hablando de Panamerican Sonic Prayers, split entre el dueto canadiense Anunnaki y nuestro inquieto connacional. Si bien el vinilo es puesto a la venta el pasado 22 de mayo por la georgiana Echodelick Records, Miguel Ángel cuelga su parte del 50/50 horas antes de la última navidad.

Doce meses -y algunos días- han transcurrido entonces tras el recomendable Invokaciones. Una vuelta alrededor del Sol, hasta que el material de que se compone Aero / Ouro se hiciera público, añadiendo así un peldaño más en la ascendiente del experimentado músico. La disposición de la placa estrenada me hace pensar en Letanías (2020). El contenido, por otra parte, difiere no pocos grados.

Sí. Porque pese a tratarse de dos laaaaaaargos temas, que ocuparían sendas caras de un LP, éste es otro Burga. Sin calibraciones ni escalas específicas, el frontman de Culto Al Qondor se prodiga en el uso de loops, de recursos drónicos, de ornamentaciones tejidas a partir del Eco. Estilísticamente hablando, se podría decir que el limeño prefiere situarse ahora equidistante entre el ambient cuya principal fuente de combustión es el drone, la kosmische musik y el post rock. La diferencia estriba en que MAB encara su quehacer sonoro con muchas más seriedad y disciplina que antes, utilizándole como reconcentrado medio abstracto de expresión artística. A despecho de la austeridad reinante en su interior, el álbum consigue transmitir la misma energía emotiva que destilan las influencias que le presiden. Tanto “Ouro” como “Aero” ofrecen abundantes pruebas de ello.

Los fade-in y fade-out en las pistas, no obstante, para nada son gratuitos o arbitrarios. Cada una de ellas tiene su propia personalidad. Y si “Aero” es el viaje interestelar, prescindiendo de cualquier viso de andamiaje rítmico, conteniendo sin sobresaltos las eventuales ¿explosiones? decibélicas de la eléctrica empuñada por el guitarrista principal de La Ira De Dios; “Ouro” es el tour a través de guarderías de estrellas -las pulsaciones cósmicas, que al promediar el track asumen el rol de oleajes galácticos, mecen con pudor y cada tanto al viajero/escucha, sosegando su espíritu e invitándole a resignar la propia personalidad para fundirse con el entorno/el ideario/la alucinación que le circunda.

Distintos y a la vez parecidos, los números que bajo nuevo rótulo ha estrenado Burga este 2022. El mismo Burga de siempre y a la vez uno sutilmente nuevo. “The devil is in the details”, como se suele decir en lengua inglesa.

Parando mientes sobre la edición cassette de Sol De Hiel, extended play con que debutó un día de 1998, y retrocediendo un par de años más conforme al testimonio de amigos y terceros; sin mucha alharaca se halla Resplandor rumbo a las tres décadas de existencia. Considerable lapso de tiempo que no se ha visto adecuadamente reflejado en su producción discográfica: en efecto, la etapa más fructífera del combo se da entre la salida del antedicho EP y la irrupción de Ámbar (2002), siendo su siguiente paso lanzado en  el  ’08 (Pleamar).  Desde entonces, sólo  se  supo  del proyecto de Antonio Zelada a través de contadas presentaciones -las más de ellas teloneando a las bandas extranjeras que traía Automatic Entertainment al Perú (así como abriendo junto a Kinder el concierto para The Cure en Lima, aunque aquella vez se le anunciase como Stereonoiz).

Median pues 14 años entre el ya lejano Pleamar, reeditado en vinilo hace un lustro por Saint Marie Records, y la nueva entrega del grupo -de formación abierta: Zelada, Tatiana Balaburkina, Darko Saric, Naama Bengtsson, Joeri Gydé, Christopher Farfán, Henry Gates, Arianna Hume...-. Precedida de los singles digitales “Bocanada”, “Sensitive”/“Until She Comes” y “Adore (Robin Guthrie Mix)”; todos subidos durante el ’20, Tristeza trae de vuelta a unos Resplandor sumergidos en el mismo dilema en que les mostrase su episodio anterior. Sumergidos, que no es lo mismo que decir empantanados. Me explico. La naturaleza primordial del acto es y-sospecho-que-siempre-será la del shoegazing, aserción evidente para quienes han escuchado los esfuerzos de su primera época. Y aunque Ámbar todavía mostraba un fuerte enraizamiento en el baggy, también exhibía algunas señales de pretender evolucionar más allá del género (“Desolación”), sin por eso abandonarle. Con los lustros, la hesitación nunca absuelta por Zelada -único miembro original de Resplandor, hoy establecido en Holanda- se ha convertido en su principal rasgo identitario, para bien y para mal.

“Ser un autor purista es lo más difícil”, escribía el intelectual Sebastián Pimentel a fines de los 90s. Se refería al aluvión de fusiones/mixturas que se venía con el cambio de milenio, como también a la fidelidad principista que debe arriesgarse al abrazar un modelo o ideal estético. Un cuarto de siglo después, y mucho más que riesgos, todo purismo comporta desafíos y retos. Enormes. No creo que actualmente sobrevivan puristas absolutos, pero sí creadores/as guarecidos/as bajo normas que han tomado de una o dos fuentes, observadas inflexiblemente.

Ése es el caso de Resplandor. En un sentido similar al del postpunkgaze de escuela danesa (Catch The Breeze, Me & Munich), la agrupación enhebra la vivacidad de los colores festivos que pueblan ahora su catálogo timbral con la sobria base rítmica de un bajo herencia del vetusto post punk ‘77-‘84. Bastante menos abstracta que su contraparte en el mástil de cuatro cuerdas, la batería también aprehende las enseñanzas de esas eras, sólo que traduciendo los pulsos con una ductibilidad de la que antes Resplandor carecía. El grueso del repertorio de Tristeza está formado por canciones ágiles (“Rêverie”, “Blue”), no doblegadas por la adustez ni del shoegazing más bala, ni del post punk más ensimismado. Cuando tienen que desacelerar para cambiar el tempo, las baquetas no se hacen el menor problema (la excelente “Feel”, el corte epónimo del disco). Y si es imperioso entregarle la hegemonía al Ruido hasta que la medición de los armónicos se salga de las gráficas, como en “Océano”, “Adore” y “Silencio”; pues se hace sin chistar.

Hay en Tristeza una persistente evocación al Disintegration de The Cure. ¿Inconsciente? ¿Voluntaria? Sería interesante convertir esa interrogante en una certeza. Como me encuentro falto de ella, lo asumo un side-effect producto de buscar el equilibrio en la ecuación que vertebra el plástico. Otras prominencias sónicas, como la coda de travestido bliss pop hacia la declinación de “Feel”, parecen darme la razón. Así se mantiene en la brega Resplandor. Sumergido en un dilema permanente, pero intacto, escudado en una impenetrable pared de melódicas guitarras ahogadas en feedback.

Hákim de Merv

jueves, 4 de agosto de 2022

Bahía Mansa: Ausencia O La Virtud De Los Árboles / Grietas

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 27 de julio del 2022.)

Ya a medio enrielar el tercer decenio del siglo XXI, en términos generales el panorama pop contemporáneo comienza a distanciarse del que asomase cuando el milenio dobló la esquina. Se habla ahora de cambios de paradigmas, en lugar de crítica caducidad de éstos, y de nuevas dinámicas renovadoras de los circuitos independientes, en lugar de fragmentos supervivientes al holocausto de las vanguardias de fin de siècle. Se aprecia actualmente más el vaso medio lleno que el vaso medio vacío, en buen cristiano: decenas de miles de labels (las proféticas “pequeñas unidades independientes” de Robert Fripp potenciadas ad infinitum en la era digital), alcance planetario, revaloración y florecimiento del crossover, paridad entre los grupos de casi cualquier parte del globo y los de la órbita anglosajona, etc.

Pensaba en todo ello a propósito del tremebundo año que está teniendo Bahía Mansa, de los actos solistas más interesantes que aparecieran en Chile durante la década anterior. Nada más arrancar el almanaque, salió en cinta el extraordinario Boyas + Monolitos a través del colectivo portovarino Irán Wym. Considerando las cotas que alcanzase el mentado tape, no deja de sorprender que sea éste no ya el penúltimo, sino el antepenúltimo trabajo publicado por Iván Aguayo en lo que va del 2022. En efecto, el postrer día de febrero vio el lanzamiento de Ausencia O La Virtud De Los Árboles, mientras que su sucesor Grietas adornó las calendas de mayo último. Ausencia... fue cedido al catálogo de Fallow Recordings, sello del británico Ishmael Cormack orientado a las músicas amparadas en procesamientos binarios de diversa índole. Grietas, en tanto, vistió las sedas de la canadiense Florina Cassettes; especializada en eufonías ambientales que hagan germinar un correlato visual en la conciencia de quienes les escuchan.

Distintas son, ergo, las coyunturas bajo las que uno y otro título se han amoldado y revelado. Las músicas aquí dispuestas por Bahía Mansa toleran, sin embargo, términos similares bien se hable de ésa o de ésta -frase asertiva que sostengo al haber llegado a una conclusión no sé si compartida por el autor: a saber, que Aguayo atinó a inmortalizar en B + M la expresión más acabada -perfecta en su neblinosa ensoñación- del intachable arte sonoro que cultiva. En lo sucesivo, salvo que se plantee algún brusco golpe de timón, tiene el músico la (difícil) tarea de alambicar/refinar aún más su estética.

Eso es lo que precisamente percibo tanto en los minutos clarificados de Grietas como en la depurada faena de Ausencia O La Virtud De Los Árboles. Incorporando cuidadosamente la turbia textura hiss característica del k-set (“Nacimiento De Una Forma”, “Canto De Las Ramas Muertas”), único recordatorio del agradable lo fi que tiñese jornadas anteriores, el individualista puebla ambos repertorios de composiciones que ya pueden volatilizarse e impregnar/purificar nuestros climas mentales con la fragancia de su naturaleza extinta -“Pincelada De Rocío Sobre Un Lirio”, “El Ruido Del Color”, “En Tu Ventana”-; como abrazar el colorismo y metamorfosearse en plácidas olas que van a morir pacíficamente hacia vírgenes litorales paradisíacos.

“Dedos Secos Sobre Lienzo”, “Ojos De Invierno”, “Maya Maya”, “Primavera Canela”... Ejemplos varios de las impalpables visiones que coronan el párrafo anterior, sí, pero también de la fidelidad hacia esa poética del Agua que constituye la columna vertebral del imaginario alrededor del cual gira a cámara lenta Bahía Mansa. Si el post rock que irrumpiese a inicios de los 90s es merecedor, lo mismo que el ambient coetáneo a éste, de imágenes poderosas como “esculturas sónicas” o “paisajes lunares” para su cabal descripción; el output de este esteta sureño no lo es menos. Sonidos que son a la vez arrullo, cobijo, mimo, seno; condensados en panorámicas de una dulce nostalgia, de una resplandeciente felicidad interior, recorriendo sin desmayo el espectro completo de gradaciones cálidas que el ojo humano puede filtrar.

Si Aguayo realizase películas en vez de discos, apuesto a que éstas siempre serían lluviosas en lugar de nítidas.

Hákim de Merv

miércoles, 13 de julio de 2022

Oksana Linde: Aquatic And Other Worlds

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 6 de julio del 2022.)

A propósito de Aquatic And Other Worlds, mezcla de rodaja debut y recopilación prensada por Buh Records en la quincena de marzo, ha habido en redes una polémica hasta cierto punto bizantina sobre la obra de Oksana Linde.

Es la aludida, compositora de ascendencia ucraniana, nacida hace ya 74 otoños en Caracas (circunstancia que recuerda el caso de otro célebre músico venezolano, Vytas Brenner, descendiente de alemanes y residente caraqueño desde sus tres primaveras). Tras un accidente que le imposibilitase continuar ejerciendo como investigadora química y científica, Linde se hizo a los mares de la música electrónica en los albores de los 80s, comenzando a grabar al promediar la treintena. Gracias a algunos préstamos gestionados, consiguió una grabadora de carrete abierto TEAC, un sintetizador Moog Source y otro Polymoog. Algún tiempo después, el arsenal aumentó con una Roland Tape Echo, una drum machine TR505, una mezcladora de 16 canales, un Korg M1 y otro TR88. Artefactos todos que se irían de sus manos con la misma facilidad con que llegaron a ellas, debido a problemas de salud familiares.

Afortunadamente, en el interín se amasó un archivo de más de una cincuentena de piezas que hasta hace poco ha permanecido por completo inédito, archivo cuyas últimas entradas datan de 1996. De ahí la doble naturaleza de este AAOW, que hace las veces de estreno y de muestrario del quehacer sonoro de la llanera, que alberga temas registrados entre el ‘83 y el ‘89, y que la posiciona al lado de otros nombres remarcables pertenecientes a las mismas coordenadas espacio-temporales -como el trío Musikautomatika y Miguel Noya.

La discusión que trajese a colación Aquatic... no ha sido desencadenada tanto por el álbum de marras, sin embargo, como sí por el sesgo que se ha apresurado a dispensarle buen parte de las reseñas que han saludado ostentosamente su aparición. Tal cual lo ha confesado en una entrevista reciente, los óculos en que se reflejaba la Oksana Linde artista eran los de Vangelis, del hombre de las campanas tubulares Mike Oldfield, de la figura clave del prog francés Jean Pierre Alarcen (Sandrose, Eden Rose, Le Système Crapoutchik, Tartempion) y del compatriota de este último, Jean-Michel Jarre. Consecuentemente, son ésas las estéticas que han signado sus creaciones. Basta con presionar play y lo primero que me viene a la mente al escuchar las notas de Aquatic And Other Worlds es la imagen/el imaginario de esa electrónica que, no habiendo acabado todavía de desembarazarse de los empachos del rock sinfónico, fue estigmatizada por los hijos bastardos de Kraftwerk y (mal)tratada acorde.

Exceptuando su valor arqueológico-testimonial, entonces, el plástico que Buh le ha editado a la venezolana me ha sabido a simpático ejercicio de ese synth aún hipnotizado por el embrujo progre que sobrevivió al punk; y que huele a new age por sus cuatro costados. O mejor, que sigue los pasos de lo que más adelante se conocerá como el ala “technificada” de la new age. Sus fastuosas mini-suites espaciales a lo Vangelis (“Bajo La Lluvia”), sus devaneos ambient de sintetizadores arpegiados a lo Jarre (“Viaje Hacia La Luz”), van del júbilo y la exaltación -“Orinoco”, “Descubrimiento”- al melodrama y el lirismo -“Estudio Para Una Sinfonía Folclórica Ucraniana”, “Nenúfar”-. Y viceversa. Visto así, AAOW funciona como un correcto disco de época, siempre situándonos en el contexto latinoamericano de hace cuatro décadas. Incluso es válido referirse a Linde como pionera de la música electrónica de la región, en la medida en que su producción en nuestros países era preocupantemente magra -peor aún si se aplican consideraciones de género.

No obstante, mucho de lo que se ha escrito a raíz del lanzamiento se ha amparado en ese exacto término -“pionera”- para sobredimensionar música y compositora, ubicando a esta última al mismo nivel que el de una Delia Derbyshire o un Karlheinz Stockhausen. Despropósito que estoy seguro nunca cruzó la mente de la joven Oksana. Números como “Mariposas Acuáticas” o “Psicocatálisis” a lo sumo replican la pegadiza evocación que lograsen transmitir las fábulas instrumentales de percepción trans-sónica de Tangerine Dream, cuando el grupo las adaptó a formas más convencionales, durante su travesía ochentera. La propia Linde regala un breve track de nombre “Recordando A Kitaro”, lleno de fervorosa nostalgia dirigida hacia las teatrales eufonías del solista nipón.

Así que, mis queridos/as colegas, ¿necesitan más pruebas para darse cuenta de su cuádruple metida de pata hasta el fondo, al equiparar la obra de Linde a los paradigmas que suponen el genio alemán o la adelantada británica? Ya, pues, no se pasen.

Hákim de Merv

jueves, 7 de julio de 2022

Tierra - Composiciones Acusmáticas De Mujeres Compositoras De La UNM // Habø: [elsilencioeselgrito]

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 29 de junio del 2022.)

Tras el rebautizo que sufriese, al interior de la hoy denominada Universidad Nacional de Música se creó el Laboratorio de Música Electroacústica y Arte Sonoro -apéndice cuya finalidad central es fomentar y difundir el trabajo de las nuevas generaciones de compositores/as electroacústicos/as en el país, esto es aquellos/as que recorren los aleros más distantes de la arquitectónica academicista, casi siempre confluyentes con los extrarradios del pop contemporáneo.

Después del lanzamiento debut, Uno (2020, que contase con algunos músicos de renombre como Teté Leguía y José Ignacio López), el 10 de marzo se publica en el BandCamp de la antedicha plataforma Tierra - Composiciones Acusmáticas De Mujeres Compositoras De La UNM. Es éste el resultado final de un proyecto presentado en el marco del XVIII Coloquio de Estudiantes de Antropología PUCP (2019), llamado “Aquí Estamos Las Mujeres Reunidas Y Te Estamos Cantando”, consistente en la interpretación reconfigurada de un puñado de archivos sonoros pertenecientes al Instituto de Etnomusicología de la misma universidad. Dichas relecturas se realizaron siguiendo los postulados de la música acusmática.

(Breve resumen: en un principio (1955), el pitagórico término que rescataran los franceses Pierre Schaeffer y Jérôme Peignot aludía a composiciones creadas pensando en su difusión a través de altavoces/altoparlantes, descartándose toda ejecución en directo. Dichas composiciones partían de sonidos de ascendencia electroacústica, como los de la música concreta y de la música electrónica anterior al acaecimiento de Kraftwerk. Con el tiempo, el uso de “acusmática” se extendió más allá de las condiciones físicas/ambientales de su reproducción, englobando por igual aquellas sonoridades de las que se servía.)

Descontando su naturaleza insular, cuyo antecedente más inmediato acaso sea la obra de Renzo Filinich (a) Metástasis (peruano ya hace muchos años radicado en Chile), ¿logra Tierra... provocar inquietantes reacciones corporales/tensar un buen rato las neuronas? La verdad, sólo a medias. Toda vez que se cimenta sobre dialécticas próximas al avant garde, la cosecha recogida muestra frutos concebidos en el seno del ruido, bajo el signo de la cacofonía. Ahí nomás, la tarea está hecha al 50%. El problema radica justamente en el otro 50% -porque Tierra..., que algo tiene de arqueología sonora y de re-síntesis, de instrumentación orgánica y de digital, no puede presumir de muchas ni mayores sorpresas.

Cierto, en ningún lado está escrito que cada nueva creación de tal o cual artista deba ser forzosamente una vuelta de tuerca. Aquí, lamentablemente, se trata de un colectivo que debuta en cancha asegurando más que arriesgando. El modo en que Jacqueline Reyes, Naid Cruz o Yemit Ledesma recontextualizan las astillas sónicas seleccionadas, por ejemplo; da lugar a collages donde previsiblemente son priorizados/ensalzados los motivos vernáculos, utilizando fórmulas poco perspicaces. No es que suenen mal o que apelen a una vindicación de sensibilidades altoandinas que ha devenido en lugar común, sino que no percibo en juego una intención de ir más allá. Por suerte lo mismo no ocurre en la segunda mitad de la jornada, con Wendolyne Guerra, y sobre todo con Claudia Sofía Álvarez y Alexandra López Barrionuevo. Más imaginativas, encarando con sagacidad los procesos de tape recording, menos propensas al pintoresquismo tradicionalista; estas féminas arriesgan virulentos -cuando no tétricos- maridajes de músicas electroacústica y concreta, desapacibles improvisaciones donde la tímbrica se entorna con frenesí hacia el Lado Oscuro (notoriamente en “Femenino Urbano” y en “Harawi Arwi”), técnicas como el cut-and-replace o el pitch-bending descalibradas para ensayar-descubrir-y-aprender sobre la marcha (“Danzayar”).

Es ahí donde el contingente de Tierra... tiene que hundir el arado, donde el futuro luce ciertamente promisorio. A no comer ansias: todavía le quedan sus buenas zancadas de trecho por recorrer, antes de alcanzar la ansiada madurez.

Con la salida de [elsilencioeselgrito], el individualista Habø fuerza involuntariamente al escucha a reexaminar algunas consideraciones planteadas a propósito de la discografía que ha publicado a la fecha, consideraciones relativas a su progreso. Esto debido a que el contenido de //Textura//Difusa//, grabado de un tirón y eyectado en septiembre del ’21, parece ser posterior al repertorio que recibiese luz verde el 14 de abril último.

En cuanto a especificaciones técnicas, ambos títulos han sido registrados en una Akai GXC-38: cuatro canales, reducción de ruido tipo B, factor de distorsión del 2% -salvo “Dis/Per/So/Ciado”, proveniente de una multitrack TASCAM Porta 03. La diferencia entre ellos reside, pues, en el desarrollo estético. Habiendo dormido [elsilencioeselgrito] el sueño de los justos desde inicios del ’21 (según sumilla colada en BandCamp), y mostrando éste un desenvolvimiento sustancialmente superior al de su antecesor, cabe preguntarse si es correcto afirmar que el alias de Alberto Carbajal no deja de avanzar y/o crecer -cuando aquello que se presenta como nuevo es en realidad anterior a lo que le precede. Queda por alegar, empero, si el disco estrenado este año ha pasado por algún proceso posterior; para validar o descartar la idea de una evolución sostenida. Asevera el capitalino que por allí van los tiros, cuando datea que redondear el largo le tomó poco más de un año.

Paltas cronológicas a un lado, el programa de [elsilencioeselgrito] no sólo consolida las mutaciones que //Textura... aventuraba, sino que diversifica el estilo de Habø superponiendo porfiadas resonancias de psicodelia impresionista marca Spacemen 3 o Loop sobre las enseñanzas de la Berlin school y del synth punk a lo Suicide que el autor norconeño pusiera en práctica. De una evidencia refulgente en el minimalismo iterativo de “Inter.Abismos”, esas huellas también pueden rastrearse en el áspero pulso imperturbable de “Pies A/Tierra” o en el nudoso synth de “Ørquesttta”. La adición de este ingrediente estilístico acaba reconviniendo al acto limense como versión infinitamente más prolija del tándem Vega/Rev, y aún así no menos distópica.

Sigue siendo la de Habø, no obstante, una música totalmente sintética; cariz que “Dis/Per/So/Ciado” y “Oceánico Y Solar” acaban reafirmando. Con ellos, asimismo, despega por completo el éxodo iniciático de Carbajal hacia la Iluminación. Hermana el primero contados pero furibundos riffs de teclado a futuristas frecuencias/secuencias, soliviantando una atmósfera recargada de electricidad a punto de reventar. Hace gala el segundo, en tanto, de ¿sintetizadores? ¿osciladores? abusados hasta el desgaste, para finalmente transfigurarse en una suerte de barroco dronic techno con que zambullirse en la negrura material del espacio exterior.

Si no fuera por algunos errores menores -el canal derecho de la grabación se sobresatura en más de un punto mientras suena “Ørquesttta”, algunos fade-outs están tijereteados a la mala-, gracias a [elsilencioeselgrito] ya podría Habø contarse en la avanzada nü synth de la escena independiente peruana, al lado de Blue Velvet, Juan Nolag o AtomoSynth. En otras palabras, habría trascendido su liga distrital de origen para acceder a torneos de alta competición. Faena casi redonda. De todas formas, es el suyo un álbum a tener en cuenta entre lo mejor que va deparándonos este 2022.

Hákim de Merv